Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Del agua te rescata Dios.

Homilía abau003a, predicada en 20020113, con 15 min. y 25 seg.

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Transcripción:

¿Por qué Juan bautizaba en el Jordán? No era la única fuente de agua que había, ni la única que hay hoy. Tampoco era el lugar más bonito ni el más cómodo. Más bien eso quedaba en el desierto. De modo que la gente que acudía a Juan tenía que recorrer camino, tenía que buscar el desierto. ¿Por qué Juan bautizaba en el Jordán?

El lugar donde Juan bautizaba, si miramos un mapa, es un lugar próximo al lugar por donde entraron los israelitas, a la tierra prometida, es un lugar cercano a ese sitio donde Josué por allá en otra época, convocó a las tribus de Israel y les dijo: antes de entrar a la tierra prometida, -Si ustedes quieren seguir ídolos, síganlos, yo y mi familia vamos a seguir al Señor-. Y entonces el pueblo respondió: -Nosotros vamos a obedecer al Señor- Y Josué les dijo: -La cosa no es tan fácil, Dios es un Dios celoso. No se puede servir a Dios y tener ídolos-. Y ellos respondieron: -Nosotros vamos a obedecer al Señor-. Y Josué les dijo: -entonces que queden de testigos el cielo, la tierra y estas piedras que han oído las voces de ustedes que juran fidelidad al Señor-.

De manera que ese fue el lugar en donde quedaron unos testigos, el cielo y la tierra y unas rocas inertes, ellas oyeron las palabras y las promesas de fidelidad del pueblo de Israel, del pueblo que Dios había sacado con poder, del pueblo que había hecho alianza con el Señor. Pero sabemos por la historia del Antiguo Testamento que al pueblo le quedó grande esa promesa. El pueblo juró y no cumplió. Dios juró y sí cumplió. Dios fue fiel, el pueblo fue infiel y ahí estaban esas piedras, ahí estaban esas peñas y ahí estaba ese Jordán, porque ante el Jordán se detuvo Josué y dijo: ¿Atravesamos o no atravesamos?, porque atravesar el Jordán significaba acoger la promesa de Dios y por lo tanto sellar de algún modo el compromiso con el Señor.

Y ahí, en ese lugar, se sitúa el Bautista, como diciendo a todo el pueblo:. -Aquí fue donde prometimos y no cumplimos, este es el lugar donde quedó claro que nosotros somos unos infieles- Y por eso el arrepentimiento que pide Juan no es solamente un arrepentimiento de individuos... La obra de Juan es mucho más grande. El gesto de él es un gesto profético para decirle a las personas individualmente consideradas, que tenían que cambiar de vida. Hubiera podido decírselo en los atrios del templo, hubiera podido decírselo en tantos otros lugares de Jerusalén o de Samaría, o de Galilea, pero Juan buscó aquel lugar en donde podía referirse no al arrepentimiento de individuos, sino al arrepentimiento del pueblo, por eso el Jordán, y por eso las aguas del Jordán.

Por otra parte, seguramente recordaremos que el agua en la mentalidad semita, en la mentalidad de los judíos, es al mismo tiempo una señal de vida y una señal de muerte. El agua es señal de devastación, señal de destrucción y también señal de renacer. Esto lo sabemos porque lo hemos predicado en las catequesis y enseñanzas sobre el sacramento del Bautismo.

El bautismo que predica Juan ¿qué indica? Indica que el agua es capaz de destruir. Eso lo vieron los israelitas en el paso del Mar Rojo. El agua fue el arma de destrucción que utilizó Dios contra Egipto, Dios no destruyó a los egipcios con relámpagos, ni con terremotos, ni arrojándoles un granizo de piedra, Dios destruyó a los egipcios con una sola herramienta, el agua. El agua es herramienta que causa muerte cuando está en las manos de Dios, así lo sentían, así lo creían los israelitas; entrar en el agua, es entrar en la posibilidad de la muerte. Sepultarse, sumergirse en el agua es reconocer el destino que uno se merece. El gesto de meterse en el agua significa: -destrucción es lo que yo merezco, condena es lo que yo me tengo ganado-.

