Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Abrir nuestro propio sagrario a Cristo.

Homilía acys002a, predicada en 19960609, con 15 min. y 22 seg.

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Transcripción:

Celebramos hoy con la Santa Iglesia, la Solemnidad del Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo. Es también para nosotros la solemnidad de su amor. Voy a tratar de ayudarme con una comparación. Supongamos que usted me invita a su casa. En primer lugar, yo no entro a las alcobas. Uno entra a la sala y si se va a ofrecer alguna atención, se le dice al invitado que pase, por ejemplo, al comedor. Suponiendo que sea una persona de la familia o de muchísima confianza o que haya un enfermo, entonces sí se le dice que se acerque a una de las alcobas. Pero cuando yo entro a una de esas alcobas, yo no abro uno de los armarios y empiezo a buscar dentro de las gavetas. Usted diría, un momento, respete, ahí están mis cosas.

Pero suponiendo que se tratara de una emergencia o suponiendo que fuera una persona de excesiva confianza y no hubiera nada más que hacer, o que fuera alguien de la casa, de pronto se le permitiría que viera algo en alguna de las gavetas. Y dentro de esas gavetas me encuentro una caja de hace mucho tiempo donde están fotos, recuerdos y escritos de la época en que usted y su actual esposa eran novios, de lo cual hace mucho tiempo. Para nuestro ejemplo, hace mucho tiempo. Aquí habrá de distintas edades. Y entonces yo tomo esa caja y la voy abriendo. Y usted me dice: -Un momento, por favor, padre, ahí están mis recuerdos-. Y así podríamos hacernos una idea de lo que significa la intimidad del amor de una familia.

Así como la Iglesia tiene un sagrario, las casas y las personas tienen sagrarios. Usted se ve muy común y corriente aquí. Pero si yo me metiera con el sagrario de su casa, que pueden ser esas cajas donde están las fotos de los niños y donde están las cartas de cuando eran novios y un arrugado papel de la primera chocolatina que él le regaló. Si yo me meto con el sagrario de su casa, usted seguramente se puede poner hasta violento conmigo. Ahí está mi corazón. Amigos, esta fiesta es la fiesta del Sagrario. En esta fiesta, la Iglesia, con inmenso respeto, con el respeto que usted tendría para acercarse a mi cajita de recuerdos y con el respeto que usted me pediría para que yo me acercara a la cajita de sus recuerdos, la Iglesia, con ese respeto, se acerca a mirar los testimonios y las cartas que Jesús, su amado, le ha escrito.

Porque eso es la Eucaristía para nosotros, o por lo menos esa es una de las dimensiones de la Eucaristía. Dice Santo Tomás de Aquino; religioso de nuestra comunidad dominicana que vivió en el siglo XIII. Dice Santo Tomás de Aquino que Cristo quiso dejar la Eucaristía como memorial de su pasión. Es el testimonio de la manera como nos ha amado. Y dice este gran santo y doctor: -Para que no olvidásemos el amor de la cruz, nos dejó la Eucaristía, para que nunca se fuera de nuestra memoria el retrato de lo que Él hizo cuando se ofreció a sí mismo en la cruz hasta derramar su sangre-. Para eso nos dejó la Eucaristía. Y por eso la Eucaristía debe celebrarse con la devoción, con el amor, con la ternura de quien sabe que está tocando el corazón de Dios.

Sea este el momento para exhortar a todos, empezando por mi propio corazón, para que cultivemos verdadero espíritu de adoración al Señor. Porque la ternura que se tiene para con los hombres se llama ternura. Pero -La ternura que se tiene para recibir el amor de Dios se llama adoración-. Y así, en la manera de recibir la Sagrada Eucaristía, sea en nuestra boca o en nuestra mano, como algunas personas la reciben en la manera de recibir la Eucaristía, en la manera de tratarla, de mirarla en la compañía que hacemos ante el Santísimo; hemos de saber que estamos en la cajita de los recuerdos, que estamos ante el Sagrario del mismo Dios.

Ahí estamos ante lo más delicado y lo más débil de Él. Porque Dios cuando crea las las montañas. Dios cuando despliega los cielos infinitos. Dios cuando colma los océanos. Nos parece inabarcable, inatacable, inmenso. Pero Dios, cuando le vemos temblar de miedo en Getsemaní, Dios cuando se le quiebra la voz y dice. . . -Uno de vosotros me va a entregar-. Dios cuando abre su corazón y nos habla. . . "Este es el cáliz de mi sangre, derramada por vosotros y por todos los hombres, para perdón de los pecados". Dios de la Eucaristía, Dios del Santísimo Sacramento, eres un Dios muy débil. Cuando se dispone la Sagrada Eucaristía para ser vista y amada por el pueblo. Se dice que es la exposición del Santísimo y efectivamente queda expuesto el Santísimo expuesto a que le amemos, expuesto a que no le creamos, expuesto a que nos burlemos de Él, o expuesto a que también nosotros abramos nuestro corazón ante Él. La exposición del Santísimo es abrir la cajita de los recuerdos, es sacar lo más precioso del amor de Dios. ¿Te acuerdas la voz que se oyó en el bautismo de Jesús? -Este es mi Hijo, dice Papá Dios, este es mi Hijo, el amado. En él me complazco-. Ese es el mismo Hijo, es el mismo Amado, y es la misma complacencia que está en el Santísimo Sacramento.

