Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En la Eucaristía nos encontramos con el amor verdadero y alimentados por Cristo con su cuerpo, vida, Palabra y ejemplo avanzamos como Iglesia por los desiertos de este mundo.

Homilía acys009a, predicada en 20170618, con 5 min. y 38 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este es el domingo en que nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo. El nombre tradicional de esta fiesta es Corpus Christi, que en latín significa, por supuesto, el cuerpo de Cristo. Es un misterio grande, es un misterio bello y fecundo, y podemos entrar en él. Podemos asomarnos a él de distintas maneras. De hecho, cada una de las lecturas que la Iglesia nos propone para este domingo enseña algo sobre ese misterio. La primera, por ejemplo, tomada del libro del Deuteronomio, nos recuerda que Dios alimentó a su pueblo en el desierto a través de un don del cielo, el famoso maná.

Y si el maná del cielo fue el alimento que sostuvo a los israelitas mientras avanzaban en esas soledades inmensas, en esos desiertos terribles, nuestro maná. Es la Eucaristía y alimentados por el Cuerpo de Cristo, alimentados por su amor, por su vida, por su Palabra, por su ejemplo. La Iglesia va avanzando. Vamos avanzando como Iglesia a lo largo de los desiertos de este mundo. Y hablamos de desierto porque muchas veces las situaciones que viven los cristianos en el mundo se parecen bastante al desierto, por la dificultad para encontrar acogida, para encontrar alegría, para encontrar comprensión. Entonces, esa primera lectura del Deuteronomio nos da una pista indudablemente muy clara sobre el maná, el don del cielo, el pan del cielo.

La segunda lectura está tomada de la Primera Carta a los Corintios en el capítulo número 10, y lo que destaca en esta lectura es que la Eucaristía es la que hace de nosotros cuerpo. Atención a este detalle: La Eucaristía es cuerpo; pero la Eucaristía nos hace cuerpo; es decir, nosotros llegamos a ser cuerpo de Cristo si nos alimentamos del cuerpo de Cristo. Y la unidad que nosotros tenemos como creyentes no es la unidad simplemente del esfuerzo o del gusto de nuestra voluntad, sino es el fruto de la acción de Cristo en cada uno de nosotros. Es Él el que hace de nosotros un solo cuerpo.

Esto lo destaca San Pablo en esa carta a los Corintios en el capítulo décimo. Nosotros somos miembros de su cuerpo, y así el cuerpo de Cristo nos hace cuerpo como iglesia. Hay nombres para esta manera de hablar. El cuerpo de Cristo es la Eucaristía, y la Iglesia es llamada Cuerpo Místico de Cristo en el sentido de lugar donde se manifiesta el misterio corporal del Señor a través de cada uno de nosotros. El Evangelio, por su parte, ha sido tomado de San Juan en el capítulo sexto. Es un texto que nos resulta familiar porque lo tuvimos no hace mucho durante el tiempo pascual, y lo que encontramos en ese capítulo sexto, es cómo Cristo, partiendo del milagro de la multiplicación de los panes, les lleva a sus oyentes a descubrir cuál es el verdadero pan, cuál es el pan verdadero.

No es que el pan de la multiplicación fuera falso, no, sino que es como cuando uno recibe la plenitud de algo y dice esto si es de verdad. Pensemos en el caso, por ejemplo, de una persona que ha conocido distintos amores pero llega a su vida algo que realmente es grande y dice: -Este si es amor de verdad-. Eso es lo que nosotros sentimos al encontrarnos con la Eucaristía. Nosotros hemos conocido muchos alimentos, pero esos alimentos, más que darnos vida, lo que hacen es postergar la muerte. En cambio, Cristo, como alimento nos da verdadera vida, una vida que es capaz de traspasar el misterio de la muerte. Por eso también se habla de la Eucaristía como viático, particularmente cuando se da a las personas que están agonizando.

Es como el pan que puede acompañar a esta persona que sale de esta tierra y que puede llevarla a la plenitud, a la comunión con el Dios del cielo. Entonces, son tres pensamientos, tres pensamientos ricos, tres pensamientos hermosos que nos ayudan a valorar lo que es la Eucaristía, a no avergonzarnos de la Eucaristía. Esta fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo tiene esa característica que el pueblo cristiano se lanza a la calle. Nosotros no nos avergonzamos, no tenemos por qué avergonzarnos de nuestra fe.

Nosotros manifestamos que hemos sido amados y manifestamos que creemos en un Dios que nos ama hasta el extremo. Que esa realidad de que ese misterio alcance su plenitud en nosotros y podamos compartirlo con nuestros hermanos. ¡Así sea.!

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