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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo en su ascensión nos envió a ir al encuentro, hacer discípulos, bautizar y enseñar; testamento que marca nuestra vida de creyentes hasta el fin de los tiempos.
Homilía aasc011a, predicada en 20170528, con 5 min. y 37 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Este domingo corresponde al número seis del tiempo Pascual. En muchos lugares, sin embargo, la solemnidad propia de este día es la ascensión del Señor. Hay también unos pocos sitios donde se acostumbra celebrar la Ascensión el jueves anterior a esta fecha. ¿Qué nos enseña la Ascensión? Bueno, nos enseña la plena reconciliación entre nuestra humanidad ya resucitada en la persona de Cristo y la gloria de Dios Padre. Pero yo quisiera que hoy nos centráramos en lo que nos propone el evangelio, el gran mandato misionero que se encuentra en el último capítulo de San Mateo, es decir, el capítulo número 28. Hay cuatro verbos que describen el mandato misionero que Cristo resucitado y pronto a ascender, da a sus discípulos. Les dice que vayan. Les dice que hagan nuevos discípulos. Les dice que bauticen y les dice que enseñen. Estos cuatro verbos tienen, por supuesto, una enorme importancia para nosotros como creyentes y para la Iglesia Católica como tal. Podemos decir que estos cuatro verbos son el programa de la Iglesia. Mirémoslos entonces brevemente. Les dice que vayan. Que se pongan en camino. De hecho, la palabra apóstol viene de un verbo griego "Apostello" que quiere decir enviar. Y si lo miras bien, el verbo enviar quiere decir poner en la vía, poner en camino. La Iglesia, como bien lo ha descrito el Papa Francisco, está llamada desde sus orígenes a ser una Iglesia en salida, una Iglesia que sale de su comodidad, una Iglesia que sale de su egoísmo. Una Iglesia que sale de su pecado. Una Iglesia que sale de su pereza. Pero sobre todo, una Iglesia que va al encuentro del ser humano con un mensaje que viene de Dios. Somos, como lo describió el Concilio Vaticano II, sacramento universal de salvación. La Iglesia entera es como un sacramento. La definición de sacramento es: -Aquel signo sagrado que es instrumento propio de la gracia según voluntad de Jesucristo-. Y podemos decir que la Iglesia en su conjunto es como un inmenso sacramento, porque es señal del amor divino y del poder redentor que viene de Dios Padre, que se manifiesta en Jesucristo y que quiere alcanzar a todos. Por eso el primer verbo hay que salir, hay que ir, hay que ponerse en camino. No basta con decir nosotros somos salvados y el que quiera que venga aquí. El Papa Francisco lo describe de una manera muy clara, por ejemplo, con el sacramento de la Confesión. Está muy bien que nosotros tengamos horarios de confesión. Está muy bien que recibamos a las personas, pero no podemos limitarnos a los despachos parroquiales. Es necesario ir al encuentro de muchos que se han desentendido completamente del mensaje del evangelio. El segundo verbo es hacer discípulos. Hacer discípulos significa ganar corazones para Cristo. Hacer discípulos significa mostrar la belleza, la verdad y la bondad que están en Jesús y que sin duda son capaces de cautivar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Hemos de mostrar esa hermosura primero en nuestra propia vida y luego también en nuestras palabras. Muchísimas personas se han apartado de Dios por prejuicios relativamente tontos. A medida que vamos quitando esos prejuicios, a medida que vamos despejando el camino y mostrando la hermosura de la gracia, estamos ganando corazones para el Señor, para que también ellos quieran ser discípulos de Cristo. Ese discipulado se concreta en la vida de los sacramentos y es aquí donde aparece el tercer mandato bautizar. No hay una oposición entre evangelizar y bautizar. Más bien el bautismo. La vida sacramental es algo así como la culminación de un proceso de evangelización. Cuanto más seria, cuanto más profunda, cuanto más luminosa sea la obra de la evangelización, también será profunda, luminosa y seria la vivencia de los sacramentos. Y después de que la gente esté bautizada, ¿Podemos ya desentendernos? ¡No! Cristo dice: Hay que enseñar, enseñar todo lo que Él nos ha dado. Y yo me atrevería a decir todo lo que nos sigue dando a través de la gracia del Espíritu Santo. Estos cuatro verbos, entonces, son el testamento que Cristo en su ascensión nos deja el día de hoy. Y son los verbos que han de marcar la vida de nosotros como creyentes hasta el fin de los tiempos.

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