Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El ministerio de Cristo está señalado por la fortaleza interior y la compasión exterior.

Homilía abau007a, predicada en 20140112, con 4 min. y 44 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este es el domingo del bautismo del Señor. Con él termina el ciclo de Navidad y con él se abre lo que llamamos el tiempo ordinario, es decir, la contemplación por orden. De ahí viene ordinario, de ordo, orden, la contemplación, la mirada fija y amorosa en Cristo de una manera ordenada; para recorrer su ministerio público. Eso es lo que significa el tiempo ordinario que vendrá inmediatamente después de esta fiesta del bautismo del Señor.

Así que podemos decir que esta fiesta sirve como de gozne, como de bisagra, articulación entre el tiempo de Navidad que celebra la llegada del Hijo de Dios a esta tierra y el tiempo ordinario que contempla de manera ordenada por secuencia, el ministerio público del Señor. Por supuesto, ninguna otra celebración podría ocupar este sitio, porque fue precisamente a partir de su bautismo, como Cristo empezó a manifestarse, empezó a mostrar de una manera clara, abierta y pública el Reino de Dios. Anunció e instauró el Reino de Dios a través de su predicación, sus exorcismos, sus milagros y sobre todo a través de esa comunidad de discípulos que fue agregando a su propia persona con enorme caridad fraterna.

Este es el lugar tan particular que tiene la fiesta del bautismo, entre el misterio de la llegada del Señor y el misterio de su servicio, de su ministerio público a todas las gentes, empezando por supuesto, por el pueblo elegido. Bueno, ¿qué podemos aprender de esta hermosa festividad? Muchas cosas podemos aprender. Por ejemplo, cómo es verdad que Cristo es un líder distinto de la gran mayoría de los que nosotros hemos conocido.

Yo quiero subrayar un par de frases de la primera lectura de hoy, tomada del profeta Isaías, allá en el capítulo cuarenta y dos., Esta primera lectura pertenece a una serie de poemas, una serie de composiciones literarias de la más alta belleza, que son conocidas como los cánticos del siervo. Ese es el nombre que se les da. Y el primero de esos cánticos es el que aparece en la primera lectura de hoy.

Se introduce con estas palabras: "Mirad a mi siervo, a quien sostengo", esa invitación, mirar al siervo de Dios, es decir, al que verdaderamente sigue la voluntad de Dios, al que verdaderamente realiza el querer de Dios, que no es otro sino Cristo. Esa invitación es la misma que luego se da cuando Cristo recibe el bautismo, porque ahí se escuchó una voz que dijo: "Este es mi hijo". Es decir, está nuestro Padre Celestial, está presentándonos la verdadera referencia, el verdadero modelo. Y dice también el profeta Isaías en ese cántico del siervo en el capítulo cuarenta y dos, dice: que este siervo de Dios no va a quebrantarse, Él va a permanecer firme porque va a promover el derecho y sin embargo va a ayudar a los que están quebrantados.

Esta es la característica fundamental de Cristo. Es fuerte y a la vez compasivo. Es fuerte y por eso permanece firme en la virtud. Es compasivo y por eso nos ayuda a nosotros que somos pecadores. Este será el sello de la misión de Cristo grande en la santidad. Más grande aún, si puedo decirlo, en la misericordia.

Estos sentimientos del Señor impregnen nuestro corazón, colmen nuestra vida en esta hermosa fiesta del bautismo de Cristo.

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