Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo en su bautismo se manifiesta como el Dios con nosotros, los pecadores; el Dios que con nosotros hace camino.

Homilía abau008a, predicada en 20140112, con 15 min. y 40 seg.

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Transcripción:

Jesús llevaba una vida de oración, humildad, servicio, amor oculto en una aldea que ni siquiera se menciona en el Antiguo Testamento. Ese lugar se llamaba y se llama Nazaret. Ese ocultamiento de Jesucristo nosotros lo llamamos ocultamiento, porque sabemos que después Él se manifestó con su predicación, con sus exorcismos y con sus milagros. Pero tal vez en aquella primera etapa de su vida, Jesús no hubiera dicho Yo estoy oculto, simplemente llevaba una vida, como ya se dijo, de amor, de humildad, de servicio, de oración.

Y con esa vida, estaba manifestando en la sencillez y en la cotidianidad la bondad de Dios. Pero de repente llegan noticias, llegan noticias de un nuevo predicador. Un hombre, pariente de Jesús, llamado Juan a las orillas del río Jordán, está predicando, está llamando a la gente a la conversión. Este hombre al que nosotros conocemos como Juan Bautista, por el oficio que tomó de bautizar. Este Juan Bautista tiene un impacto muy grande en la población de aquel tiempo.

Muchos se preguntan ¿Será este el Mesías? Pero Juan describe su misión con toda claridad "Yo no soy el Mesías, Yo soy el precursor. -Y dice esta frase- He salido a predicar para que se manifieste el Mesías". Y así es como empieza el relato del Evangelio de hoy. Jesús fue de Galilea al Jordán. Miremos esa frase que dice Juan ?Yo he predicado, yo estoy predicando para que se manifieste el Mesías?.

La predicación de Juan es fundamentalmente una denuncia del pecado y por consiguiente, es un llamado a abandonar los caminos torcidos de nuestros egoísmos y de nuestras faltas, porque viene el juicio de Dios. En la línea de otros profetas, como por ejemplo Malaquías, uno de los últimos profetas del Antiguo Testamento, Juan utiliza el mismo lenguaje -Viene el juicio de Dios-.

Nos explica Santo Tomás de Aquino que la expresión la ira de Dios o el juicio de Dios se refiere a la acumulación de nuestros pecados y de sus consecuencias. Cuando el relato del diluvio en tiempos de Noé. La Biblia dice que la tierra ya no podía aguantar más pecados. Se había colmado la medida. Algo parecido es lo que viene a decir Juan aquí. Pero la gran diferencia es que en el caso de Noé, esa acumulación de pecados va a llevar a un diluvio de destrucción, mientras que en el caso de Juan el juicio de Dios va a servir para la manifestación del Mesías, el que traerá un diluvio de Espíritu Santo y de fuego.

Una primera consecuencia que sacamos es que allí donde se predica la gravedad del pecado, allí donde se toma conciencia de que se está traicionando el plan de Dios, y allí donde se llama a la gente a abandonar sus caminos retorcidos. Allí se habrá de manifestar el Mesías. Podemos decir que es la manera de atraer al Mesías, porque eso es lo que dice Juan. "Yo estoy predicando para que se manifieste" La manera de atraer a Jesús a la propia vida, es tomar conciencia de lo que es el pecado, tomar conciencia de que necesitamos ser salvados.

De nada sirve que Cristo sea el Salvador si uno no necesita ser salvado, o mejor, si uno se imagina erróneamente, si uno cree equivocadamente que no necesita salvación. La predicación de Cristo como Salvador requiere la conciencia de que uno necesita ser salvado. Y precisamente eso es lo que va a hacer Juan a través de la predicación, deja muy claro en la conciencia de todos que existe una cosa que se llama el pecado, que ese pecado ensucia, profana, rompe. Destruye la vida y desde el llamado a la conversión, hace que el corazón se disponga para recibir la bendición de Dios, para recibir la ternura de Dios, es decir, para recibir al Mesías.

Esa enseñanza es importante. ¿Cómo puedo atraer a Jesús a mi vida? ¿Cómo puedo llamar a Jesús para que sea Señor de mi historia? ¿Cómo puede una comunidad, por ejemplo, atraer a Cristo para que esté en medio de nosotros? Decían los discípulos de Emaús -Quédate con nosotros- ¿Cómo puede una comunidad atraer a Jesús para que Jesús se sienta a gusto? Para, para que Jesús ¿Quiera estar con nosotros?

Tomando conciencia de que hemos fallado. Pero como decíamos en la predicación, con este grupo de vírgenes seglares, sin caer ni en el cinismo, es decir, justificar lo nuestro ni en la desesperación, es decir, resignarnos con tristeza nuestra mediocridad. Cuando una comunidad toma conciencia, -si hemos fallado-, pero no vamos a justificar nuestros errores, -si hemos fallado-, pero no nos vamos a quedar en la mediocridad.

Cuando una comunidad toma esa conciencia y se abre entonces al amor de Dios, está atrayendo a Jesús. Eso es lo que nos dice el Mesías. Eso es lo que nos dice el precursor del Mesías. Esa es la manera de atraer a Cristo. Y entonces va Cristo de Galilea al Jordán. Cristo se pone en la fila de los pecadores. Cristo hace camino con el pecador, no porque vaya al pecado, sino porque ese es el pecador que va al encuentro con Dios. Si tú sales al encuentro con Dios, Dios sale al encuentro tuyo.

