Cristo dijo: Rema mar adentro

Jesucristo nos invita a ir más allá de las aguas tranquilas y bien conocidas de la orilla. Por eso le dice a Pedro: rema mar adentro.

No hemos recibido el bautismo para esconderlo, ni mucho menos para avergonzarnos de él sino para presentarlo en el último día, lleno de flores de virtud y frutos de evangelización.

Jesucristo nos enseña: “En esto recibe gloria mi Padre, en que vayáis y deis mucho fruto” (Juan 15). Así nos enseña que hay que ir, hay que moverse, hay que salir de la zona de confort; pero con un propósito: dar fruto.

Un cristiano cómodo es lo más parecido que yo conozco a un cristiano apóstata. Sofocar el fuego para que no se note es demasiado semejante a apagar el fuego para que no estorbe.

No más comodidad. Cristo va delante. No nos faltará el Espíritu Santo. La meta es el Cielo; el camino es la Cruz; el baluarte es la Iglesia; la espada es la Palabra.

¡Adelante!

Entrar en acción

Cada mañana en África, una gacela se despierta.

Sabe que tiene que correr más rápido que el león, porque si no, morirá.

Cada mañana un león se despierta. Sabe que tiene que superar en velocidad a la gacela porque si no, se morirá de hambre.

No es cuestión de si usted es león o gacela. Cuando el sol alumbre, es mejor que eche a correr.

Si para usted siempre ha sido difícil transformar sus fracasos en victorias, entonces tiene que empezar a moverse.

No tiene importancia lo que lo haya detenido o por cuánto tiempo se mantuvo inactivo.

La única manera de romper el ciclo es enfrentar su miedo y entrar en acción, aun cuando esto parezca pequeño o insignificante.

Un paso a la vez: cumple tus metas

Seguramente es asunto de marketing. Parece que algunas cosas para alcanzar popularidad necesitan inventan nombres de otras partes del mundo. Se sabe por ejemplo que los helados Häagen-Dasz tomaron ese nombre, de apariencia escandinava, para darle categoría a una creación perfectamente norteamericana de “ice cream.” Algo parecido sucedió con el llamado “sudoku.” Inventado por el norteamericano Howard Garns en 1979, ganó popularidad mundial a partir del nombre japonés que adquirió en 1984. Algo semejante sucede con la propuesta de hoy. Yo lo llamo “granularidad” ; ahora algunos lo llaman “Método Kaizen.” Fue el modo típico de instrucción y trabajo de los aprendices y obreros voluntarios en la Edad Media pero ahora se presenta como una novedad bajo nombre también japonés: Kaizen, que quiere decir “mejoramiento.” La idea en todo caso es que son más eficientes las mejores continuas, así sean mínimas (granulares), que los pretendidos saltos de innovación total, que suelen tener curvas de aprendizaje muy empinadas.

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¿Cuál es la clave de la felicidad?

“Las personas que vivieron más años, con salud, más felices no eran aquellas personas que tenían mejores niveles de alimentación, ni las que hacían más ejercicio, ni las que trabajaron más duro, ni las que tenían más fama o fortuna. Las personas que mostraron las vidas más plenas, saludables y felices son aquellas que dedicaron muchos años de su vida y mucho esfuerzo a construir relaciones profundas, de confianza a prueba de crisis, relaciones positivas, de amor, de respeto y de crecimiento personal…”

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