Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Homilía ak01001a, predicada en 19990221, con 15 min. y 41 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos. En las lecturas del día de hoy encontramos dos episodios de tentación, uno con desenlace triste y otro con desenlace alegre. El episodio con desenlace triste es el de Adán y Eva en el paraíso. El episodio con desenlace alegre es el de Cristo en el desierto. Ya esta es una enseñanza, en el paraíso se cae en la tentación, en el desierto llega la victoria.

Primera enseñanza del día de hoy. Cuando la vida se nos vuelve paraíso, es muy fácil caer en la tentación Cuando la vida se nos vuelve desierto, a veces estamos más fortalecidos para agarrarnos, para aferrarnos solamente a Dios y eso nos da la victoria.

Amigos, aunque se trata de un episodio triste y de otro episodio victorioso, de ambos podemos aprender nosotros. Esta es la segunda enseñanza, tenemos que aprender a aprender, tanto de nuestros fracasos como de nuestros éxitos. Muchas veces aprendemos más de los fracasos que de las mismas victorias, aunque eso no vale para el día de hoy, porque de la victoria de Jesucristo recibimos tanta o mayor enseñanza que del fracaso de Adán y Eva en el Paraíso.

Miremos, pues, por un momento, en qué consistió el fracaso de nuestros primeros padres en el paraíso. Aunque el lenguaje es casi infantil, la enseñanza es para adultos, para gente crecida. Y aunque los símbolos están a la vista de todos, el mensaje está como una nuez: Que toca buscarla, que toca conquistarla, que toca lograrla para nosotros.

Así pues, volvamos a esa escena que todos conocemos. -Dios les había prohibido comer del árbol de la ciencia o del conocimiento del bien y del mal-. Esta prohibición en nuestra sociedad moderna y adulta suena casi ridícula. ¿Qué tal eso?, de un gran jardín, y pueden comer de todo menos de esta mata..., eso suena como ridículo a nuestros oídos, o tal vez suena demasiado infantil, arcaico, precientífico, inaplicable para nuestro tiempo. Eso es lo que parece en una primera mirada. Pero si entendemos mejor el lenguaje, de pronto encontramos algo que vale no solo para ese tiempo y para nuestro tiempo, sino para todos los tiempos.

Vamos a encontrarnos seguramente con que Dios nuestro Señor nos está indicando algo ahí. Tal vez ahí está la primera clave para que nosotros, que hoy nos reconocemos como pecadores, no sigamos cayendo en nuestros pecados.

Veamos de qué se trata. Resulta que este no es cualquier árbol, no es la mata verde ni la mata roja, la mata de los frutos azules, anaranjados o cafecitos. Es el árbol del conocimiento. ¿Qué quiere decir eso? El acto de comer, el fruto indica la posesión. En la Biblia y en el lenguaje amoroso, comer y poseer son vecinos, son muy próximos. Comer del árbol de la ciencia del bien y del mal significa considerarse lleno de conocimiento, apropiarse del conocimiento del bien y del mal.

Ese texto fue escrito en hebreo, luego fue traducido al griego y ahora lo tenemos en español. ¿Qué quiere decir tener conocimiento? Hay una imagen que se me ocurre que nos puede ayudar. Supóngase que usted se monta en un jet, se monta en un gran avión y en ese jet usted es amigo del piloto y el piloto, contraviniendo las normas de la aeronáutica, lo hace seguir a usted a la cabina y el piloto corriendo un riesgo espantoso... Le dice a usted que se siente ahí, en el lugar donde va el piloto, que se siente ahí y usted se sienta ahí, al frente de un avión que está en vuelo a novecientos sesenta y cinco kilómetros por hora en los cielos de Colombia. El piloto está a su lado complacido porque usted es amigo del piloto, pero nervioso porque esa nave cuesta muchísimo y sobre todo las vidas que están ahí simplemente no tienen precio. En ese momento el piloto le va a decir a usted cómo se maneja ese avión, le va a dar una clase a diez o doce kilómetros de altura y a novecientos sesenta y cinco kilómetros por hora. Le va a enseñar a manejar un jet.

