Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hagamos un resumen del adviento

Homilía aa04014a, predicada en 20191222, con 15 min. y 0 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos hemos hecho un camino. Está cerca el día luminoso de la Navidad y nos hemos preparado. Algunos con mayor diligencia. Otros tal vez nos hemos descuidado un poco. Pero ese camino no lo hacemos solos, sino que todos nos beneficiamos del ritmo del paso que otros llevan. Porque este camino lo hace la Iglesia entera. Hemos tenido cuatro grandes estaciones representadas por las cuatro luces de la corona del Adviento. Qué hermoso simbolismo el de la corona. Permítanme recordarlo un poco, porque al menos cuando yo era niño, eso fue el siglo pasado. No se acostumbraba este signo. Y yo estoy muy feliz que se ha vuelto muy común en todas partes. La llamamos corona porque el que viene es un rey. La llamamos corona de Adviento. Porque la palabra Adviento indica advenimiento. Alguien que llega, Nuestro Señor.

Tiene unas ramas verdes, típicamente del pino. Puede ser otro material, porque aún en lo más crudo del invierno, el pino conserva el verde, no se marchita. Y así también nosotros, aún en medio de las más duras dificultades, mantenemos la vida y la esperanza. El verde es el gran color de la esperanza y es la base de la corona. La corona tiene una forma circular porque desde antiguo, el círculo es el símbolo de la eternidad. Así como puedes caminar para siempre en un círculo sin salir de él, así el círculo nos recuerda a Aquel que es el Dios eterno. El círculo también nos recuerda la forma del sol, porque el primer nombre que recibe este niño en la profecía de Zacarías es "el sol que nace de lo alto".

Y luego tienes las cuatro luces. Cada una de las cuales representa un domingo. Seguramente el domingo pasado has escuchado la explicación de por qué hay una que es de distinto color, son de color morado, como también son de ese color mis vestiduras, la estola, la casulla que tengo. El color morado lo utiliza nuestra Iglesia católica en el Adviento y en la Cuaresma. El morado indica el recogimiento, el ocultamiento, la penitencia. Los colores brillantes, como por ejemplo el rojo, el blanco, el dorado son para otras ocasiones, pero en el Adviento utilizamos el morado, señal del recogimiento, señal de la penitencia. ¿Y por qué hacemos penitencia y recogimiento? Porque el que viene, es nuestro Salvador y de lo que viene a salvarnos, es del pecado. Por eso el corazón humilde, el corazón arrepentido, es el que va a disfrutar más la Navidad. Los regalos los puede disfrutar cualquiera, pero a Cristo sólo lo disfruta el que tiene humildad porque se reconoce pecador. A ver, repito esa frase que me interesa que quede muy adentro de tu mente y tu corazón. Los regalos los disfruta cualquiera, a quién no le gusta recibir regalos; pero a Cristo sólo lo disfruta el que tiene hambre y necesidad de Cristo. ¿Y quién será? el que se reconoce pecador; el que se reconoce necesitado.

Por eso este color morado está indicando ese recogimiento, ese espíritu de oración. Pero hay un domingo en el que ese morado se alivia. Y entonces llegamos al rosado, ese color rosa o color rosado. Es un morado suave. Efectivamente, el tercer domingo de Adviento es conocido como Domingo de la Alegría en medio del Adviento. Porque es verdad que hay que prepararse con arrepentimiento, con humildad. Pero nuestro arrepentimiento no es para hundirnos, más bien, como dice en un pasaje del Evangelio de Lucas, Jesús, ?levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación?.

Finalmente, la luz va creciendo a medida que avanzan los domingos. Cada vez tenemos más luz hasta llegar a la plenitud de la corona. Ahora ya brilla completa nuestra corona. Ahora podemos decir Estamos listos para que tú nos regales toda tu claridad. Durante el Adviento que está terminando, no hemos estado solos porque vamos como Iglesia.

Pero además hay tres personas que nos han acompañado y espero que ustedes hayan sentido el ritmo de sus pasos. Una persona que nos ha acompañado hasta el día de hoy, hasta este domingo, es el profeta Isaías. Quienes tienen la buena costumbre. Bendita costumbre de asistir a misa entre semana. Habrán notado que en la casi totalidad de los días de Adviento la primera lectura fue de Isaías. Isaías es el gran maestro de la esperanza y nos ha acompañado todo este tiempo. ¿Por qué es el gran maestro de la esperanza? Porque una gran cantidad de sus textos están en tiempo futuro. -Vendrá, llegará, convocará, reunirá el Señor;- futuro. Y por eso la Iglesia escucha con mucha atención a Isaías durante todo el Adviento, hasta llegar a ese texto que a mí me hace estremecer, el texto de hoy donde dice este profeta, capítulo séptimo de su libro "La Virgen concebirá". ¡Qué hermosura! "La Virgen concebirá". Además, este profeta, también contiene en su texto una de las súplicas más ardientes de la humanidad. Hacia el final de su libro aparece esa súplica que no les miento, me ha hecho llorar más de una vez. "Ojalá rasgases el cielo y bajases, que se rompa el cielo y que baje el anhelado, que baje el anunciado. Que baje el Mesías, que se rasguen los cielos". Esas súplicas de Isaías es el gran maestro de la esperanza.

