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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El demonio repite su estrategia; Cristo muestra cómo vencerlo
Homilía ak01010a, predicada en 20200301, con 29 min. y 23 seg. 
Transcripción:
Muy queridos hermanos, el tiempo de Cuaresma recibe su nombre por el número cuarenta. Hace referencia a los cuarenta años que pasó el pueblo de Dios en el desierto hasta llegar a la tierra prometida. Hace alusión también a los cuarenta días de Cristo en el desierto, como nos lo recuerda precisamente el Evangelio de hoy. Pero el número cuarenta también tiene otro sentido en la Biblia. Es aproximadamente el tiempo de una generación. De manera que se espera que después del número cuarenta venga una nueva vida, venga una nueva generación. Como Iglesia acabamos de entrar en la Cuaresma y por consiguiente, estos cuarenta días nos invitan a renovarnos de tal manera que cuando termine la Cuaresma y cuando hayamos celebrado la Pascua, seamos una nueva generación, tengamos una experiencia de vida nueva, vida nueva en Cristo. Pero no se puede tener una vida nueva si no se deja atrás la antigua vida y los antiguos pecados. Y por eso la lucha contra el pecado y la victoria sobre el pecado son un contenido fundamental de la Cuaresma. Todo lo que hacemos en la Cuaresma, ese programa de vida que nos fue anunciado el Miércoles de Ceniza, ayuno, oración y limosna tiene un propósito. No es solamente para castigarnos, si es que alguien lo pensó de esa manera, es para educarnos. Y si lo piensas mejor, es para dejar atrás los caminos del pecado. Es para vencer al pecado y darle amplio espacio a la victoria de Jesucristo en nuestras vidas. Para eso es la Cuaresma. Y si hablamos de pecado, tenemos que ver en dónde empieza el pecado. El pecado suele empezar por la tentación, aunque la tentación misma no es pecado. Recibir una tentación o tener una tentación no es pecado. El pecado empieza cuando empezamos a ceder o a consentir en la tentación, cualquiera que élla sea. Pero bien conviene que estudiemos el tema de la tentación y que lo apliquemos a nuestra vida, porque esa es ruta segura para vencer al pecado. Para dejar atrás la vida que hay que dejar y para recibir la vida nueva que el Señor quiere darnos. Es por esa razón, mis amados hermanos, que en cada Cuaresma, el primer domingo siempre tiene como tema las tentaciones. Seguramente ya sabemos que las lecturas de los domingos siguen en cada año a un evangelista y por eso se habla de lecturas del ciclo A o del ciclo B o del ciclo C. Este año, por ejemplo, es el ciclo A y eso significa que estamos con San Mateo para las lecturas del domingo. El año entrante, si Dios permite, será el ciclo B, San Marcos y el siguiente el ciclo C San Lucas. De esa manera, el cristiano que asiste y participa de la misa del domingo se alimenta con el camino luminoso que cada uno de estos evangelistas ofrece. En cuanto al cuarto Evangelio, el de Juan tiene un ritmo diferente y se lee con bastante densidad en el tiempo de Navidad y luego en el tiempo de Pascua en cada año. De modo que a San Juan lo tenemos en los tiempos litúrgicos de Navidad y Pascua de una manera bastante densa. Y los otros Evangelios los vamos leyendo según esa secuencia de los ciclos A, B y C. Estamos, pues en el ciclo A y la lectura de las tentaciones, por supuesto, ha sido tomada de San Mateo. Porque esto es lo que corresponde al ciclo A. Pero la verdad es que en el primer domingo de Cuaresma del próximo año también tendremos lectura de las tentaciones según San Marcos, y al siguiente año también será Lectura de las tentaciones. Solo que según San Lucas. O sea que la Iglesia quiere que de todas maneras, cuando uno está empezando la Cuaresma, es decir, en este primer domingo, uno tenga esta enseñanza. Y nos dice San Agustín, el gran Doctor de la Iglesia, Obispo y Doctor de la Iglesia. Que lo más importante de esta lectura de las tentaciones no es quedarnos en que Cristo fue tentado, sino en que Cristo es vencedor de la tentación y, por