Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Fiesta del Bautismo del Señor celebra la humildad de su vida rodeada de pecadores, la revelación como Dios está cerca de todo pecador arrepentido y la importancia de la unión de Jesús con todo su pueblo.

Homilía abau012a, predicada en 20230109, con 9 min. y 39 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

La fiesta del bautismo del Señor viene a cerrar el tiempo litúrgico de Navidad y creo que es oportuno recordar cuál es la relación que tiene el bautismo con la Natividad, con el nacimiento de Cristo, porque por lo menos para mí, no es obvio, de ninguna manera es obvio; ¿Cómo podemos conectar estos dos momentos? Son tantas las diferencias en la Navidad o en el nacimiento de Cristo, lo que teológicamente llamamos la Natividad.

Encontramos a José, María, el pesebre, el nacimiento. Pero José y María no aparecen en la escena del bautismo. Muy posiblemente José había ya partido de esta tierra. María no se encontraba ahí cerca. No dicen nada los Evangelios al respecto. Entonces, pues eso es algo que nos llama la atención. Y por supuesto, la mayor diferencia es que en la Natividad, pues tenemos a Jesús, un niño pequeño, mientras que en el bautismo, tenemos a Jesús, un adulto, según las palabras de San Lucas, pues Jesús ya estaba de cerca de treinta años, o sea que hay treinta años de diferencia.

Y repito, la pregunta es perfectamente pertinente. Entonces decimos bueno, ¿Por qué vamos a incorporar al tiempo litúrgico de Navidad el bautismo del Señor? Sí, ciertamente hay todas esas diferencias que podemos llamar diferencias externas y no son pequeñas. Pero hay otras diferencias. O mejor, hay otras semejanzas que son bastante profundas y con la ayuda del Espíritu Santo, permítanme que reflexionemos en tres, tres de esas semejanzas.

La primera semejanza tiene que ver con la palabra humildad. Es difícil imaginar un nacimiento con mayores angustias, prisas y humillaciones que el nacimiento que tuvo nuestro Señor Jesucristo. Cuando nos dice el Evangelio que no había lugar para ellos en la posada, para José y María. María ya próxima a dar a luz y no había lugar para ellos. Esto es algo que si uno tiene un mínimo de humanidad, indudablemente lo sacude. Es decir; ¿Cuántas exclusiones, cuánta marginación, cuánta preocupación tuvieron que vivir ellos en esos momentos?

Es la humillación, la humillación de Cristo. Pues ese nacimiento tan humilde tiene mucho que ver con la humillación propia del bautismo en el Jordán. Porque ¿Quiénes eran los que acudían en primer lugar a orillas del Jordán para escuchar al gran predicador, es decir, a Juan Bautista? Los que acudían eran los pecadores. Y el bautismo que predicaba Juan era un bautismo de conversión. Pues hay que decir, mis hermanos, que el mismo Cristo que un día; un día iba a morir en medio de dos ladrones, empieza su ministerio público rodeado de pecadores por todas partes. Ese es Jesucristo.

Esa es la humillación de Jesucristo, y esa va a ser también la vida de Cristo. ¿Quiénes acompañaron su ministerio?, ¿Quiénes estuvieron cerca de Él? Los pobres, los leprosos, los pecadores, las prostitutas, los endemoniados, los enfermos, los excluidos. Entonces podemos decir que si en la Natividad Cristo nacía para iniciar el curso de su existencia terrena, en el bautismo está naciendo el ministerio público de Cristo. Está iniciándose con una nueva humillación el ministerio público de Jesucristo. Y yo creo que este es un profundo parecido.

Segundo, segunda semejanza entre Natividad y bautismo. La Natividad sucedió en medio de la noche, pero las voces de los ángeles del cielo atrajeron primero a los pastores y luego otras señales celestiales, seguramente en otra ocasión atrajeron a los sabios de Oriente lo que recordábamos en la fiesta de Epifanía. De tal manera que, aunque es un acontecimiento humilde, es también una revelación. Esta es la segunda palabra clave. La primera palabra clave era humildad. La segunda palabra clave es revelación.

Efectivamente, los pastores, gente muy humilde, acude y nos dice la Escritura vieron a José, a María y al niño. Los Magos de Oriente llegan y ven al niño, se encuentran con Él, le ofrecen sus regalos, de manera que hay una revelación. De hecho, eso es lo que significa la palabra epifanía. Ahora que hemos tenido esta fiesta hace poco, la epifanía es una manifestación, es una revelación.

Pues bien, revelación hemos dicho. ¿Quieres saber una cosa? Esa revelación se da también en el bautismo. Una revelación de un modo más profundo, menos espectacular. O yo no sé qué decir. Porque aquello de que desde el cielo desciende una paloma que es como símbolo y que de alguna manera trae la presencia del Espíritu hasta posarse sobre Cristo, es una revelación y una revelación de la que luego habló Juan Bautista.

Esto lo encontramos, por ejemplo, en el capítulo primero del Evangelio de Juan. Dice efectivamente el Bautista: "Aquel que me mandó bautizar, me dijo que sobre quien descendiera el Espíritu, ese es el que bautiza con Espíritu y yo doy testimonio.... -Estas son palabras de Juan Bautista en el Evangelio de Juan, capítulo primero- "Y yo doy testimonio, que yo he visto bajar el Espíritu".

De tal manera que el bautismo también es revelación. El bautismo también es revelación, ante todo, revelación de cómo Dios está tan cerca de todo pecador arrepentido y atención, porque ese pecador arrepentido también puedes ser tú, y también puedo y debo ser yo. La tercera semejanza que quiero mencionar es la importancia de la unión de Cristo con todo el pueblo. ¿A qué me refiero? Si tú observas la llamada que hacen los santos ángeles el día de la Natividad, ellos le dicen a los pastores: ?Os anuncio una gran alegría que será para vosotros y para todo el pueblo -y para todo el pueblo-, una gran alegría para todo el pueblo?.

Podemos decir que Jesús. Jesús nació para nosotros y por nosotros. Es lo que decimos. De hecho, en el Credo decimos -por nosotros y por nuestra salvación se encarnó, nació de María Virgen- por nosotros, por nuestra salvación. De tal manera que Él está en nuestra carne, Él se ha hecho presente y ha asumido nuestra naturaleza como un don para todo el pueblo. Y eso es lo mismo que nos cuenta la escena del bautismo. Dice uno de los evangelistas un día que se estaba bautizando el pueblo, también Cristo se bautizó.

Es decir, que Él, que no cometió pecado, se hizo solidario de nosotros. Hizo fila con los pecadores, recibió el bautismo, que era señal de conversión. Él, que en cuanto persona de nada tenía que convertirse, pero hecho uno con su pueblo, estaba de alguna manera sirviendo de embajador hasta el trono celestial, embajador del arrepentimiento de todos nuestros pecados. O sea que esta fiesta del bautismo viene a cerrar el ciclo de Navidad por esas tres palabras claves, por la humildad, por la revelación y porque Cristo es a la vez miembro y representante de todo el pueblo que Dios escogió como heredad.

Celebremos con gozo esta fiesta del bautismo y preparémonos para contemplar en los días que siguen, que ya será el tiempo ordinario. ¿Contemplar qué? El ministerio público de Cristo, su servicio, Su vida ofrecida, entregada hasta llegar, por supuesto, a la culminación en el misterio de la Cruz.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM