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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo gobierna toda nuestra vida en el tiempo y en la eternidad.
Homilía aasc005a, predicada en 20020512, con 29 min. y 37 seg. 
Transcripción:
Queridos amigos. Todos los años celebramos la fiesta de la Ascensión. Pero cada año las lecturas cambian de acuerdo con el ciclo litúrgico. Hay tres ciclos. En las lecturas de los domingos se les nombra con las letras del alfabeto ciclo A, B y C. Este año, por ejemplo, estamos en el ciclo A y por eso la inmensa mayoría de las lecturas del domingo están tomadas del Evangelio de Mateo. El año entrante será el ciclo B y escucharemos a Marcos y luego el siguiente año el ciclo C. De esa manera la Iglesia, que es madre y que es maestra, quiere que nosotros nos alimentemos mejor. A este deseo de la Iglesia debe corresponder un deseo nuestro de atender no solo la fiesta que se celebra, sino cómo se celebra, es decir, qué particularidad tiene, qué gracia especial tiene cada año, cada ciclo de lecturas. Estamos en el ciclo A, estamos celebrando la ascensión del Señor. La lectura del Evangelio fue tomada del final del texto de Mateo y es hermoso hacer el contraste entre la fiesta que celebramos y el mensaje que nos da Mateo. Cristo ya resucitado, dice dos cosas básicamente a los discípulos: "Se me ha dado pleno poder. . . -Y en segundo lugar- . . .estoy siempre con ustedes". Es una cosa bien interesante y bien bella. Celebramos la Ascensión de Cristo y celebramos que Cristo se queda. Esa es la gracia particular que tiene el ciclo A. Esa es la gracia propia de este año. Descubrir cómo Cristo asciende y sin embargo permanece. Cristo se eleva y sin embargo queda. Y esa es la vida cristiana; estar con Cristo en los cielos, como nos enseña San Pablo, que llega a decir en la carta a los Efesios: -Ya nos sentó con Cristo a su diestra. Ya estamos con Él-. Y al mismo tiempo, reconocer a Cristo presente en nuestra historia, "Está con nosotros, -dice aquí- hasta el fin de los tiempos". Celebramos la ascensión de nuestro Señor Jesucristo, pero no el alejamiento de nuestro Señor Jesucristo. Celebramos la ascensión de nuestro Señor Jesucristo, pero no la despedida de nuestro Señor Jesucristo. Celebramos la ascensión de Cristo, pero no el adiós de Cristo. El objetivo de la Ascensión. El propósito de esa maravillosa experiencia que tuvieron los discípulos no era darle una despedida espectacular o cariñosa a sus seguidores. Jesús no se está despidiendo, Jesús está evangelizando. Está mostrando cuál es el desenlace de la vida cristiana. Está mostrando cuál es el destino propio de su Evangelio. Está mostrando cuál es la meta a la que nosotros somos llamados. Ya antes, según el Evangelio de Juan, les había dicho: "Me voy a prepararles un lugar". Cristo no se va para separarse de nosotros. Cristo se va como una manera pedagógica, podríamos decir, una manera adaptada a nuestra necesidad para mostrarnos cuál es el desenlace, cuál es la victoria que Él ha logrado para nosotros. Ese es el misterio que celebramos hoy. El Evangelio de Mateo en estos últimos versículos nos dice dos cosas, Cristo dice: "Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. . . -Y dice . . . Estoy siempre con ustedes hasta el fin de los tiempos". Juntemos esas dos ideas. Está siempre conmigo y tiene pleno poder en el cielo y en la tierra. -Está siempre conmigo. Tiene pleno poder-. Juntemos esas dos ideas. ¿Qué nace en nuestro corazón? ¡¡¡Alegría, bendición, alabanza, esperanza, fortaleza!!! Está siempre conmigo y tiene pleno poder ¡¡Alegría, alabanza, bendición, esperanza, fortaleza!! Está conmigo y tiene pleno poder. Es otra manera de enunciar lo que antes decíamos. . . se fue al cielo, está a la diestra del Padre. ¿Qué significa eso? Tiene pleno poder, pero se queda con nosotros. Está a nuestro lado, está a favor de nosotros. Hermanos, para vivir la vida cristiana necesitamos esas dos afirmaciones. Él está conmigo. Él tiene pleno poder. No nos quedemos solamente en el poder que Él tiene. Él tiene ese poder y está a mi lado. No nos quedemos solo diciendo que está con nosotros si no creemos en el poder que Él tiene. Vamos a sacar brevemente unas consecuencias de juntar estas dos frases del Evangelio de Mateo. En la fiesta de la Ascensión ciclo A. Primero. Si yo estoy con Él, si Él está conmigo, y si Él tiene pleno poder. Todo, todo