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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios asumió para siempre a Jesucristo y a la humanidad glorificada de Jesucristo.
Homilía aasc002a, predicada en 19960519, con 5 min. y 54 seg. 
Transcripción:
Esta solemnidad de la Ascensión del Señor. Siguiendo la invitación de los Hechos de los Apóstoles, se celebraba el día jueves para completar los cuarenta días, cuarenta días después de la fiesta de la Resurrección. Desde hace algunos años, la Iglesia ha querido trasladar esta fiesta del jueves al domingo. De manera que el Jueves de la Ascensión ahora es el domingo. Pero, ¿Se trata simplemente de la comodidad para que pueda asistir a misa un mayor número de personas? ¿Por qué se pasó esta fiesta de la ascensión al domingo? Creo que se puede responder así: Porque lo que se celebra en la Ascensión es lo mismo que se celebra en la Resurrección. Hay que decir que Cristo, después de resucitar, no se quedó por ahí dando vueltas cuarenta días hasta que dijo bueno, ahora sí, ahora sí me voy para el cielo. Además, tampoco es que Dios esté más intensa o más profundamente a más kilómetros de altura. Vamos a hacer un poco volterianos y vamos a preguntarnos, bueno, ¿Cuántos kilómetros se supone que subió Cristo? Dice que una nube lo envolvió. Seamos casi crueles con el texto, nubes hay a tantos kilómetros, si se trata de un cúmulo, un nimbo, un cirrus o un qué sé yo, más nubes. Entonces, ¿Hasta cuál kilómetro subió Cristo? Desde luego, no se trata de eso. En esta celebración. No es un problema de kilómetros. No es que Dios esté más presente a mayor número de kilómetros. El cielo no está más arriba ni más abajo y por eso no tiene sentido la burla de aquel astronauta soviético que decía: -Pues yo le di la vuelta a la tierra y no me encontré con Dios-. El problema de Dios y el problema del cielo no es un problema de kilómetros, ni Cristo tampoco se quedó dando vueltas por aquí cuarenta días, solucionando unos últimos asuntos antes de partir definitivamente. Desde el momento mismo de su resurrección, Jesucristo ha entrado una vez y para siempre en la gloria del Padre. Pero una cosa es lo que sucede en Cristo, y otra cosa es de qué modo nosotros aprendimos aquello que le ha sucedido a Cristo. Cristo desde el día mismo de su resurrección, pertenece radicalmente a Dios. Y cuando algo pertenece radical y totalmente a Dios, Dios manifiesta totalmente su presencia ahí. Esa manifestación, esa comunicación total de la presencia de Dios en algo o en alguien, es lo que llamamos la gloria de Dios. De manera que Cristo resucitado entra plenamente en el misterio de Dios, y su humanidad pertenece completamente al misterio de Dios que se ha manifestado en toda la vida humana de Cristo. Y así la humanidad de Cristo es glorificada desde el momento mismo de la resurrección. Claro que la resurrección no es propiamente un momento. La resurrección es aquel, es aquella realidad más allá de todo tiempo y espacio en la que se quiebran los momentos y en la que los lugares desaparecen. Bellísimo sería detenernos en ese punto, pero por hoy no lo vamos a hacer. De modo, pues, que eso ya le sucedió a Cristo desde el principio. Pero así como en una de las apariciones, Cristo, viendo que sus discípulos estaban aturdidos de sorpresa, de alegría, de miedo, pues pidió que le pasaran un pedazo de pez asado y lo comió delante de ellos, ya resucitado. Y evidentemente no tenía ninguna necesidad, ni después ni de nada. Así también aquí, siguiendo la proporción normal y el lenguaje usual y el sentido común en esta aparición particular, en esta aparición que estamos celebrando hoy, Cristo quiso levantarse delante de los ojos de éllos hasta ser oculto, hasta ser arrebatado por una nube. Esto no significa que le siguieran sucediendo cosas a Cristo. Lo último que le sucedió a Cristo fue la cruz. Y como plenitud de esa cruz, la resurrección, eso fue lo último que le sucedió a Cristo. Las demás cosas que nosotros escuchamos en las apariciones son manifestaciones de la plenitud de la gloria del Resucitado, manifestaciones que ayudan a que los apóstoles en primer lugar y luego todos nosotros, la Iglesia, los creyentes, entendamos un poquito de qué quiere decir ese misterio de que Dios asumió para siempre a su Hijo Jesucristo y a la humanidad glorificada de Jesucristo. Eso es lo que nosotros estamos recordando. Estamos celebrando en este día. Pero como nosotros tenemos fe en este Cristo, sabemos que también a nosotros nos va a pasar eso mismo.

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