Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Fiesta de la vocación de la Iglesia.

Homilía aasc004a, predicada en 19990516, con 23 min. y 4 seg.

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Transcripción:

Amados hermanos. Al comienzo de cada lectura en la Santa Misa. Se dice de donde está tomada la lectura. Y hoy pasó una cosa muy interesante. La primera lectura que tomamos para hoy decía: -comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles- y el Evangelio que leímos decía: -conclusión del Evangelio según San Mateo-. Hoy tenemos una conclusión y tenemos también un comienzo, que eso es lo mismo que sucede cuando se quema una etapa. Se termina un proceso y se comienza otro proceso. Conclusión del Evangelio, por una parte, comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles; por otra parte. Y esta conclusión y este comienzo nos están explicando, nos están insinuando, qué es lo que quiere decir el misterio que hoy celebramos El misterio de la Ascensión de Jesucristo a los cielos.

Es una fiesta un poco extraña, porque en la primera lectura los apóstoles vieron cómo Él se alejaba. Y en el Evangelio escuchamos que Cristo dice: "Yo estoy con vosotros" . Fíjate, es una fiesta en la que hay una conclusión y hay un comienzo. Es la fiesta de Cristo que se va al Padre y es la fiesta de Cristo que se queda con nosotros. Todavía tengo otra parejita de conceptos que están también así como en juego o en tensión.

Los apóstoles quedaron lelos, como decimos, quedaron extasiados, maravillados por la belleza de Jesucristo. Cuando una persona queda así, fascinada, extasiada, tiene un acto que se llama contemplación. Esta es una fiesta de contemplación. A veces decimos de los niños muy pequeñitos, como puede ser este que está aquí. Decimos que son niños muy contemplados. Un niño se llama contemplado porque lo han mirado y lo han mirado y lo han mirado tanto. -Ese es un niñito que es contemplado-. Pero el significado original de contemplado no es consentido o mimado. El significado original de contemplado es fascinado.

La contemplación es la fascinación ante el misterio de Dios. Esa es una fiesta de contemplación. Pero esta es también una fiesta de acción y de movimiento. Cuando una persona se vuelve contemplativa, muchas veces quiere, como estar recogida, sosegada.

En la Iglesia Católica, por ejemplo, existen comunidades que se llaman contemplativas, hay monjas contemplativas y normalmente estas monjas viven en monasterios muy dedicadas a la oración, al silencio, a la contemplación. Pero resulta que hay en la Iglesia otras comunidades que son misioneras. Estas comunidades se van por todas partes a los lugares más recónditos y difíciles, a predicar a Jesucristo. La gente misionera tiene que ponerse en movimiento. La gente contemplativa se queda como quietecita, como fascinada, como cautivada y enamorada.

Y esta fiesta de la Ascensión del Señor es una fiesta misionera, porque ya hemos escuchado lo que dijo Cristo a los apóstoles -Id, Id-, Eso es en movimiento, a moverse, a moverse, a hacer que todos los pueblos sean discípulos míos y a bautizarlos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu. Entonces, mira esta fiesta cómo es de especial. Es la conclusión de una etapa y es el comienzo de otra etapa, por un lado. Por otro lado, según hemos dicho, esta es una fiesta que es contemplativa y al mismo tiempo es misionera. Esta es una fiesta en la que queda retratado el ser de la Iglesia, porque la Iglesia misma, todos nosotros los bautizados, estamos llamados a ser contemplativos del misterio de Jesucristo y anunciadores misioneros que llevamos la palabra de Jesucristo a todos los pueblos, a todas las culturas, a todos los rincones.

Esta fiesta de la Ascensión del Señor, ¿qué es? lo que nos está contando, de un Cristo que se va pero que se queda, de un Cristo que nos atrae y nos fascina, como para quedarnos quietos y al mismo tiempo nos envía como para ponernos a correr. De un Cristo que al mismo tiempo termina su camino y empieza nuestro camino. La Ascensión de Jesucristo, es la fiesta de la vocación de la Iglesia. La Iglesia tiene una vocación. La Iglesia es llamada por Dios y la vocación de la Iglesia se celebra especialmente en este día.

