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	<title>Alimento del Alma &#187; Las Palabras del Angel</title>
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	<description>Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.</description>
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		<title>200. Un No Se Que</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Mar 2010 06:22:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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		<description><![CDATA[200.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
200.2. A ti te salva no sólo lo que sabes sino también lo que ignoras o no recuerdas. Lo que tú sabes en cierto modo entra dentro de lo que tú controlas. Lo que tú desconoces pertenece al rango de lo que quizá [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>200.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>200.2. A ti te salva no sólo lo que sabes sino también lo que ignoras o no recuerdas. Lo que tú sabes en cierto modo entra dentro de lo que tú controlas. Lo que tú desconoces pertenece al rango de lo que quizá tiene algún poder sobre ti.</p>
<p><span id="more-5038"></span></p>
<p>200.3. Piensa, por ejemplo, en el amor, el amor humano. Piensa en una pareja que se enamora. Si preguntas a ese hombre por qué ama a esa mujer en particular, seguramente te dirá &#8220;no sé,&#8221; y si él es poeta y tú eres su amigo, añadirá: &#8220;&#8230;y es maravilloso no saberlo.&#8221; De esto hablan los que escriben cosas bellas sobre los afectos humanos. Te hablan de &#8220;un no sé qué.&#8221; ¿Qué significa esto? Es un modo de hablar de la dulce experiencia de estar en brazos de un poder que quema y abraza, que envuelve y se adueña del ser entero, conduciéndolo a una dimensión nueva, a un mundo que hacía unos momentos no existía.</p>
<p>200.4. Por ello, si una persona quisiera comprender completamente qué le sucede cuando ama, se perdería en cierto sentido lo mejor del amor, que es la sensación de &#8220;ser sostenido,&#8221; de &#8220;ser llevado&#8221; y por eso también &#8220;ser creado.&#8221; El amor, desde esta perspectiva, no es sino una pequeña degustación de un &#8220;algo&#8221; que te devuelve a lo que fue radicalmente primero en ti. Porque tú no estabas dirigiendo el proceso de tu creación. Para ser conducido de la nada al ser no fueron tus geniales ideas ni tus brillantes conocimientos los que sobresalieron, sino otras ideas y otros designios que te superaron radical e infinitamente, como una orilla a la otra en un abismo insalvable.</p>
<p>200.5. Cuando estabas siendo creado, esto es, cuando Dios, el único Creador, te conducía por sendas inenarrables desde la nada al ser, tú estabas simplemente recibiendo; es pura pasividad, puro silencio, pura escucha, pura acogida. Y ni siquiera te dabas a ti mismo el ser acogida, escucha y pasividad, sino que también el poder ser eso y poder grabarlo en algún lugar más allá de la memoria de conceptos, también eso fue regalo. Ese es el regalo que el alma humana desea repetir cuando, olvidada de sí y ebria de gozo se deja arrastrar por al corriente potente del amor.</p>
<p>200.6. De esto hablaba aquel enamorado cuando escribió, según consta en la Escritura: «<em>Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones</em>» (Ct 6,4). ¡Él sentía que la belleza de ella le sobrepasaba, él sentía que ese rostro y esos ojos le podían! Por eso añadió: «<em>Retira de mí tus ojos, que me subyugan</em>» (Ct 6,5).</p>
<p>200.7. En verdad, para aquel hombre era bello no entender; no era terrible, sino terriblemente hermoso sentir que algo iba más allá de su comprensión y se adueñaba de sus entrañas, hasta conducirlo a una dimensión nueva, a un mundo que él no conocía. En esa experiencia él podía recordar con la memoria del afecto aquella primera mañana en que la luz de Dios alumbró su faz todavía sin rostro y le concedió simplemente y bellamente ser.</p>
<p>200.8. Mira, a partir de aquí cuánto yerran los que pretenden hacer de la razón su última razón. Entiende, amado amigo, que sólo quien sepa abrir estas esclusas podrá atravesar los canales y escondrijos del corazón humano. Tú ya sabes quién tenía ciencia bastante para hacer esta tarea: aquel que llego a ti y con la dulcedumbre de su gracia se apoderó de tus tesoros: Cristo, Nuestro Señor. Rendido a Él eres vencedor. Para ti será el Reino de los Cielos.</p>
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		<title>199. Semillas de Invierno</title>
		<link>http://fraynelson.com/blog/2010/02/24/199-semillas-de-invierno/</link>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 08:40:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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		<description><![CDATA[199.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
199.2. El miedo es la reacción característica ante un peligro inminente. Es una de las sensaciones más comunes en la especie humana, de modo que casi podemos considerar un mentiroso al que diga que nunca ha tenido miedo o que a nada teme.