El segundo personaje que nos ha acompañado en el Adviento, estamos haciendo como una especie de resumen del Adviento. El segundo personaje es Juan Bautista. Es apenas natural que nos acompañe Juan a nosotros, porque Juan fue el que preparó, ¿Cierto?, El que preparó al pueblo judío para recibir al Mesías. Así como Juan hizo labor de preparar al pueblo para la llegada del Mesías, así también su testimonio valiente, su palabra ardiente, el heroísmo de sus virtudes nos pone en la ruta del encuentro con Cristo. Ese es Juan el Bautista.

Juan el Bautista nos recuerda también algo muy importante, y es que la manera de entenderle el lenguaje a Dios es a través del reconocimiento de nuestra condición de pecadores. El Papa San Juan Pablo II tenía una frase muy impresionante. Él decía: "Si se quita el lenguaje del pecado se vuelve incomprensible el lenguaje de la Gracia". Eso es sabiduría. Si se quita el lenguaje del pecado, ya no entendemos el lenguaje de la Gracia. Efectivamente, el que no siente, el que no sabe que se ha equivocado o no lo reconoce, no le entiende nada a Cristo. Porque el punto de partida del amor de Cristo en nuestras almas es el perdón. Fíjate cómo la primera palabra que va a predicar Cristo cuando empiece su ministerio público es "Convertíos". Aceptad la buena noticia, creed en el Evangelio. Entonces Juan Bautista es importante porque nos recuerda que para recibir al Mesías necesitamos esa actitud de humildad y de reconocimiento del pecado. Pero dije que eran tres personajes y he mencionado dos. He mencionado al profeta Isaías y a Juan el Bautista. ¿Cuál es el tercer personaje? María Santísima; gracias a Dios siempre hay alguien que responde.

¡Claro!, de espera y de esperanza. Nadie sabe tanto como Élla. Con esta Eucaristía precisamente estamos terminando un retiro de Adviento que hemos tenido con una parte de nuestra querida población hispana aquí en Blessed Trinity. Hemos tenido un retiro precioso y cada una de las charlas y las oraciones y los cantos ha tenido la presencia de una imagen muy bonita la Virgen embarazada. Toda mujer que ha sido mamá sabe perfectamente qué es lo que se vive durante esos meses. Para los demás es un misterio que solamente contemplamos como desde fuera. Pero una mamá lo vive desde dentro y nadie vivió el Adviento con tanta profundidad como María. Cada día marcaba un ritmo nuevo y más profundo en su corazón.

Con alguna frecuencia las mujeres embarazadas le hablan y le cantan a la criaturita que llevan en la barriga. María le oraba a ese niño. Cómo sería esa intimidad de amor, de profundidad, por eso, mis hermanos, el corazón de la Virgen Santísima a lo largo de estos meses de gestación ha sido convertido en el Santuario privilegiado del Espíritu Santo y en la biblioteca más perfecta que tiene la humanidad.

Sí, mis hermanos, la biblioteca más bella y perfecta del mundo no es la biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Tampoco era la Biblioteca de Alejandría. Tampoco son los archivos del Vaticano. La biblioteca más perfecta es también el Santuario más bello. Es el corazón de María. Porque lo que ella vivió, lo que el Espíritu Santo dejó escrito para siempre en el corazón de Élla, solo el mismo Dios lo conoce; pero María no es mezquina; María no es envidiosa, si nosotros nos acercamos a Élla y crecemos en amistad, tiene Ella sus maneras de revelarnos algo de los secretos que su corazón conoció en la gestación, el nacimiento y la vida entera de Cristo.

Por eso algunos santos; recomiendo a Luis María Grignon de Montfort han escrito textos como -El Secreto de María-. Invitándonos a acercarnos a ese Corazón inmaculado en donde está la mejor escuela de Adviento. Hermanos míos, ¿Qué les puedo desear después de este camino que hemos hecho? Repito. Unos lo habrán hecho con mucha diligencia y mucho juicio. Otros tal vez nos hemos descuidado un poco, nos hemos distraído mucho. Pero todavía estás a tiempo. Todavía quedan unas buenas horas para que tú apegándote al corazón de la Virgen. Le pidas. Enséñame a preparar mi alma. Enséñame a preparar mi corazón para que a imagen de tu Inmaculado Corazón, sepa recibir al Mesías. Amén.

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