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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo recibe todo del Padre, y nos enseña que así se da él mismo. La Eucaristía es señal de la Trinidad.
Homilía acys006a, predicada en 20110626, con 7 min. y 59 seg. 
Transcripción:
Hagamos una reflexión más bien breve sobre esta frase que nos regala Jesús en el Evangelio, dice: "El Padre que vive, me ha enviado, y yo vivo por el Padre. Del mismo modo el que me come vivirá por mí". -Yo vivo por el Padre, del mismo modo el que me come vivirá por mí-. Esa frase me llama la atención porque hace como un puente con la solemnidad que tuvimos la semana pasada. La Santísima Trinidad: "Yo vivo por el Padre. . . Y la parte más importante es esto: . . .del mismo modo, el que me come vivirá por mí". Es decir, que en la Eucaristía tenemos una experiencia de la Trinidad. "El que me come vivirá por mí". Acudimos a nuestro Maestro común, Santo Tomás de Aquino, para que nos ayude a entender esa frase. Por supuesto, Santo Tomás tiene sus propias fuentes, ante todo las de la Escritura. Y en este mismo Evangelio de San Juan encontramos otra expresión que dice: "Todo lo del Padre es mío. Todo lo mío es suyo". Por esa y otras frases, Santo Tomás dice que. . . El Padre y el Hijo todo tienen en común. De modo que lo único que hace distinto al Padre del Hijo es que el Padre es el Padre y el Hijo es el Hijo. El Hijo todo lo recibe del Padre. Todo menos el ser padre. Pero el Hijo recibe todo del Padre. Recibe todo del Padre es como decir que el Padre está en el Hijo o es como decir que el Padre alimenta al Hijo. De modo que comulgar es recibir todo. Se puede decir que el hijo comulga del Padre, porque el Hijo recibe todo del Padre y el Padre tiene todo lo que tiene el Hijo, y sin embargo el Padre es el Padre y el Hijo es el Hijo. Entonces, fíjate la imagen que hay con la Eucaristía. Lo que sucede es que Jesús se da a nosotros como el Padre se da al Hijo. Eso es lo que nos está diciendo la Escritura. ¿Y cómo se da el Padre al Hijo? Sin reservas, se da entero, se da todo. Hay otra frase de San Juan que dice que el Hijo, o sea Cristo, -Así como ve obra-. De modo que el modelo del obrar del Hijo es el obrar del Padre y el primer obrar del Padre es el darse al Hijo. Entonces Cristo, así como ve obra, y por consiguiente, así como él ve que el Padre se entrega todo, así el Hijo se entrega todo. Así como el Padre envía al Hijo, el Hijo envía a los discípulos. Esa es la Eucaristía, ese es el modelo de la entrega. La Eucaristía. Entonces, esa experiencia de la Trinidad. El Padre está en el Hijo porque se entrega completamente al Hijo. Cristo está en nosotros porque se entrega completamente a nosotros. La manera como nosotros podemos percibir La manera como nosotros podemos percibir eso de estar en dentro del mundo material en el que nos encontramos es con la preposición adentro dentro. Entonces indicando que está adentro. Pues indica que está, en; o sea que la Eucaristía viene a ser como una traducción al mundo visible, al mundo corporal de una realidad espiritual, de una realidad que es la realidad misma de Dios, lo que Dios es en sí mismo. En la entrada de Jesús, de la Hostia consagrada en nuestro cuerpo hay una imagen de ese estar, en. Y hay una imagen de ese darse completamente, a. Y hay una imagen de ese no reservarse nada, que es lo propio del Padre y del Hijo en la Trinidad. En la Eucaristía tenemos experiencia de la Trinidad. En la Eucaristía tenemos experiencia de ese género de donación y ahí es donde viene la aplicación que hace San Agustín. Cuando te invitan a un banquete, mira lo que te han dado porque te toca a ti preparar algo semejante. Entonces, esta entrega sin reservas produce, engendra, genera en nosotros una entrega sin reservas. Eso se ve especialmente en los mártires, pero brilla igualmente en todos los santos. Los santos son los que han sabido comulgar. El Santo ha mostrado de qué se alimenta, su entrega sin reservas, indica que ha recibido a un Cristo sin reservas. Cristo, de suyo, no pone ningún límite. Cristo no frena la entrega, el único que puede frenar la entrega soy yo; y freno la entrega si me falta fe, freno la entrega si me falta amor, freno la entrega si me apego al pecado y prefiero el pecado a Cristo. Esto es lo que San Pablo llama: -Comer y beber indignamente el cuerpo y la sangre de Cristo-. Y es evidente que así estoy rechazando a Cristo, y con Él estoy rechazando mi salvación. Pero Cristo de suyo, no pone ningún límite, se entrega completo. El límite lo pones tú. Eres tú quien pone el límite. Por falta de fe, por falta de amor. Que esta fiesta entonces aumente nuestra fe y haga florecer nuestro amor, para que no habiendo límite de parte de Cristo, no haya tampoco límite de parte nuestra. Y entonces Jesús pueda vivir su misterio en nosotros.

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