199.3. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>199.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>199.2. El miedo es la reacción característica ante un peligro inminente. Es una de las sensaciones más comunes en la especie humana, de modo que casi podemos considerar un mentiroso al que diga que nunca ha tenido miedo o que a nada teme.</p>
<p><span id="more-5009"></span></p>
<p>199.3. El miedo es ambiguo en el alma humana. Por una parte, llevados del terror los hombres desarrollan hechos prodigiosos que se reflejan en sus huidas o combates. Por otra, el miedo paraliza, corta la reflexión, impide la deliberación.</p>
<p>199.4. Nadie puede vivir ante un miedo permanente, pero sí hay vidas profundamente marcadas por el temor. Son caracteres apocados, de iniciativas cortas y lenguaje confuso e inseguro. Su miedo se ha convertido en una nube que no logran apartar de sus ojos y que los convierte en prisioneros sin capacidad de gobernar su propio barco.</p>
<p>199.5. El miedo, lo mismo que la tristeza, son útiles en ciertos parajes del camino hacia la conversión. Puesto que toda tentación se apoya en un bien exagerado, unilateral o aparente, la superación de la tentación requiere de una renuncia a ese bien menor en busca de un bien mayor. De ordinario este rompimiento conlleva la tristeza de descubrir los males que tenía el bien menor o el miedo ante los males que se ve que traerá.</p>
<p>199.6. Sin embargo, este miedo o tristeza &#8220;buenos&#8221; llevan el doble sello de la humildad y la esperanza. El miedo o la tristeza malos van señalados por la soberbia y la desesperación. Y así como Dios intenta infundir en el alma el miedo bueno y la tristeza buena, el diablo quiere plantar el miedo malo y la tristeza mala.</p>
<p>199.7. Cristo en su pasión tuvo miedo y tuvo tristeza. De su Corazón brotan estos afectos santos que están generosamente en las genuinas conversiones. Los enemigos de Cristo, en cambio, abundaron en soberbia y en desesperación. Es una buena idea, entonces, que no rechaces el sentir miedo ni huyas miedoso de la tristeza; es mejor que al verte visitado de estos sentimientos acudas a Cristo Paciente y le hables con franqueza de lo que te pasa, suplicando de su misericordia que tome lo que hay en tu alma y lo acerque a lo que hay en su alma. De este modo, lejos de pecar, superarás la ocasión de pecado, e incluso expiarás algunas de tus culpas pasadas.</p>
<p>199.8. Otro tanto hay que predicar al pueblo de Dios. No pretendas que sean irrompibles, porque Cristo en la Cruz está bastante roto y desgarrado. A nadie pidas que no tenga miedo ni enseñes que la gente debe vivir siempre campante y risueña. ¡No estaba muy risueño nuestro Santísimo Señor en las horas graves de su terrible Pasión! Lo importante es que la alegría tenga siempre su semilla en tu corazón y el de tus hermanos. Así como las semillas de la siembra de otoño parecen muertas cuando llega el invierno, y sin embargo estallan de vida y color en la primavera, así también el corazón de un cristiano sabe enterrar sus semillas de pascua mientras el frío del mundo cubre de muerte y dolor todas las cosas.</p>
<p>199.9. Un buen sacerdote, especialmente si es director de almas, sabe descubrir esas semillas de gozo, incluso cuando las lágrimas bañan el rostro con el aspecto de una noche interminable. Un buen sacerdote es un despertador que sabe recordar a su alma propia y al corazón de los hermanos que quien ha recibido la semilla de Cristo tiene la vida de Cristo.</p>
<p>199.10. Aférrate a esa vida y la victoria será tuya, no importa cuántas noches sobrevengan, cuánto frío se abalance sobre tu huerta, cuánta nieve y cuánto hielo quieran matar el resplandor tu sonrisa. Para ti será el Reino de los Cielos.</p>
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		<title>198. Mas Alla del Recuerdo</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 06:14:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[198.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
198.2. Así como hay recuerdos amargos, recuerdos tristes y recuerdos deshonestos, hay también recuerdos hermosos, recuerdos dulces y recuerdos saludables. Pero más allá de lo que directamente puede recordar la mente humana, es bueno aprender a agradecer lo que no se recuerda y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>198.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>198.2. Así como hay recuerdos amargos, recuerdos tristes y recuerdos deshonestos, hay también recuerdos hermosos, recuerdos dulces y recuerdos saludables. Pero más allá de lo que directamente puede recordar la mente humana, es bueno aprender a agradecer lo que no se recuerda y que sin embargo hizo bien. Este ejercicio, del que te quiero hablar hoy, levanta al alma hacia una gratitud singular y una humildad profunda.</p>
<p><span id="more-4887"></span></p>
<p>198.3. En efecto, mucho antes de que pudieras empezar a recordar nada, una sucesión ininterrumpida de maravillas fue poblando la historia de tu vida. El salmista dice: «mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra; mi embrión tus ojos lo veían&#8230;» (Sal 139,15-16). En un despliegue de prodigios sin cuento, a partir de un comienzo minúsculo, Dios fue construyendo todas las maravillas de tu cuerpo. ¿Cuánta biología y cuánta química se necesita para describir, solamente describir cabalmente, lo que entonces aconteció? Como tú lo has dicho pocas veces, porque también lo has pensado pocas veces, yo le digo hoy a nuestro Dios, a nombre tuyo:</p>
<p>198.4. <em>Papá Dios,<br />
en mi vida,<br />
antes que el lenguaje de las palabras,<br />
fue el lenguaje de las obras;<br />
porque antes de obrar era necesario ser,<br />