Eso es lo que nos muestra esa humildad de Jesús. Todos esos pecadores que habían oído la predicación de Juan estaban haciendo fila para su bautismo. Así podemos imaginarlos, y Cristo hace fila con ellos. Ellos van a encontrarse con Dios, y Dios sale al encuentro de ellos. Dios hace camino con ellos. Nunca estamos solos en el camino de la conversión. Nunca estamos solos. Con mucha frecuencia, al administrar el sacramento de la Confesión, me gusta decirle a la persona que se confiesa: ?Esta confesión no la preparaste tú solo, No la preparaste tú sola. Esta confesión la preparó Jesús contigo?.

Jesús no se hace presente en la confesión. En el momento en el que el sacerdote dice ?Yo te absuelvo?. Por supuesto que ahí está Cristo. Ese es el momento denso, el más denso de su presencia. De modo que esas palabras, aunque las pronuncie el sacerdote, las pronuncia en persona de Cristo. Por supuesto que ahí está Él, pero ya de mucho antes está Cristo. Cristo acompaña mi arrepentimiento. Cristo acompaña mi buen deseo de cambio. Cristo me ayuda a preparar la confesión. Cristo me da la luz para sacar todas esas ratas y cucarachas y ponzoñas. Cristo hace el camino conmigo. Eso es lo que nos muestra este momento del bautismo.

Y si Cristo se hace uno con nosotros, y si nosotros nos hacemos uno con Cristo, entonces también nosotros podemos escuchar la palabra de Papá Dios "Este es mi Hijo amado; en Él tengo mi complacencia". Veíamos en una de las predicaciones de la mañana cómo muchas veces caemos en actitudes falsas por ese mecanismo mental que se llaman las demostraciones. Yo tengo que demostrarle a alguien que yo sí puedo.

Tengo que demostrarle a mi papá que yo sí valgo. Tengo que demostrarle a mi mamá que estaba equivocada. Tengo que demostrarle a mi abuelo, tengo que demostrarle a mi maestra de novicias O tengo que demostrarle al sacerdote de mi parroquia.... Tengo que demostrarle a alguien algo Y también veíamos que otro mecanismo mental que uno utiliza son las inversiones. Cuando uno intenta ganar el cariño, ganar la atención, ganar la aprobación.

Pero cuando uno está tratando de vivir para demostrarle algo a alguien, cuando uno está tratando de vivir por conquistar el buen concepto, la aprobación o el cariño de alguien, uno no es libre. Uno nó es libre. Pues resulta que la palabra que Dios Padre pronuncia sobre Jesús es esta palabra "Este es mi Hijo amado, en Él me complazco".

Si nosotros dejamos que Cristo haga camino con nosotros en el arrepentimiento. Y si nosotros permanecemos unidos a Cristo en nuestro bautismo o en la renovación de nuestro bautismo, que es la confesión, y bueno por asociación otros actos de humildad y arrepentimiento. Si nosotros estamos así unidos a Cristo, entonces nosotros también oímos del Padre y Creador del universo.

Oímos esas palabras. Y en el momento en el que uno se siente amado por Dios Padre, y en el momento en el que uno siente que uno le gusta a Dios, que a Dios le gusta mi existencia, que a Dios le gusta mi vida, que a Dios le gusta que yo sea en ese momento ya no tengo que demostrarle nada a nadie, ya no tengo que comprar el cariño de nadie, ya no tengo que justificarme ante nadie. Ya no tengo que lograr ni la aprobación ni el aplauso de nadie. En ese momento soy libre.

El bautismo de Jesús es el momento supremo de la libertad, porque de ahí en adelante Jesucristo en su misión pública, sólo busca agradar a Papá Dios. No le interesa lo que diga el pueblo en su entusiasmo, ni cómo le aplauden. Jesús no le cree a esos aplausos. Jesús tampoco le cree a las amenazas de Herodes. Jesús no le cree a la fanfarronería de Pilato. Jesús no le cree a las recomendaciones aparentemente prudentes de Pedro cuando le dice que no siga el camino de la cruz. Jesús no sigue ninguna de esas voces.

¿Por qué? Porque ha oído la voz de Papá Dios. Porque Jesús es libre, porque no depende de Pedro, ni de Pilato, ni de Herodes, ni de la multitud, porque no depende de nadie y no depende de nadie, porque se sabe y se siente amado de Papa Dios. Y porque sabe que su existencia le agrada, le gusta. Yo le agrado a Dios, yo le gusto a Dios. Dios está a gusto conmigo. Yo estoy a gusto con Dios. Eso da una libertad increíble. Y nos dice el apóstol San Pablo en la carta a los Gálatas ?Para ser libres nos liberó Cristo?.

Y esa libertad nuestra hoy tiene este rostro, el rostro de la persona que se siente, que se reconoce, que se sabe amada de Dios. Y como dice el Evangelio de Juan -amada hasta el extremo-. El que se siente amado de esa manera no tiene que estar comprando afectos, no tiene que estar suplicando una aprobación, no tiene que estar temiendo una desaprobación. No tiene que comprarle nada a nadie. No es esclavo de nadie. Esta es la libertad.

Entonces; ¿Cuáles son las tres enseñanzas de esta fiesta? La primera, que sí hay una manera de atraer a Cristo a través del sincero arrepentimiento y de un propósito de cambio a través de esa apertura de corazón. Estamos atrayendo a Cristo. Segundo, que Cristo hace camino con el pecador que se arrepiente. No está simplemente allá al final, para darnos una palmadita en la espalda o un aplauso. Él mismo ha querido hacer fila con nosotros; y tercero, que nosotros, unidos a Él, escuchamos la voz de Papá Dios. Y esa voz nos hace radicalmente libres. Y desde esa libertad podemos servir, podemos hablar, podemos vivir.

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