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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesucristo fue concebido de una madre virgen
Homilía aa04013a, predicada en 20191222, con 19 min. y 30 seg. 
Transcripción:
¡Queridos hermanos! Las lecturas de este cuarto domingo de Adviento, en el ciclo A, en el que nos encontramos, nos presentan el misterio de la concepción y el nacimiento virginal de nuestro Salvador Jesucristo. Nuestra fé católica, especialmente en el pueblo sencillo, siempre ha tenido una gran convicción; y es que parte de la belleza, una parte importante de la belleza, la dignidad y la santidad de la Madre de Cristo es que es al mismo tiempo virgen y madre. Por eso nuestro pueblo sencillo se goza en proclamarla como virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Por supuesto, se trata de un hecho completamente excepcional, algo único. Se trata de algo que no se ha repetido y que no esperamos que se repita. Es algo completamente propio de Élla. Y el hecho de que nos cuesta trabajo entenderlo porque rebasa nuestra inteligencia, no debe ser motivo ni para disminuirlo ni mucho menos para negarlo. Así que les invito a que con un espíritu muy sencillo y con un gran amor a Dios, con gran humildad y fé, nos acerquemos al misterio de esta concepción y nacimiento virginal, que es algo único de María y que es algo único de Cristo. Sepamos, hermanos queridos, que no somos los primeros que nos preguntamos por este misterio. Muchos, ya desde la antigüedad han afirmado la perpetua virginidad de María; unos cuantos se han extraviado. Cuando su cabeza no les ha permitido entender, entonces han tratado de forzar las cosas, achicando lo que Dios hizo tan grande que es este misterio tan bello. Han tratado de achicarlo, disminuirlo, mutilarlo, para que les quepa en la cabeza. Incluso hay algunos que, insultando la obra de Dios, Insultando a la Virgen, han dicho tonterías como que el nacimiento de Cristo fue por concepción natural de unión del hombre y de la mujer. Pero estas tonterías no dicen nada sobre Cristo, y en cambio sí dicen mucho sobre la soberbia y la arrogancia de la mente humana, que repito a veces cuando no entiende, lo que trata, es de achicar las cosas para que le quepan en la cabeza. Nosotros no vamos a seguir ese camino de la arrogancia. Nosotros sabemos que hay muchas cosas que no alcanzaremos a entender completamente. De hecho, la primera de las cosas que no entendemos es por qué Dios creó el universo entero; si nadie le obligó, si no le añadía felicidad, si no le traía ningún bien. ¿Por qué Dios hizo todo lo que hizo? El Concilio Vaticano Segundo aborda este misterio que es el misterio de la creación, y dice que fue un designio absolutamente libre y amoroso de Dios. Hasta ahí alcanzamos a llegar. De modo que la existencia del universo, y en particular la existencia de cada uno de nosotros, es también un misterio. Y por eso no es extraño que muchas veces uno se pregunte ¿Y yo por qué estoy en la tierra? O ¿Cuál es el sentido de mi vida? Esas preguntas que nosotros hacemos de una manera individual, en realidad se refieren al conjunto de la existencia, a la existencia misma del universo. Y repito, son preguntas que uno puede arañar con su razón, pero jamás puede abarcarlas. Y así tenemos muchos otros misterios. ¿Por qué después de que nosotros hemos sido tan rebeldes; por qué Dios nos ha seguido amando y buscando? Piensa una cosa, No hubo redención para los ángeles rebeldes, es decir, los demonios. Ciertamente la naturaleza de los ángeles; -éllos son ángeles caídos- La naturaleza de los ángeles es distinta de la nuestra. Pero no hubo redención para los demonios.... ¿Por qué sí hay redención para nosotros?; ¿Qué tenemos nosotros que hace que Dios persevere amándonos y buscándonos? Y de nuevo, esta es una pregunta que uno puede hacer en general. ¿Por qué Dios ha seguido amando la raza de Adán?; ¿Por qué sigue amando a la humanidad? Pero también es una pregunta que cada uno debe aplicar en concreto. Así, por ejemplo, San Agustín, este gran obispo que oímos muchas veces en la Iglesia, San Agustín de Hipona ¿Por qué -se preguntaba San Agustín- Por qué me esperaste tanto? Yo me tardé muchísimo. ¿Por qué me esperaste tanto? Y no tenemos una respuesta. Uno puede, con su razón, arañar un poquito el misterio, pero el misterio de la paciencia de Dios es algo muy grande. Y así, todo lo que tiene que ver con el Señor con frecuencia nos lleva a grandes misterios. Y la solución nunca será mutilarlos, recortarlos para que quepan en la cabeza. Imagínate que un niño pequeño se encontrará con un libro de matemáticas avanzadas de la universidad, y como no entiende casi nada, empieza a arrancarle hojas al libro y se queda con una o dos paginitas, que es lo que puede entender con lo que ha estudiado en su