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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En la Eucaristía nos unimos a Dios; se proclama la gloria de Cristo en su Encarnación, en su pasión y muerte y en su Resurrección y se manifiestan sus tres grandes atributos: su poder, su sabiduría y su amor.
Homilía acys011a, predicada en 20200614, con 7 min. y 10 seg. 
Transcripción:
Hola mis amigos, Feliz domingo para todos. Hoy en muchos lugares se celebra la fiesta del Cuerpo y Sangre Santísimos de Jesucristo y quiero compartirte 7 verdades preciosas de nuestra fe que están presentes en esta fiesta. Porque de algún modo la presencia eucarística de Cristo es como un resumen de nuestra fe. Vamos a ver por qué. En primer lugar, están los tres grandes misterios de la vida de Cristo que aparecen de un modo tan claro en este divino sacramento: la Encarnación, la Pasión y la gloria de Cristo. Las tres están presentes en la Eucaristía. ¿Por qué nosotros podemos, al recibir la Eucaristía, decir Cuerpo de Cristo; y por qué podemos responder, Amén? Porque el Señor, el Rey de la gloria, sin dejar de ser lo que era, según nos enseña San León Magno, sin dejar de ser lo que era, ha asumido lo que no era, sin dejar de ser verdadero Dios, es ahora verdadero hombre con una humanidad como la nuestra. Por eso podemos comulgar verdaderamente el cuerpo de Cristo. O sea que en la Eucaristía está el recordatorio de la Encarnación. Pero ese cuerpo es un cuerpo ofrecido, es un cuerpo triturado, es un cuerpo macerado, es el cuerpo que ha pasado por la pasión. Dice Cristo cuando instituye la Eucaristía: "Tomad y comed todos de Él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros". Cuerpo entregado, cuerpo entregado y sangre derramada. . . "Este es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por muchos". De manera que es sangre que Cristo ha derramado. Es cuerpo que Cristo ha entregado, y por eso la Eucaristía es llamada, con toda razón: Memorial de la Pasión de Cristo. Pero Cristo no se ha quedado muerto. Saludamos a la Eucaristía junto con toda la Iglesia, llamándola pan de ángeles. El Cristo glorioso, El Cristo resucitado es el único Cristo que puede ser comulgado. En la condición que Él tuvo en esta tierra, era imposible la comunión eucarística con Él. Para que nosotros podamos alimentarnos de Él, tiene que tratarse del Señor que ha pasado por la Pasión, pero que está en la gloria. Y por eso la Eucaristía es también proclamación de la gloria de Cristo. Así que fíjate cómo en la Eucaristía se recuerdan estos tres misterios preciosos: la Encarnación, la Pasión y muerte y la resurrección. La Eucaristía nos recuerda también; o manifiesta, digo mejor, clarísimamente el poder de Dios, la sabiduría de Dios y el amor de Dios. Y según grandes santos como Agustín de Hipona o Catalina de Siena, estos tres son los mayores atributos del Dios que era, qué es y que ha de venir; es decir, el poder, la sabiduría y el amor. Y si miramos la Divina Eucaristía, encontramos estos tres rasgos. Exactamente los encontramos. ¿Cómo es posible que se dé la transubstanciación? ¿Cómo es posible que antes de la Eucaristía, si nos preguntan qué es esto, tendríamos que decir pan, una hostia? Y si ahora nos preguntan qué es esto, tenemos que decir el cuerpo de Cristo. Eso es lo que significa transubstanciación. No es algo tan complicado como algunos tratan de hacerlo parecer, como decir Oh, ¿Quién lo va a entender? Claro que se entiende. La pregunta por la sustancia es simplemente la pregunta. ¿Qué es? Y antes de la misa, si nos preguntan ¿Qué es? Tenemos que decir: -Es pan de trigo-. Y sucedida la encarnación, nos preguntan ¿Qué es? Y tenemos que responder: -El cuerpo de mi Señor y Salvador Jesucristo, es el cuerpo de Cristo-. Entonces, si es el cuerpo de Cristo, si hay esa transubstanciación, ¿Quién puede hacerlo? ¿Quién puede hacer que no quede nada de la sustancia del pan y que en cambio esté todo mi Señor y Salvador; quién puede hacerlo? Solo el poder de Dios. Por eso la Eucaristía proclama el poder de Dios. Pero la Eucaristía también proclama la sabiduría de Dios, porque es sabiduría de Dios, como enseña Santo Tomás de Aquino. Que nosotros, que dependemos en nuestra realidad corporal del alimento físico, encontremos en la Eucaristía la exacta, podríamos decir, la exacta y superior analogía con el alimento espiritual. De modo que así como nuestro cuerpo busca con ansia la comida y la bebida para poder sobrevivir, así también la Eucaristía es ese alimento que hemos de buscar con ansia para poder tener vida espiritual. Fíjate la infinita sabiduría que está en utilizar ese signo exactamente. De modo que aquello que es vital para nuestro cuerpo sea también vital para nuestra alma. Y en la Eucaristía brilla también, y sobre todo, la compasión, la misericordia de Dios. ¿Cómo es que se ha abajado tanto? ¿Por qué lo ha hecho? Porque nos ama. Solamente porque nos ama. La compasión de Dios. Entonces, mira todo lo que hemos recordado con la Eucaristía, la encarnación, la Pasión y muerte, la gloria de Cristo resucitado, el poder de Dios, la sabiduría de Dios, el amor de Dios. Y nos falta el séptimo punto que estamos llamados a unirnos con Él. Porque la gracia propia de este sacramento, según también enseña Santo Tomás, es exactamente la unión. Llegar a la unión con Él. Feliz Día del Cuerpo y Sangre santísimos de Cristo. Amén.

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