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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo nos invita a asomarnos al milagro de la presencia real del Señor en este bendito sacramento. No es nuestro escepticismo ni nuestra racionalidad quien debe juzgar de lo que Dios quiere y puede hacer según sabe que necesitamos.
Homilía acys005a, predicada en 20110626, con 4 min. y 19 seg. 
Transcripción:
La Solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimos de Jesucristo. Viene del siglo XIII. Para nosotros los dominicos es una fiesta muy importante porque está ligada a la teología, a la vida y la santidad de uno de nuestros hermanos más queridos, Santo Tomás de Aquino. Es posible que estas palabras en latín "Tantum ergo", o estas otras también en latín "Pange lingua". Es posible que te suenen familiares. Pertenecen a himnos eucarísticos de nuestro hermano Santo Tomás, que fue encargado por el Papa para que escribiera el oficio litúrgico de lo que entonces se llamaba Corpus Christi. Es una fiesta que básicamente quiere recordarnos que el Señor está realmente presente en la Eucaristía. Es decir, no se trata solamente de un símbolo de su presencia. Si nosotros nos arrodillamos y adoramos a Cristo en la Eucaristía, es porque estamos convencidos de que no se trata solamente de un recuerdo de Él o de un símbolo de Él, sino que Él mismo está presente. Por supuesto, un milagro de este tamaño va más allá de nuestra comprensión. Y hay gente que cree que debería dejarse de lado este milagro. Un hombre como Lutero, que dio origen a toda la Reforma protestante, decía que sí estaba Cristo, pero que eso no dejaba de ser pan, y otros, en cambio, han ido más lejos. Y entonces dicen que la Eucaristía es sencillamente una señal o un símbolo del compartir que debemos tener como hermanos y como cristianos que somos. En realidad no hay por qué rebajar el nivel de las obras de Dios. Dios en su poder. Dios, en su misericordia y en su sabiduría, es el único que puede decirnos qué contiene la Eucaristía y lo que nos ha dicho es suficientemente claro: "Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre". Reconocer a Cristo en la Eucaristía es reconocer que Él es el pan verdadero que Papá Dios nos ha dado. Hay una alusión a este pan del cielo en la primera lectura de la Misa de hoy, tomada del capítulo octavo del libro del Deuteronomio. Así como los israelitas fueron providentemente alimentados por Dios con el maná, nosotros tenemos nuestro maná, y ese alimento precioso no es otro, sino Cristo. Con la diferencia de que el maná sirvió únicamente por un tiempo y era alimento que perecía. Cristo es alimento imperecedero. La primera carta a los Corintios en el capítulo décimo nos recuerda las implicaciones que tiene comer la Eucaristía, si verdaderamente nos alimentamos de un mismo Cristo, ciertamente tenemos que formar un solo cuerpo, porque estaríamos negando la Eucaristía si comulgamos y después estamos divididos, o si hay injusticias, o maltrato, o presión, o cualquier otra cosa de diferencia gravosa entre hermanos. La Eucaristía tiene que dar su fruto en la comunidad cristiana. Eso nos lo recuerda San Pablo. ¡Qué importante que nosotros vivamos el Milagro Eucarístico! Qué importante que nosotros vivamos esta fiesta con plenitud de fe. Porque hay otra dimensión del Corpus Christi, esas procesiones que suelen hacerse. Nos están recordando que la fe no es para esconderla, que nosotros no tenemos nada que ocultar, que nos sentimos felices, agradecidos, santamente orgullosos. Jesús está con nosotros.

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