y no podía yo ser si Tú no me dabas ser.</em></p>
<p>198.5. <em>Por eso te agradezco, en primer lugar,<br />
que me hayas concedido la existencia:<br />
ningún rincón de mi cuerpo te es ajeno,<br />
nada pasa en mí sin que Tú lo sepas;<br />
nada me sucede fuera del ámbito de tu designio de amor.</em></p>
<p>198.6. <em>Padre,<br />
yo no puedo recordar lo que entonces sucedió,<br />
cuando me tejiste en lo profundo de la tierra,<br />
pero tu tejido soy yo mismo,<br />
y esta voz que te alaba con acción de gracias,<br />
antes que con sus significados,<br />
con el solo hecho de su existencia está cantando.</em></p>
<p>198.7. <em>Padre, padre mío,<br />
yo no sé recordar lo que entonces hiciste,<br />
y por esa flaqueza de mi ser de creatura entiendo<br />
que lo más profundo de tu obrar se me escapa.<br />
Pues no voy a decir que ahora veo todas tus obras en mí,<br />
ni voy a presumir de conocer el tamaño de tu poder<br />
o el alcance de tu piedad.</em></p>
<p>198.8. <em>Más bien debo decir<br />
que todavía hoy, en lo profundo de la tierra,<br />
más allá de lo que ven mis ojos<br />
o los ojos de mis hermanos,<br />
Tú sigues haciendo maravillas escondidas,<br />
y preparas caminos inesperados,<br />
sendas insondables de sabiduría que me sobrepasa,<br />
recodos de indescriptible belleza;<br />
son las sorpresas que el mejor de los papás<br />
tiene siempre para sus niños pequeñitos.</em></p>
<p>198.9. <em>¡Gracias, gracias, gracias!,<br />
¡Gracias por lo que veo, por lo que entiendo, por lo que recuerdo,<br />
pero sobre todo: gracias por lo que no veo,<br />
lo que no entiendo o no comprendo!<br />
Gracias, Padre, amado Padre, amable Padre, amoroso Padre,<br />
Padre amigo, Padre amante de los que aún no te aman,<br />
y bondadoso con los que aún no te reconocen.<br />
Recibe mi gratitud, Padre,<br />
recibe mi amor que de tu amor ha nacido.<br />
Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.</em></p>
<p>.10. En la próxima semana, di esta oración cada día, varias veces al día. La costumbre de pensar y orar así te hará bien, y te dispondrá a vivir mejor en el universo de la divina gracia. Para ti será el Reino de los Cielos.</p>
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		<title>197. Un Cuadrado de Luz</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 08:20:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[197.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
197.2. El arte musulmán es uno de los bienes culturales de la Humanidad. Cultivaron los seguidores de Mahoma la radical ausencia de toda imagen, y por ello, para decorar sus edificios sagrados, se valieron ante todo de las formas puras de la geometría. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>197.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>197.2. El arte musulmán es uno de los bienes culturales de la Humanidad. Cultivaron los seguidores de Mahoma la radical ausencia de toda imagen, y por ello, para decorar sus edificios sagrados, se valieron ante todo de las formas puras de la geometría. Preciosos mosaicos y admirables teselaciones van recubriendo de luces y colores la arquitectura propia de este modo de arte.</p>
<p><span id="more-4865"></span></p>
<p>197.3. Quiero que atiendas a la forma más simple de ese paraíso geométrico tan propio del Islam. Te hablo del humilde cuadrado.</p>
<p>197.4. Cuadradas suelen ser las baldosinas ordinarias, y con una repetición de ellas puedes cubrir cualquier superficie plana, por grande que sea. Si se trata de superficies curvas, siempre es posible pensar en cuadrados más pequeños, de modo que aproximen con la precisión deseada la forma que te ocupe. Al darle un límite a la superficie, precisamente circunscribiéndola a un cuadrado, tienes como un resumen y una llave de comprensión de toda superficie. Puedes decir incluso que &#8220;entender&#8221; al cuadrado, en principio te dice algo sobre cualquier superficie, no importa su tamaño o distancia.</p>
<p>197.5. Y puedes también abordar este pensamiento de otro modo: la superficie más grande está hecha de superficies pequeñas, del mismo modo que el más grande de los océanos a nada debe su grandeza, sino a sus millones de goticas.</p>
<p>197.6. Imagina un inmenso embaldosinado que recubriera, por ejemplo, la Tierra. En esa imagen cada baldosín tiene frontera sólo con otros cuatro. Su &#8220;mundo&#8221; es pequeño, pero la suma de todos esos pequeños mundos puede ser del tamaño mismo de este mundo, que te parece inmenso. Algo así es lo que sucede en la sociedad humana. Cada cuadradito debe saber proteger con amor y embellecer con generosidad a sus cuatro cuadraditos, que a su vez deben cuidar, amar y embellecer a sus otros cuatro, en un movimiento expansivo que es capaz de cubrir superficies tan grandes como el mundo entero. Puedes decir que ésta es una imagen matemática de lo que significa &#8220;amarás a tu prójimo como a ti mismo.&#8221;</p>
<p>197.7. Vuelve ahora a mirar al mundo recubierto por ese gigantesco e imponente embaldosinado. Imagínate que uno de los cuadraditos se rebela y decide por su cuenta y riesgo que ya no quiere estar como está, sino que va a ponerse en diagonal. Obstinado en su terquedad, empieza a herir con sus vértices a sus cuatro vecinos, entrándose a deshoras en los terrenos que pertenecen a ellos. Éstos se quejan e intentan oponerle resistencia, pero el cuadradito porfiado sigue luchando contra ellos e hiriendo sus segmentos de recta con sus vértices puntudos. ¿Qué pasará en este caso?</p>