Dentro de la Iglesia hay vocaciones, pero la Iglesia misma tiene una vocación. La palabra vocación ¿qué quiere decir? Quiere decir llamado. Por ejemplo, las vocales son aquellas letras que pronunciamos con nuestra voz; un vocal dentro de la acción comunal, dentro de una asamblea, dentro de una mesa directiva, un vocal es el que tiene voz. La vocación es la voz, es el llamado: -Usted venga para acá-, esa es una vocación.

Esta es la fiesta de la vocación de la Iglesia. Y si nosotros queremos encontrar nuestra vocación dentro de la Iglesia, hay que empezar por encontrar la vocación de la Iglesia. Hay que sentir primero el llamado de todos nosotros, el llamado que todos tenemos como pueblo de Dios, para luego descubrir en ese llamado, qué es lo que le toca a cada uno.

Voy a hacer una comparación sencillita: Supongamos que nos ponemos de acuerdo todos los que estamos aquí y decimos vamos a hacer una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en México. ¡Vámonos para México! ¡ Todos al Santuario de la Virgen! Esa sería como una vocación, como una vocación, -vamos todos-. Y entonces alguien dice: -Hey, pero ¿qué hacemos? nos falta dinero. Bueno, hay que hacer tales actividades-. Pero y ¿qué hacemos si se enferma alguien? Bueno, que haya una comisión de salud; ¿Qué hacemos para que no parezca paseo? Porque no se trata de un simple paseo. Se necesita una comisión que haga catequesis, otra comisión que haga oración, otra comisión que consiga pasajes, otra comisión que haga financiación.

Todas las vocaciones nacen cuando se escucha la voz: -Vamos para Nuestra Señora de Guadalupe en México-. Por eso, cuando uno escucha el llamado grande para toda la Iglesia, cuando uno escucha ese llamado grande, uno también escucha la vocación de uno. Yo le puedo apostar que con solo decir, por ejemplo este ejemplo, ¡ah, caray! Con solo decir esa propuesta, -vámonos para México- Yo le puedo asegurar que ya usted empezó a pensar: -pues si vamos para México, la parte mía será, que me montan en una carretilla y me lleven porque yo no sé hacer nada- Otro dirá yo me voy a encargar de las oraciones, otro dirá yo voy a preparar unas empanaditas y vamos a vender empanaditas para que todos podamos ir. A cada uno se le ocurre algo, a cada uno se le ocurre algo que es su propia vocación,cuando descubrimos la vocación de la Iglesia, o sea que es de máxima importancia esta fiesta, porque con esta fiesta se descubre la vocación de la Iglesia.

Y si uno pone cuidado a cuál es la vocación de la Iglesia, uno también descubre cuál es la vocación de uno. De pronto alguien esté pensando: -padrecito, muy bonitas sus palabras como para que las oigan las monjitas- y alguien preguntará si estas niñas van a ser monjitas. No sé si van a ser monjitas. Tal vez algunas sí, la otra no, no sé, no me consta. Pero de pronto alguien dirá: -Muy buenas esas palabras suyas para los jóvenes que quieren ser sacerdotes- Yo sé, por lo menos de estos dos caballeros, que están en ese camino hermoso de la formación sacerdotal. Estos dos que están aquí a mi lado. -Bonitas esas palabras, Padre, para los que quieren ser sacerdotes, para los que, las que quieren ser monjitas-.

Mis hermanos, no es solo para los sacerdotes y las monjitas. ¿Tú no has pensado, por ejemplo, que el matrimonio es una vocación? y nosotros creemos que casarse es un asunto de que: -usted me gustó, yo le gusté a sumerce, ¿qué vamos a hacer? Eso sí, toco , toco-. El matrimonio es una vocación y si usted no tiene la vocación matrimonial y se mete a casado o, se mete a casada. A usted le va a ir mal, porque eso es como caminar con zapatos que no son de la talla de uno.

