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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fiesta de la Ascensión tiene una dimensión contemplativa y de alabanza a Cristo pero también una dimensión activa y misionera, que no debemos descuidar.
Homilía aasc015a, predicada en 20200524, con 18 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Hermanos, esta bella fiesta de la Ascensión tiene dos dimensiones que son propias no sólo de la liturgia de hoy, sino propias del ser de la Iglesia. Estas dos dimensiones son contemplativa y activa. Observemos la contemplación de los discípulos que, asombrados, ven cómo manifiesta algo de su gloria el Señor resucitado, aquella nube que cubre a Cristo. No hemos de verla como un simple impedimento a la mirada de los discípulos. Esa nube indica en la Sagrada Escritura la presencia viva de Dios. Fue una nube, por ejemplo, la que guió al pueblo por el desierto. Nube, que era columna de fuego durante el día, pero que era nube luminosa también en la noche. Nube, fue también lo que vio el profeta Elías después de tres años y medio de sequía, como manifestación del señorío de Dios único que da la vida o la muerte. Nube que aparece también en la transfiguración de Cristo. Usted recuerda que cuando estaban orando y aparecieron Moisés y Elías, una nube les envolvió. La nube es una expresión frecuente en la Biblia de la presencia de Dios. Porque la nube preserva a la vez el misterio de Dios y el regalo de su cercanía. Así que esa nube también aparece en la ascensión, y los discípulos no quieren apartar su mirada de la gloria de Cristo que le ha envuelto, que le ha arropado. Esa es dimensión contemplativa. Pero luego tenemos también la dimensión activa. La dimensión activa está en aquellas palabras que un ángel le dice a los discípulos. Dice aquí de hecho: -Dos hombres vestidos de blanco les dijeron. . . "¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse" . En esa pregunta hay cierto tono de reproche, como indicando, no todo ha de ser la contemplación, sino que hay tarea. ¿Y cuál es esa tarea? La descubrimos en el Evangelio. Efectivamente, en el Evangelio se nos dice que Cristo dio esta orden a sus discípulos. Acercándose. Les dijo: "Se me ha dado pleno poder". -Id. Id. ¿Qué es verbo ir? Ponerse en camino. Hay que marchar. Hay que moverse-. "Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Ahí está la misión de la Iglesia, que tiene que ponerse en movimiento. Tiene que predicar en concordia con lo que enseñó Jesucristo y tiene que llegar a la plenitud de los sacramentos. Ahí está todo. Con razón este texto, que es tomado del capítulo número 28 de San Mateo, suele denominarse la Gran Comisión, porque este es entre todos los encargos que Cristo le haya hecho a la Iglesia, este es el encargo que los abarca a todos y que comprende también todas las eras, todos los tiempos. La Iglesia no puede detenerse en esa marcha. Si aparece un dictador que dice: -Yo no quiero que en este país, entre el Evangelio-, la Iglesia no puede detenerse. Habrá de insistir ante todo con la plegaria y luego buscando todos los recursos apropiados para que llegue a ese pueblo el Evangelio. Porque más manda Cristo que cualquier dictador. Y Cristo dijo: "Haced discípulos de todos los pueblos". Si hay un lugar que es particularmente difícil porque hay plagas o hay un clima que es inclemente, o hay todo tipo de dificultades. De nuevo, la Iglesia tendrá que tomar las precauciones y prevenciones del caso. Tendrá que orar pidiendo gran auxilio de Dios. Pero no puede detenerse. También esos pueblos merecen recibir el Evangelio. Es una traición, Dios nos libre. Es una traición en la Iglesia. Que nosotros renunciemos a evangelizar. Nosotros no podemos decir simplemente Ah, pues es que allá son ateos. Ah, pues no vayamos. O decir en ese pueblo siempre han sido budistas. Ah, pues quedamos eximidos, no hay que ir allá. En tal pueblo, allá son musulmanes y musulmanes muy fieros. ¿Quiere decir que quedamos excusados de ir? ¡No! Quiere decir que si somos fieles a Cristo tenemos que buscar la manera y tal vez buscar la manera puede tardar siglos. Nuestra Iglesia Católica recuerda con amor a varios santos que buscaron la manera. Algunos de ellos terminaron su vida dando el supremo testimonio del martirio. Recordemos