Valor incomparable de la persona humana

El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal. En efecto, la vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. Un proceso que, inesperada e inmerecidamente, es iluminado por la promesa y renovado por el don de la vida divina, que alcanzará su plena realización en la eternidad (cf. 1 Jn 3, 1-2). Al mismo tiempo, esta llamada sobrenatural subraya precisamente el carácter relativo de la vida terrena del hombre y de la mujer. En verdad, esa no es realidad «última», sino «penúltima»; es realidad sagrada, que se nos confía para que la custodiemos con sentido de responsabilidad y la llevemos a perfección en el amor y en el don de nosotros mismos a Dios y a los hermanos.

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Fragility and the Evolution of Our Humanity

Xavier Le Pichon is one of the world’s leading geophysicists, as well as a compelling spiritual thinker and a committed Catholic layman. He reflects on the meaning of what we call “humanity” through his discoveries in plate tectonics; his view of history and the life sciences; and his life shared in intentional communities that face human suffering. This is a programme from Speaking of Faith.

176. La Flor de tu Bautismo

176.1. Hay una palabra que resume bien todas mis invitaciones, exhortaciones y plegarias por ti: ¡evangelicemos! Con esa palabra en mente puedes y debes leer mi presencia en tu vida; con ella puedes y debes interpretar todos estos mensajes.

176.2. La verdad es que cuando fuiste creado, para el Evangelio fuiste creado. Esto no es nada extraño, pues de hecho todos los hombres han sido creados por Dios con la mirada puesta en su propio Hijo, el Divino Señor Nuestro, Jesucristo. Mas si te digo: “para el Evangelio fuiste creado” es porque el primer amor que Dios infundió en tu alma el día en que, para gozo de mi corazón, recibiste el bautismo, fue el amor a la obra misma de la gracia.

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Una calumnia menos: Mons. Roberto Ospina reivindicado, gracias a Dios

El suscrito Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombiana INFORMA A LA OPINIÓN PÚBLICA NACIONAL: Que el día 26 de junio de 2009, el señor Félix María Piñeros Barrios hizo ante la Fiscalía una retractación completa de todas las acusaciones que contra Monseñor José Roberto Ospina Leongómez había hecho anteriormente y que en su momento tuvieron amplia repercusión en los medios de comunicación. El citado señor Piñeros quiere con esta… Leer más »Una calumnia menos: Mons. Roberto Ospina reivindicado, gracias a Dios

El Acusador ha sido precipitado

El Apocalipsis es el gran libro de la esperanza cristiana, y como tal no puede dejar por fuera la realidad oscura pero no absoluta del demonio. La victoria de Jesús es prenda y principio de nuestra propia victoria.

Ecumenismo para Religiosos

Sabemos que la oración de Cristo suplicando la unidad con Él y entre los discípulos no puede ser desatendida. Sabemos también que el empeño por esta unidad es una prioridad y un camino que no tiene retorno para la Iglesia Católica. ¿Qué significa ello en particular para los consagrados y consagradas?

EL AMOR DEL PADRE PERMANECE EN NUESTRO CORAZON

EL AMOR DEL PADRE PERMANECE EN NUESTRO CORAZON

(Lc 15, 12-24)

Les invito a reflexionar la sobre la fuerza que tiene el amor para cambiar el corazón. El hijo menor se había marchado dejando una cruz pesadísima sobre los hombros de su padre. El abandono del padre marca el inicio de su perdición. Aún así, pienso que el hijo menor se había alejado de la casa, pero el amor de su padre le había seguido; restos de ese amor permanecían aún en el corazón del hijo. Ahora, sumido en la más terrible soledad, y saturado de una experiencia dolorosa, reflexiona, busca dentro de sí y descubre, entre cenizas, ese misterioso y mágico amor y se encuentra con el para así terminar regresando a la casa paterna. Aunque la motivación inicial fuese la búsqueda de su propio provecho, fue la añoranza del amor del Padre, fue el recuerdo de su amor por el que comenzó el retorno, el regreso a sí mismo y el reencuentro con su padre. El recuerdo del padre y de su amor señala el comienzo de la recuperación del hijo, que se hallaba perdido.

