Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay un mensaje perdurable en la obra y el ministerio de Juan Bautista: conversión, fidelidad y apertura a la gracia.

Homilía abau006a, predicada en 20110109, con 14 min. y 13 seg.

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Transcripción:

Hoy tenemos a Jesús a las orillas del río Jordán, donde estaba bautizando un primo suyo de nombre Juan. Y como lo que hizo ese Juan fue sobre todo predicar y bautizar, la gente lo llamaba Juan el bautizador, Juan el Bautista y con ese nombre lo conocemos nosotros. Juan Bautista fue el precursor de Jesucristo. Juan Bautista le preparó a Jesús un pueblo bien dispuesto.

Podemos suponer que para recibir a Jesús se necesitan unos preparativos, como si nos dijeran, por ejemplo, que el Papa va a venir a Barranquilla. Seguramente habría muchos preparativos. Un invitado especial siempre requiere que haya una preparación para poder atenderlo bien y también para recibir lo que esa persona nos va a dar. Jesucristo tiene mucho para darnos, pero a veces no estamos preparados y ahí es donde entra el servicio que prestó Juan.

Él ayudó a preparar la gente para la llegada del Mesías. Entonces vamos a dedicar unos minutos a recordar qué fue lo que hizo Juan, y luego vamos a mirar qué quiere decir que Jesús se haya bautizado. Juan hizo tres cosas. En primer lugar, le recordó al pueblo elegido que había un pacto con Dios. Había una alianza. A veces, cuando pasa mucho tiempo después de que uno ha hecho un contrato, a uno se le olvida que lo ha hecho. Por ejemplo, si uno tiene que pagar unas cuotas por algo que compró, ese es un contrato y a uno se le puede pasar una de esas cuotas y uno no paga a tiempo. Pero resulta que con Dios muchas veces somos descarados.

Nosotros tenemos un contrato con Dios, una alianza con Dios. El pueblo hebreo, el pueblo de Israel, tenía su contrato. Nosotros tenemos el nuestro, ese contrato, esa alianza personal. En el caso del pueblo de Israel era la alianza de Moisés. En el caso nuestro es la alianza que tenemos en la sangre de Jesucristo. Un beneficio que nos ha llegado a través de nuestro propio bautismo. Y por eso yo creo que ese aspecto de la misión de Juan es bastante actual.

Hay un contrato, hay una alianza. Vamos a formular ese primer aspecto de la misión de Juan Bautista con una pregunta. ¿Estamos llevando vida de bautizados?; ¿Estamos llevando vida de bautizados? Esa es una buena pregunta. Claro que hay gente que dice -A mí no me interesa ese bautismo. A mí no me preguntaron si me iban a bautizar. Yo quiero desbautizarme- Hay gente que hace eso; eso se llama apostatar. Apostatar es -renunciar a la Fé- Bórrenme, no me interesa.

Pero la mayor parte de nosotros conocemos mucho o poquito a Jesucristo. Y yo creo que por lo menos de los que estamos aquí no le diríamos a Cristo esas palabras tan ofensivas y tan crueles. ?No me interesa tu corazón, no me interesa tu amor, no me interesan tus palabras?. Sería muy terrible decir eso. Así que nosotros tenemos un contrato vigente con Cristo. Ese pacto se llama el bautismo, y tenemos que preguntarnos si llevamos vida de bautizados.

Eso fue lo primero que hizo Juan recordarle a la gente -Ustedes tienen una alianza- pilas, como decimos en Colombia, pilas con esa alianza. No se puede estar tomando del pelo a Dios. Estamos haciendo las cosas mal. Y de aquí viene la segunda parte de la misión de Juan. Juan llamó a la gente al arrepentimiento Y lo más interesante de este hombre es que, como se dice popularmente, no le comía cuento a nadie, le llegaban los importantes, los grandes personajes de esa época y Juan los trataba como al resto de la gente. Usted también tiene que convertirse.

Llegaban, por ejemplo, los militares, que en esa época y en otras épocas han sido muy abusivos, porque cuando se tiene un arma es muy fácil envalentonarse. Y entonces -Juan les decía- ustedes no pueden abusar de su poder. Llegaban los ricachones y Juan Bautista les decía: "Lo que usted no está utilizando le pertenece al pobre. Apúrese, Hay que compartir, hermano, hay que compartir. Se le va podrir su ropa allá metida y hay mucha gente en necesidad, Hay que compartir, hermano. Usted no puede estar botando comida mientras hay otros que pasan hambre. Usted no puede estar pegando unas casas con otras y con otras, y cada vez a vivir mejor mientras hay gente que no tiene un rincón donde pasar la noche".

Juan Bautista fue muy valiente; y Juan Bautista, a través de su predicación, llevó a la gente a reflexionar. Chiquitos y grandes; personas, pobres y ricas, niños, jóvenes, ancianos, maestros de la ley y gente indiferente con Dios. Prácticamente todos oyeron a Juan el Bautista. Y yo creo que esta parte también es muy actual. Cada uno de nosotros puede reflexionar en lo que dijo Juan, porque pienso que muchos de nosotros a veces acumulamos más dinero, más comida, más ropa, más comodidades y uno se vuelve egoísta y uno cree que nunca le será suficiente.

Entonces, como sacerdote, cuando uno habla con una persona dice -la situación está grave padre- y habla con otro que está ganando diez veces el salario del anterior. -Y ese también dice- la situación está grave. Claro, el uno dice la situación está grave porque no tiene un bocado para echarse a la boca. El otro dice la situación está grave porque no pudo pagar la cuota del gimnasio; y el otro dice la situación está grave porque no pudo pagar la cuota del yate nuevo o no pudo ir tres veces al extranjero de vacaciones.

Entonces Juan el Bautista nos invita a reflexionar. No se trata de lucha de clases, eso se llama marxismo. La lucha de clases se trata de conversión; que uno piense, que uno diga ¿Yo qué puedo hacer? Porque todos estamos en riesgo de que se nos endurezca el alma. Y hay niños que son chiquitos en edad, pequeñitos en estatura y gigantes en egoísmo. Que ellos también se conviertan. Todos tenemos que convertirnos. Eso fue lo segundo que hizo Juan.

Y lo tercero que hizo Juan fue llevar una vida de mucha penitencia y de mucha humildad, como la gente lo tenía por santo. Ya prácticamente todos decían que él era el Mesías, pero Juan aclaraba y decía -No, señor- él era una persona muy humilde y él decía ni siquiera le puedo desatar las sandalias al Mesías. Es más, cuando apareció Jesucristo, Juan, que tenía unos cuantos discípulos que lo querían y lo admiraban mucho, Juan lo que hizo fue señalar hacia Jesucristo y decir: "Vea, ese es el Cordero que quita el pecado". Es decir, el centro de la vida de Juan no era Juan, el centro de la vida de Juan, era Jesucristo.

Y él miraba hacia Jesucristo, e incluso él perdió sus discípulos, que eran como decir su compañía y su familia, porque no se casó. Él perdió sus discípulos animándolos a que se fueran con Jesús. Él se quedó sin nada, de ese tamaño era el amor que le tenía al Mesías y de ese tamaño la humildad que tenía. Y yo creo que la humildad la necesitamos todos. La gente dice en Inglaterra que cuando una persona se muere, el orgullo se le muere a los tres días.

O sea que uno tiene una cantidad de orgullo que no se muere, pero por orgullo hay papás que nunca piden perdón a los hijos cuando se han equivocado y por orgullo hay hijos que nunca le dicen gracias al papá, aunque se lo deben, y por orgullo se han dañado matrimonios, negocios, amistades. El orgullo es el susurro del demonio queriendo destruir todo lo humano. Juan el Bautista es un maestro de humildad y ese ejemplo también lo necesitamos hoy.

Resumen: Juan el Bautista nos ayuda a descubrir, en primer lugar, que tenemos un contrato, una alianza con Dios y a que recordemos que ese contrato, esa alianza, en nuestro caso se llama el bautismo. El bautismo cristiano católico, por supuesto. ¿Estoy llevando vida de bautizado? Segundo punto; Juan el Bautista nos invita a cuestionar nuestra forma de vida, sobre todo cuando uno empieza a volverse egoísta. Es decir, Juan el Bautista tiene que meterse a tu casa y tiene que revisar tu ropa y tiene que revisar tus cuentas. Y seguramente Juan te va a decir mira que tú puedes compartir mucho más.

Deja ese egoísmo porque así te entierren como enterraron a los faraones con toda su plata, no le sirve de nada al faraón; le sirvió a los guaqueros que se metieron allá a robar las tumbas. Al faraón no le sirvió de nada. Y en tercer lugar, Juan Bautista nos enseña la humildad. Jesús fue donde Juan y aquí nos preguntamos ¿Por qué? Evidentemente no había pecado en Jesucristo. Pero Jesucristo sí pertenecía a un pueblo de pecadores. Y es muy hermoso ver que Jesús descubre en el arrepentimiento la puerta para la misericordia de Dios.

Es decir, Jesús entra en la masa y en la fila de los pecadores, porque Él pertenece a ese pueblo que es su pueblo, el pueblo que Él ha asumido. Y por eso, con tanto amor se hace solidario. No nos debe extrañar ver a Cristo bautizándose, porque fíjese esa cruz tan grande que tenemos aquí al frente que nos está recordando que Cristo, se dejó matar, por nosotros. Es decir, tampoco le tocaba la cruz; que uno se bautice sin que le toque, digamos que es una cosa meritoria, pero que no duele.

Pero en cambio morir en la cruz, derramar su sangre, eso sí es un testimonio muy grande de amor. Y él no se merecía eso. Yo sé que es una cosa muy absurda que Cristo se haya dejado matar por nosotros, pero como lo han explicado grandes predicadores que tiene la Iglesia Católica, el absurdo del amor de Cristo es para que uno se rompa la cabeza y para que uno rompa los absurdos del pecado, es decir, el absurdo de lo tercos que nosotros somos con Dios. Tiene que reventarse ante el absurdo de la terquedad divina que nos espera, que nos perdona y que llega hasta el extremo de dar a su propio hijo.

Vamos a seguir esta celebración felices de mirar hacia Jesucristo, felices de creerle y con un gran compromiso de llevar una vida mejor, una vida de bautizados.

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