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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Desierto, cuerpo y vida: tres palabras que ayudan a sintetizar el mensaje de la Eucaristía.
Homilía acys007a, predicada en 20110626, con 13 min. y 30 seg. 
Transcripción:
Queridos amigos, vamos a quedarnos con tres palabras porque han sido tres lecturas más una poesía bonita que aquí llaman secuencia. Algunas celebraciones de la Iglesia tienen, además de las lecturas de la Biblia, pequeñas composiciones líricas o poéticas, como es el caso de hoy, que es como una reflexión sobre la Eucaristía, esa parte que dice. . . "Pan del ángel, nuevo vino gusta el hombre peregrino". Esa parte la puedes reflexionar tú, porque esta hoja te la llevas para tu casa y ahí queda para ti. Yo me voy con las lecturas. La primera lectura, la segunda y el Evangelio. Tres lecturas, tres palabras. Y yo espero con el auxilio que nos dé el Espíritu Santo, que nos queden esas palabras grabadas. Vamos a jugar a la mnemotecnia, vamos a jugar a que las palabras de Dios no se pierden. Vamos a jugar a que el sermón del cura no se pierde. Vamos a jugar a que si a usted le preguntan el jueves entrante, el viernes entrante o el sábado entrante, ¿Qué fue lo que pasó en la misa del domingo pasado? Usted puede dar razón. Tres palabras. La primera es la palabra: Desierto. Esa es la palabra que aparece en el Deuteronomio. Usted. Imagínese Moisés, el pueblo caminando, el desierto. No hay agua, no hay alimento. La gente se queja. Desierto. Palabra número uno. La palabra número dos es la palabra: Cuerpo. Cuerpo es una palabra muy importante para San Pablo. Cuerpo de Cristo. Somos cuerpo de Cristo. Estamos conectados los unos con los otros. La tercera palabra es la palabra: Vida. El Evangelio nos habla de vida, vida eterna. Se supone que la Eucaristía nos da vida eterna. Tres palabras: desierto, cuerpo y vida. La segunda palabra es cuerpo. Ya usted la tiene grabada. Esa palabra no se le olvida. ¡¡La primera!! Desierto. No hay nada de nervios. Perfecta concentración. La tercera palabra, vida. Esas tres palabras quedan grabadas. Y ahora vamos a ver qué aprendemos de ellas. ¿Qué se aprende del desierto? Tres cosas. Seguimos con el número tres del desierto. Vamos a aprender tres cosas. La lectura del Deuteronomio dice lo siguiente: Que la vida es como un desierto. Que en el desierto hay sufrimientos y que en el desierto hay sorpresas, providencias, regalos. Pero quedémonos con la palabra sorpresas. Entonces, en la primera palabra, que es la palabra desierto, aprendemos tres cosas: que la vida es como un desierto. Quiere decir que a lo largo de la vida uno siente que se le acaban las ganas. Así como al peregrino se le acaba el agua, a uno se le acaba la alegría o se le acaba el amor o se le acaba la compañía. Uno tiene un buen amigo, uno tiene una buena amiga. Hay gente que está casada, tiene su esposo. Un día se le muere el esposo. ¡Oh, tragedia! Se acabó el esposo, los bienes se acaban, las personas se acaban, las alegrías se acaban. Por eso la vida se compara con el desierto. Por eso también en el desierto hay sufrimientos. Porque cuando las cosas se acaban, entonces uno dice ¿Por qué a mí? Pero resulta que antes que se le acabaran a uno las cosas, uno no preguntaba por qué le pasaban cosas al vecino. O sea que al vecino sí le puede dar cáncer. Pero cuando me da cáncer a mí, ¿Por qué a mí? A la vecina sí se le puede morir el esposo, pero cuando se me muere mi esposo, ¡Ay, Diosito! ¿Por qué me quitaste mi esposo? Si Dios le respondiera a uno, le diría: -He quitado esposos todos los días-. Dios quita esposos todos los días y hay cáncer todos los días y hay problemas todos los días. Y eso no significa que uno sea ni más ni menos que nadie. Pero, uno tiene una especie de hipótesis de trabajo que es que a todo el mundo le pueden pasar cosas menos a uno. Una vez que uno asume que en la vida hay dificultades y hay sufrimientos y que la vida es un poco desértica, eso no se percibe todo el tiempo, pero sí se siente a veces. Uno va a unas vacaciones con unos amigos, disfruta. Todos nos queremos, todos somos súper especiales, somos increíbles, somos una generación nueva. Mi grupo es increíble, mi gente es fantástica. Dos meses después no aparece ni uno solo de esos amigos. Desierto, sufrimiento. Cuando se está bien aparecen todos los amigos. Cuando uno está, lo que la gente llama popularmente -En la inmunda-. Ahí si no aparece nadie y entonces viene el sufrimiento y a uno le cruje el corazón. Y uno dice: -No hay amistad en esta tierra, no hay sinceridad, todo es plata. La gente, manada de hipócritas, no se le puede creer a nadie-, pero uno está gritando tan fuerte que no alcanza a oír que el vecino está diciendo lo mismo de uno, porque el vecino también piensa que uno es otro hipócrita, otro mentiroso, otro falso. El desierto. Pero en el desierto también hay sorpresas. Hay regalos, cosas que uno no se esperaba. En el desierto llegó un regalo. El regalo del maná. Hay regalos así. Hay regalos inesperados. Hay veces que uno encuentra cosas fantásticas, cosas que incluso le hacen olvidarse a uno de todas las demás tristezas. Por ejemplo, yo creo que hay personas que se han encontrado con Jesucristo y cuando uno se encuentra con Jesucristo y cuando uno hace click con Jesucristo, cuando uno conecta con Jesucristo, esa es la sorpresa más bella de la vida. Y uno dice claro, a mí todo el mundo me decía pero yo no me había dado cuenta. Se acabó la primera palabra, desierto. ¿Qué aprendimos? La vida es desierto. En el desierto hay sufrimiento, pero también hay sorpresas. Y entre ellas, la más bella de todas es descubrir a Jesús. Y el día que tú descubres a Jesús en su Palabra, el día que tú descubres a Jesús en la oración, el día que tú descubres a Jesús en la Eucaristía, tú dices: -Este es el tesoro más grande-. La segunda es la palabra cuerpo. ¿Qué es lo que nos está diciendo San Pablo? Que la Eucaristía; son tres cosas, que la Eucaristía nos conecta con Jesucristo. Que la sangre que tomamos es verdadera sangre de Cristo. Que el cuerpo que comemos es verdadero cuerpo de Cristo. Que la Eucaristía nos une a Jesús. Segundo punto que nos dice el apóstol San Pablo nos dice, que la Eucaristía nos conecta los unos con los otros. Es decir, que si todos entramos a formar parte del cuerpo de Cristo, estamos conectados los unos con los otros. Mire que eso se cumple incluso en la economía. Cuando yo era niño, a mí que me importaba lo que pasara en Grecia. Pero ahora resulta que Grecia se metió en una deuda externa brutal. No saben qué hacer con Grecia en la Unión Europea. Y todas las bolsas del mundo tiemblan. Estamos conectados. Lo que le suceda a Libia con Muamar el Gadafi nos va a afectar a todos. Cuando suceda lo que suceda allá al otro día, vaya usted a echarle gasolina a su carro y me cuenta si estamos conectados o no. Explotó el volcán en Chile, se suspendieron los vuelos en Argentina, las aerolíneas tienen que recuperar su dinero. Vaya y compra el tiquete. El volcán de Chile le dañó su paseo a usted. Estamos conectados todos. Todos estamos conectados. Sale la gente que tiene plata a pasear en crucero, los niños malcriados, hijos de papi, tiran las botellas de plástico desde el crucero elegante qué están haciendo. El plástico envenena el océano, el plástico acidifica el océano, los precios de la comida suben. Viene una hambruna espantosa para la Tierra. ¿Quién hizo eso? Generaciones de adolescentes irresponsables que no le vieron problema a tirar una botella de plástico al océano. Estamos conectados todos. Eso sucede también en el terreno espiritual. Estamos conectados todos. Y esta es la tercera parte que debemos saber en la lectura de San Pablo que existe un sistema de vasos comunicantes en la Iglesia. Ese sistema de vasos comunicantes, aunque no lo ven nuestros ojos, existe. Eso aparece en el Credo y se llama la comunión de los santos. Las oraciones buenas que usted hace, hacen bien. Es como inyectar una medicina. Muchas medicinas que le inyectan a uno la inyectan en esta parte del cuerpo, pero de esta parte del cuerpo va para muchas otras partes, porque todo está conectado. O sea que fíjese que hasta esta parte del cuerpo que no parece tan simpática de mencionar en la misa, tiene su importancia. O sea que si usted siente que usted es como esta parte del cuerpo, no se menosprecie, porque a través de usted Dios puede inyectar medicina para el mundo. Tres cosas que nos dijo San Pablo. Estamos en conexión con Jesucristo. Estamos conectados unos con otros, y esa conexión, la Iglesia la llama la comunión de los santos. La vida. Cristo nos ha enseñado que su cuerpo es verdadera comida, lo cual significa número uno, que hay que comerse a Cristo. Hay que comerse a Cristo. Cristo no es únicamente para verlo, para admirarlo, para aplaudirlo, para conocerlo. Hay que comérselo. ¿Cómo se come uno a Cristo? Uniéndose a Él. Y uno se une a Cristo y uno empieza a comulgar con Cristo a través de esto que se llama la Palabra. A través de esta Palabra. Uno empieza a comerse a Jesucristo. Cuando usted está atento en la Misa, cuando usted oye con atención la Palabra de Jesús viene a vivir dentro de usted y usted empieza a comulgar. Uno no empieza a comulgar cuando hace la filita para recibir la hostia consagrada. Uno empieza a comulgar cuando oye la Palabra de Dios y la acepta con fe. Lo segundo que aprendemos en este evangelio precioso es que si uno no come al que tiene vida, uno está muerto. Entonces uno tiene que escoger, o la muerte, o la vida. Y lo tercero que uno aprende es lo que nos dice Jesús al final este es el pan bajado del cielo. El que coma este pan vivirá eternamente. Solo tenemos noticia de una persona que haya vencido para siempre a la muerte. Se llama Jesucristo. Es el único que tiene las llaves de la muerte. Es el único que se le encara a la muerte y la derrota. Si tú piensas vivir únicamente para esta tierra, triste de ti, pero no necesitas nada de Jesús, si tú, en cambio, escuchas los ecos más profundos de tu alma y sientes que estás hecho para la eternidad, cómete a Cristo, cómete santamente a Cristo en la Palabra. Cómete a Cristo en la oración. Cómete a Cristo en la Eucaristía.

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