escuela. Y el resto del libro lo bota, lo quema, lo tira a la basura porque no lo entiende. ¿Qué pensarías tú de ese niño? Dirías que es un necio y que es un tonto; ¿Para qué dañaste el libro? Y él te diría es que ese libro dice mentiras. Y tú le dirías el libro no dice mentiras, lo que sucede es que es difícil de entender en este momento para tu cabecita, pero el libro no dice mentiras. Pues las personas que mutilan el misterio, las personas que tratan de adaptar a Dios al tamaño de su cabeza, -esta expresión es de San Atanasio- Las personas que tratan de hacer eso están haciendo algo peor que lo del niño que destruyó el libro. Como no entiendo, lo rompo. Pues no lo entendiste tú. Pero ese fuiste tú. La culpa no es del libro. Lo mismo pasa con este misterio de la concepción virginal. Uno no lo entiende. No lo podremos entender completamente. Pero eso no es motivo para romperlo. Ese no es motivo para negarlo. Ese no es motivo para recortarlo y recortarlo hasta que quepa en mi cabeza. Eso no es lo que hay que hacer. Por otra parte, mis hermanos amados. Dios es tan bueno. Dios es tan compasivo que siempre nos da la oportunidad de que uno entienda un poquito, un poquito. Él no nos deja completamente a oscuras. Dios en cada misterio nos ayuda a entender por lo menos dos cosas. La primera cosa es que nos ayuda a entender que no es contradictorio, que no es absurdo lo que Él nos propone, porque si Dios tratara de hacernos creer que dos más dos son cinco, pues entonces nos estaría obligando a contradecir el mismo don que Él nos dio. Él nos dio el don de la razón, y los misterios no son contrarios a la razón, sino superiores a la razón, que es muy distinto. Entonces Dios siempre nos da ese poquito, que es la parte que uno alcanza a arañar, como digo yo. Dios nos da siempre un poquito y ese poquito es que uno se da cuenta que no es una contradicción y el segundo poquito es que Dios nos ayuda en sus misterios, nos ayuda a descubrir que eso que nos está proponiendo para que lo creamos tiene una lógica, una compatibilidad, una concordancia con otras cosas que entendemos; y con esa, diríamos, con esa estrategia, con esa herramienta de la comparación de la analogía, uno alcanza a ver que tiene alguna lógica. Déjame darte un ejemplo que te va a gustar mucho. La Divina Eucaristía. Uno no tiene manera de explicar cómo sucede la Eucaristía. No hay en esta tierra una cabeza ni una lengua que pueda explicar cómo sucede la Eucaristía. Eso de que toda la sustancia del pan se convierte en la realidad y la verdad de Jesucristo, de tal manera que, aunque sabe a pan, huele a pan y se ve como pan, no es pan, es Jesucristo vivo alimentándonos. Uno no puede entender eso. Ese es otro misterio. Pero aunque uno no lo puede entender, de nuevo, sí es posible entender las dos chispas de luz que te estoy diciendo. Uno puede darse cuenta de que no es una contradicción. Por el poder que Dios tiene por encima de toda la creación. Y uno también logra entender otra chispita pequeñita como una centella. Y esa chispita es; tiene mucho sentido que el Dios que nos ha dado el pan de la tierra y que quiere alimentarnos para la eternidad, nos dé un alimento de cielo que es Él mismo. Eso no ha explicado la Eucaristía, pero eso tiene algo de lógica. Con esto estoy diciendo que Dios nunca nos deja completamente a oscuras en los misterios, nó, Dios siempre nos deja una chispita, una lucecita, para que uno se dé cuenta que Él no nos está proponiendo nada contradictorio ni dañino. Pero esas luces que son humildes, pero que son firmes, Dios solamente las concede a aquellas personas que quieren tener un corazón humilde y creyente. Y de esos queremos ser nosotros. Nosotros no queremos ser arrogantes, incrédulos, queremos ser humildes creyentes, porque sabemos aquella frase que dijo Jesús: "Dios, Dios, el Señor ocultó estas cosas a los sabios y entendidos; -si son arrogantes- y las reveló a la gente sencilla", ah pues queremos ser de la gente sencilla, porque queremos recibir lo que Dios nos ha dado. Y en otro lugar la Escritura dice por boca del apóstol San Pedro. "Dios resiste a los soberbios, pero le da su gracia a los humildes". Por eso queremos ser de los humildes, como fue también María Santísima. Ella principalmente. Bueno, con esta actitud de un corazón humilde y sin ganas de mutilar lo que Dios nos ha dado, ni recortarlo para que nos quepa en la cabeza, nos volvemos a preguntar ¿Por qué una concepción virginal? ¿Es que no hubiera sido más fácil, más natural, que hubiera sido una concepción como la de cualquiera de nosotros por la unión de hombre y mujer? Claro que hubiera sido posible y hubiera sido lo más, entre comillas, normal. Pero si lo piensas bien, parece que hay una razón muy bonita por la que Dios quiso que su hijo naciera de una virgen. ¿Cuál será esa