Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La unidad es ante todo don que brota de recibir un mismo alimento de Cielo.

Homilía acys008a, predicada en 20140622, con 5 min. y 41 seg.

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Transcripción:

En muchos lugares, nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo para este domingo. Es el domingo posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Podemos decir que esta solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo viene a ser como una especie de eco del tiempo pascual dentro del tiempo ordinario. Y yo creo que aquí hay algo muy interesante: la riqueza de la Pascua se desborda más allá de la Pascua.

Fíjate cómo tenemos otra celebración muy pronto, la celebración del Sagrado Corazón de Jesús, la cual es también como una prolongación, como un eco de la Pascua. Porque en el fondo: ¿qué es la fiesta del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo? Es como un eco del Jueves Santo y la fiesta del Corazón de Jesús, es como un eco del Viernes Santo. Esos ecos no son simplemente repeticiones, son memoria, son recordatorios.

Porque debemos saber que las riquezas que hemos tenido en la Pascua, no se quedan simplemente en la Pascua, sino que llegan también, a el conjunto de nuestra vida, a todo lo que nosotros somos, a todo lo que hacemos.

Con esa introducción quisiera que compartiéramos un momento de meditación sobre aquella lectura que nos propone la Iglesia como segundo texto, es decir, la segunda lectura de hoy, tomada de la primera Carta a los Corintios, nos dice el apóstol San Pablo: -Formamos un solo cuerpo, formamos un solo pan, porque nos hemos alimentado de un mismo pan-. Es decir, nuestra unidad como creyentes, como cristianos y como seres humanos; nuestra unidad brota de recibir un mismo alimento.

Podemos decir que la unidad nuestra es una unidad interior primero y luego exterior. Es lo mismo que nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles cuando nos habla de aquella primera comunidad cristiana. ¿Recuerdas cómo se comenta que tenían todo en común, que compartían sus bienes, que no había entre ellos ningún necesitado? ¿Por qué habían llegado a eso? ¿Cómo habían llegado a eso?

Habían llegado porque habían recibido un mismo evangelio, porque habían recibido un mismo bautismo, porque habían acogido un mismo Espíritu. Así es como se construye la unidad, de adentro hacia afuera; recibimos una misma palabra que nos lleva a una misma conversión. Y de ese cambio interior que derrumba las barreras interiores, va a llegar después la unidad visible y exterior. Es algo profundamente lógico.

Fíjate que las divisiones. . ., ¿cómo surgen las divisiones?: surgen primero en el corazón humano. Adentro es adentro de nosotros, donde primero escogemos rechazar a la otra persona, ponerle un límite, asegurar lo nuestro. Pues si nosotros, tenemos esa división primero adentro y luego afuera, la unidad también tiene que empezar primero adentro.

Solo cuando reconozco que el mismo Cristo que me ama a mí y que me ha salvado a mí, es el que ha salvado porque ha amado a mi hermano. Solo así puedo llegar a aceptar verdaderamente como hermano a ese que está a mi lado.

Esto es muy interesante porque vivimos en tiempos de super conexión, especialmente a través de la tecnología; vivimos en tiempos de bloques geopolíticos y alianzas en los más altos mandos. Pero esa unidad tendrá una razón de ser si no se apoya simplemente en nuestro entendimiento y en nuestra frágil y voluble voluntad, tendrá solidez si se apoya en aquel que es sólido, tendrá solidez si es fruto de un amor, si es fruto de una gracia recibida. Es decir, como dice Pablo: -Si nos alimentamos de un mismo pan-.

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