consiguiente, el pecado no tuvo poder sobre Él. La gran lección de este domingo es esa que el pecado puede ser vencido, que la tentación no tiene por qué imponerse en nuestra vida, y que el primero que nos muestra con su ejemplo y luego nos sostiene con su Gracia, para que venzamos la tentación y no caigamos en el pecado, no es otro sino nuestro Señor Jesucristo. En Él tenemos victoria sobre las tentaciones. Las lecturas de hoy, sin embargo, nos presentan un cuadro más completo. La primera lectura fue tomada del libro del Génesis y es impresionante el contraste entre Génesis en el capítulo tres y el Evangelio de las tentaciones de San Mateo que hemos tenido hoy. Porque lo que nos presenta la primera lectura en el Génesis es cómo nuestros primeros padres, a quienes la Biblia llama Adán y Eva, fueron tentados, pero ellos cayeron. Mientras que en el Evangelio Cristo fue tentado y no cayó. En la mitad tenemos la segunda lectura, que es de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos. Y esta segunda lectura hermosamente hace como de puente entre la primera y el Evangelio. Porque la primera nos presenta al primer Adán que ya dije fue tentado y cayó. Mientras tanto, el Evangelio nos presenta a Cristo, a quien San Pablo llama en la carta a los Romanos, el nuevo Adán, que también fue tentado, pero no cayó, y de ese modo. Las lecturas de este domingo nos presentan el itinerario, el camino que va del primer Adán que cayó y que, por consiguiente, describe lo que nosotros somos para llevarnos a mirar al nuevo Adán, a Jesucristo, el que no cayó. Y así aprendamos lo que llegaremos a ser. O sea que estas lecturas son profundamente dinámicas, si puedo utilizar esa palabra. La primera lectura nos describe el pasado e incluso el presente. El poder que el pecado tiene sobre nuestra naturaleza humana caída. Mientras tanto, el Evangelio nos presenta en Cristo, en el nuevo Adán, nos presenta lo que llegaremos a ser. Por eso estas lecturas nos quieren mover desde lo que ya somos, tristemente pecadores, hacia lo que podemos llegar a ser en Cristo. Verdaderamente amigos de Dios, verdaderamente santos en su presencia por el amor. Es bueno estudiar en qué consiste la estrategia del demonio en la primera lectura, y eso es bueno estudiarlo, porque el gran defecto del demonio en su estrategia es que él suele repetirse. Lo llamo defecto de una manera un poco, llamémoslo así, metafórica, porque lo que estamos diciendo es que la estrategia de él no es perfecta y eso es una luz de esperanza para nosotros. El demonio se suele repetir y como el demonio se suele repetir, cuanto más conozcamos sus estrategias, más podremos evitarlas. La estrategia del demonio en la primera lectura es doble. Lo primero es calumniar y mentir. Empieza el diálogo con la mujer, con una mentira. ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol? Mentira. Dios no había dicho que no podían comer de ninguno de los árboles, sino que había solamente un árbol del que no podían comer. Entonces el demonio recarga el aspecto pesado del mandamiento divino para hacer odioso a Dios. En su segunda intervención. El demonio calumnia abiertamente al Creador diciendo: "No es como Él les dijo a ustedes. Lo que sucede es que bien conoce Dios que si ustedes comen del árbol, van a ser como Él, conocedores del bien y del mal". Así que la mentira y la calumnia son estrategias predilectas del demonio. Pero no cualquier mentira ni cualquier calumnia. Lo que quiere el demonio es presentar el precepto divino como pesado, amargo e imposible de cumplir. Y esa estrategia la sigue utilizando en nuestra época, con mucha frecuencia, mostrándose o sin mostrarse el demonio utiliza esa estrategia. Quiere presentarte la virtud como una cosa aburrida. Quiere presentarte la santidad como una cosa lejana, amarga, seca y triste. Quiere presentarte la vida según Dios como una vida ardua, como una vida que no tiene felicidad. Esa es la estrategia del demonio. Entonces, por ejemplo, a una persona casada, ¿Qué le intenta decir el demonio? ?Mira, es imposible que tú seas fiel. De hecho, te la pasas pensando en otras mujeres. No vas a lograrlo. No vas a poder. Es demasiado pesado que seas fiel en el matrimonio?. ¿Qué le dirá el demonio a un seminarista o a un sacerdote? ?Mira eso del celibato, tú no vas a poder con eso. Al fin y al cabo, eres hombre. Tú tienes hormonas, como todos. Tú no vas a poder cumplir con eso. Y ya que no lo vas a vivir, deja la hipocresía y busca el camino del cinismo?. Es decir, que el demonio quiere que uno de entrada mire como imposible lo que Dios manda, pero no solo que lo vea imposible, sino que lo vea amargo. ?