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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Algunas lecciones prácticas sobre la realidad de la tentación. Necesidad de conocerse, de vigilar, de no fiarse de la propia interpretación de la Escritura; necesidad sobre todo de orar y de unirse a Cristo para vencer.
Homilía ak01005a, predicada en 20110313, con 18 min. y 50 seg. 
Transcripción:
Amigos queridos, acabamos de empezar el tiempo de Cuaresma. Este es el primer domingo y es bueno llevar esta cuenta de los domingos porque se trata de un camino. Así como cuando uno va, por ejemplo, en un tren o en un bus. Se trata de un viaje largo y uno va mirando el mapa y va viendo cuáles son los pueblos o las estaciones por las que va pasando. Además, esta primera estación en la Cuaresma siempre habla de la tentación, las tentaciones que tuvo Jesucristo en el desierto y de esa manera, encontrando a Jesucristo tan semejante a nosotros es posible que nos animemos a acercarnos a Él y a hacernos nosotros semejantes a Él. En efecto, Cristo fue tentado, lo mismo que nosotros somos tentados. Pero la diferencia es que Cristo venció a la tentación. O si digo mejor, venció al tentador. Y de ese modo nos anima para que también nosotros venzamos en nuestras propias tentaciones. La verdad es que la Cuaresma, entre sus varios propósitos, tiene que uno aprenda a conocerse mejor a sí mismo, porque las tentaciones cambian de una persona a otra y lo que puede ser una gran tentación para una persona, quizás no lo es para otra. Algunos de nosotros, por decir un ejemplo un poco trivial; algunos de nosotros nos pueden tentar muchísimo las cosas dulces y entonces uno corre el riesgo de dañar su salud por comer mucho dulce. Pero hay otras personas a las que el dulce no les atrae mayor cosa. Hay gente que es muy atraída por el dinero, a otros les gusta muchísimo el placer, otros más son terriblemente egoístas. A otros, en cambio, les tienta la pereza. Hay unos que son muy violentos, otros, en cambio, no expresan lo que tienen, pero sí guardan adentro resentimiento y no pierden oportunidad de hablar mal del prójimo. Cada uno de nosotros tiene, por así decirlo, su propio diagnóstico. Cada uno tiene su propia debilidad y su propia tentación, pero Cristo es modelo para todos nosotros, y de ese modo, en Cristo tenemos no sólo el ejemplo, sino la fuente para superar nuestras propias tentaciones. Primera sugerencia práctica en esta Cuaresma: -voy a conocerme, voy a reconocerme, voy a darme cuenta cuáles son aquellas tentaciones que usualmente tienen más poder en mi vida y voy a luchar contra esas tentaciones-, pero no voy a luchar solo, voy a luchar junto con Cristo. Cómo es de importante esto de conocerse a sí mismo, cómo es de importante saber en dónde están las verdaderas debilidades de uno. Sólo así podremos avanzar no solamente como cristianos, sino incluso como seres humanos. Tomemos una segunda enseñanza del texto del Evangelio de hoy. Nos damos cuenta que el demonio utiliza la Biblia para atacar a Jesucristo. ¿No es esta una cosa sorprendente?, ¿No se supone que la Biblia es la Palabra de Dios? Y sin embargo, los argumentos que utiliza el demonio para tentar a Jesucristo son argumentos tomados de la Biblia. Aquí vemos dos cosas que nos llaman la atención. Primera: Se ve que el demonio ha estudiado a su víctima potencial. En la primera lectura de hoy oíamos que la serpiente era el más astuto de los animales. Hay una astucia del demonio y parte de esa astucia está en el estudiar a la víctima. Hemos dicho antes que cada uno de nosotros tiene su propia debilidad o tentación. Podemos comparar una persona con una casa. La casa tiene lugares muy seguros, pero tal vez hay una puerta que no está suficientemente firme. O tal vez hay una ventana en el segundo piso que permanece siempre abierta. O tal vez hay una valla que es muy fácil de saltar y que da acceso a la puerta de la cocina. Un ladrón estudia la casa que va a robar. Un demonio estudia a la persona a la que va a tentar. El demonio había estudiado a Jesucristo. Nos dice Santo Tomás de Aquino que el demonio no tenía certeza de que Cristo fuera el Hijo eterno de Dios. El demonio desconocía el misterio de la Santísima Trinidad. Si el demonio hubiera tenido absoluta certeza de que Cristo era Dios, jamás se hubiera metido con Él. Pero aunque el demonio no sabía que Cristo era Dios, sí veía en ese personaje, en Jesús de Nazaret, a alguien infinitamente