<p>197.8. Hay varios desenlaces posibles. Es posible que finalmente el cuadradito tozudo entre en razón. Es posible que los otros persistan en su dureza, de modo que, si el otro quiere rotar, le toque volverse más pequeño, limando sus vértices y aristas contra los duros segmentos de los vecinos, dejando entonces algunos vacíos en el conjunto. Es posible, en tercer lugar, que sean estos vecinos los que cedan y entreguen una parte de lo suyo al molestoso. O es posible, finalmente, que también estos, para evitarse problemas, empiecen a rotarse en diagonal, o achicarse y agrandarse, creando entonces malestar en otros vecinos, y así sucesivamente. No es difícil para ti deducir de esta parábola cuáles son los principales tipos de conflictos que se dan entre los seres humanos, ni qué caminos suelen seguir en estos conflictos.</p>
<p>197.9. Cada cuadrado tiene un color. Tú tienes un color en tu espíritu, que es semejante pero distinto al de tus vecinos. Tus vecinos y tú, unidos a todos los vecinos de todo el mundo y de todos los tiempos, constituyen un inmenso mosaico en el que está descrito, con caracteres de siglos y acentos de estrellas, el amor de Dios, como Él quiso mostrarlo en la Historia de los hombres.</p>
<p>197.10. El mosaico está en construcción. Hay horribles rebeldías, algunas de ellas con muchísimos seguidores. Hay sectores limpios y sanos, y otros que producen infinita compasión y gran tristeza.</p>
<p>197.11. Y hay un cuadradito de luz, que se llama Jesús. De él brota un temblor de amor que se llama gracia, y que a todos convoca y mueve, para que adquieran su tamaño digno, su lugar precioso y su mejor color. Hazle caso.  Para ti será el Reino de los Cielos.</p>
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		<title>196. El Secreto de Cristo</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Jan 2010 07:05:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[196.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
196.2. No se detiene el agua del manantial, aunque tú dejes de mirarla; no dejan de hacer sus nidos primorosos y mullidos los pajaritos, aunque nadie los aplauda; los más bellos atardeceres suceden ante playas desiertas, y los secretos más íntimos de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>196.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>196.2. No se detiene el agua del manantial, aunque tú dejes de mirarla; no dejan de hacer sus nidos primorosos y mullidos los pajaritos, aunque nadie los aplauda; los más bellos atardeceres suceden ante playas desiertas, y los secretos más íntimos de la materia todavía no han sido formulados ni contemplados ni agradecidos por nadie, pero ¡ahí están!</p>
<p>196.3. ¿Qué te dicen estos ejemplos, mi pequeño amigo? Que tu bondad debe realizarse en lo escondido, en ese «secreto» del que te habló Nuestro Señor Jesucristo, allí donde Dios ve y paga (Mt 6,4.6.18). Ahora bien, en ese pasaje Cristo no dijo que la paga fuera en secreto, pero sí es cierto que una parte de la paga es en secreto. De eso quiero hablarte hoy.</p>
<p>196.4. Si miras la vida de Cristo &#8220;desde fuera,&#8221; te resulta incomprensible. Un ritmo extenuante de trabajo; gente que demanda más y más atención, más y más cuidado, más y más amor; sin el sosiego de un hogar, la caricia de una esposa solícita, o la remuneración afectiva que dan los hijos con su saludo, su sonrisa y su abrazo. Incomprendido por los discípulos, odiado por sus enemigos, urgido por todos. Sobrecargado con una misión intransferible y trascendental como ninguna; solo en medio de las multitudes; a menudo llamado pero pocas veces acogido de verdad. Torturado por el anhelo de la gloria divina en ese barro irresponsable que es la existencia humana; quemado por la sed, falto de alimento, escaso de provisiones, privado a menudo de un buen descanso. Todos esperan de Él sin que le sea permitido esperar mayor cosa de nadie; todos quieren apoyarse en Él sin que se le autorice confiar y apoyarse realmente en nadie; debe ser todo para todos, aun sabiendo que muchos lo tratarán como si no fuera nada, como si no valiera la pena, como si no fuera nadie. Y para desenlace de semejante vida, una avalancha de traiciones, un aguacero de insultos, una tormenta de blasfemias, el alud de un castigo inhumano y cruel, el silencio de los Cielos y el espanto de la Cruz. Es incomprensible; es absurdo; parece simplemente ridículo o demencial&#8230; si lo ves desde fuera.</p>
<p>196.5. Mas en Cristo existe un &#8220;adentro.&#8221; Él, que a todos enseñó que el Padre veía &#8220;en lo secreto,&#8221; lo dijo porque lo sabía, porque lo había vivido. Habló así porque en su propio secreto había sentido como nadie la dulce presencia del amor del Padre.</p>
<p>196.6. Los hombres del mundo tienen sólo exterioridad. Toda su felicidad se juega en las cosas que se ven, se palpan, se compran o se venden, se aplauden o se denigran. En su interior hay apenas un poquito de espacio, donde tienen que hacer caber su poquito de podredumbre: lo que quieren llevarse a la eternidad.</p>
<p>196.7. Cristo es exactamente lo contrario. Su exterior, como el de la Cruz, es rugoso e incomprensible. Da amor, produce bienes, ofrece bondad, pero al mirarle fijamente, desconcierta y deja espantada a la inteligencia humana. Por el contrario, su interior es palacio deslumbrante; altar incandescente de finísimo incienso; casa amplia donde todo tiene su lugar y donde todos son acogidos con un amor que no cabe en palabras de hombres ni de ángeles.</p>
<p>196.8. Por eso hace tanto bien el amor devoto al Corazón de Jesús, porque con esa palabra y en ese nombre hay como una puertecita que te lleva hacia ese secreto de Cristo Jesús.</p>
