Sobre la felicidad, han dicho…

A menudo la felicidad se mete por aquella puerta que dejaste inadvertidamente abierta. (John Barrymore)

La felicidad no está hecha, como una gema que encuentras; crece poco a poco, como una planta que cultivas. (Anónima)

Hay quienes producen felicidad adonde van; otros producen felicidad cuando se van. (Oscar Wilde)

Si lo que piensas, dices y haces está en armonía, de seguro eres un hombre feliz. (Mahatma Gandhi)

No es lo que tienes sino cuánto sabes disfrutarlo, lo que determina si eres o no feliz. (Charles Spurgeon)

Algunos pensamientos sobre el fracaso

Fracasar no significa que somos fracasados… lo que sí significa es que todavía no hemos triunfado.

Fracasar no significa que no hayamos logrado nada… lo que sí significa es que falta mucho por lograr.

Fracasar no significa que hemos sido unos tontos… lo que sí significa es que teníamos que aprender.

Fracasar no significa que no tenemos lo que se necesita… lo que sí significa es que necesitamos hacer algo de manera diferente.

Fracasar no significa que somos inferiores… lo que sí significa es que no somos perfectos.

Fracasar no significa que hemos desperdiciado nuestra vida… lo que sí significa es que tenemos una razón para comenzar
de nuevo.

Fracasar no significa que nunca lo lograremos… lo que sí significa es que abandonar el intento… eso sí sería fracasar.

Caer nos hace más fuertes

“En el día a día van apareciendo muchas ocasiones para practicar algo tan decisivo en la educación de nuestros hijos como la resistencia a la frustración. Eso no significa que tengamos que buscar y suministrarles frustraciones, sino que hemos de contar con ellas de forma natural. No sirve de nada ocultarlas bajo la alfombra porque, si lo hacemos, se irán acumulando fuera de su vista y nuestros hijos acabarán tropezando con la propia alfombra, abultada por todas las frustraciones que hemos acumulado debajo…”

Click!

No todos los fracasos son iguales…

“Sólo cuando abramos los ojos de la mente y del corazón a la meta definitiva. Sólo cuando comprendamos que todo puede servir para el bien si uno ama a Dios (cf. Rm 8,28). Sólo cuando los bienes materiales y la salud sean “invertidos” en la ayuda al pobre, al enfermo, al abandonado, al triste, al anciano. Sólo cuando seamos capaces de ver que muchos fracasos no son más que puertas que se cierran para que se abran horizontes de humildad y de acogida. Sólo cuando seamos capaces de ofrecer el dolor propio unido a la oración de Cristo en la Cruz por todos los hombres… Sólo entonces nuestra vida brillará desde una luz que viene de lo alto y que permite participar en la única victoria que da sentido a la aventura humana: la del Cordero entregado por Amor al Padre y a los hermanos…”

fracasos?

Click!

Gente que me gusta

En el lenguaje de los tweets:

  • 01 de 15 Me gusta la gente que ha entendido que las palabras también se gastan, y por eso las usa con sabiduría, mesura y verdad.
  • 02 de 15 Me gusta la gente que cuando dice un elogio no tiene que envolverlo en una mentira.
  • 03 de 15 Me gusta la gente que sabe exaltar la grandeza de la mujer sin hablar mal de los hombres.
  • 04 de 15 Me gusta la gente que sabe corregir sin tener que humillar.
  • 05 de 15 Me gusta la gente que sabe tener su propio gusto y criterio pero no vive obsesionada con ser original.
  • 06 de 15 Me gusta la gente que ha entendido que dar testimonio de la propia fe vence los daños tanto de la cobardía como del fanatismo.
  • 07 de 15 Me gusta la gente que si tiene que reírse de alguien empieza por sí mismo.
  • 08 de 15 Me gusta la gente que no espera los momentos especiales para ser especial.
  • 09 de 15 Me gusta la gente que cuando te está escuchando no está simplemente preparando qué va a decir cuando te calles.
  • 10 de 15 Me gusta la gente que no busca la gente para huir de la soledad ni busca la soledad para huir de la gente.
  • 11 de 15 Me gusta la gente que cuando no tiene nada que decir sencillamente se calla.
  • 12 de 15 Me gusta la gente que sabe agradecer lo bueno que tiene y sin embargo entiende que hay cosas todavía mejores.
  • 13 de 15 Me gusta la gente que busca ser amiga de sus hermanos y hermana de sus amigos.
  • 14 de 15 Me gusta la gente que a menudo tiene la palabra justa, pero sabe también quedarse sin palabras.
  • 15 de 15 Me gusta la gente que tiene pactos de amor y adoración en el silencio de su encuentro con Dios.

Los triunfadores

A veces los triunfadores no son aquellos a los que todo el mundo aplaude y reconoce. No son los que construyeron grandes obras, dejaron constancia de su liderazgo o viajaron, en primera clase.

A veces los triunfadores no son los administradores geniales, ni los visionarios del futuro, o los grandes emprendedores. Por ello, tal vez no los reconoceríamos en medio de tanto pensador, filósofo o tecnólogo, que supuestamente conducen a este mundo por la senda del progreso.

A veces el triunfador no es el negociador internacional, o el hacedor de empresas de clase mundial o el deslumbrante estadista que asiste a reuniones cumbre. No es el que se afana por exportar mucho, sino el que todavía se importa a sí mismo. Porque el triunfador puede ser también el que calladamente lucha por la justicia, aunque no sea un gran orador o un brillante diplomático.