Usted está sentado en el asiento del piloto y de pronto usted siente que es el rey de los cielos., Entonces el piloto le dice: Tenga cuidado con ese..., ¡¡Cállese!! yo sé lo que hago, dice usted. Entonces el piloto le dice esto es muy peligroso, ese indicador de temperatura de allá..., yo sé lo que estoy haciendo, yo tengo conocimiento, dice usted; sentado en el asiento del piloto, -yo tengo conocimiento, yo sé-.

Ese árbol de la ciencia del bien y del mal, lo que está indicando es esa actitud por la que le dice a Dios y le dice a la sociedad y le dice al universo entero, -déjenme, yo veré qué hago con mi vida, yo sé lo que hago, yo conozco, yo me conozco, yo sé que es lo que tengo que hacer-. Lo grave de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal es que la persona cree que ya tiene conocimiento, es decir, se desprende, se suelta de Dios, calla a Dios. Eso es lo que nosotros hemos hecho.

Ese jet a novecientos sesenta y cinco kilómetros por hora, es la vida humana. Es el proyecto de la humanidad en esta tierra. Ese piloto es Dios. Y el que está sentado ahí es usted o soy yo Y cuando Dios nos sentó al frente de este maravilloso proyecto, de esta nave fantástica, nosotros le dijimos a Dios ¡Cállese!, Yo veré qué hago conmigo. Y sabemos en qué puede acabar ese avión. Sabemos qué le puede suceder a ese avión y sabemos, por consiguiente, en dónde va a parar ese avión.

Y eso fue lo que le sucedió a la humanidad. El pecado original, pues, se refiere a esa actitud inicial de nuestros primeros padres que cerró el diálogo con Dios, que pretendió disponer de su propia vida, siendo creatura sin volverse hacia el Creador. Esa actitud cortó la comunicación con Dios y trajo gravísimas consecuencias.

Pero hoy no estamos para hablar del pecado original, sino estamos para hablar de la tentación. Se acerca la serpiente y le dice a la mujer... Algunos dicen que la serpiente buscó a la mujer porque la vio más ignorante, o porque la vio menos inteligente, o por cualquier otra razón ridícula, machista. La serpiente buscó a la mujer, no por eso, ni tampoco la mujer buscó a la serpiente para tener con quien hablar, como dicen otros. La serpiente buscó a la mujer o la mujer se encontró con la serpiente porque la serpiente estaba queriendo atacar las fuentes de la vida que están en la mujer, en el cuerpo de la mujer, en el ser de la mujer corren los torrentes de la vida.

De una mujer, cada uno de nosotros ha nacido de una mujer. En la mujer están las fuentes de la vida, y esta serpiente que el libro del Apocalipsis identifica claramente y le da su nombre: el diablo y satanás ataca a la mujer, la ataca, en primer lugar, para viciar en ella, para destruir en ella las fuentes de la vida, para que todo lo que nazca de ella, es decir, toda la humanidad, esté viciado, sea adverso a Dios, esté desprendido de Dios, sea enemigo de Dios. Por eso la serpiente busca a la mujer. Consumado el pecado, las consecuencias efectivamente, están en todos nosotros.

Pero aunque no sea el lugar más preciso, quiero hacer una aclaración sobre esto del pecado original. La Iglesia no dice que nosotros los seres humanos nazcamos culpables. Algunas veces en los bautismos las mamás preguntan a uno, le preguntan a uno: pero ¿qué pecado va a haber cometido mi niño?, No sabe ni hablar, lo único que dice es gugu. ¡Y ya peco!. ¿Qué pecado va a haber cometido mi niño?

El pecado original hay que distinguirlo. Una cosa es el pecado de nuestros primeros padres del que acabamos de hablar, y otra cosa es lo que se transmite a nosotros. Lo que se transmite a nosotros no es la culpa, nosotros no nacemos culpables, lo que se transmite a nosotros es la pena, porque en todo pecado hay dos cosas distintas la culpa y la pena, la pena es la consecuencia del pecado; de modo que lo que nosotros heredamos de Adán y Eva es la pena, la pena del pecado. Eso es lo que nosotros heredamos.

