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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para llevar una vida conforme al Evangelio, una vida digna de él, necesitamos la gracia del Espíritu Santo: ser transformados por su acción y ungidos por su presencia.
Homilía abau013a, predicada en 20260111, con 4 min. y 29 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! La fiesta del bautismo del Señor marca el final del tiempo litúrgico de Navidad y el comienzo del tiempo ordinario. ¿Por qué esta fiesta está ahí? Porque el tiempo de Navidad, nos presenta no solamente el nacimiento del Señor, sino nos presenta lo que podríamos llamar su preparación, su formación, Él tenía también que formarse y se formó en la humildad y se formó en el silencio. La gente lo llamaría después, el hijo del carpintero. En esa?, en ese ocultamiento, en esa humildad, el Hijo de Dios se preparaba para una gran misión. Y precisamente esa gran misión es la que va a empezar con el bautismo. Pero esa misión no es la de un superhéroe, no es la de un superman. Esa gran misión está marcada fundamentalmente por la unción del Espíritu Santo. Y yo creo que es necesario volver a ese aspecto para entender también cómo la misión de Cristo tiene un eco o tiene una relación muy profunda con la misión que cada uno de nosotros tiene. Porque si nosotros miramos a Jesucristo como una especie de superman, entonces lo que vamos a sentir es: Él tenía superpoderes, pero ese era Él. No, no lo pienses así; más que superpoderes, lo que Cristo tenía era unción. Era la unción del Espíritu Santo. Eso fue lo que Él recibió en el bautismo. Y esa unción del Espíritu Santo no es distinta de la unción que tú y yo hemos recibido cuando nosotros, también fuimos bautizados, cuando nosotros fuimos confirmados, cuando nosotros suplicamos en la oración que venga ese don. El mismo Espíritu Santo que ungió a Cristo en el bautismo es el Espíritu Santo que te ungió a ti en tu bautismo. Es el Espíritu Santo que vino con poder a ti el día de tu confirmación, es el mismo Espíritu Santo que obra en ti cuando tú te abres a esa acción. Cristo, por el camino de la humildad, por el camino de la obediencia, por el camino del ocultamiento, por el camino de la fidelidad a la voluntad de Dios. Tenía su corazón plenamente, absolutamente hermosamente abierto a la acción del Espíritu Santo. Y esa acción del Espíritu Santo en Él, es lo que explica todas las maravillas del Evangelio. ¿Qué se deduce?, que nosotros, para llevar una vida de acuerdo con el Evangelio, para llevar una vida digna del Evangelio, nosotros necesitamos también, esa gracia del Espíritu. Nosotros necesitamos también ser transformados por ese Espíritu. Pero la palabra precisa en la Biblia es ser ungidos. Fíjate cómo la unción es algo que viene de fuera, pero que penetra. Por eso se utiliza aceite, por ejemplo el crisma en la confirmación o el crisma que se utiliza en el bautismo o el crisma que se utiliza en la ordenación sacerdotal. Es algo que viene de fuera, como ese aceite, pero es un aceite que penetra, un aceite que viene de fuera, viene de Dios como un don para ti, penetra en ti, se hace tuyo. Y así es posible que tú puedas llevar una vida cristiana. Alegrémonos en la fiesta del bautismo del Señor. Alegrémonos al ver al amado, al elegido, pero pensemos que también nosotros hemos sido elegidos y hemos sido amados. Y repito, el mismo Espíritu Santo que vino sobre Jesús ha venido sobre ti, ha venido sobre mí. Nosotros, dirá San Pablo, -hemos recibido la misma herencia de gracia-. Así que la fiesta del bautismo del Señor es también nuestra alegría. De nuevo, feliz y bendecido domingo para ti y para todos los que amas. Amén.

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