Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestro corazón al ascender con Cristo se centra en lo esencial y recordemos que Él no ha renunciado a su señorío, que no ha dejado de reinar y que ha recibido todo poder en favor de nosotros.

Homilía aasc013a, predicada en 20200524, con 6 min. y 15 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

Este es el domingo de la Ascensión del Señor y hay dos ideas preciosas que aparecen en las lecturas de hoy. En primer lugar, aquello de que Cristo asciende y con él ha de subir también nuestra mirada, nuestra esperanza y nuestro amor. En segundo lugar, que Cristo, como dice la carta a los Efesios en el texto de este domingo, y como dice el Evangelio según San Mateo, también para este domingo, Cristo ha recibido todo poder y potestad. Está por encima de todo principado, poder, soberanía, no solamente de la tierra, sino incluso de los cielos.

Son los dos pensamientos luminosos que pueden acompañarnos en este Domingo de la Ascensión. Primero: Aquello de levantar la mirada. Observemos que cuando una persona está triste o se siente derrotada, fácilmente su mirada cae al suelo. Por el contrario, cuando una persona se siente fuerte y esperanzada, sus ojos se levantan y brillan. Levantar la mirada tiene tanto significado, porque no solamente es levantarnos de nuestras derrotas. Eso te lo puede decir cualquiera, es levantarnos a la altura de sus victorias, las de Cristo Jesús.

Observemos que en la Santa Misa siempre se nos dice: -Levantemos el corazón-. Y la respuesta que da el pueblo creyente es: -Lo tenemos levantado hacia el Señor-. Así es como ha de vivir el cristiano con el corazón levantado hacia el Señor. Cuando le damos demasiada importancia a las cosas de esta tierra, a los intereses de esta tierra, a los imperios y poderes de esta tierra, se nos olvida que tenemos que vivir con el corazón levantado. San Agustín quería que nosotros nos preguntáramos con frecuencia: -Quid hoc ad aeternitatem-. ¿Esto qué tiene que ver con la eternidad?- Si utilizamos ese criterio, que es una manera hermosa de levantar nuestros ojos, de levantar nuestra mirada a la victoria de Cristo, seguramente vamos a tener muchas menos riñas, muchas menos divisiones, vamos a llevar una vida mucho más tranquila, porque nuestro corazón cuando sube con Cristo, se centra en lo que es realmente esencial. Pensemos, decía otro gran santo, "Pensemos en vivir como vamos a morir". Eso lo decía San Antonio Abad predicando a sus monjes.

Lo que no te va a servir a la hora de morir, posiblemente tampoco te está sirviendo mucho a la hora de vivir. Entonces, a la hora de morir, ¿Qué tanta importancia tendrán puestos, aplausos, prestigio, acumulación de riquezas? Sí, es verdad. Hay que atender a las necesidades de la hora presente, pero volvernos esclavos, llegar al punto de volvernos esclavos de las cosas de esta tierra no es justo. Y sobre todo, no es justo para un cristiano que tiene una esperanza mejor, como dice la Escritura en más de un lugar. Así que lo primero es levantemos el corazón.

Y lo segundo es, Cristo ha recibido todo poder, toda potestad. Este pensamiento nos invita a no tomar nosotros una actitud de excesivo protagonismo. Me gustó mucho cuando llegó aquel momento que tuvo que haber sido dramático de la renuncia al pontificado. Estoy hablando del Papa Benedicto XVI, cómo él muchas veces encontró sosiego diciendo- Es que la Iglesia no es mía-, la Iglesia no es del Papa, ni de este Papa, ni de ningún Papa. La Iglesia es de Cristo y Cristo en ninguna parte ha escriturado. Ha entregado la Iglesia a nadie, a nadie. Ese tipo de pensamientos nos ayudan mucho.

También se dice de Juan XXIII que tenía una cantidad de preocupaciones. Estaba muy intranquilo por muchas cosas que pasaban en la Iglesia, y es que hay mucho de qué preocuparse. Ciertamente no le estamos quitando importancia a las cosas, pero se dio cuenta, Juan XXIII se dio cuenta: -Un momento, pero esto, ¿De quién es?, ¿Esto de quién es? Es decir, sí tenemos que hacer lo que tenemos que hacer. Pero tenemos que recordar que hay uno que es Señor y que Él no ha renunciado a su señorío, que Él no ha dejado de reinar y que ahora, sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso, ha recibido todo poder también en favor de nosotros que le amamos y creemos en Él.

Así que quedémonos con esos pensamientos. Levantar la mirada para no dar excesiva importancia a las cosas y fijarnos en el poder de Cristo para tampoco darnos demasiado protagonismo nosotros.

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