razón tan bonita? Les repito, no somos los primeros que nos hacemos estas preguntas. Ustedes no están oyendo nada que sea simplemente lo que a mí se me ocurrió, sino, yo les comparto cosas que he conocido de grandes santos de nuestra Iglesia Católica. Muchos de ellos muy sabios. Entonces yo lo que hago es simplemente transmitirle a usted lo que dijeron grandes sabios y santos del pasado. Esos grandes sabios de los primeros siglos los conocemos con este nombre: "Los Padres de la Iglesia". Así, por ejemplo, San Agustín, al que ya mencioné, o San Atanasio al que ya mencioné. Ellos son Padres de la Iglesia. ¿Quiénes son los Padres de la Iglesia? Son, hombres muy sabios y santos, muchos de éllos fueron obispos, fueron pastores de almas que profundizaron con la ayuda del Espíritu Santo, profundizaron mucho, pero mucho en estas cosas de la fé y nos han dejado magníficos escritos que a todos nos ayudan. Por cierto, para los que sean curiosos, la mayor parte de los escritos de los Padres de la Iglesia se encuentran muy fácilmente en Internet. Prácticamente todos los grandes escritos de los Padres de la iglesia están en inglés, absolutamente gratis para ti, y una porción bastante generosa está traducida al español. Si no te gusta el inglés, ahí lo tienes en español. Entonces, ¿Cómo abordaron los Padres de la Iglesia este misterio de la concepción virginal de Cristo? Pues hay varios que hablaron del tema y uno de ellos tiene esta expresión que es la que quiero compartir contigo; y con eso terminamos esta homilía. Dice lo siguiente: El hecho de que Cristo hubiera sido concebido virginalmente hubiera sido concebido de una virgen. Eso significa sin intervención de voluntad, ni capacidad ni potencia humana; porque eso es lo que entra en la concepción natural, obviamente en la concepción natural del hombre y de la mujer lo que entra es el gusto, la capacidad y la potencia humana, humana. Pero Dios quiso que su Hijo fuera concebido de una manera diferente para mostrarnos que ningún esfuerzo, ninguna capacidad y ninguna potencia humana podía darnos la salvación. Como quien dice, los seres humanos somos muy capaces de meternos en problemas, pero no somos capaces de salirnos de los problemas. Es decir, que para cometer pecados y cometer pecados feos uno no necesita tanta ayuda. Pero para salir luego del hueco en el que uno se metió, ahí sí se necesita ayuda y ahí no puede uno solo. A nosotros nos pasa como esos gatitos necios que a veces se suben a un árbol y para subirse son buenos, pero cuando están por allá trepados ya no saben cómo bajarse y empiezan a llorar para que los bajen. Solo que nosotros en vez de subir, bajamos y somos buenos para meternos en problemas, pero luego no somos buenos para salir de los problemas. Mira qué explicación tan sencilla y tan bonita. Entonces, la concepción virginal ¿Qué quiere decir?, Que no hay capacidad, -así quiso Dios mostrarnos- que no hay capacidad humana, que no hay potencia humana, que no hay deseo humano que sea capaz de sacarnos del hueco en el que nos hemos metido, porque somos una cantidad de pecadores. Eso es lo que somos nosotros. Y como somos una manada de pecadores, somos buenos para meternos en problemas, pero luego no hay fuerza humana que nos saque de ahí. Entonces, con esa señal preciosa de la concepción virginal, Dios nos estaba enseñando algo muy bonito, y es que solamente el poder de Dios puede darnos al Salvador. Efectivamente, puesto que fue concebido de una virgen, ahí no entró capacidad o potencia humana, ahí fue solamente Dios. Y si entró solamente Dios, ¿Qué está indicando eso?, Que el ser humano no puede salvarse a sí mismo, que el Salvador no es fruto de capacidad o potencia humana, sino que sólo Dios es el que da la salvación. Esa es la hermosa explicación que dan los Padres de la Iglesia. ¿Quiere decir que ya entendimos cómo fue la concepción virginal de Cristo? Nó, Eso no lo entiende nadie. Sabemos que fue algo maravilloso. Algunos santos dicen que la concepción de Cristo fue una obra más prodigiosa que si Dios hubiera vuelto a crear todo el universo y que lo que sucedió en las entrañas de María es más grande, de mayor poder y de mayor sabiduría que diseñar otro universo. Eso fue lo que sucedió en las entrañas de la Virgen. O sea que nosotros seguimos sin entender. Pero ya ve usted que por lo menos nos hemos asomado un poquito y ya le vemos algo de lógica y ya decimos ¡Que hermoso que Jesucristo sea el Hijo de la Virgen! ¡Qué bonito que Él haya nacido de la Virgen!, porque naciendo de la Virgen, Dios nos estaba enseñando que ninguna fuerza humana, ninguna capacidad humana, ninguna potencia humana, puede darnos la plenitud de la salvación. Ese es el mensaje tan bello que tenemos para este cuarto domingo de Adviento.

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