La parábola expresa este filón, diciendo: “Entonces recapacitó, volvió en sí y dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!”(v. 17). “Recapacitó”. ¡Qué actitud tan preciosa había adquirido al lado de su padre! Ahora ella le ayuda a encontrarse con su padre en su corazón. No han sido sus pecados, los que le llevan nuevamente al padre, es ese maravilloso amor que vivió a su lado el que le hace descubrir que su padre ha sido incapaz de abandonarlo. Conoce a su padre y sabe de su amor tan grande. El recuerdo de la casa paterna y la seguridad en el amor del padre le hacen concebir esa maravillosa expresión: “me levantaré iré a mi padre y le diré: he pecado contra el cielo y contra ti” (v.19). Es esta la palanca que lo saca del fondo a donde había caído y le pone en camino hacia el padre. La libertad sin control, el dinero, la abundancia, algunas amistades nos debilitan y nos pueden llevar hasta la muerte, pero siempre está el amor de nuestro Padre Dios esperándonos para redimirnos. Solo hace falta decidirse, levantarse y ponerse en camino hacia la casa del Padre para recibir el don de su amor. Es este el regalo de la conversión que, aceptado amorosamente, nos hace decidirnos a regresar al Padre.

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El Amor, como Principio de un Nuevo Orden

Al finalizar la guerra [mundial] todos habían dicho: basta. ¿Basta a qué? Basta a todo lo que había generado la matanza humana y la tremenda ruina. Inmediatamente después de la guerra, al comienzo de esta generación, la humanidad tuvo una ráfaga de conciencía : es necesario no sólo preparar las tumbas, curar las heridas, reparar los desastres, restituir a la tierra una imagen nueva y mejor, sino también anular las causas de la conflagración sufrida. Buscar y eliminar las causas, ésta fue la idea acertada. El mundo respiró.

Ciertamente, parecía que estuviera por nacer una era nueva, la de la paz universal. Todos parecían dispuestos a cambios radicales, a fin de evitar nuevos conflictos. Partiendo de las estructuras políticas, sociales y económicas se llegó a proyectar un horizonte de innovaciones morales y sociales maravillosas; se habló de justicia, de derechos humanos, de promoción de los débiles, de convivencia ordenada, de colaboración organizada y de unión mundial.

Se realizaron gestos admirables; los vencedores, por ejemplo, se convirtieron en socorredores de los vencidos; se fundaron importantes instituciones; el mundo comenzó a organizarse sobre principios de solidaridad y bienestar común. Parecía definitivamente trazado el camino hacia la paz, como condición normal y constitucional de la vida del mundo.

Pero ¿qué vemos después de veinticinco años de este real e idílico progreso? Vemos, ante todo, que las guerras, arrecian todavía, acá y allá, y parecen plagas incurables que amenazan extenderse y agravarse. Vemos que continúan creciendo, acá y allá, las descriminaciones sociales, raciales y religiosas. Vemos resurgir la mentalidad de antaño; el hombre parece reafirmarse sobre posiciones, psicológicas primero y luego políticas, del tiempo pasado. Resurgen los demonios de ayer. Retorna la supremacía de los intereses económicos, con el fácil abuso de la explotación de los débiles; retorna el hábito del odio y de la lucha de clases y, renace así una guerra internacional y civil endémica; retorna la competencia por el prestigio nacional y el poder político; retorna el brazo de hierro de las ambiciones en pugna, de los individualismos cerrados e indomables de las razas y los sistemas ideológicos; se recurre a la tortura y al terrorismo; se recurre al delito y a la violencia, como a fuego ideal sin tener en cuenta el incendio que puede sobrevenir; se considera la paz como un puro equilibrio de fuerzas poderosas y de armas espantosas; se siente estremecimiento ante el temor de que una imprudencia fatal haga explotar conflagraciones inconcebibles e irrefrenables. ¿Qué sucede? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué es lo que no ha funcionado o ha faltado? ¿Debemos resignarnos, dudando que el hombre sea capaz de lograr una paz justa y segura, y renunciando a plasmar la esperanza y la mentalidad de la paz en la educación de las generaciones nuevas?

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La Victoria es de nuestro Dios, 4 de 4

En la Asamblea Nacional de la Renovación Carismática vimos la necesidad de reconocer que las oportunidades de evangelización son bien diversas y que se dan distintos escenarios. Aquí se habla de los otros seis casos: Vertical-Descendente (véase Efesios 6,1-9); Horizontal-Forzoso (véase Hechos 27,9-12.20-26); Horizontal-Voluntario (véase Lucas 24); Misión-Activa (Hechos 2,29-36); Misión-Pasiva (Hechos 2,37-41) y Encuentro Fortuito.

175. Caro y Barato

175.1. Hoy quiero hablarte de lo barato y lo caro. Hay una especie de contradicción interna en estas palabras. Si llamamos barato a lo que te hace gastar menos dinero, lo lógico es preferir las cosas baratas; pero si llamamos barato a lo que no tiene buena calidad, y por tanto no vale mucho, entonces no es buena idea buscar lo barato. Del mismo modo: si llamamos caro a lo que implica un gasto fuerte, hay que huir de las cosas caras; pero si lo caro conlleva una excelente calidad, entonces hay que preferir en cierto modo a lo que es caro.

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