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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Ascensión de Cristo anuncia y realiza la auténtica liberación y la auténtica plenitud humana
Homilía aasc019a, predicada en 20260517, con 15 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos. Hay una especie de tensión entre las lecturas que se han proclamado, especialmente la primera, que fue del capítulo primero, el comienzo de los Hechos de los Apóstoles y el Evangelio, que fue exactamente del final, el puro final del Evangelio según San Mateo. ¿Por qué hablo de una tensión? Porque resulta que esa primera lectura nos habla de un Jesús que se levanta, podríamos decir se aleja. El Evangelio nos dice el mismo Jesús: "Yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos". Entonces por una parte se aleja, pero por otra parte se queda. Esa es la tensión de la que estoy hablando. Y cuando en la Biblia nos encontramos expresiones que parecen contradecirse, nosotros como creyentes, podemos esperar que hay algo grande, hay algo bello detrás de esa especie de tensión. Esta mañana escuché una predicación muy bella de un sacerdote y me gustó mucho lo que él decía. Que Jesús antes de nacer recibió ese nombre Jesús. Pero también la Biblia le llama de otro modo le llama "Emmanuel". Emmanuel es una palabra que, según nos enseña la misma Biblia, significa "Dios con nosotros". Entonces decía este reverendo Padre, si Él es por nombre y por esencia, el Dios con nosotros, Él no podía perder su esencia. Él no podía dejar de ser Él. Él siempre será el Dios con nosotros, como nos lo recuerda el texto del Evangelio. Pues las palabras de Cristo fueron: -Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin-. Entonces, si Él es el Dios con nosotros, ¿Qué vamos a hacer con esa experiencia que tuvieron los 11 apóstoles? 11 porque Judas Iscariote había tomado su propia decisión sobre su vida. ¿Qué vamos a hacer con esa experiencia que ellos tuvieron? Ese verle alejarse. Pues hay unas comparaciones tan hermosas que han hecho los Padres de la Iglesia y que ha hecho, por ejemplo, el mismo apóstol San Pablo. Por ejemplo, San Pablo nos habla de cómo Cristo bajó. Esa es la encarnación y después subió; el misterio de hoy, la Ascensión. Pero dice San Pablo que Cristo bajó solo, pero ya no subió solo Él sube con nosotros. Nosotros somos el pueblo que Él adquirió. En nosotros se cumple lo que dice el Salmo: -Somos su pueblo y ovejas de su rebaño- De manera que este Cristo que asciende, no se está ausentando, ni se está alejando, ni se está desentendiendo de nosotros, sino que está mostrando el camino, abriendo el camino, liderando el camino. Él es al mismo tiempo nuestro guía, nuestro Maestro, y Él es el que empuja las puertas del cielo, porque ese cielo parecía cerrado a nuestras necesidades, parecía indiferente a nuestros dolores. Por algo dice el profeta Isaías hacia el final de su libro "Ojalá rasgaras el cielo". Pues Cristo cuando murió, rasgó el velo del templo, mostrando que el Santo de los Santos ya estaba para todos. Y hoy en la Ascensión, ha rasgado los cielos y ha dejado la puerta abierta. Para eso subió, subió para que con Él subiera nuestra esperanza; subió para que con Él subiera nuestra alegría; subió para que no nos dejáramos convencer de tantas voces que lo que quieren es encadenarnos, apresarnos a la tierra. El que lo dijo de una manera más clara fue aquel filósofo que escribió una obra que se llama El Anticristo. Ya te podrás imaginar quién es ese filósofo y qué clase de ideas tenía. Pues este señor que es Friedrich Nietzsche, él decía Permanezcan fieles a la tierra, fieles a la tierra. Él lo dijo con palabras de filósofo y de literato, porque escribía muy bien. Pero hay otros que lo dicen con otro lenguaje. Por ejemplo, todas las idolatrías son cadenas que nos quieren mantener aquí, abajo. Piensa en la persona que pone toda su felicidad, en drogarse, en emborracharse, en el placer del sexo. Y ahí pone todo, toda su alegría, está encadenado. Esta fiesta es la fiesta grande de la liberación. Es la fiesta grande de la esperanza. Es la fiesta que nos está contando lo que decía con su propio lenguaje, que a veces se le entendía mucho y otras veces no tanto. Lo que nos decía el Papa Francisco: "Sueñen; sueñen". Que quiere decir. . . -No se queden en lo que está inmediatamente a la mano-. Voy a dar dos ejemplos de lo que significa ese sueñen del Papa Francisco. Hoy hay muchas personas que miran con resignación su futuro, que miran con miedo casarse o tener hijos, que piensan que es imposible, imposible lo que propone la Iglesia. La Iglesia, por ejemplo, propone noviazgos castos y santos; y apenas uno dice noviazgos castos y santos, muchos sueltan la carcajada y dicen: -Padrecito, eso ya no existe, eso es imposible, eso no se va a dar-. Todos esos que repiten esas