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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Jesús es de María y de José. Recordemos que el Dios que creó hombre y mujer quiso que su Hijo recibiera la bendición y el amor de un papá y de una mamá.
Homilía aa04012a, predicada en 20191222, con 7 min. y 19 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! Ya este es el cuarto domingo de Adviento. Gracias al hecho de que se ha popularizado la corona de Adviento, en buena hora. Muchos cristianos tienen plena conciencia, de que hay exactamente cuatro domingos antes del día de Navidad y estamos en el cuarto domingo. Esto significa que ya hemos recorrido la mayor parte de este tiempo de preparación que se llama el Adviento. ¿Qué mensaje nos da la Iglesia para este cuarto domingo? Nos presenta a Jesús como aquel precioso niño, que es de María y de José. Jesús es de María y de José. Ella tiene un lugar muy importante en la profecía de Isaías en la primera lectura, y él, José, tiene un lugar muy importante en el Evangelio según San Mateo. ¿Por qué estoy subrayando esto? -Jesús es de María y de José-. En primer lugar, para que recordemos que el Dios que creó hombre y mujer quiso que su hijo recibiera la bendición, -el amor de una mamá y de un papá-. La inmensa santidad de la Virgen nos deslumbra, nos maravilla, nos fascina, pero no debe, no debe hacernos olvidar que Jesús tiene mamá en esta tierra y tiene papá en esta tierra. Por supuesto, la manera como ella llega a ser mamá es especial. La Biblia lo dice claramente. Se trata de una concepción virginal. La manera como Ella llega a ser mamá es absolutamente única. Pero esto no excluye a José, sino que nos muestra que la manera como este José llega a ser papá también es absolutamente especial. Ella, por ese camino especial, por ese milagro de la concepción virginal, ella es madre virginal de Jesucristo; él, José, por este modo absolutamente singular de entrar el Hijo de Dios en nuestra historia, es padre virginal de Jesucristo. ¿Qué significa madre virginal? Significa que el don de la maternidad y el don de la virginidad coexisten en una persona. Virginidad que indica consagración, dedicación a Dios, maternidad que indica fecundidad, alegría también de ser mamá. Fecundidad y consagración están plenamente unidas en el Cuerpo Santísimo de la Virgen y están unidas en su corazón y en su vida. Madre y Virgen. Eso es lo que significa que ella es madre virginalmente, aquello que Dios realizó en ella, en su cuerpo, en su corazón, en su fe, para que ella pudiera ser madre y virgen es absolutamente único y ninguno de nosotros tiene duda de eso. La proclamamos como verdadera virgen antes del parto, en el parto y después del parto, como lo ha afirmado la Iglesia desde todos los siglos. ¿Y qué pasa entonces con José? ¿Quedó excluido José?, ¿Quedó, reemplazado José?, ¿Quedó echado a un lado José?. De ninguna manera. Y esto es lo que destaca el texto de San Mateo, que de ninguna manera José ha quedado desplazado. Observa las palabras que le dice el ángel -María, tu mujer, tu mujer-. Efectivamente, en la mejor comprensión del matrimonio, según el judaísmo y según nuestra fe cristiana, cuando nosotros hablamos de la unión entre el hombre y la mujer, la mejor expresión que tenemos es la de San Pablo. Dice en la carta a los Romanos: -El cuerpo del hombre ya no es del hombre, sino de su esposa. El cuerpo de la mujer ya no es de la mujer, sino de su esposo-. Y eran verdaderos esposos José y María. De manera que aquella carne santísima, aquel cuerpo purísimo de la Virgen, en el cual ha sucedido la maravilla de la concepción. No es solamente el cuerpo de ella. Es cuerpo que por voluntad y amor de Dios le pertenece a José, y el cuerpo de él no es solamente de él, es cuerpo que le pertenece a María. De manera que aquello que sucede en ella. Esta concepción virginal no es simplemente un fenómeno orgánico o fisiológico propio de ella, sino que es una bendición para el amor y para la unión de ellos. Y eso es lo que significa que Jesús es de María y es de José. Esto significa que el amor de Dios no ha venido a echar a un lado, no ha venido a marginar a José, sino más bien a darle el don de la paternidad de un modo absolutamente sublime, porque el cuerpo de su amada ha sido amado por Dios y ha sido hecho fecundo de un modo único, irrepetible, por Dios. Esto es lo que significa que Jesús es de María y es de José. Pidamos particularmente la intercesión de San José en esta Navidad. Este es el año triste, triste en el sentido que voy a decir... en que más se ha enseñado a las mujeres a ¡¡odiar!!, lo masculino, más se les ha enseñado a mirar a los hombres a la cara y decirle el violador eres tú, tú. Ese odio contra lo masculino no puede tener ningún eco en nuestra fe cristiana. Muy al contrario. La figura valiente, firme, recia, humilde, santa, casta, mansa de José, trae el necesario equilibrio. Y te lo repito por última vez Jesús es de María y es de José.

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