Formando predicadores

De la liturgia de este convento hay una cosa que me ha gustado mucho. En el Oficio de Lectura la persona que lee, especialmente el segundo texto de esta hora litúrgica, más que simplemente leer, lo predica.

Es una idea sencilla que creo que deberíamos implementar en muchas otras partes.

Hoy, por ejemplo, Fr. David leía el texto de San Agustín sobre el Padrenuestro. Pero se apropiaba el texto, como si él mismo lo hubiera escrito, y además como si lo estuviera predicando en una gran iglesia ante multitud de fieles.

Aunque esto pueda sonar un poco “actuado”, el efecto es que la voz aprende a adaptarse, a hacerse más expresiva y más propia de nuestra misión de predicadores.

Mi compañero de estudios

Como resulta que no hay muchos hispanohablantes por estas tierras, uno tiene una alegría particular cuando resulta alguien con el idioma de Cervantes. Y es el hecho que hay un compañero, con el que compartimos dos materias, que es español: un religioso jesuita. Digamos, que para efectos de privacidad del implicado no diré su nombre real sino un seudónimo, Carlos.

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La familia

De mi familia cuento que están bien de salud. Mi papá, por ejemplo, como tal vez dije en otro mensaje, va adelantando un estudio de especialización en “Derecho de Familia“. Me alegra y me anima mucho saber eso. Es un testimonio para todos nosotros, con sus 71 años y la juventud de sus sueños y de su entusiasmo. Dios permita que lo termine existosamente.

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