detestable para el demonio. Veía en Cristo a una persona piadosa y bien educada en la Escritura y cómo la ha estudiado, entonces, cuando se acerca a Cristo, utiliza lo que ve que le puede servir para llegar al centro, para llegar al corazón de Cristo. El demonio entonces, estudia a sus víctimas, como lamentablemente hacen también los ladrones, los secuestradores, los violadores y los criminales en general. Tienen que aplicar su inteligencia para tratar de lograr sus perversos objetivos. Eso también significa que nosotros mismos somos estudiados. Yo no quiero que nadie se vuelva paranoico por lo que estoy diciendo, pero tenemos que saber que nosotros somos estudiados. Es decir, este enemigo malo anda rondando buscando a quién devorar. Esas palabras no son mías, son del apóstol San Pedro que dice exactamente eso: ?El demonio como león rugiente, ronda buscando a quien devorar?. Y aquí viene entonces otra enseñanza práctica para nosotros. La vida cristiana siempre será una vida en vigilancia. El cristiano nunca puede soltar completamente las amarras. No hay lugar absolutamente seguro en esta tierra. No lo hay. Uno puede entrarse a un convento pensando que ahí encuentra el cielo. Pero también los monjes o las monjas que viven en los conventos tienen sus formas de tentación. Uno podría irse a la curia del Vaticano, uno podría esconderse en el último rincón de la peña y allá, sin embargo, tendría que ejercer la vigilancia. La Cuaresma, entre otras cosas, nos recuerda eso que hay que vigilar, estar atentos. Jesús dijo a sus apóstoles en aquella noche de Getsemaní: -Vigilad y orad-. Y también dijo: "El Espíritu está dispuesto, pero la carne es débil, así pues, vigilad". Un cristiano tiene que vigilar. Tiene que vigilar especialmente las puertas de su casa. ¿Y si la casa es el alma? Las puertas de esa casa son los órganos de los sentidos. Tenemos que vigilar entonces lo que vemos, lo que oímos. Y tenemos que vigilar lo que hacemos con lo que nos dan los sentidos, esto es la fantasía. Un cristiano tiene que vigilar la fantasía porque todos los crímenes empiezan en la fantasía. Todos los violadores empezaron fantaseando. Todos los ladrones imaginaron primero. Entonces un cristiano tiene que vigilar, estar atento. Pero además, el hecho de que el demonio haya utilizado la Biblia nos enseña otra cosa. Y esto es muy importante para nosotros los católicos. Quisiera que quedara muy claro. La Biblia no es suficiente en contra de lo que dicen algunos cristianos no católicos que dicen ?la Biblia y yo, -y dicen- la Biblia es suficiente?. Así lo dijo también Martín Lutero: "Sola Scriptura", -la sola Biblia-. Pues no señor Lutero, estás completamente equivocado. Con la sola Biblia puedo llegar al regazo del demonio que es un lugar muy incómodo para estar. ¿La sola Biblia?, pues la sola Biblia es lo que está utilizando el demonio, utiliza la sola Biblia para atacar a Jesucristo. La sola Biblia puede servir para lo que sea, de la Biblia tú puedes encontrar hasta razones que te llevan a atacar a Cristo. Y esto digo que es una enseñanza importante y muy querida para nosotros los católicos, porque nosotros hemos aprendido precisamente eso. No basta la sola Biblia. La Biblia, sí, claro, y la Biblia está en el centro. Pero la Biblia es un libro de familia. La Biblia tiene que ser entendida en la familia del pueblo cristiano. Es dentro de la Iglesia como se entiende correctamente, la Biblia es según la mente de la Iglesia. Y esa mente de la Iglesia no es otro libro que yo ponga aquí en paralelo con la Biblia. La mente de la Iglesia es la transmisión viva de la fé. Es lo que se llama usualmente la tradición, la tradición. En contra de lo que dicen algunas caricaturas protestantes. La tradición no es otra Biblia, otro libro que yo tengo al lado de este libro. La tradición es la manera integral como la Iglesia transmite la fé siglo tras siglo. Y además, esa transmisión de la fé tiene unos mensajeros cualificados, sucesores de los apóstoles, y la palabra de éllos es normativa para nosotros. Así como nosotros no nos inventamos la resurrección de Cristo, sino que la hemos recibido como noticia de labios de los apóstoles, así también de la Palabra de los Apóstoles, sabemos cuál es la fé verdadera. Por eso hay un documento de la Iglesia que se llama la Constitución Dei Verbum. Esa Constitución del Concilio Vaticano II nos habla sobre la Biblia y nos dice que el Magisterio, la Tradición y la Biblia forman como un