El triunfador puede ser igualmente el que venció la ambición desmedida y no fue seducido por la vanidad o el poder.

Es triunfador el que no obstante que no viajó mucho al extranjero, con frecuencia hizo travesías hacia el interior de sí mismo para dimensionar las posibilidades de su corazón. Es el que quizás nunca alzó soberbio su mano en el podium de los vencedores, pero triunfó calladamente en su familia y con sus amigos y los cercanos a su alma.

Es, quizá, el que nunca apareció en las páginas de los periódicos, pero sí en el diario de Dios; el que no recibió reconocimientos, pero siempre obtuvo el de los suyos; el que nunca escribió libros, pero sí cartas de amor a sus hijos y el que pensó en redimir a su país a través de la asfixiante aventura de su trabajo común y rutinario y aquel que prefirió la sombra, porque, finalmente, es tan importante como la luz.

A veces el triunfador no es el que tiene una esplendorosa oficina, ni una secretaria ejecutiva, ni posee tres maestrías; no hace planeación estratégica ni elabora reportes o evalúa proyectos, pero su vida tiene un sentido, hace planes con su familia, tiene tiempo para sus hijos y encuentra fascinante disfrutar de la hermosa danza de la vida.

A veces el triunfador no es el pasa a la historia, sino el que hace posible la historia; el que encuentra gratificante convencer y no sólo vencer y el que de una manera apacible y decidida lucha por hacer de este mundo un mejor lugar para vivir. Es el que sabe que aunque sólo vivirá una vez, si lo hace con maestría, con una vez le bastará.

A veces el triunfador no tiene que ser el que construyó grandes andamiajes y estructuras administrativas, pero supo cómo construir un hogar; no es el que tiene un celular, pero platica con sus hijos, no tiene correo electrónico, pero conoce y saluda a sus vecinos, no ha ido al espacio exterior, pero es capaz de ir hacia su espacio interior y sin haber realizado grandes obras arquitectónicas, supo construirse a sí mismo y fue, como dice el poeta, el cómplice de su propio destino.

A veces el triunfador suele ser Teresa de Calcuta, o Francisco de Asís o Nelson Mandela, o tal vez la enfermera callada, el obrero sencillo y el campesino olvidado, porque como personas triunfaron sobre la apatía o el desencanto y con su esfuerzo cotidiano establecieron la diferencia.

A veces el triunfador puede ser el carpintero pobre de un lugar ignorado, o una mujer sencilla de pueblo o un niño humilde que nació en un pesebre, porque no había para él lugar en la posada…

Autor: Rubén Núñez.

El Muro

Dicen que una vez un hombre, era perseguido por varios malhechores que querían matarlo. El hombre ingresó a una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores de la que él se encontraba.

Con tal desesperación elevó una plegaria a Dios, de la siguiente manera: “Dios todopoderoso, has que dos ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme”. En ese momento escuchó a los hombres acercándose a la cueva en la que el se encontraba, y vio que apareció una arañita.

La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez mas angustiado: “Señor te pedí ángeles, no una araña.” Y continuó: “Señor por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme”.

Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observo a la arañita tejiendo la telaraña.

Estaban ya los malhechores ingresando en la cueva anterior de la que se encontraba el hombre y este quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva que se encontraba el hombre, ya la arañita había tapado toda la entrada, entonces se escuchó esta conversación:

Primer hombre:

- Vamos, entremos a esta cueva.

Segundo hombre:

- No, ¿no ves que hasta hay telarañas? nadie ha entrado en esta cueva. Sigamos buscando en las demás cuevas.

Dios como padre amoroso sabe perfectamente cuál es la respuesta apropiada para cada situación que se nos presenta.

Esperar que nuestras plegarias sean atendidas de acuerdo con nuestras reglas es desmerecer el poder de Dios que sabe no solo que nos hará más felices, sino también, qué es más conveniente para nuestra vida.

Ponte a orar

Buscas la compañía de amigos que con su conversación y su afecto, con su trato, te hacen más llevadero el destierro de este mundo…, aunque los amigos a veces traicionan. -No me parece mal. Pero… ¿cómo no frecuentas cada día con mayor intensidad la compañía, la conversación con el Gran Amigo, que nunca traiciona?

“María escogió la mejor parte”, se lee en el Santo Evangelio. -Allí está ella, bebiendo las palabras del Maestro. En aparente inactividad, ora y ama. -Después, acompaña a Jesús en sus predicaciones por ciudades y aldeas. Sin oración, ¡qué difícil es acompañarle!

¿Que no sabes orar? -Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: “Señor, ¡que no sé hacer oración!…”, está seguro de que has empezado a hacerla.

Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” -¿De qué? De El, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias…, ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”

IX-D. Palabras de aliento y exhortacion

328. Mirad, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; de lo pasado no haya recuerdo ni venga pensamiento; más bien, gozad y alegraos siempre de lo que voy a crear; mirad, voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su población en gozo. (Is 65,17-18)

329. No abandones tu corazón a la tristeza; recházala, piensa en el futuro. (Sir 38,20)

330. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. (Jn 12,25)

331. El mundo pasa con sus codicias; pero quien cumple la voluntad de Dios, permanece por siempre. (1 Jn 2,17)