algunos, por ejemplo, en las regiones de la actual Alemania. ¿Cómo no recordar a San Bonifacio? Bonifacio, bendito apóstol de Cristo, en medio de aquellas tribus que resultaron imposibles de conquistar, ni siquiera para el pueblo romano, para el imperio romano. Allá entró Bonifacio con gran valentía. Eso tiene que conmover nuestro corazón. Miremos lo que sucedió, por ejemplo, en Inglaterra. Todos hemos oído hablar de San Agustín de Hipona, que vivió entre el siglo cuarto y el siglo quinto. Pero hay un San Agustín evangelizador de Inglaterra. Averígüelo. Tarea, estudie. San Agustín, apóstol de Inglaterra, fue de los realmente precursores en llevar el Evangelio a esa tierra. Y ya ves todo lo que tuvo que padecer, pero también el fruto precioso. Y así también recordamos a San Patricio. Patricio, apóstol de Irlanda. No lo podemos olvidar. Y en nuestra tierra, en estas tierras nuestras, cuántos apóstoles y cuánta santidad! ¿Nos vamos acaso a olvidar de San Junípero Sierra? Allá por tierras de ¿México y de California? No lo podemos olvidar. Aquí en lo que hoy es Colombia. Recordamos el recorrido heroico muchas veces poniendo en peligro su vida, más allá de su salud. Ahí recordamos a San Luis Bertrán Dominico. Lo menciono porque nosotros, Dominicos de Colombia, lo tenemos por patrono. Es el patrono de nuestra provincia, de Colombia, San Luis Bertrán. Valenciano de nacimiento. Y así podríamos recordar a muchos otros. Ellos no se detuvieron ante las dificultades, no se detuvieron porque alguien dijera pues aquí no entra el Evangelio. No se detuvieron porque alguien dijera: -Ah, pero es que esas tribus tienen un culto desde hace muchos siglos. Hay que respetarle su culto-. A ver, respeto a los seres humanos. Sí, respeto a algunos bienes culturales que son concordes con el querer de Dios, el cual se descubre, entre otras cosas, con el uso racional. Sí, eso hay que respetarlo, pero no todo hay que respetarlo. Cuando a mí me dicen, por ejemplo, a los indígenas hay que respetarles su religión, resulta que aquí en Colombia existe todavía una tribu pequeña, tribu de indígenas, que tiene la siguiente creencia si una mujer da a luz mellizos, es decir, si tiene un parto múltiple, mellizos, no sé si trillizos. Si una mujer da a luz mellizos, quiere decir, según la creencia de esa tribu, que hubo acción de un demonio y por consiguiente esos niños deben ser matados, hay que matarlos porque ahí hubo una interferencia del demonio. ¿Nos vamos a quedar entonces con esa costumbre por respetar a esa tribu? No todo lo antiguo hay que respetarlo. No todo lo ancestral hay que respetarlo. Tampoco estoy diciendo que procedamos a abusar y a imponer de una manera imperialista que eso también ha sucedido arrasando y abusando. ¡No! Eso no hay que hacerlo. Pero déjame decirte que de los que más respetaron las culturas fueron los evangelizadores. Aquí en Colombia se recuerda la obra de varios dominicos, pero debo decir en justicia que fueron sobre todo los frailes franciscanos, los que desplegaron toda la dulzura que les es propia, como heredada de su seráfico padre, a quien también los dominicos llamamos nuestro padre San Francisco de Asís. Fue tanta la dulzura y consideración que tuvieron los franciscanos en los comienzos de la evangelización en estas tierras de lo que hoy es Colombia, que fueron ellos los que compilaron las primeras gramáticas, los primeros diccionarios, los primeros estudios de las lenguas y costumbres de los indígenas. ¿Y sabe quién subsidiaba esos estudios y quién subsidiaba a esos religiosos? La Corona española. Entonces hay que tener cuidado, porque hay muchas calumnias en esto de la evangelización. Es verdad que abusadores hubo y es verdad, que se cometieron excesos. No lo negamos, pero que tampoco vengan ellos a negar el bien que se hizo. Porque además hay una cifra interesante. Cuando vinieron los llamados procesos de independencia en estas tierras, ahí se acabó el cuidado amoroso de los indígenas. Ahí se acabó el estudio de las lenguas indígenas. Averígüelo y verá que no estoy diciendo mentiras. Cuando muchos de aquellos gobiernos marcados por la masonería, marcados por el agnosticismo, cuando esos gobiernos subieron al poder, se caracterizaron por un absoluto desinterés, cuando no opresión de multitud de tribus indígenas, lo que no