<p>196.9. Dios Padre vio y conoció ese &#8220;secreto&#8221; de Cristo, y por eso dijo con voz que resonó a modo de trueno: «en Él me complazco» (Mt 3,17; 17,5; Mc 1,11). Nuestro Señor, terminada la dura jornada se iba solo a la montaña a hacer oración, es decir: acudía a ese &#8220;secreto,&#8221; a esa intimidad de amor con el Padre. En lugar de los rostros desfigurados por la enfermedad o el pecado, allí le esperaba el rostro hermoso por excelencia; en lugar de las voces destempladas de los odios o miserias de los hombres, allá le aguardaba la palabra dulce que sólo sabe decirle &#8220;¡Hijo, Hijo mío!;&#8221; en lugar del elenco repetido de las traiciones y envidias humanas, allí venía, como a su igual, el Amor. ¿No es bello el secreto de Cristo?</p>
<p>196.10. Ese secreto no ha quedado en secreto. Se ha abierto para ti hoy. Recíbelo. Para ti será el Reino de los Cielos.</p>
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		<title>195. Unidad</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Jan 2010 06:11:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[195.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
195.2. Como decía en su tiempo el apóstol Pablo, te digo yo ahora: No me cansa repetirte las mismas cosas (cf. Flp 3,1). Considero que es salud para tu mente enseñarte de mil modos y con mil ejemplos cómo has de descubrir la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>195.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>195.2. Como decía en su tiempo el apóstol Pablo, te digo yo ahora: No me cansa repetirte las mismas cosas (cf. Flp 3,1). Considero que es salud para tu mente enseñarte de mil modos y con mil ejemplos cómo has de descubrir la unidad en la creación, la unidad en la redención y la unidad que hay en el plan que une la creación y la redención.</p>
<p>195.3. La pluralidad es bella, y ha sido querida por Dios, pero no como un fin último, al modo de la dispersión, sino como un lenguaje que conduce finalmente hacia la unidad que sólo se halla en Él mismo.</p>
<p><span id="more-4772"></span></p>
<p>195.4. Así ves multitud de especies animales y vegetales que abruman y casi oprimen tus sentidos. La mente humana, sin embargo, como levantándose por encima de lo que pueden percibir los sentidos, se esfuerza en encontrar un nombre único para cada cosa. Detecta las diferencias contrastándolas con lo que ve que es constante, y entonces investiga el por qué de tales diferencias.</p>
<p>195.5. Por este camino no tarda en descubrir que hay una tendencia profunda hacia la vida, de modo que en la diversidad impresionante de seres puede encontrarse por todas partes el amor al hecho mismo de ser. Este amor, si bien se medita, es principio de otros muchos interrogantes que en últimas conducen hacia los designios del Creador. En ellos la mente alcanza la unidad que buscaba, y entonces, cuando se vuelve con nuevos ojos a la pluralidad inicial, la contempla no como un caos inhóspito, sino como un lenguaje, como una casa, como un abrazo.</p>
<p>195.6. Algo parecido sucede con la redención. Si lees la Escritura, encuentras una pluralidad de historias en las que no faltan extremos de virtud o de vicio. Las intervenciones mismas de Dios resultan desconcertantes al corazón humano, por lo menos al principio. Mas a medida que se va descubriendo el amor que hay detrás de toda esa inmensa y abigarrada serie de hechos, épocas y personas, entonces todo cobra unidad, y la mente se alegra viendo lo mismo aunque no de la misma forma.</p>
<p>195.7. Este género de meditaciones y contemplaciones hacen mucho bien al alma humana, porque la disponen para el Cielo. El Cielo no es una larga clase de historia sagrada ni una larga exposición de ciencia natural. Es una mirada que descubre en asombrosa unidad al Amor que es Fuente y al Amor que es Meta. Una canción que recorre en el instante de un acorde magistral la grandeza de la obertura y la majestad de la conclusión. Una luz penetrante y sobrecogedora como el relámpago, dulce y cariñosa como una mañana fresca en el verano. A todo esto te preparan los ejercicios de unidad, que comienzan, como te he dicho de varios modos, en descubrir lo pequeño en lo grande y lo grande en lo pequeño.</p>
<p>195.8. El enemigo malo, el demonio, detesta la unidad. Para ruina suya no puede sostener ni siquiera el talante de sus propias mentiras y por ello es espectador indefenso de sus propias contradicciones, cuyo fin es el caos que le envuelve y domina. Pero desde su fondo de contradicción no calla y desde su incoherencia esencial no se detiene en sí mismo, sino que con desvergüenza y odio enconado se lanza por las calles del universo publicando con cinismo su mensaje de división, tratando con todas sus fuerzas que el hombre, en quien resplandece la ternura de la misericordia divina, se confunda y diga la frase estúpida: &#8220;o Dios o la creación.&#8221; Pronunciada esta frase por boca humana, estalla la carcajada del infierno, porque ante el falso enigma la mente del hombre desfallece y se quiebra, de modo que, pudiendo ser fuerte con la fuerza  de Dios, se entrega miserablemente a quien no sabe sino odiarlo. Esta ha sido su estrategia desde antiguo. Es la única mentira que sabe y que repite sin cesar.</p>
<p>195.9. Tú no tienes que obedecerle. No fuiste creado para eso. Obedece a Dios.  Para ti será el Reino de los Cielos.</p>
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		<title>194. La Revelacion de la Verdad</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Jan 2010 06:34:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>
		<category><![CDATA[verdad]]></category>

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		<description><![CDATA[194.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
