Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Mateo insiste, aun más que otros evangelistas, en presentar a los discípulos no como quienes sostienen el recuerdo o el proyecto de Cristo, sino como aquellos que son sostenidos por la fuerza de su victoria definitiva.

Homilía aasc008a, predicada en 20110605, con 6 min. y 51 seg.

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Transcripción:

La fiesta de la Ascensión la tenemos todos los años, pero esta fiesta cambia de evangelio según el ciclo en el que uno se encuentre. Como sabéis, en nuestra iglesia hay tres ciclos para los domingos que se llaman A, B y C. El ciclo A corresponde a este año en el que estamos dos mil once, el año entrante dos mil doce será Ciclo B, el dos mil trece ciclo C y luego vuelve a empezar para el dos mil catorce A y luego B y luego C sucesivamente. El ciclo A toma sus lecturas del Evangelio según San Mateo; el B de San Marcos y el ciclo C de San Lucas.

Hay algo interesante en la fiesta de la Ascensión en el ciclo A, y es que hay como una insistencia en que a los discípulos les costaba mucho trabajo salir del escándalo, salir de la depresión, salir de la derrota de la Cruz. Podemos decir que en esta fiesta de la Ascensión, en el ciclo A como que se despliega, como que se expone con mayor amplitud, que es: Cristo el que nos sostiene a nosotros. No somos nosotros los que sostenemos el ideal de Cristo, no somos nosotros los que sostenemos la memoria de Cristo o el recuerdo de Cristo. Es Él el que nos sostiene a nosotros, la fuente de la vida está en Él, la victoria reside en Él, y Él, aunque se eleva glorioso para sentarse a la diestra del Padre, no nos abandona.

Es lo que aparece especialmente en el Evangelio: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" . Y esta es una verdad que uno tiene que repetirse, porque la vida tiene muchas clases de días; hay días buenos y días malos. Hay días en que uno se siente el rey y hay días en que uno se siente miserable. Pues bien, todos los días ahí está Cristo conmigo.

Nunca debo sentirme tan alto que se me olvide que soy siervo de Jesucristo, pero nunca debo sentirme tan bajo que se me olvide que Él derramó su sangre por mí. Nunca debo sentirme tan vano que se me olvide que fue su Cruz la que me levantó, pero nunca debo tomarme tan en serio que yo crea que fui yo quien se redimió. Así, en el recuerdo, en la certeza de la presencia de Jesucristo, tenemos nuestra victoria. Y esta es la primera idea para este domingo de la Ascensión en el ciclo A. -Es Cristo quien me fortalece-.

En la vida hay muchas luchas y hoy más que nunca parece que la fe cristiana aparece ridiculizada, aparece contestada, aparece incluso atacada, a veces con agresión, a veces con indiferencia. Yo quiero decir a todos, pero especialmente a los más jóvenes, que es una alegría ver tantos aquí. Yo quiero deciros cuando llegue el hielo de la indiferencia frente a la fe, o cuando os pongan en ridículo por creer en Cristo, o cuando parezca que la fe es un estorbo, que no te deja ser feliz, porque así te lo van a hacer creer, ese es el momento de recordar que tu fuerza no está en primer lugar en ti, sino que tu fuerza viene de Él.

Ese es el primer punto, el segundo punto que quisiera recordar es que el Señor Jesús sube, pero en su ascenso hay una promesa y eso es lo que aparece en la primera lectura. Y la promesa es: "Aguardad, porque dentro de pocos días seréis bautizados con el Espíritu Santo" . Es decir, el ascenso de Cristo viene como compensado o tiene su contraparte en el descenso del Espíritu. Por supuesto, no es que Dios dependa de este lenguaje de arriba , abajo, derecha , izquierda. Esas son maneras de hablar propias de nuestro espacio tridimensional, pero nos enseñan algo en medio de su simbolismo.

El descenso, la efusión del Espíritu, es el fruto propio de la Ascensión. Si la ascensión completa y perfecciona la resurrección, porque se trata precisamente de llegar hasta Dios. Pues quiere decir que se ha abierto el puente, que se ha abierto la puerta, como hermosamente decía: la monición de entrada, y que ahora que ya hay un camino abierto, entonces puede venir ese torrente de vida, puede venir esa fuente de gracia que es el Espíritu.

Dicho de otra manera, lo que ha hecho Cristo con su sacrificio, lo que ha hecho Cristo muriendo en la cruz es quitar el estorbo, quitar el bloque, quitar la muralla que nos separaba de Dios. Y ese bloque, esa muralla, era el pecado. Pero ese camino abierto es para que transite por el Dios, trayendo a nosotros el Espíritu y nosotros siguiendo el camino de Cristo hacia el Padre.

Entonces, son las dos ideas de hoy. A ver: la primera, que Cristo está conmigo en el día bueno, en el día malo, cuando podemos celebrarlo con fuerza, aclamarlo y cantarlo y también el día en que uno se siente solo o se siente ridículo, siente que no vale la pena, siente que la fe es un estorbo. En ambos casos, Jesús está conmigo, es mi lámpara, es mi estilo, es mi manera. Jesús es mi manera, es mi estilo, es mi líder.

Y segundo, que Cristo ha subido, abriendo camino para que venga esa fuerza del Espíritu. Así que esta fiesta de la Ascensión ya nos prepara de modo muy inmediato a la gran fiesta de Pentecostés, que estoy seguro estáis preparando para vivirla a fondo, con gozo, con gran apertura de alma, para que el Señor, con la donación de su Espíritu, os colme de carismas, os colme de poder, os colme de alegría. Esa alegría que nadie puede quitarnos.

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