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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una de las experiencias humanas más tempranas y profundas: la de buscar el bien "arriba" sirve de fundamento a la enseñanza que Cristo nos da con su ascensión.
Homilía aasc010a, predicada en 20140601, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
La infancia es el camino por el que todos entramos en esta aventura, en este camino, en esta tarea que se llama vivir. Y las experiencias de la infancia tienen entonces un lugar y tienen una importancia que luego no es igualada por otras experiencias. Así, por ejemplo, la persona que en su infancia recibe amor y recibe seguridad, también con ello recibe cimiento para toda su existencia. Aquel, en cambio, al que le faltan estos elementos, con mucha probabilidad va a padecer toda su vida de serias deficiencias. Pues bien, una de las experiencias más profundas y más continuas, sobre todo de la infancia, es el hecho de empezar recibiendo. Ninguno de nosotros empieza la vida trabajando, ganándose el pan de cada día, ganándose el reconocimiento o el descanso. Recibimos el descanso, recibimos el alimento y recibimos también el reconocimiento. Y de niños, particularmente de bebés. Este reconocimiento viene siempre de arriba. Es apenas natural. Como somos pequeños, todos tenemos que recibirlo de arriba. Y por eso una de las bases de nuestro lenguaje corporal es que aquello que está más arriba es más fuerte, es más importante, es mejor. Y esto queda tan profundamente grabado en nuestro corazón, en nuestra mente, que luego se refleja en el lenguaje para decirle a una persona, por ejemplo, que tiene derecho a esperar algo mejor, le decimos: -Sube tus expectativas- Para invitar a unos estudiantes a que sean más aplicados; seguramente se les dice: -Hay que ascender en el escalafón, hay que mejorar nuestros resultados, hay que subir en la tabla de resultados-. Es un lenguaje que está escrito en lo más profundo de nuestra mente, porque es algo que hemos vivido continuamente en la infancia. Siendo niños aprendimos que no era buena idea buscar pelea a un niño que fuera mucho más alto, porque si es más alto seguramente va a ser más fuerte y muy probablemente voy a perder. Este lenguaje es el que Cristo, de un modo hermosísimo, utiliza en el pasaje del evangelio de hoy. Entre las muchas apariciones del Resucitado hay una en que Cristo ha querido utilizar el lenguaje direccional para indicarnos en dónde está nuestra verdadera vocación. Por eso nos dice también el apóstol San Pablo: "Buscad los bienes de allá arriba". Cristo nos dijo alguna vez: "Hay que ser como niños", y si nosotros somos como niños; y Pablo nos dice que hay que buscar los bienes de allá arriba y Cristo asciende hacia los cielos, fíjate cómo el lenguaje se complementa perfectamente. Para indicarnos en dónde está la fuente de la bondad, en dónde está la fuente de la belleza, en dónde está la fuente de la misericordia, en dónde está el realmente poderoso; y a dónde tenemos que mirar nosotros. Amigos, dejémonos cautivar por este lenguaje, dejémonos cautivar por este Cristo, para fijar con Él nuestra mirada en lo alto y para reconocer, reconocer con alegría cuál es nuestra vocación más pura y en dónde está nuestra genuina plenitud.

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