palabras como si fueran buenos discípulos de Federico Nietzsche, todos esos lo que están diciendo es mire, los jóvenes de hoy no dan para más. Los jóvenes de hoy tienen demasiada pornografía en la cabeza. Las muchachas ya entendieron que si no entran en ese juego sexual no van a tener nunca pareja, se van a quedar frustradas. Entonces es imposible. Y tanto le repiten a nuestros muchachos y a nuestras muchachas. . . -No se puede, no se puede una vida sobria; No se puede una vida casta. No se puede una vida santa; no se puede ser honrado, no se puede ser político sin corrupción; no se puede ser comerciante sin mentiras, no se puede-. Ese no se puede que se repite, eso es lo que te quiere mantener aplastado. ¿Y qué es Cristo? Cristo es el gran Amén. El gran sí de Dios, nos dice San Pablo. Cristo es el gran -Sí, se puede-. Y detrás de Cristo los santos, empezando por María Santísima. Y resulta que yo me encuentro con cosas absolutamente admirables. Hoy en la Iglesia están pasando cosas admirables. En los últimos tres años, cada año se bautizan más personas, especialmente hombres y jóvenes en Francia. Usted no se imaginaría eso de Francia. Los bautismos de adultos están creciendo en Estados Unidos, por ejemplo. Eso parece increíble, pero mira, el Espíritu Santo tiene muchas sorpresas que darnos. Deja de decir que la santidad es imposible, que la pureza es imposible, que la honradez es imposible, que un matrimonio hasta la muerte es imposible porque se ha vuelto tan fuerte ese lenguaje de que es imposible que incluso algunos sacerdotes ya se les pegó ese lenguaje. Entonces ven a una persona con cualquier orientación sexual y dicen. . . -Tú sigue así, sigue así-. ¿Por qué? -Porque va a ser imposible, va a ser imposible que cambies ya-. Tú estás así y ven a una persona que está metida en un negocio sucio y entonces dicen: -Sí, pero es que así es como toca hacer las cosas hoy-. Ésa resignación que no es la auténtica aceptación de la voluntad de Dios, sino que es claudicar frente a los poderes de este mundo, ésa resignación es la que queda rota, vencida el día de hoy con la ascensión de Cristo. Ésa es la falsa, la mala, la perversa resignación. Pero hay que terminar en un tono más hermoso y positivo. Y ya que hemos mencionado al Papa jesuita, el Papa Francisco. Pues recordemos al fundador de los jesuitas. Él se atrevió a soñar. Cuando él estaba recuperándose de heridas muy serias y daños muy graves que había sufrido en su cuerpo, en guerra, porque él era militar, pues para distraerse se ponía a leer y leía libros de caballería y también alguien le prestó "Vidas de los Santos". Había una obra que era clásica en ese tiempo, siglo XVI, que se llamaba -Flor de los Santos o Flor de Santidad-, y él empezó a leer eso. Y un día, un bendito día, San Ignacio de Loyola dijo -¿Y por qué yo no; y por qué yo no voy a poder ser santo cómo lo fue San Francisco, como lo fue Santo Domingo?- Esa es la fiesta para hoy. Pero claro, como muchos de nosotros tenemos realmente tan aplastada, tan apisonada nuestra esperanza, y estamos tan malamente resignados al pecado del mundo. Por eso la Iglesia escogió esta lectura para hoy. Mire lo que dice la segunda lectura de hoy: "Que Dios les dé espíritu de sabiduría y de revelación", -Espíritu de sabiduría y de revelación- ¿Para qué? Y ahora mire estas palabras que dice San Pablo para que comprendan cuál es la esperanza a la que os llama. Eso le pasó a San Ignacio. La esperanza. -Oiga, yo puedo ser santo. Yo no he sido santo. He sido una persona arrogante, vanidosa, iracundo. Yo no he sido santo-. Pero vino esa luz del Señor. Se le iluminaron los ojos del corazón y empezó a comprender cuál es la esperanza a la que Dios lo llamaba. ¿Cuál es la riqueza de gloria que da en herencia a los santos? ¿Cuál es la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros los creyentes? Usted calcule, amigo querido. Y con esto termino, amiga, querida hermanita que ha venido hoy aquí a la Santa Misa. ¿Qué le va a pasar a usted en su vida? Si usted llega a enterarse. ¿Cuál es la riqueza de gloria que Dios da en herencia a los santos? Claro, uno tiene los ojos así como tapados. Uno no ve, uno no ve, uno está solo mirando aquí cómo consigo plata, cómo consigo un poquito de tranquilidad y sobre todo, cómo adelgazo. Y en esa se la pasa uno, sabiendo que al final todos adelgazaremos mis hermanos. Entonces imagínese lo que le va a pasar a usted, a su corazón si usted llega a enterarse cuál es la riqueza de gloria que Dios da en herencia a los santos. Cuál es la esperanza; cuál es la grandeza del poder de Dios que está trabajando a favor mío. Entonces uno empieza a romper los techos falsos que el mundo nos ha puesto y uno empieza a ascender con Cristo. Y uno empieza a buscar una mejor vida cristiana que se llama santidad.

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