lo que sucede en mi vida, entiéndalo yo o no lo entienda todo es gobernado por Jesucristo, todo es gobernado por Él. Todo. ¿Y si me ponen una bomba y destruyen mi casa? Si me secuestran a un pariente. Si me dicen que tengo un cáncer. Todo es gobernado por Él. Todo, Él tiene pleno poder. Todo es gobernado por Él. Todo. Yo a veces entiendo y a veces no entiendo. Pero Él siempre gobierna. No es que Cristo gobierna cuando yo entiendo y Cristo deja de gobernar cuando yo no entiendo, Él siempre gobierna. Su poder no lo entrega a nadie. Él es el Señor siempre, siempre, siempre. A veces yo entiendo, a veces me gusta, a veces puedo explicarlo, otras veces no puedo explicarlo, Otras veces no lo entiendo y otras veces no me gusta, pero Él siempre gobierna mi vida. Esta afirmación aparece más de una vez en la Biblia. Está también en la carta de Pablo a los Romanos. "Todo, todo, todo concurre para el bien de aquellos a quienes Dios ama". Es lo mismo que estamos recordando hoy, todo. Hermanos: Entregar nuestra vida a Cristo, entregarla a su Señorío, es el único principio posible para la paz del corazón. Es el único principio posible para sacar lo mejor de las bendiciones que Él nos ha dado y ponerlas a trabajar para su gloria y para el bien de la sociedad y del mundo. Esa es la primera consecuencia. Todo está gobernado por Él. Todo. Obviamente surge la pregunta del mal y la pregunta del pecado. Obviamente; ¿Qué vamos a decir frente a tantos crímenes en contra de inocentes; empezando por el crimen que atenta contra los más inocentes, el crimen del aborto, pero también el terrorismo y tantos otros? ¿Cómo puedo yo creer que Dios gobierna también en esos momentos? ¿Cómo puedo yo creer que Dios está ahí en esos momentos? Es la pregunta que azota nuestra mente de muchas maneras. Pero hermanos. Si Cristo gobierna nuestra vida, es que gobierna toda nuestra vida. Esa es la segunda enseñanza. ¿Y a usted hasta cuándo le dura la vida? ¿Hasta que estalle un petardo? Hasta que lo atraquen y lo asesinen? ¿Hasta que el cáncer diga te mueres ya. Cristo gobierna toda tu vida. Y si no lo sabías, la mayor parte de tu vida se llama la eternidad. Uno no puede creer en que Dios gobierna todo si mira solo a esta tierra y a esta vida. Seamos claros. No hay manera de resolver eso. No hay manera. Los niños que fueron despedazados por la bomba en Bojayá. ¿A qué horas van a experimentar el amor de Dios en esta tierra? Experimentaron crueldad absurda, odio inicuo. Pero, mis hermanos. Si decimos que Cristo gobierna toda nuestra vida, es toda en el tiempo y en la eternidad. Te pido que declares a Jesucristo, Señor, de tu eternidad. Te pido que declares a Jesucristo, Señor, de tu destino eterno. Te pido que salgas de la herejía práctica que invade al mundo, -Escapar de esta generación perversa-. Decía San Pedro. Te pido que dejes esa herejía práctica, esa que nos hace mirar solo la vida aquí en esta tierra, en esta materia y en estos tacaños años. Hermanos, Cristo es Señor de toda nuestra existencia. El plan de Dios no se detiene por un atraco, por un secuestro, por una bomba, por Alzheimer, por el cáncer. El plan de Dios no se detiene. Por ello. El plan de Dios para ti incluye la eternidad, porque Dios te creó para vivir eternamente, para existir eternamente. Eso no significa hacernos pasivos en la lucha contra la maldad o contra la injusticia. Nosotros tenemos que dejar que el señorío de Cristo empape nuestra conciencia, impregne nuestra voluntad, de manera que obremos siempre con responsabilidad de ciudadanos y de cristianos. Yo no estoy invitando a la pasividad ciudadana o al conformismo cristiano, pero sí estoy invitando a que salgamos del materialismo y del ateísmo práctico que nos lleva a negar toda esa porción, la más importante de nuestra existencia, que se llama la eternidad. Declara a Cristo, Señor de tu eternidad, y descubre que más allá de un accidente, más allá de la maldad de los hombres, más allá de la crueldad de las enfermedades, hay un hilo de amor que nunca se rompe. Hay un hilo de amor que nunca se rompe, y el primero que demuestra eso es Cristo, con la manera como padeció en la cruz, como fue llevado al sepulcro, como resucitó gloriosamente y como ascendió solemnemente, hay un hilo de amor que nunca se rompe. Pero esto solo se entiende declarando a Cristo Señor de la eternidad. Y la tercera y última consecuencia que sacamos de unir