Y es que yo quiero decirle una cosa: mi experiencia sacerdotal, ojalá estuviera yo equivocado, pero mi experiencia sacerdotal es: que muchísima gente de la que se casa, no debería haberse casado, no se debería haber casado. Como decía yo hace poco a alguna persona: -es que los noviazgos hoy no sirven para nada, me perdonan, pero no sirven para nada-. No sirven sino para aprender a besarse y a tocarse; no sirven para nada. Son unos perfectos desconocidos, pero todo el mundo con el miedo de que: -me voy a quedar solo, me voy a quedar sola-. ¿Será que soy fea? primer lugar desengáñese, si es fea. En segundo lugar. En segundo lugar, sepa que a la fea le va mejor. Hay un refrán que dice eso, incluso hay un refrán que dice que le va mejor a la fea. De manera que aquí hay mucha gente a la que le va a ir. . ., ¿como le va a ir?. -Bien- ahi si, no supieron qué responder, ¿no?.

El matrimonio es una vocación. ¿Quién ha dicho que Dios hizo a todo el mundo para casados? ¿Quién ha dicho? Dios hizo a muchas personas para que no se casaran. Y entonces ¿qué tiene que ser esa gente? Muchos de ellos deberían, viviendo en oración y en amistad con Cristo, consagrarse a Él. ¿Cómo, usted quiere que entonces todos seamos sacerdotes o monjas? Mire, hay más de una vocación, hay más de un camino. Yo puedo asegurar que entre los niños que hay aquí, empezando por este vecinito, entre los niños que hay aquí, nada de raro que haya veinte o treinta que estén llamados por Cristo para consagrarse sólo a Él. Nada de raro. Y aquí no hay demasiada gente. Nada de raro que aquí haya treinta o cuarenta mujeres que estén llamadas entre las niñas y jovencitas, que estén llamadas a no casarse, a consagrarse enteramente a Dios. Pero como en los matrimonios, como en las familias, hoy no se educa para eso, sino que desde el principio se dedica. . . Una señora, una señora que por cierto, a estas alturas es viuda, me decía: -fíjese usted cómo desde el principio se educa a los niños como si fueran para casados y a las niñas como si fueran para casadas.

Santa Rosa de Lima, que fue una virgen consagrada a Dios. Ella no era religiosa, ella era seglar, ella vivía en su casa, pero era una virgen consagrada. Santa Rosa de Lima, que era consagrada a Dios. De niña tenía entre sus recuerdos y entre sus juegos, hábitos, que ella hacía flores, cruces, coronas, viacrucis, altares.

¿Por qué todas las niñas tienen que jugar con muñequitos como si todas las niñas fueran a ser mamás? Desengañémonos, no todas las niñas las llama Dios para ser mamás. No a todos los niños los llama Dios para ser papás y esposos y por eso se casan, porque se tienen que casar, porque como me decía un señor: padre, -cáseme-. Y yo decía pero. . ., que, este hombre yo no le veo realmente, es que no le veo ni por dónde. Padre: -cáseme cáseme que yo me quiero casar-. Y yo dándole largas, desanimandolo , -hombre, piénselo, yo creo que usted tal vez no. . .- ¡padre cáseme , caseme, yo quiero que usted me case!. -Padre, yo quiero casarme así me muera de eso, pero yo quiero casarme; así me muera de eso- decía este hombre.

Claro, se casan, se casaron por escampar, soledad; se casaron por vivir unos placeres, se casaron porque no se les ocurrió otra cosa; se casaron porque ya, el proyecto de suegro que tenían ya los puso contra la pared y le dijo Bueno, ¿usted es que me va a acabar los sofás de la casa o qué? -Ya esto está gastado, este sofá donde usted viene y se sienta, decídase, señor, decídase; haga algo-. Y el otro allá, pálido. -Sí, sí, sí, señor-. Entonces decidió casarse.

Pero claro, se casan y no tienen vocación de esposos, no tienen vocación de papás. Y entonces viene la lucha de la mujer, por tratar de sostener y de sacar adelante y sacar adelante y sacar adelante. Entonces le da a uno un pesar: Vida de una mujer, se la voy a describir, la vida, no de una, de muchas mujeres: De niña jugó con muñequitos, fue la última etapa feliz de su vida. De jovencita vivió el terror de quedarse sola, se casó y luego vivió el terror de que se le acabara el hogar Cuando finalmente logró o no logró sostener el hogar, estaba enferma, estaba acabada, estaba achacosa; vivió el terror de morirse, entonces vino el padre y le puso los santos óleos, y al otro día se murió. Fin de la señora. Esta es la vida, no de una ni de dos mujeres, es la vida de una cantidad de mujeres que no fueron felices, no fueron felices.