¿Vas a orar, a orar tú? Tú dices que vas a orar. No hay cosa más aburrida que orar. La oración es aburrida, la oración es pesada. Además, ni siquiera te concentras. Deja esa oración. Dedícate a otra cosa?. Ese es el demonio. El demonio quiere presentar el mandamiento divino como una cosa imposible y como una cosa amarga y triste. De esta manera de obrar del demonio proviene lo que hemos llamado en otras ocasiones "la gran mentira". ¿A qué llamamos la gran mentira? La gran mentira del demonio. Es decirte no abiertamente, porque él no suele obrar así, pero sí sugerirle a tu mente que tendrás que escoger entre ser obediente o ser feliz. ?¿Quieres ser feliz? Desobedece?. Insistes en ser obediente. -Prepárate a ser aburrido y triste-. Esa es la gran mentira. Y esa estrategia de la gran mentira la utiliza el demonio en todas las personas a las que tienta. Por eso dije antes que él se suele repetir, el demonio se repite y por eso le dirá, por ejemplo, a un joven: ?¿Quiere seguir esa estúpida educación que dan los católicos? Y que no estés probando la droga y que seas casto y que tienes que ser honrado y aprovechar el tiempo. Te vas a quedar solo porque el resto de la gente disfruta del cuerpo. Disfruta de la droga. Hacen lo que les da la gana, el único tonto eres tú. La única tonta eres tú muchacha. Y ya sabes lo que te va a suceder si sigues con tu tontería. Te vas a quedar sola. Sola, Sola. Estarás sola. Y la pobre muchachita tiembla en su habitación en ese college y dice: -¿Yo sola?- Sí. Sola, sola?. Esa es la estrategia del demonio. Siempre quiere que tú tengas ante tus ojos una falsa alternativa y la falsa alternativa es: Por una parte está ser obediente y por otra parte está ser feliz. Oye, será tan cierto lo que te estoy diciendo, que incluso con nuestro Señor Jesucristo, eso hizo el demonio. ¿Qué fue lo que intentó el demonio a toda costa? A toda costa lo que intentó fue que Cristo fuera desobediente. Y esa estrategia del demonio le falló en Cristo. Y esa es la segunda parte de nuestra predicación. Entendemos que la inteligente estrategia del demonio le funcionó con Adán y con Eva, pero lo más hermoso y el contenido más nutritivo de este domingo es preguntarnos ¿Por qué le falló?, le falló su estrategia con uno que es el cordero sin mancha, uno que es el Hijo del Eterno Padre. Nuestro amado Señor Jesucristo. Entonces, ¿Cuál es la gran estrategia del demonio?; ¿Cuál es la gran mentira? Es plantearte una falsa, insisto, falsa disyuntiva, una falsa disyuntiva: O eres obediente o eres feliz. Curiosamente, y no es curiosidad. Los santos, especialmente los santos jóvenes, lo que han descubierto es que la verdadera felicidad no está lejos de la obediencia, sino que está en la obediencia. La verdadera felicidad está ahí, y por eso santos, tan encantadores por su misma juventud, santos como decir un Santo Domingo Savio, por ejemplo, que murió tan joven o un ah... Este hombre Frassati. El italiano beatificado. Era un hombre; a él le encantaba el senderismo, o esto de hacer caminatas por las montañas. Le gustaba la música. Era bueno para el baile. Pero jamás dejaba el Santo Rosario, obediente y feliz. Lo que nos muestran los santos, sobre todo los santos jóvenes, es que la respuesta al ataque del demonio, el ataque del demonio. Ya dije cuál es, Lo repito la última vez, no me hagan repetir más. El ataque del demonio es: -Tienes que escoger o ser obediente y llevar una vida aburrida o