Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El don de tener hambre prepara el don de recibirlo a Él como alimento.

Homilía acys015a, predicada en 20230611, con 5 min. y 24 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

Quiero destacar un elemento de la primera lectura tomada del libro del Deuteronomio. Esa lectura nos recuerda el camino que recorrió el pueblo por el desierto. Un camino difícil, peligroso, un camino exigente. Y ese camino duró cuarenta años. En la Biblia el número cuarenta es el número que nos recuerda la longitud de la vida. Es decir, que cuarenta años es como el espacio de una generación. Esto nos hace suponer que los cuarenta años por el desierto que pasó el pueblo están representando lo que es la vida humana, porque muchas veces la vida humana se parece como ese desierto que tiene serpientes y tiene alacranes y tiene dificultades y tiene desafíos.

Pero lo que quiero destacar es cómo en esa lectura se muestra el hambre y el alimento. Dice la lectura que Dios te hizo tener hambre y después Dios te dio el alimento. Quedémonos con ese pensamiento. Dios te hizo tener hambre y después Dios te dio el alimento. Y de alguna manera ambas cosas son regalos de Dios. Es un regalo de Dios sentir hambre, sentir hambre de infinito, sentir hambre de santidad, sentir hambre de verdad, sentir hambre de pureza. Si uno mira, por ejemplo, los grandes santos, uno se da cuenta que especialmente aquellos que han tenido una gran conversión fue porque tuvieron mucha hambre. Uno ve, por ejemplo, el caso de un San Agustín. San Agustín tenía hambre. Hambre de la verdad. Hambre de la belleza. Hambre de la amistad.

A él le costaba mucho, mucho, mucho, el tema de la sexualidad le costaba mucho. Y eso lo sabemos porque él mismo lo dice, que le costaba muchísimo. Entonces él estaba como desgarrado porque por una parte tenía cómo ese anhelo espiritual, ese anhelo intelectual profundo, pero por otra parte, pues se debatía con los deseos impuros que lo agarraban y lo dominaban. Pero ahora hagámonos esta pregunta: ¿Qué tal que él no hubiera tenido esa hambre, esa hambre de verdad, de belleza, de perfección, esa hambre, no lo dejaba tranquilo a él. Él no estaba tranquilo, estaba, ya dije, como desgarrado, como atormentado. Pero si no hubiera tenido esa hambre, ¿Qué hubiera pasado con ese hombre?

Pues se hubiera simplemente sumergido hasta el final de su vida y por toda la eternidad en el lodo de sus pecados. O sea que fue el hambre lo que lo salvó. Esa hambre profunda que él tenía, esa hambre fue la que lo rescató a él. Y por eso es necesario que en este día de la Eucaristía nosotros veamos como un don que Dios nos da alimento, pero el alimento no nos va a servir si no tenemos hambre. Entonces hay que pedirle a Dios danos hambre, danos hambre, para que después nos des pan, porque sin el hambre no comemos el pan, y sin el pan no tiene respuesta el hambre. Por eso es tan bonita esa primera lectura, porque nos muestra que en el recorrido de la vida humana uno necesita el hambre y necesita el pan.

Y en el caso del pueblo de Israel, pues era hambre física porque estaban en un desierto espantoso y fue un pan que alimentó sus cuerpos. Pero en el caso nuestro necesitamos que Dios nos dé un hambre espiritual muy profunda, que no nos dejemos saciar simplemente por las cosas de esta tierra. Nada más peligroso que una persona que está saciada con las cosas de esta tierra, porque esa persona, pues, no va a buscar más allá, no va a buscar a Dios, no va a buscar la eternidad, no va a buscar la santidad. Por eso es un gran don que uno tenga descontento, que uno tenga insatisfacción, que uno no esté satisfecho, que uno tenga hambre, es un gran don, un gran don para que nos acerquemos a Cristo y podamos decir que Él es el pan vivo y que ahora si nos sentimos saciados por ese pan que es el pan del cielo.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM