Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay una relación profunda entre la Navidad, la Epifanía y el Bautismo del Señor. Cristo ha nacido pero su presencia es salvadora sólo porque la hemos conocido, es decir, porque se ha manifestado. Y esa manifestación es salvadora sólo porque el que se manifiesta es el que ha sido Ungido con el Espíritu, como lo fue Cristo en su bautismo en el Jordán.

Homilía abau005a, predicada en 20110109, con 4 min. y 14 seg.

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Transcripción:

Es bien curiosa la relación que tienen estas tres fiestas, la Navidad, la Epifanía y el Bautismo. La Epifanía, por supuesto, es la que a veces popularmente se llama la fiesta de los Reyes Magos, Navidad, Epifanía y Bautismo. Hoy estamos con el bautismo del Señor y esta es la festividad que viene a cerrar el ciclo de Navidad. Es decir, el tiempo litúrgico de Navidad llega precisamente hasta este domingo, el domingo del bautismo del Señor. Mañana lunes, con el favor de Dios, empieza nuevamente lo que se llama el tiempo ordinario dentro de la liturgia.

Pero volvamos a la relación de estas tres fiestas La Navidad, por supuesto, recuerda y celebra la presencia del Hijo eterno de Dios, nacido en nuestra carne. Pero esa presencia de Cristo no sería real, no sería actual para nosotros; si Él no se hubiera mostrado, por decir algo que suena a tontería, si hubiera nacido y hubiera permanecido escondido. Es como si no hubiera nacido. Es decir, el nacimiento tiene un valor salvador para nosotros, en tanto en cuanto llegamos a conocer, a ver, a palpar esa palabra de vida.

Nos dice el evangelista San Juan que nosotros hemos oído, hemos palpado la palabra de la vida. Y también dice el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su Gloria. No podríamos contemplar su Gloria si Él hubiera permanecido oculto. De modo que la Navidad necesita de la Epifanía. La Navidad necesita de la manifestación, de la Revelación. Revelación y manifestación son palabras que aluden a la Epifanía. Y la Epifanía de Cristo luego se convierte en una serie de epifanías, porque luego nos vamos dando cuenta que muchos aspectos de la vida del Señor, es decir, toda la vida del Señor, en realidad fue epifanía.

Nos damos cuenta que sus milagros son manifestaciones de su manera de ser rey. Un rey piadoso, un rey que no reina para sus propios intereses, sino en favor nuestro. Y según eso, la Epifanía mira también hacia el bautismo, entre otras cosas porque la fiesta del bautismo del Señor es una fiesta que también es una epifanía. Epifanía que sucede ante los ojos de Juan Bautista, el cual contempla lleno de gozo, como el Espíritu Santo desciende sobre el Señor.

Pero también es verdad que la Epifanía tiene valor en tanto en cuanto ese que se manifiesta es el que ha recibido el Espíritu. Porque resulta que lo que nosotros necesitábamos era al Ungido, al Mesías de Dios, y el Ungido es el que ha recibido el don del Espíritu Santo. De modo que la fiesta del bautismo viene a recoger todo el contenido de la Epifanía. Porque en la fiesta del bautismo, donde visiblemente se hace patente la unción de Jesús, es donde nosotros reconocemos al Mesías.

Qué hermoso ver el vínculo de estas distintas fiestas y qué hermoso ver que este Cristo ungido por el Espíritu, ha recibido todo poder, toda potestad para una misión única. Arrancarnos del dominio de las tinieblas y llevarnos al reino de su luz admirable.

Estuvo contigo Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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