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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En Navidad es bueno dirigir nuestra mirada a San José, agradecer su lugar en la historia de amor que es la llegada de Jesús a la tierra y pedirle a él que interceda por nuestros hogares.
Homilía aa04015a, predicada en 20221218, con 8 min. y 0 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Este es el cuarto domingo de Adviento. Seguramente, ya lo sabes. Adviento siempre tiene cuatro domingos. De hecho, esa es la manera como se determina el comienzo del Adviento. Este es un pequeño secreto. Tú tomas el veinticinco de diciembre, que es el día de Navidad. El domingo anterior va a ser el cuarto, el anterior es el tercero, el anterior es el segundo y el anterior a ese, el primer domingo de Adviento. Así se determina la fecha en la que empieza el Adviento. Por eso también las coronas de Adviento tienen cuatro velas y en el centro, una más, que representa la llegada de la luz plena, que es Jesucristo. Entonces, en este cuarto domingo de Adviento se enciende la cuarta vela, es decir, la que completa este círculo, este camino del Adviento. Estamos en el ciclo A. Ese es otro dato que un buen católico siempre tiene presente. Ciclo A, ¿Qué quiere decir? Quiere decir que la inmensa mayoría de los evangelios que vamos a escuchar durante este año litúrgico, el año litúrgico empieza con el Adviento; la inmensa mayoría de los textos van a ser de San Mateo. Luego vendrá el ciclo B y los textos serán de San Marcos, y luego el ciclo C, que es de San Lucas, y luego nuevamente el ciclo A con San Mateo. Si te preguntas por San Juan, que es una buena pregunta. Entonces te recuerdo que los textos de San Juan los escuchamos especialmente durante el tiempo litúrgico de Navidad, y también, y aquí con bastante abundancia, en el tiempo litúrgico de Pascua. Ahí leemos abundantemente a San Juan. Entonces estamos en el cuarto domingo de Adviento y estamos en el ciclo A el ciclo de San Mateo. Por eso la lectura de hoy, tomada de Mateo, ya nos pone de frente al misterio de la Navidad. Nos presenta aquel mensaje del ángel a José, el esposo de María. Qué buena ocasión para preguntarnos por José. Yo mismo he comentado muchas veces que nuestros tres principales guías en el tiempo de Adviento son: el profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María. Y es así. Pero conviene recordar y conviene subrayar la importancia de San José. San José no es un añadido, San José no es, como se dice en las películas, un extra. Ya sabes, en las películas, cuando hay estas personas que básicamente completan una escena. Por ejemplo, si se va a hacer una escena en el Coliseo Romano, entonces necesitas una cantidad de gente que esté en las tribunas; esos son los extras. San José tampoco es un doble, como cuando hacen una película de aventuras y entonces, en una escena particularmente peligrosa, ponen a una persona que se parece mucho al actor principal y que hace la parte peligrosa... ¡No!, San José no es un doble, San José no es un guardaespaldas. Esa es otra que también se utiliza. A veces se mira San José simplemente como aquel que estaba cuidando la buena fama de María y que hacía las veces ¿no?, esto se aparece por ahí en alguna novena -hacía las veces de padre de Jesús-. San José no es un papá de repuesto, no es un guardaespaldas, no es un extra, no es un doble. Felizmente varios papas nos han hablado de San José. El último es precisamente nuestro actual Papa Francisco. Y no se nos debe olvidar ese hermoso documento que nos dio el Papa Francisco, quien también nos concedió lo que se llamó -el año de San José-. Ese documento del Papa, que lo vuelvo a recomendar, yo creo que es el que más me gusta de todo lo que ha escrito el Papa Francisco. Se llama -PATRIS CORDE, PATRIS CORDE-, que en latín quiere decir -Con corazón de padre-. Así que en Navidad es bueno dirigir nuestra mirada hacia San José. Otra vez te repito, no es un papá de repuesto, por eso la expresión padre adoptivo no es correcta. La expresión padre putativo que viene del latín y que quiere decir -el que se pensaba que era papá-. ¡Ay, no!, así no es. No es la mejor expresión: ni padre adoptivo, ni padre putativo, ni papa de repuesto, ni guardaespaldas de la Virgen, ni personaje de relleno extra..., doble. San José recibe del cielo estas palabras, y yo quiero subrayar lo que le dice el ángel en sueños. Le dice: -No temas recibir a María, tu esposa, a María, tu esposa-. El amor de Dios que llega a este matrimonio verdadero matrimonio entre José y María, no viene a darle un codazo a San José y a sacarlo de la escena. El amor de Dios viene a bendecir el amor de ellos. Ese amor casto y virginal de ellos. De tal manera que por supuesto, que la concepción de Cristo fue virginal, por supuesto; lo enseña claramente la Escritura. En ese sentido, José no es padre biológico de Jesús, pero es verdadero padre porque es verdaderamente esposo de María y es el amor de ellos el que es bendecido, el que es ungido, el que es santificado por el poder del Espíritu Santo. Por eso el Espíritu Santo no viene a reemplazar a José. El Espíritu Santo viene a bendecir y hacer fecundo de un modo distinto, de un modo nuevo, de un modo imposible de entender o de explicar, hacer fecundo el amor de ellos. Y por eso la expresión teológica justa es: que María es madre virginal de Cristo, y José es padre virginal de Cristo. Porque el amor de Dios vino al amor de ellos para hacer fecundo ese amor en la persona de nuestro amado Señor Jesucristo, a quien pronto recordaremos, nacido en el pesebre. Así que volver los ojos hacia José. Agradecer su lugar en esta maravillosa historia de amor que es la llegada de Cristo a nuestra tierra y pedirle que interceda por nuestros hogares. ¡Porque cuánta falta hace la figura paterna en nuestros hogares! Hay toda una campaña hoy para desacreditar todo lo masculino, toda una campaña para que siempre asociemos, masculinidad con agresividad, con violencia, con todo tipo de cosas feas, -¡no!-, José está aquí para recordarnos lo que significa ser varón, lo que significa ser de Dios, lo que significa ser esposo y padre y lo que significa la castidad, también para nosotros los varones. Así que ¡feliz domingo de Adviento! Y pedir, pedir mucho el amor, la presencia y la intercesión de San José. Amén.

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