Y ¿qué es la pena del pecado original? Eso es muy fácil de comprender, porque en nuestras familias tenemos muchas analogías? Si el papá y la mamá viven odiándose, viven discutiendo si el ambiente de su casa está repleto de odio y de orgullo. Los niños nacen en un hogar que es una pena; es una pena nacer en un hogar donde no hay amor. Pues eso fue lo que pasó con nuestros primeros padres. Dañaron, rompieron la comunicación con Dios de un modo tal que la condición existencial en que todos nosotros venimos a la vida es una pena. Y eso es lo que nos encontramos cuando comprobamos que todo corazón humano es de una o de otra forma egoísta, es soberbio.

Cuando usted dice: por ejemplo, cuando usted dice: esta vida es difícil, todo el mundo es egoísta, en esta tierra todo es plata, cada uno tira por lo suyo... Esas expresiones nuestras, que lamentablemente las decimos como renegando de nuestra existencia, si se examinan con la lente de la teología, lo que están diciendo es: todos los seres humanos estamos hechos de un barro que ha quedado sucio, que ha quedado frágil, que ha quedado marcado. Esa es la enseñanza de la Iglesia sobre el pecado original.

Después de todo esto, ya no nos queda tiempo para el tema principal de hoy, que es la victoria de Cristo sobre las tentaciones. Es un texto que nos hemos encontrado muchas veces. Solo quiero compartir con usted un detallito que seguramente no hemos observado en este pasaje de las tentaciones.

Dice el comienzo del pasaje que hemos escuchado hoy:, -Una vez bautizado, Jesús es conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo-. Una vez bautizado. Cuando Jesús fue bautizado, se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo amado". Y Papá, Dios envió sobre Jesús de Nazaret la efusión plena de su Espíritu para la misión que iba a realizar Jesucristo entre nosotros. Misión que tuvo su consumación en la cruz, en la muerte y en la resurrección. Cristo empezó a ser Cristo, es decir, empezó a ser ungido, en ese momento, cuando bajó el Espíritu Santo sobre Él, y cuando la voz de Papá, Dios le dijo: "Tú eres mi hijo", Jesús recibió esa gracia singularisima y el demonio lo que va a atacar es esa gracia singularisima.

Fíjate lo que le dice el demonio a Jesús -si de veras eres el Hijo de Dios-. Y le dice también cuando lo de los panes le dice: -si de veras eres el Hijo de Dios, si eres el Hijo de Dios-. O sea que la tentación que estaba trayendo el demonio contra Cristo era para que Jesús no aceptara la unción del Espíritu Santo que acababa de recibir, en el bautismo. El demonio intenta que Cristo no acepte la misión para la que lo ha ungido el Espíritu Santo, que le ha dado el Padre Celestial. Y por eso los ataques del demonio contra Jesucristo no son como pensaron algunos tontos y me perdonan la palabra. No son en términos de que si deseas a esta mujer, como dice el el relato ese de la última tentación de Cristo. La vida es más profunda que eso.

La verdadera tentación de Cristo no es que si mujeres o no mujeres, si platas o no platas; la verdadera tentación de Cristo, lo que quería el demonio es desprenderle de la voz de Papá Dios, no sigas tu camino de Mesías, no hagas lo que tienes que hacer. El demonio intentó separar a Jesucristo de su misión y ya vemos cómo se defendió Cristo con oración y con la Palabra de Dios. Las mismas armas que nos darán la victoria a nosotros, porque también nosotros tenemos nuestra misión en esta tierra.

Mis hermanos, hemos recibido la pena de nuestros primeros padres, pero hemos recibido la gracia de Jesucristo, con ese auxilio y con esa gracia también nosotros tendremos victoria para gloria y alabanza de nuestro Padre Celestial.

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