194.2. El tiempo de aquella Cuaresma inolvidable para la Iglesia de Cristo ha terminado, y tú has visto cómo lo que fue jubileo para todos, algo de continua cuaresma tuvo para ti. Tu jubileo, tu gran jubileo no ha llegado todavía, y precisamente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>194.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>194.2. El tiempo de aquella Cuaresma inolvidable para la Iglesia de Cristo ha terminado, y tú has visto cómo lo que fue jubileo para todos, algo de continua cuaresma tuvo para ti. Tu jubileo, tu gran jubileo no ha llegado todavía, y precisamente una de las razones de mi presencia explícita en tu vida es conducirte a tu verdadero jubileo.</p>
<p><span id="more-4724"></span></p>
<p>194.3. Ahora bien, una alegría verdadera sólo puede nacer de una verdad alegre, y por eso para permanecer en la verdadera alegría hay que encontrar primero cuál es esa verdad que es siempre gozosa y que por eso puede alimentarte siempre de alegría. La búsqueda de la alegría debe pasar por la búsqueda de la verdad, porque de otro modo esa alegría no merecerá su nombre sino el de trivialidad, ensueño, mentira, y por lo tanto: traición.</p>
<p>194.4. Sólo de las verdades profundas nacen las alegrías profundas. Allí donde despunta algo profundo, hay siempre algo que se revela. La alegría es una revelación; es un secreto; es una caricia discreta que sólo entienden los que comparten la atmósfera de un mismo amor. ¿Has visto a una madre cuando camina por la acera con su bebé en los brazos? ¡No es una grúa que lleva un saco! Movimientos casi imperceptibles van arrullando al pequeñito mientras es transportado.</p>
<p>194.5 En primer lugar, está el movimiento del corazón. ¡Cómo se te va a olvidar que esa mujer tiene un corazón, y que ese corazón palpita! De lejos no se ve; si no estás junto a la piel de aquella madre no lo sientes, pero el bebé está ahí precisamente, ahí donde ese ritmo misterioso y entrañable sigue bombeando amor, como en los días de la dulce estadía en el vientre materno&#8230;</p>
<p>194.6. El corazón palpita de modo distinto a una máquina. Si un extraño se acerca a esta madre cariñosa, ella teme instintivamente que algo pudiera pasarle al bebé, y entonces su corazón de mujer se acelera. Si el peligro pasa, un nuevo compás, más sereno y hondo sigue transmitiendo al niño las emociones de aquel momento, que quizá a nadie le importe.</p>
<p>194.7. Luego está el movimiento de la respiración. El pecho se expande, y el aire entra. El pecho se contrae, y el aire sale. Sencillo, ¿verdad? Tan sencillo como la vida y como la muerte. Un día el aire comenzó a entrar: era la hora de nacer; otro día habrá de salir por última vez: será la hora de la muerte. En cada respiración llevas la vida y la muerte.</p>
<p>194.8. Cuando el pecho se expande, envuelve al niño que se recuesta un poquito más entre los senos de la madre. Cuando el pecho se contrae, entrega al niño, a quien le queda una cuna un poco menor, porque el aire ha salido. Así, mientras la mamá respira, quizá distraída, va acogiendo y ofreciendo a su hijo. Es cosa de milímetros, es asunto de instantes. Pero la vida entera está atravesada por los milímetros y nada transcurre en ella sino por instantes.</p>
<p>194.9. El niño es recibido y el niño es entregado. Es el dinamismo del amor. El amor te acoge y el amor te envía. El amor te protege y el amor te expone. El amor te sana, porque te has herido, pero luego te hace volver al combate, aunque te hieran. Necesitas amor que te escuche, como recibiéndote, pero necesitas también amor que te interpele y te haga avanzar, como poniéndote en medio de la obra. Aquella mujer, en un acto de amor, recibió la semilla que la hizo madre. Fue tal vez un momento muy bello en que se sintió muy amada. Llegará otro momento, sombrío quizá, en el que tendrá que sembrar al que fue sembrado en ella; deberá entregarlo un día.</p>
<p>194.10. Hay otro ritmo aún: los pasos. La mujer camina y por eso se va apoyando sucesivamente en cada pie. ¡Qué poco me has aprendido de aquello que te he pedido: que crezcas en la admiración! ¿No es admirable cosa el caminar? El cuerpo se va balanceando, los zapatos suenan contra la acera, la luz y el paisaje van cambiando poco a poco. El bebé siente una danza, y su mamá es su pareja, o mejor: su profesora. Le está enseñando a abrirse un camino en el mundo, y a no dejarse llevar por las dudas.</p>
<p>194.11. En efecto, si tomas una fotografía al que está caminando verás que casi todas sus posiciones son &#8220;imposibles.&#8221; Nadie puede quedarse parado en ningún momento de esa secuencia que sin embargo realizáis con perfecta naturalidad. Si alguien dudara y dijera: &#8220;¿Será que esta posición en la que me encuentro en este instante es perfectamente estable?,&#8221; si alguien se preguntara eso, nunca podría caminar. Caminar es un pequeño, bello y alegre milagro, y los bebés lo saben.</p>
<p>194.12. Entonces, ¿vas a volver a ser niño, como te dijo Cristo en el Evangelio? Para ti será el Reino de los Cielos.</p>
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		<title>Anuncios</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Dec 2009 06:11:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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		<description><![CDATA[Las Palabras del Angel:
192. Cuaresma
192.1. Ha empezado la Cuaresma [Corresponde, por supuesto, al tiempo en que fue dado el mensaje]. De esto no te había hablado: mi voz se acalla en este tiempo. Escucha a la Iglesia. Escucha siempre la voz de la Iglesia, pero especialmente en este tiempo. En mi silencio velaré por ti. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las Palabras del Angel:<br />
192. Cuaresma</strong></p>