Cuando se deja la hostia a la vista y a la adoración del pueblo de Dios, o cuando se le ofrece a un cristiano y se le dice Cristo pan de vida, o se le dice el cuerpo de Cristo, ahí está el amor expuesto, expuesto a que le creas, expuesto a que le confíes tu amor. o expuesto a que no le creas y a que te retires confundido de él. Esa es entonces también la celebración del todo por el todo. Una vez que alguien se resuelve a abrirme la cajita de sus recuerdos y yo me encuentro allá una poesía que él le escribió a ella cuando llevaban tres meses de novios. Y empieza él diciendo. Cuando miro tus ojos, amor de mi alma. Y yo noto que el Señor escribió ojos con H. Hermanito, cuidado con reírse. Usted puede hacer cualquier cosa en ese momento menos reírse. Si usted coge ese papelito arrugado y viejo y le dice: -Oye, no se te olvide que ojos es sin H- La embarraste, hermano.

Era el momento del todo por el todo. Jamás volverán a abrirte esos recuerdos, jamás volverán a abrirte esa cajita. Es el momento bendito en el que se toca lo más íntimo de la otra persona. Ciertamente, en la Eucaristía no hay ojos con H. No hay error y no hay defecto. No hay falta y no hay mancha de parte del Señor. Pero a veces sí hay errores y faltas y manchas en nuestra fe, y a veces dudamos o a veces tenemos el corazón frío como un témpano y en esos momentos corremos el gravísimo riesgo de tratar de cualquier modo el Santísimo Sacramento. Para ventaja nuestra, para salud nuestra, aunque Dios es como nosotros en el llanto, en el dolor y en la muerte. Dios es más que nosotros, en el perdón, en la gracia y en la gloria.

Y por eso este tiene que ser también un día de reparación, es decir, un día de decirle a Cristo Jesús perdóname si no he creído suficientemente en ti, perdóname si he comulgado de cualquier manera y perdona al mundo que no entiende de este sacrificio, perdona al mundo que no entiende de tanto amor y de tanta gracia, porque yo no me voy a quedar sin decirles que la Santísima Eucaristía, presencia real y verdadera del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de nuestro Salvador. La Santísima Eucaristía es algo totalmente único de la Santa Iglesia Católica Apostólica. A tanto no llegan las otras religiones.

Los demás pueden tener maestros, los demás pueden tener profetas, los demás pueden tener sabios. Pero, de alguno de esos sabios o profetas se dice, ¿Que haya muerto para perdón? ¿De alguno de ellos se dice que haya resucitado? ¿Se cuenta acaso de Mahoma que vive resucitado? ¿Se dice de Confucio que se da en alimento a sus discípulos? Teorías y palabras, muchas de ellas hermosas, muchas de ellas útiles y no las despreciemos. Teorías y palabras. Pero alguien que viva resucitado y un sacrificio como el de la Santa Misa no existe sino aquí. Hermanos, apreciemos, amemos y hagamos amar este amor inmenso.

Si Dios nos abre su Sagrario, abrámosle también nuestro propio Sagrario. Efectivamente, cada uno abra en este día su propia cajita de recuerdos, no solo la que tiene con su familia. Habrá su propia historia. Muéstrele a Cristo lo más delicado de su corazón. Quizá usted es un personaje muy importante que nunca puede llorar porque es un personaje muy importante, y los personajes importantes nunca pueden llorar. Si usted es un personaje serio, importante, con un gran cargo al que nadie puede llorar, al que nadie puede ver, llorar quiere decir que usted tiene sus lágrimas en el rinconcito "B-3" de su cajita de recuerdos, donde está lo más íntimo. Hay muchos hombres, hay muchas mujeres que se esconden para llorar.

Que un día Cristo vea esos diamantes, que un día Cristo vea sus lágrimas. Junte usted lo más doloroso de su vida con lo más doloroso de la vida de Cristo, cuyo memorial celebramos en la Santa Misa y las alegrías más profundas que usted haya tenido, muéstreselas también al Señor. Quizá usted es un padre de familia, y usted ha vivido el gozo indescriptible del cual yo no tengo idea, el gozo indescriptible de oír que su hijo le dice papá, o le dice mamá. Esa alegría íntima y profunda está allá en su sagrario. Ábrale usted su sagrario a Cristo también, porque así nos dice el libro del Deuteronomio que. . . "Se vive de todo lo que sale de la boca de Dios", y así sale de su boca la palabra que queda en nuestra boca y comulgamos.

Es un lenguaje de amor ¿Ah? y es un lenguaje de besos, de bocas, de palabras. Estamos en el corazón mismo de Dios cuando celebramos la Santa Misa. Agradezcámosle este don. Abramos nuestro propio sagrario y pidámosle a Él que esa vida que no se la arrebataron, sino que Él dio, que esa vida esté siempre en nosotros. Perder esa vida, créame, es perderlo todo.

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