trípode, y ese trípode estable es el que le da firmeza a nuestra fé. El trípode. Lo repito, es Biblia, Tradición, Magisterio. Biblia: Lo entendemos, La Palabra de Dios. Tradición: es esa comprensión integral de la Palabra que se da siglo tras siglo y que se traduce en la frase: "La Biblia solo se entiende bien dentro de la Iglesia". Magisterio quiere decir la palabra autorizada de los sucesores de los apóstoles y particularmente el sucesor de Pedro, es decir, el Papa. Nosotros necesitamos de ese trípode para permanecer efectivamente en la fé, para no desviarnos, porque con la sola Biblia ya ves las barbaridades que suceden. Que se da el caso de que el demonio ataca a Cristo con la Biblia y el demonio resulta vencido también con la Biblia misma. O sea que yo no estoy diciendo que nos apartemos de la Biblia, sino que aprendamos a usarla. Porque Cristo utiliza la Palabra de Dios para vencer al demonio. O sea que tenemos que sacar otra enseñanza para nosotros. La primera enseñanza, por supuesto, es que este es tiempo de conversión, tiempo de vigilancia, tiempo para conocernos a nosotros mismos. Pero ahora tenemos que añadir una enseñanza más, muy práctica. "La lectura de la Biblia según la mente de la Iglesia es eficaz defensa en la tentación". Una última palabra, mis hermanos. La última tentación que el demonio le pone a Cristo, según este pasaje del Evangelio de San Mateo es descarada. Como ya vio que no podía con el asunto de la Biblia, entonces se descaró, se mostró finalmente: "Adórame a mí". Dice el demonio... "Todo esto te daré todos los reinos del mundo...." Y hay una cosa escalofriante en esa frase del demonio. Si nosotros miramos el pasaje paralelo de las tentaciones de Cristo en el Evangelio según San Lucas, lo que encontramos es que el demonio dice todavía más claramente lo siguiente: "Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero". ¡Qué arrogancia la del demonio! El demonio siente que todos los poderes de este mundo en el fondo son suyos. Y le dice a Cristo -Ya que yo soy dueño de todos estos poderes, adórame a mí, y yo te lo doy a tí-. Ese pasaje es impresionante, esa frase del demonio. Tomémoslo en esta ocasión para no extendernos más, solamente como una advertencia. Qué seductor es el poder, el poder, el sentirse uno importante, el encumbrarse sobre los demás, el usar esa pequeña diferencia que tengo con mi prójimo como un arma contra mi prójimo. Hay veces en la vida en que uno no tiene poder sino sobre un baldosín. Pero en ese baldosín uno se siente el emperador. ¿No nos hemos encontrado a veces personas que tienen un oficio relativamente humilde y entonces hacen valer su oficio? Ese funcionario que tiene una ventanilla y que sabe que con esa ventanilla puede hacer lo que quiera. Es decir, ahí es donde atiende la gente -y aquí es donde mando yo y aquí me impongo yo y aquí yo soy el dueño-. Y hay gente que no tiene sino una puerta y es el portero de una puerta, pero en esa puerta ese hombre se siente el emperador del universo. El poder nos seduce a todos. Por algo dijo Jesucristo en otro pasaje: "Los poderosos de este mundo buscan ser servidos. No sea entre vosotros. Así, el que sea más importante entre vosotros, que se haga el servidor de todos". Así también esta Cuaresma nos invita a la humildad y nos invita al servicio, porque todos tenemos dentro semilla de emperadores, y el demonio nos habla seductoramente al oído. Y el demonio quiere que nosotros tomemos ese poquito de poder que tenemos, -porque aquí yo soy el papá, porque aquí yo soy el sacerdote, porque aquí yo soy el jefe, porque aquí yo soy el uniformado, porque aquí yo soy el que tiene la oficina, porque aquí yo soy el que grita más duro-. El demonio quiere que utilicemos esas pequeñas cosas para lastimar a nuestros hermanos. La única respuesta, la única solución, es utilizar lo que Dios nos ha dado para Gloria de Él y para servicio de nuestros hermanos. Si eres papá, quiere decir que Dios te ha encargado seres humanos preciosos para que los ayudes a crecer en su presencia. Si eres un funcionario, quiere decir que esa función que te ha dado el Estado, que te ha dado Dios mismo, es para servicio de todos, especialmente de los más pobres. Si eres el médico, no eres el dueño de la vida humana, eres un servidor de la salud de tus hermanos. Si eres el sacerdote, no eres el dueño de las almas, eres simplemente un servidor de éllas. De pié, por favor.

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