Los Gigantes de que habla la Biblia

¿No somos todos creados por Dios? ¿Cómo que hay hijas de los hombres, ellas no fueron creadas por Dios? ¿De quién venían? Así pregunta Martha, desde Bogotá, Colombia, aludiendo a este texto:

Y aconteció que cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban. Entonces el SEÑOR dijo: No contenderá mi Espíritu para siempre con el hombre, porque ciertamente él es carne. Serán, pues, sus días ciento veinte años. Y había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron a luz hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre (Gen 6,1-4).

Intento responder. Ante todo, la expresión “hijo de hombre,” o lo que aquí aparece: “hijas de los hombres,” es un modo de declarar que la persona o personas en cuestión son de nuestra raza humana. Un “hijo de hombre” es como decir: “uno entre muchos, un hombre más,” aunque la expresión adquiere nuevos matices en el libro de Daniel y subsiguientemente en los Evangelios.

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70. Los Ángeles y Los Sacramentos, Parte II

Eucaristía70.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

70.2. La Carta a los Hebreos tiene entre sus principales propósitos destacar la diferencia entre la obra única de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, y el ministerio de los Ángeles. Dice, por ejemplo: «En efecto, ¿a qué Ángel dijo alguna vez: Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy; y también: Yo seré para él Padre, y él será para mi Hijo?» (Heb 1,5). En este sentido debes saber y enseñar que nada se parece al Sacrificio único y perfectamente eficaz del Hijo de Dios, y por lo tanto, que hay una distancia infinita entre el ministerio de los Ángeles y el Sacerdocio de Jesucristo.

70.3. De ahí sin embargo, no debes deducir que los Ángeles seamos ajenos al ministerio sacerdotal, pues la unidad misma del plan misericordioso de Dios que tiene un solo fin, vuestra salvación, hace que todo concurra para el logro de ese fin. Evidentemente no se trata de que nosotros seamos sacerdotes, pues el sacerdocio cristiano está unido a la ofrenda de Cristo, la cual, como enseña esta misma Carta y como lees en otros lugares de la Escritura, depende formalmente del misterio de la Encarnación, que supone la unión con la naturaleza humana y no con la naturaleza angélica.

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