Yo creo que este ejemplo nos muestra cómo uno tiene que preguntarse por la propia vocación, pero no solo en asuntos de afectividad. Hay que preguntárselo también en asuntos de profesión, de oficio. En un día como hoy, día de la Ascensión en que Cristo muestra la vocación de la Iglesia, hay que preguntarse: -Señor, tú me hiciste, ¿para qué me hiciste? ¿Cual es mi camino? ¿Qué es lo que tú quieres de mí?- Eso hay que preguntárselo, hay que preguntárselo, -Señor ¿Cuál es la carrera, la profesión, el oficio, el trabajo, donde voy a darle gloria a tu nombre?- ¿Cuántas personas de las que están aquí, escogieron carrera así?. Es una vergüenza para la Iglesia Católica. ¿Cuántas personas?.

Sabe usted ¿dónde debería escoger carrera uno oficio o lo que vaya a hacer, sabe en dónde? En la iglesia. En la iglesia, uno debe venir a la iglesia, sentarse, arrodillarse, postrarse ante el Señor y decirle: -Señor, muéstrame ¿cuál es mi camino?. ¿Tú quieres realmente que yo sea novio, que yo sea novia? ¿Tú quieres que yo sea lo que a mí se me está ocurriendo ser? Señor, muéstrame tu voluntad. ¿Para qué me hiciste? ¿A qué me estás llamando? Descubrir la vocación es descubrir cuál es el sentido de la vida. Es descubrir para qué nos hizo Dios. Dios a cada persona la hizo con un plan maravilloso de amor.

El otro día estábamos reunidos con un grupo de mujeres consagradas. Un grupo de vírgenes consagradas a Dios, precisamente. Y uno de los temas que hablábamos y lo hablábamos con dolor, es: ¿por qué hay tan poquitas personas que se sientan felices, que se sientan realizadas? ¿Por qué la gente se siente tan infeliz como tan amargada?

Le pregunta uno al dueño de la tienda. ¿Cómo van las cosas? mal mal, esto está acabado, se acabó todo, todo, todo. Le pregunta uno al señor transportador: Y usted ¿cómo le va? Mal, padre, no, esto se acabó, esto fue el acabose completo. Le pregunta uno a los músicos: Esto ¿cómo va? mal, mal, mal, mal; todo se acabó, todo, todo se acabó. Le pregunta uno a los sepultureros ¿Cómo va la causa? mal, ya ni se muere la gente. Imposible que le vaya mal a todo el mundo, imposible, imposible. Por eso dicen, que más peligroso que médico con funeraria.

Imposible. Por algún lado, por algún lado, por otro, imposible que le vaya mal a todo el mundo. No puede ser solamente que la situación del país, que es que estamos graves, que. . ., no es solamente eso, no es solamente eso, hay un vacío en nuestro corazón. Hay un interrogante que no hemos resuelto y en este día de la Ascensión de Jesucristo hay que pedirle a Jesús: -Tú que conociste el camino hacia la casa de tu Padre, Tú que sabes cuál es el camino hacia la casa de Papá Dios, muéstrame el camino, muéstrame el camino-.

Es un camino que va por los cielos, pero también es un camino que va por los pueblos. Va por los cielos, porque Cristo asciende al cielo y va por los pueblos, porque Cristo nos manda a predicar a todos los pueblos. Mis hermanos, habría tanto que decir, pero yo no quiero decirlo todo en una sola noche. Solamente quiero que nos extasiemos en Cristo, que ascienda a los cielos, que pensemos que Él conoce los caminos y que le pidamos que nos dé claridad en nuestros caminos y que salgamos felices, convencidos y gozosos a contarle al mundo que hay alguien que no se perdió, que hay alguien , Jesucristo, que sí sabía a qué había venido y que sí encontró camino y que sí puede conducirnos, si nos unimos a Él hasta la gloria de la casa del Padre. Amén.

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