había sucedido con la corona española. Hay que ser justos en las palabras y uno no tiene por qué aceptar acusaciones que son falsas. ¿Hubo excesos? Sí, sí. ¿Hubo explotación? Sí la hubo. Y en bastante escala, en gran escala. ¿Fue todo negativo y perverso? No, ni aquí ni en otras partes. Se necesita ser mexicano, que yo no lo soy. Y se necesita haber estudiado mucho para poder describir en justicia todo lo que hicieron las comunidades religiosas en multitud de lugares de lo que hoy es México y de lo que son algunos de los estados de Estados Unidos, es decir, la zona de Nuevo México, de Arizona, de Nevada, de California. En todos esos lugares estuvieron de modo heroico, con un amor sin límites hacia esos religiosos, digo religiosos con un amor sin límite hacia esos indígenas. Entonces no permitamos que se eche barro sobre esa memoria histórica preciosa. ¿Por qué hemos llegado a hablar de esto? Porque queremos tomar en serio lo que dijo Cristo: "Hagan discípulos", -hagan discípulos, hagan discípulos-. Y ese es deber que todo cristiano debe pensar. El respeto que tenemos al ser humano, no debe ser respeto a lo que daña al ser humano y al ser humano lo daña la idolatría. ¿Por qué? Porque lo aparta de su verdadero destino. Si tú en tu universidad, en tu colegio, en tu trabajo, en tu oficina, si tú donde estás, Estás rodeado de gente que desconoce a Cristo, que le da la espalda a Cristo. ¿Cómo es que no te duele el alma? Tiene que dolerte tu corazón de pensar todo lo que ellos están perdiendo y de pensar cuán poco le importa a tantas personas que esos bienes no alcancen para esas personas, para esos que desconocen al Señor. Entonces, esta fiesta bendita de la Ascensión es fiesta de contemplación para mirar la gloria de Jesús, para mirar la hermosura de Cristo, para mirar el triunfo de Cristo, pero de ahí tomar fuerzas para volver nuestra mirada luego a nuestros hermanos y decir El Evangelio ha de llegarles, porque ellos también lo merecen. Una última anotación quiero hacer sobre esto de llevar el Evangelio, mis hermanos. Llevar el evangelio es llevar el evangelio completo, no una parte. Por eso también hay que predicar las palabras incómodas de Cristo. No me estoy inventando nada. Mira lo que dice el Evangelio, dice: "Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado", -Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado-. También lo incómodo, también lo difícil. Evangelizar no es únicamente pensar a como son niños, no se les puede hablar de temas de pecado, ni de temas de juicio final, ni esas cosas son niños. No les podemos hablar de eso. Y si son jóvenes, no entremos en temas que son incómodos para los jóvenes, porque hoy los jóvenes pues no van a admitir lo que dice la Iglesia sobre la homosexualidad o sobre tantos temas. No hablemos de estas cosas. ¿Qué dice el Evangelio? ¿Le voy a hacer caso al Evangelio o a quién le voy a hacer caso? ¿Cristo es mi Señor o no es mi Señor? Esa es la pregunta que tengo que hacerme. Ahora, el hecho de que uno vaya a predicar todo el Evangelio no quiere decir que uno tenga que ser brusco, ni tenga que ser irresponsable, ni apresurado, ni arrogante. Y en todos esos pecados también cae uno. Necesitamos por eso, como antes dije, de aquellos países que se cierran a la gracia de Cristo. Necesitamos orar mucho, necesitamos pedirle a Dios luz. ¿Cómo hago para llegarle a esta persona que se ha apartado de Dios? Porque comete sin cesar tal o cual pecado? Y seguramente que si yo entro y lo primero que hago es atacar ese pecado, tal vez no es lo más prudente. Tengo que pedirle a Dios gracia y luz. Tengo que pedirle Señor, ¿Qué hago? ¿Qué hago? Pero lo que no puedo hacer es descartar una parte del Evangelio. Lo que yo no puedo hacer es tachar una parte del Evangelio. Lo que yo no puedo hacer es decir, -Esa parte como que ya no vale hoy. . . yo la voy a quitar, como que eso no vale, eso no importa-. Yo no puedo hacer eso, yo no puedo contradecir a mi Señor. Y mi Señor me habló muy claro, dijo: -Todos los pueblos, y dijo, todo el evangelio-. Así que esta hermosa fiesta, esta preciosa fiesta de la ascensión, es un motor, Es un motor que nos pone en camino. Es un motor que nos llama a la hermosísima tarea de difundir la Palabra de Dios. ¡Así sea!

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