estas dos frases es la siguiente: Amigos, si decimos que Cristo es el que gobierna todo en nuestra vida, decimos también que el que gobierna es Él, no nosotros, no nosotros. ¿Qué quiero decir con esto? Amigos, muchas veces Dios tendrá que contradecir nuestra voluntad para buscar lo mejor, lo mejor para nosotros muchas veces tendrá que contradecir nuestra voluntad. Muchas veces tendrá que interrumpir nuestros planes. Muchas veces tendrá que dejar aparentemente sin respuesta nuestras lágrimas y nuestras plegarias. En esos momentos la fe se pone a prueba, la esperanza se tensa y el amor siente el viento helado de la duda ¡¡¡Pero es en esos momentos donde se forman los verdaderos cristianos!!! Ahí. Muchas veces Dios tendrá que contradecirnos porque nosotros no nos las sabemos todas. Luego habrá algunas que Él conoce mejor que nosotros y habrá algunos planes que Él tiene que decir. Muy lindo tu plan, mi niño amado, muy lindo. Pero no es por ahí mi niño. No es. Muy hermosa tu idea. Muy bonito tu sueño. Pero no es. Qué responsabilidades las que trae esta fiesta de la Ascensión. Qué responsabilidades. Celebrar la ascensión no es solamente darle un aplauso a Cristo porque subió y porque lo hizo, y porque lo logró, y porque esa no la había hecho nadie. Celebrar la Ascensión es reconocerlo a Él como Señor de la existencia en las buenas y en las malas, como se dice en el matrimonio. Y es reconocer entonces, y esta es la parte más dura, pero es la más bella también. Es reconocer lo que les voy a pedir que digamos en el corazón. Hoy, Señor, te doy permiso de contradecir mis planes. Sí, habrá gente aquí capaz de decir esa frase. Señor, te doy permiso de contradecir mis planes, mis planes. Imagínate yo que soy un genio. Un genio González, un genio, Pérez. Yo, que todo lo pienso bien, te doy permiso de contradecir mis planes. Te doy permiso, señor, de tomar la ruta que yo no hubiera tomado. Te doy permiso de cambiarme la plana y te doy permiso no porque yo no pueda pensar, al contrario, yo trato de pensar lo mejor posible. Te doy permiso. No porque yo no pueda obrar, al contrario, trato de obrar lo mejor posible, sino te doy permiso porque me has convencido, Jesús, me has convencido de que tus planes, tus ideas, tu verdad, es más grande que la mía. Y yo te reconozco como Señor glorioso de mi existencia y me entrego a tí. Vamos a suponer que una persona me hace caso, que no es a mí, sino a la Sagrada Escritura en este caso, una persona es obediente y dice la frase: -Señor, en esta noche, muerto de miedo, te doy permiso de contradecir mis planes-. La primera vez lo decimos muertos de miedo, porque contradecir los planes puede ser muchas cosas. No todo lo tuyo tiene que funcionar. No todo lo tuyo tiene que salir bien, no todo. Imagínate que tú le dijeras eso al Señor y fíjate que no es otra cosa sino lo que decimos en el Padrenuestro Yo no estoy predicando nada nuevo, ¿No? -Hágase tu voluntad-. Es lo mismo. Pero hoy lo estamos poniendo un poquito dramático. Señor, te doy permiso de contradecir mis planes. ¡Ay lo dije! Al otro día, Señor. Te doy permiso de contradecir mis planes. Y al otro día. Y así y todo, parece ir muy bien. El vecino de enfrente es otro cristiano que va mucho a misa, que reza El Santo Rosario ama entrañablemente a la Virgen, pero nunca le ha dicho a Dios: -Te doy permiso de contradecir mis planes-. Es un cristiano que reza el Santo Rosario, pero no se da cuenta de que hay una frasecita que la decimos cinco o seis o siete veces en el Rosario: "Hágase tu voluntad". Este cristiano reza, va a misa, pero nunca dice esa frase, mientras que el vecino de enfrente ese si dice la frase. Ahora vamos a ver cual es la diferencia. Uno de estos cristianos no es como los otros, es diferente de todos los demás. Ahora miremos qué les pasa a esos dos cristianos. Un día un tornado arrasa con la casa de ambos. O un día le tienen una noticia. Señor, lo lamento, pero a sus ochenta y dos años, usted tiene Parkinson galopante. O un día, a uno de los dos o a los dos le secuestran los hijos. O un día algún canalla pone una bomba y despedaza vidas o bienes de ambos. Y ahora pregunto yo. ¿Cuál de estos dos cristianos es diferente de todos los demás? ¿Cuál de estos dos cristianos va a reaccionar de una manera diferente? Solo el que esté acostumbrado a decir te doy permiso de cambiar mis planes. ¡¡¡Solo ese cristiano permanecerá firme, inconmovible. Solo él!!! El que se haya acostumbrado a decirle a Dios te doy permiso de cambiar mis planes, permanecerá. Ustedes me dirán ¿Y puede saberse dónde se consigue esa gente? Aquí cerquita tengo una imagen bellísima de la que es maestra en ese estilo, una imagen lindísima de la Virgen. Élla, ella, ¡¡¡Élla es la experta en decirle a Dios!!! "No comprendo. . . " Porque así dice el Evangelio de Lucas: -Que había muchas cosas que no entendía-, por ejemplo, cuando se les perdió en el templo, semejante angustia. Y luego le dice Jesús: "¿No sabías que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?" Y Esta quedó como sin entender. Dice el Evangelio. Ella, Ella. Bendita. Bendita santa, bella maestra. Élla nos enseña eso. Ella, Ella. Y por eso el Evangelio de Juan nos dice: Crucificaron a Cristo. Está Cristo azotado, humillado, escupido, llagado, crucificado, coronado de espinas. ¿Y qué nos dice el evangelio de Juan? De pie junto a la cruz estaba María, estaba la Madre del Señor. ¿Cómo pudo permanecer de pie? ¿Por qué ella no se derrumba? ¿Por qué ella no se deshace en ansias de venganza? ¿Por qué ella no clama venganza del cielo? ¿Por qué no se enloquece? ¿Por qué está ahí de pie? ¿Por qué no se resiste? Porque su corazón tenía una costumbre, un bello hábito. El hermoso hábito de darle permiso a Dios para que le cambiara los planes. Y no era la primera vez que le sucedía. Habiendo hecho con toda probabilidad un compromiso virginal junto con José. ¡Qué camino tan nuevo por el que los llevaba el Espíritu Santo! Un voto virginal de ella y de José, habiendo tomado esa decisión y viviendo en santo matrimonio. Eso era lo que ella pensaba. Ese era el plan de Élla. Pero he aquí que un ser celestial, el arcángel Gabriel, llega y le dice: "Vas a ser mamá" Eso no estaba, parece, no estaba en el plan de Élla. Porque ella dice: "¿Y cómo será eso si no conozco a varón?" Esa pregunta sobraba. Si ella hubiera tenido pensamiento de convivir y tener relaciones con José. Esa pregunta sobraba. Vas a ser mamá. Eso es referente al futuro. Luego, si Ella hubiera tenido pensamiento de convivir y tener relaciones con José, Ella no hubiera tenido que preguntar nada. Ah, pues claro, voy a ser mamá normal. Me caso con José, tengo relaciones con él y soy mamá. Pero Ella pregunta, -¿Por qué un plan de Ella lo estaba cambiando Dios?- Cómo es de lindo ver a María que tiene un plan tan santo, un plan inaudito, un plan que no tiene antecedentes en el Antiguo Testamento. Tiene un plan maravilloso, un camino virginal que más parece de ángeles que de hombres. Y en esas aguas nuevas navega María cerca de José, y allá le llega la voz de Dios para decir Tu plan es bello, pero te tengo otro plan mejor. Tú querías el camino inusitado de la virginidad. Yo te tengo el camino insólito, el camino jamás escuchado de la maternidad virginal. ¡Qué lindo! Dios le cambió un plan bello por uno bellísimo y le cambió un plan santo por un plan santísimo y le cambió un plan puro por un plan purísimo. ¡Qué linda es María! Y ya sabemos cuál es la respuesta de Élla "¿y cómo será esto?" Pregunta. El ángel le dice: -El Espíritu vendrá sobre ti-. Y María responde pues "Aquí está la esclava del Señor". María se deja cambiar los planes siendo una niñita, siendo una jovencita, deja que su vida la gobierne Dios. María estaba acostumbrada desde ese momento, treinta y tantos años antes de la cruz. María estaba acostumbrada a que Dios le cambiara los planes. Por eso, cuando llegó el momento de la cruz, permaneció de pie, porque estaba acostumbrada a que Dios le cambiara los planes. Amigos como María, necesitamos años de entrenamiento para que Dios nos pueda cambiar los planes sin que nosotros caigamos en pecado. Hay veces que Dios nos cambia los planes y empezamos a renegar, a maldecir, a impacientarnos, a atacar a los que no tienen culpa y otras tonterías. ¿Por qué cometemos eso? ¿Por qué nos rebelamos contra Dios? Porque nos faltan los años de entrenamiento que tuvo la Santísima Virgen, dejando siempre que Dios le mejorara los planes. Dios no me va a empeorar mis planes. Dios va a mejorarme en mis ideas, Dios va a mejorarme en mis planes. Señor, te doy permiso de que me contradigas. Señor, te doy permiso de que cambies mis planes. Señor, yo como María, como María, te doy permiso de que cambies mis planes y mejores mi vida. Amén.

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