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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La huella del pecado original permanece al querer imponer nuestro criterio sobre qué es el bien y qué es el mal, porque sólo llegamos a este conocimiento escuchando la Palabra del Señor.
Homilía ak01008a, predicada en 20170305, con 6 min. y 41 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Acabamos de iniciar el tiempo de Cuaresma. Podemos decir que estos primeros días desde el Miércoles de Ceniza son como una especie de calentamiento. El camino empieza con mayor fuerza a partir de hoy, primer domingo de Cuaresma. Así, así sucede también en el deporte. Los futbolistas, por ejemplo, que van a un gran encuentro, primero tienen que hacer un calentamiento. Pero la verdadera dificultad y la real victoria están más adelante, ya en el partido. La comparación con el deporte es buena, porque así como en muchos deportes hay una competencia y habrá uno que gane y otro que pierda, así también en la Cuaresma hay uno que queremos que gane y se llama Jesucristo, y hay otro que queremos que pierda y se llama el pecado. Aunque, por supuesto, también queremos que sea derrotado el gran instigador del pecado, es decir, el demonio. Las lecturas del primer domingo de Cuaresma nos hacen entrar de lleno en ese combate. Siempre el primer domingo de Cuaresma nos habla de la tentación. Como estamos en el ciclo A y las lecturas de los domingos provienen fundamentalmente de San Mateo, entonces el pasaje que hemos oído es el de las tentaciones según San Mateo. Si estuviéramos en el ciclo B, que será el año entrante, escucharíamos el relato de las tentaciones según San Marcos y el año siguiente las tentaciones de nuevo, según San Lucas. Siempre el primer domingo de Cuaresma trae el tema de la tentación o de las tentaciones. En este año, la primera lectura, que va a ser como una especie de segunda voz o de complemento con el Evangelio, ha sido tomada de los capítulos dos y tres del Génesis. Singular importancia tiene ese capítulo tercero del Génesis, porque también nos presenta una tentación. Pero en el caso de Cristo, la victoria es de Cristo, la victoria es de Dios. Mientras que en el doloroso caso del Génesis, el demonio se sale con la suya, logra su propósito. Sin embargo, no todo está perdido en el sentido de que podemos aprender también de nuestras derrotas. Es triste cosa ser derrotado, pero si uno aprende de la derrota, podemos decir que aún logra sacar una pequeña victoria. Por ejemplo, quisiera concentrarme en aquello del árbol de la ciencia del bien y del mal, o el árbol del conocimiento del bien y del mal. En ninguna parte dice la Biblia que el pecado original haya consistido en comer una manzana. Y tampoco dice la Biblia en ninguna parte que ese pecado, el pecado de nuestros primeros padres, cuyas consecuencias nos han afectado a todos, tenga que ver con sexo. De hecho, más bien lo que sugiere la Biblia es que ese pecado tiene una estructura diferente. Ese pecado, ese primer pecado, es ante todo una desobediencia, es una rebeldía. Observemos que en la Biblia la palabra conocimiento indica no solamente algo que está en tu cabeza, una idea, algo que tú conoces porque lo has estudiado. Conocimiento significa una experiencia, una experiencia próxima. Por eso también se habla de la intimidad en la pareja diciendo conoció a su mujer. Es un conocimiento que implica todo el ser y que, por consiguiente, incluye la experiencia. Según eso, cuando Dios dice a nuestros padres que no coman del árbol del conocimiento del bien y del mal, lo que les está diciendo es: -No pretendan ustedes que necesitan tener experiencia de lo malo para saber qué es el mal, o tener experiencia de lo bueno para saber qué es el bien-. De hecho, la experiencia de lo bueno la tienen por todas partes en ese jardín de delicias y sobre todo en la dulcísima amistad con Dios; ya tienes experiencia del bien. O sea que ¿A qué vas a ese árbol?; ¿Vas a buscar la experiencia del mal para definir por ti mismo lo que es bueno y lo que es malo? Ése es, ése es el corazón del pecado original, desobedecer a Dios para decidir por mi mismo, por mi propia experiencia y criterio, qué es lo bueno y qué es lo malo. En ese sentido, el pecado original se sigue repitiendo también en nuestra época. Cada vez que pretendemos que, por ejemplo, el parlamento puede decidir si es bueno o es malo matar niños no nacidos. Cada vez que decidimos que bueno; ahora hay una nueva ley que va a expulsar inmigrantes. Ahora estos se van, pero hay familias que van a quedar destrozadas. No, ahí está la ley. El pretender que nosotros, a través de leyes aprobadas por el parlamento o a través del solo criterio de cada uno, puede determinar qué es lo bueno y qué es lo malo. Ahí está, ahí está la huella, ahí está el hedor apestoso del pecado original. Y ahora que ya lo conocemos, por supuesto, lo que hay que hacer es no seguirlo repitiendo. Y para eso necesitamos aprender sobre el bien y sobre el mal, no por nosotros mismos ni decidiendo nosotros, sino escuchando, escuchando la voz del Señor. Lámpara. Lámpara es tu palabra para mis pies. Por algo Jesucristo en las tentaciones se defiende, sobre todo con el poder de la Palabra de Dios. Esa defensa está tan viva, está tan perfecta y tan eficaz para tí como lo estuvo para Cristo. Que el Señor te bendiga.

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