Más o menos como ha sucedido en tantas vidas de los santos. Por ejemplo, nuestra amiga de Siena, Santa Catalina, Santa Catalina contempla a Jesucristo crucificado y ustedes saben lo que le dice: ?Yo soy el ladrón y tú eres el ajusticiado, lo que yo merezco, mi destino propio, el desenlace lógico y justo de mi vida es la condena?, Eso es lo que están diciendo, sin palabras, pero con ese gesto, los israelitas metiéndose en el agua, están diciendo: -Muerte es lo que yo merezco, porque yo pertenezco a un pueblo infiel-. De modo que en la predicación de Juan se unen las dos cosas: el reconocimiento de un pecado, llamémoslo colectivo, un pecado de todo el pueblo, y el reconocimiento también de la falta personal. Como pueblo lo que merecemos es la muerte. Pero resulta que esa agua no mata. Ahí está el profeta con su voz y el profeta con su voz sostiene al que se arrepiente, se sumerge en el agua y logra salir, de manera que el solo gesto del bautismo está indicando: -Aunque tú mereces muerte, del agua te rescata Dios-.

Hay un gran profeta, Moisés, que se llama -Salvado de las aguas-, así se interpreta el nombre de Moisés, de manera que cada uno de los que salían del agua era un Moisés. Cada bautizado es un Moisés. Es un salvado de las aguas.Y eso es lo que le está diciendo Dios a los que acuden al bautismo de Juan -Tú eres un salvado de las aguas-. Verdad que te mereces muerte, pero he aquí que yo te sostengo, y he aquí que yo te levanto y te consolido sobre el agua. Con esta explicación quizá podemos entender mejor por qué Cristo acude al bautismo de Juan.

Cuando yo era niño oí varias explicaciones que, para ser franco, no me convencieron. Y por eso creo que hay que predicar siempre con la seriedad del caso cuando hay niños o cuando hay jóvenes, porque nosotros damos muchas historietas que no convencen a los niños o a los jóvenes y no nos dicen, se quedan callados, pero dicen: -a mí eso no me convence-. Lo digo porque a mí me pasó. Entonces, de niño a mí me daban una cantidad de explicaciones de por qué Cristo fue a bautizarse. Y claro que eso no funcionaba por ninguna parte. Porque si el bautismo era para pecadores y Cristo no es un pecador que hace Cristo bautizándose, pues Cristo bautizándose es una contradicción. Entonces viene una explicación, que era una humildad, pero a mí eso no me convencía, porque uno por humildad no tiene que decir mentiras. Sería como que yo dijera bueno, en un acto de humildad les voy a decir que yo asesiné a Jorge Eliécer Gaitán. Pues ¡nó!, yo no cometí ese crimen ni había nacido en esa época, punto. Ser humilde no es ser mentiroso, ser humilde no es ponerse culpas que uno no tiene.

Cristo no fue un mentiroso, aunque desde luego el Bautismo de Cristo sí es un acto supremo de humildad. ¿Por qué? Porque el bautismo de Cristo está mostrando que Cristo es el embajador de todo ese pueblo. Cristo no está confesando pecados suyos, ni está para que lo cuenten entre el número de los pecadores. No es ese el interés principal, Cristo está ahí porque Cristo está con el pueblo que se arrepiente y vuelve hacia Dios y a través de Cristo, primero en Cristo y luego en su pueblo, llega el don del Espíritu Santo.

De manera que Jesús, junto a las aguas del Jordán, ¿qué está haciendo? Lo que está haciendo es uniéndose al movimiento de retorno hacia Dios, que se ha iniciado por la profecía de Juan Bautista. Eso es lo que está haciendo y está de alguna manera tomando ese movimiento y está siendo nuestro embajador para recibir la gracia del Espíritu Santo; porque hay algo que quedaba incompleto en el bautismo de Juan.