ser feliz, y para eso estoy yo-. Ese es el demonio. Ese es el engaño del demonio. Pero ¿Qué es lo que nos muestran santos; qué es lo que nos muestran los santos; como este Frassati, como Laura Vicuña, como Domingo Savio?, ¿Qué es lo que nos muestran estos santos?, ¿Sobre todo los santos jóvenes? Que precisamente ese engaño debe caer, porque la verdadera felicidad está en la obediencia, y la verdadera obediencia lleva a la felicidad. Esa separación artificial y ponzoñosa, esa separación homicida que planteó el demonio, es falsa. La verdadera obediencia a Dios está unida a la verdadera felicidad. La verdadera felicidad es el fruto de la verdadera obediencia. Esa es la respuesta al ataque del demonio. Bueno, pero pasemos ya al Santo Evangelio. Y aquí vamos a aprender varias cosas. Vamos a aprender ante todo del ejemplo de Cristo. Él es nuestro modelo, Él es nuestro Maestro y a Él nos apegamos para tener vida en su nombre. Observemos que el demonio ataca a Cristo, pero como quien presiente la magnitud del enemigo al que quiere derribar, el demonio no llega de cualquier manera donde Cristo, va revestido de textos de la Biblia, Oye, que ese dato es importante, va con textos de la Biblia y Cristo. ¿Con qué se defiende? Con textos de la Biblia. ¿Qué nos enseña la liturgia de la Iglesia y qué nos enseña? Primero, el Evangelio según San Mateo con esto que estoy diciendo -¿Qué nos enseña?- Que la Biblia te puede servir, para lo que tú quieras. Ay yo sé que eso suena muy feo, eso suena muy feo, pero la Biblia en las garras porque -manos no tiene-. En las garras y pezuñas del asqueroso Satanás. La Biblia es instrumento para hundir la misma Biblia en las manos benditas y en el corazón de Cristo. Es instrumento para levantar. Y estas palabras las digo con toda la gravedad que tienen, para que recordemos una cosa, que ese lema que tenía el fundador de todo el movimiento protestante Martín Lutero, ese lema que él tenía: ?Mí Biblia y mi conciencia?, que ese era el lema de Lutero, y que también se expresa con la frase latina "Sola Scriptura" -Solo la Biblia- es lo más absurdo que se puede decir en términos de fé cristiana. Porque ¿Qué fue lo que utilizó el demonio? Solo la Biblia. O sea que la sola Biblia te puede hundir, también te puede ayudar. Y por eso nosotros católicos entendemos perfectamente que para que la Biblia sea salvación, para que la Biblia no se convierta en ocasión de confusión, locura, pecado o quién sabe qué barbaridad, la Biblia tiene que ser leída en un lugar y ese lugar es la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo, la Iglesia en Cristo, la Iglesia en el Cuerpo de Cristo. La Biblia, perdón, la Biblia en Cristo. La Biblia en el cuerpo de Cristo es salvación. Y por eso, cuando tú te acercas al estudio bíblico en tu parroquia, cuando tú te acercas al estudio bíblico guiado por los padres de la iglesia, los doctores de la iglesia, los santos de la iglesia, gente, hombres y mujeres que realmente han sido guiados por el Espíritu y que después de largo discernimiento, la misma Iglesia ha propuesto como maestros. Cuando tú estudias la Biblia en la Iglesia, al cobijo de la Iglesia, en la atmósfera de la Iglesia, esa Biblia es salvación para ti. Pero si tú te sales del cuerpo de Cristo, cuidado porque la Biblia en las pezuñas y en las garras de Satanás puede ser destrucción para tu alma, puede ser destrucción para tu vida. Por eso no debemos idolatrar un libro. Nosotros no idolatramos un libro, nosotros adoramos a Cristo, que es palabra a quien conocemos ciertamente por la Sagrada Escritura. Cuando esa Escritura es leída al amparo del cuerpo de Cristo en las manos del cuerpo de Cristo, que es la Santa Iglesia, esta advertencia creo que es importante. No se dejen confundir por cualquiera que le saque tres o cuatro versículos. No se dejen confundir. Pero aquí viene otro dato y este lo aprendemos del Papa Francisco, por quien estamos orando especialmente el día de hoy. Como mencionó nuestro padre Ernesto. Dice el Papa Francisco y lo ha repetido varias veces: ?Con el demonio no se conversa, con el demonio no se discute?. Fíjate que las palabras con las que Cristo responde al demonio son palabras que frenan, paran y hacen retroceder al enemigo. Compara, en cambio, lo que sucedió en la primera lectura. En este caso fue la mujer, Eva la que se pone a conversar con una serpiente: La serpiente habla... Élla le responde?. La serpiente sigue.... Ella le dice?. la serpiente? ¿No te das cuenta que cuanto más hablas con la serpiente, más te envuelve la serpiente? Por eso dice el Papa Francisco: "Con la tentación no se conversa. Con el demonio no se discute". Las palabras cortantes que dice Cristo al demonio tienen un único propósito, paran el ataque, detienen el ataque del enemigo y lo hacen retroceder. Entonces ahí hay dos lecciones. Llevamos dos lecciones, hermanos. Primera, la Biblia, claro, la Biblia, pero entendida, orada y leída en la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Porque fuera de la Iglesia la Biblia te puede llevar a cualquier barbaridad y por eso hay tanta división entre los que dicen amar la Biblia, pero no se acogen al corazón y a la historia y a la tradición de la Iglesia. Entonces primero Biblia estudiada y amada en la iglesia. Segundo, con la tentación no se conversa, simplemente se cierra la puerta como hizo Cristo y queda por fuera. Esto vale para todas las tentaciones, pero muy especialmente vale para las tentaciones de sensualidad, las que tienen que ver con el placer. Por eso, cuando a usted le dicen que tiene que probar algo, tiene que probar esta droga, tiene que probar esta sustancia, este licor, este placer. Eso de poner a la gente a buscar placeres exóticos. Muchos de los cuales serán sexuales. Eso es trampa. Nosotros no entramos ahí ni a discutir ni a conversar con la tentación. Lo han dicho muchos santos. Esa clase de tentación solo se vence apartándose, huyendo. Pero, ¿Cuál es el corazón de la defensa de Cristo frente a esta tentación que le propone el demonio?, ¿En dónde está la gran respuesta de nuestro Señor Jesucristo? La gran respuesta, la que completa el exorcismo, porque esto es un exorcismo lo que está sucediendo aquí, la que completa el exorcismo. Y con esto terminamos nuestra reflexión, es la frase final de Cristo: "Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo servirás". Tú puedes reconocer el espíritu del primer mandamiento de la ley de Dios ahí. Y fíjate cómo continúa el Evangelio. ?Entonces lo dejó el diablo?. Y no solo eso, bendito Dios. Se acercaron los ángeles del cielo para servir a Jesús. O sea que el exorcismo final -¿En dónde está?- En poner a Dios en primer lugar, en que Dios ocupe el lugar que tiene que ocupar en tu vida, que Él sea el primero. Que vas a hacer un negocio. ¿Dónde queda Dios en este negocio? Que hay un muchacho que tiene interés romántico contigo; ¿Dónde queda Dios en la amistad que tengo con ese hombre o con esa mujer?, ¿Dónde queda Dios ahí? La gran respuesta a la tentación es el primer mandamiento de la ley de Dios. Poner a Dios en primer lugar. Reclamar. Pelear por los derechos de Dios. Pelea por los derechos de Dios y Dios peleará por defenderte. Da tú la lucha para que Él tenga su lugar y Él conservará tu lugar en su plan, en su camino y en la Gloria del cielo. Mis amados hermanos, sigamos nuestra celebración Eucarística, dando gracias a Dios, que nos enseña cuál es la estrategia fundamental del enemigo y cómo debemos defendernos de esa estrategia, como nos enseñó Cristo. Formación bíblica dentro de la Iglesia en el espíritu de la Santa Iglesia. Segundo punto Es indispensable que nosotros no nos enredemos discutiendo con la tentación de tenerla y apartarse, y se acabó no entrar a negociar ni a curiosear. Y tercer punto, que es el más importante darle a Dios su lugar. Que Él tenga el lugar en tu vida y Él preservará su lugar, tu lugar en su plan y en el cielo que reserva para ti. Porque no se te olvide, hay un lugar en el cielo que tiene tu nombre. Que Dios nos bendiga.

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