<p>192.1. Ha empezado la Cuaresma [<em>Corresponde, por supuesto, al tiempo en que fue dado el mensaje</em>]. De esto no te había hablado: mi voz se acalla en este tiempo. Escucha a la Iglesia. Escucha siempre la voz de la Iglesia, pero especialmente en este tiempo. En mi silencio velaré por ti. Dios te ama y yo también.</p>
<p><strong>Las Palabras del Angel:<br />
193. Piedra sobre piedra</strong></p>
<p>193.1.  En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>193.2. Cuando Nuestro Señor dijo que de aquel templo no quedaría &#8220;piedra sobre piedra&#8221; (Mt 24,2), vuestra atención suele quedarse en la imagen de lo que es destruido. Tú no deberías olvidar lo que aquel sabio dice a Dios: &#8220;Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho&#8221; (Sab 11,24). Si hay algo que no existe en Dios es el placer de la destrucción. No es que le haga falta crear o construir, pero en la bondad de la obra de sus manos, esto es, en la creación, encuentra imagen de su Hijo y por eso al ver lo que ha hecho lo ve &#8220;bueno&#8221; (Gén 1,10.12.18.21.25.31).</p>
<p><span id="more-4509"></span></p>
<p>193.3. ¿Cómo entender entonces aquel desmantelamiento del templo, anunciado por Jesucristo? Indica el comienzo de algo nuevo. Esto lo sugiere Lucas cuando presenta la purificación del templo inmediatamente después de las palabras que te comento (Lc 19,45-46). Para Dios, desde que se resolvió a crearnos a todos, un final es siempre comienzo de una realidad mejor. Es lo que te acaba de enseñar la Pascua.</p>
<p>193.4. También nuestra relación tiene un nuevo comienzo ahora. Sé muy bien que este género de mensaje no alcanza más allá de ciertos límites, y así está bien, porque ante todo me interesa que los conozcas tú, pues para eso fui enviado. Mas deseo bendecir y mejorar tu vida, que por su ministerio sacerdotal está señaladamente abierta al servicio del pueblo de Dios. Esto es lo que haremos: cuenta tú con mi bendición y con esta presencia que ya reconoces. Voy a ayudarte muy particularmente a la redacción de un libro en donde yo no debo aparecer. Una obra que hará mucho bien, en especial a los sacerdotes.</p>
<p>193.5. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>191. Los Amigos de Dios</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Dec 2009 06:59:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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		<description><![CDATA[191.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
191.2. Así como tantas veces te he hablado del sufrimiento y de su valor, así también es saludable recordarte que el consuelo de Dios es instrumento suyo muy precioso para revelar las ternuras de su misericordia.

191.3. Y hay entre estos divinos consuelos uno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>191.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>191.2. Así como tantas veces te he hablado del sufrimiento y de su valor, así también es saludable recordarte que el consuelo de Dios es instrumento suyo muy precioso para revelar las ternuras de su misericordia.</p>
<p><span id="more-4476"></span></p>
<p>191.3. Y hay entre estos divinos consuelos uno que por su fuerza persuasora merece ser nombrado aparte. Uno especialmente dulce y sabroso, capaz de nutrir el corazón. Te hablo de la presencia de los amigos. Hoy puedo prometerte en el Nombre del Señor que nunca faltará a tu dolor la presencia de un amigo. Es una gracia muy grande que Dios quiere concederte porque se apiada de ti, y también por el talante de la misión que quiere para ti.</p>
<p>191.4. Mira las vidas de los amigos de Dios que tú llamas &#8220;santos,&#8221; y encontrarás que todo pudo fallarles: la salud, los recursos económicos, los consuelos espirituales, la fidelidad de los amigos, o cualquier otra cosa. No hubo ninguno, sin embargo, al que todo le fallara de tal modo y en tal grado como le sucedió a nuestro Amado Señor y Salvador, Jesucristo. Lo recuerda Marcos con lacónica frase: «y abandonándole huyeron todos» (Mc 14,50). No sólo los amigos ni los reconocimientos humanos. Esa frase alude a la más espantosa soledad de hombre alguno.</p>
<p>191.5. En cada santo Dios retrata algo de la Pascua de su Hijo, y por ello lo hace partícipe en algún grado y en alguna dimensión de su Cruz. Nadie tiene todo lo que tiene la Cruz de Cristo; nadie carece de todo como carece la Cruz de Cristo. Cada uno de vosotros participa de una astillita de ese Madero Sacrosanto, y es Dios Padre, en su sabiduría, quien determina qué es apropiado para cada quién.</p>
<p>191.6. Más de una vez tendré que hablarte de la Cruz de Cristo y también de tu cruz. Por ahora te digo que una parte del dolor de Cristo que es redención para ti pero que no has de padecer en grado apreciable es ese abandono de los amigos. Cambiarán tus amigos; unos se irán y otros llegarán; algunos te abandonarán y otros te traicionarán; unos se aprovecharán de ti y otros serán inútiles y estorbosos para ti. Mas no te sucederá que al mismo tiempo todos te dejen. Dios te promete hoy que siemrpe te dejará encendida la lámpara de algún amigo.</p>
<p>191.7. Sé que estas palabras suenan muy dulces y gratas a tus oídos, porque has aprendido que eres débil, y te consuela sobremanera oír que siempre habrá cerca de ti amigos que sean también amigos de Dios. Yo creo que es de las noticias más hermosas que puedo decirte, hermano mío. Mas al respecto de esto, que es una verdad muy amable, debo advertirte algunas cosas.</p>
<p>191.8. Si es verdad que Dios cuidará que tengas esas lamparitas encendidas y esas puertas abiertas, ello no te exime de preguntarle a Él cuáles son las puertas que debes tocar y en qué sonrisas puedes confiar. El enemigo se esforzará, especialmente cuando lleguen las horas de más dura confusión, en que tú te confundas y busques reposo donde te aguarda su daga envenenada. Ten cuidado y pregunta a menudo a Dios, suplicando mi intercesión si así lo deseas, qué es lo que Él ha preparado para ti. Porque siempre será cierto que tiene un remanso para tus dolores, pero no siempre estará ese sosiego donde tú quisieras o donde tú lo pensarías. Ninguna cautela es suficiente en este sentido.</p>