Los que salían del agua, pues saliendo del agua, estaban mostrando que eran como unos Moisés, es decir, Dios los había levantado, los había salvado de las aguas, pero ¿Dónde quedaba la alianza? Está bien, Dios no te destruye, pero ¿Qué alianza puede haber ahora? Ahora que hemos pecado, ahora que hemos negado a Dios, ahora que le hemos dado la espalda, ¿Qué alianza queda? ¿Qué alianza existe?

Cuando Jesús se levanta del agua, aparece el Espíritu, la Nueva Alianza. Hay una nueva alianza. Por eso Jesús ve más de lo que ve Juan. Juan dice: -Yo necesito que me bautices Tú-, Reconociendo la santidad eminente que hay en Jesucristo, Jesucristo le dice: "Espérate, vamos a cumplir toda justicia, vamos a llevar a plenitud lo que Dios quiere".

Lo que le está diciendo Jesús es, -Mira, más allá del arrepentimiento nuestro, más allá del reconocimiento de la maldad humana, hay que llevar esta obra a plenitud en el reconocimiento de la bondad Divina-. Y si aquí aparece toda la miseria del pueblo que no pudo cumplir. En estas aguas empieza a manifestarse toda la misericordia del Dios que sella una Nueva Alianza, según la cual la ley está ahora en los corazones y sí es posible, cumplirla.

Esta fiesta es una fiesta hermosísima, es una fiesta bellísima, es una fiesta de esperanza. ¡Qué alegría ver a Jesús tan cerca del pueblo cuando el pueblo se arrepiente! Y qué alegría ver al pueblo congregado cuando la palabra profética lo congrega. Por eso, con toda razón nosotros los dominicos, vemos en San Juan Bautista una especie de modelo, podríamos decir, un perfil de lo que significa nuestro carisma.

A nosotros nos corresponde de algún modo congregarle el pueblo a Dios para el reconocimiento ciertamente de su miseria, pero sobre todo para la apertura a esa alianza nueva y eterna que solo llega por el poder del Espíritu Santo. Esta es la grandeza de la fiesta que estamos celebrando. Y quiero recordar también aquí una última anotación sobre la hermosura de la fiesta del Bautismo del Señor.

En Navidad nosotros sabemos que un ángel le dijo a José: -Tú le vas a dar el nombre de Jesús a ese niño que va a nacer-. Jesús en hebreo se dice lo mismo que Josué. Ese ya es un dato interesante. Yeshua, es el mismo nombre, Jesús es el nuevo Josué que a través de las aguas del Jordán conduce ya no a la tierra prometida, sino al Cielo prometido.

Eso ya es hermoso, pero además, Jesús recibe en el Bautismo, en la fiesta que estamos celebrando hoy, recibe la unción. La unción en griego se dice crisma. Recibe el crisma. -Cristo es Cristo desde hoy-. Por eso me gusta decir que aquí se le completó el nombre a Él. En la Navidad era Jesús. En el bautismo es Cristo. Por eso la fiesta de la Navidad alcanza el bautismo. Él es Jesús, el Ungido, Jesús el Cristo. Él es Jesucristo.

Aquí se completa, podríamos decir la verdad del Señor. Aquí se completa el nombre de Él. De manera que el Salvador, así llamado -Yahvé salva- significa Jesús, aquel que es instrumento de salvación, recibe en esta fiesta, en este día, la fuerza para realizar la obra de la salvación. El que ya era Jesús desde hoy es el Cristo. Recordemos nuestro bautismo, desde luego, en este día.

Ell mismo Espíritu que ungió a Jesús para esa misión, ese es el Espíritu que habita en nosotros, ese es el Espíritu que nos mueve a orar, ese es el Espíritu que guía a nuestros pastores y superiores, ese es el Espíritu que consagra la Eucaristía, ese es el Espíritu que quiere llevarnos en la peregrinación decisiva, que no es únicamente hasta reconocer que hemos pecado, sino que va más allá, hasta reconocer que hemos sido bendecidos y ungidos por un amor que no se extingue, que jamás se acaba.

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