<p>191.9. En segundo lugar, ten presente que los amigos de Dios son pueblo suyo y gozo de su corazón. Trátalos, pues, con la confianza propia de los amigos, pero también con la veneración propia, casi te digo, de los sacramentos. No te dé pena venerar sus cuerpos, que son templos; ni acoger sus palabras, que son caudales de luz; ni agradecer sus sonrisas que son destellos de la ternura del Padre Celestial. No basta que los respetes; te ordeno que los veneres y nunca consientas trato duro con ellos. Son preciosos ante Dios.</p>
<p>191.10. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>190. Todo Lo Que Tu No Puedes, Parte II</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2009 05:46:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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		<description><![CDATA[190.1. El padecimiento de la Cruz es la expresión más perfecta de lo que significa el saludable y noble conocimiento de sí mismo. Por eso dijo el Señor: «el que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí» (Mt 10,38). Es interesante que compares esta frase con otra de Jesucristo: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>190.1. El padecimiento de la Cruz es la expresión más perfecta de lo que significa el saludable y noble conocimiento de sí mismo. Por eso dijo el Señor: «el que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí» (Mt 10,38). Es interesante que compares esta frase con otra de Jesucristo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24; Mc 8,34; Lc 9,23). Parece que de estas dos, la primera, la de la &#8220;dignidad&#8221; debe entenderse según Lc 14,27: «El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.&#8221;</p>
<p><span id="more-4441"></span></p>
<p>190.2. Observa que Mt 16,24, Mc 8,34 y Lc 9,23 hablan del querer humano, esto es, de lo que surge en el alma cuando conoce a Jesucristo y quiere estar con Él. Por su parte, Mt 10,38 y Lc 14,27 hablan del eco del querer de Dios en el corazón de su Hijo Amado. La cruz une estas dos voluntades: tu propósito de acercarte a Él y su propósito de que estés a su lado.</p>
<p>190.3. Sin embargo, lo más bello del padecer y de la cruz no es lo que tú recibes como conocimiento de ti, sino el conocimiento que te da de los planes de Dios para contigo. Si a la hora del sufrimiento te concentras sólo en el dolor presente obtienes confusión, ira y desesperación. Pero si haces de la carencia actual el prólogo de las promesas de Dios obtienes exactamente lo contrario: paz, gozo y esperanza. Cada cosa que ahora no tienes, pero que sabes que puedes esperar de Dios, es algo que ya puedes conocer como plan de Dios para contigo. En este sentido conoce más a Dios el que no recibe que el que recibe. Sabe más del infinito el que se mueve en el dominio de las carencias, que es un terreno infinito, que el que habita la zona de la abundancia en la que todo es necesariamente finito.</p>
<p>190.4. Estas palabras te las digo a ti porque sé que tú las puedes entender en este momento; pero no deben ser predicadas públicamente sin la debida explicación, los ejemplos apropiados, las alabanzas a la Cruz del Señor Jesús, y el testimonio de una vida crucificada. Decir a los pobres: &#8220;Ustedes deberían sentirse felices,&#8221; y luego dar media vuelta e irse, es una dura traición al Evangelio y una afrenta que la mayor parte de ellos no podrán ni sabrán asimilar. Cristo dijo «Bienaventurados los pobres» (Mt 5,3; Lc 6,20) cuando Él los estaba haciendo bienaventurados. Y lo dijo Él, que llevaba una vida muchas veces carente hasta de lo necesario. Y lo dijo en el curso de su vida pública que habría de terminar en la extrema pobreza de la Cruz y del sepulcro. Si tú, pues, vas a decir alguna vez palabras semejantes, ya sabes qué condiciones se requieren.</p>
<p>190.5. Te oigo preguntarte cómo entonces podemos los Ángeles predicar la Cruz, siendo así que no tenemos las carencias y pobrezas que acompañan a los predicadores de la Cruz. La verdad es que hablarte a ti es mi pobreza. Nada recibo, nada espero, nada gano de mi servicio a ti. Tú no eres agradable de contemplar; tus palabras nada me enseñan; tus afectos no acrecientan ni mi amor ni mi gozo. Hablarte a ti es mi pobreza. Lo mismo que tantos Ángeles a quienes Dios encarga inspiraciones o palabras expresas sobre la Cruz, también yo participo del despojo de la Cruz ofreciendo a quien no puede ni sabe darme. Por eso sé de qué te hablo cuando te digo que tu vida ha de ser crucificada para ser útil en la predicación.</p>
<p>190.6. Para los oídos del mundo sé muy bien que esto que te he dicho es duro de escuchar. Pero en primer lugar es la verdad sobre mi relación contigo, y en segundo lugar a ti te sirve que te lo diga, para humildad de tu alma y para que aprecies en todo su tamaño que mi presencia es tu vida es pura gracia. Y eso significa amor, amor y más amor.</p>
<p>190.7. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>189. Todo Lo Que Tu No Puedes, Parte I</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Nov 2009 13:13:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[189.1. Un hombre inteligente aprovecha los recursos que nacen de todo lo que está a su alcance; un hombre sabio aprovecha también lo que está en poder de los que pueden enseñarle algo; un hombre santo aprovecha incluso todo lo que no puede. Y yo quiero que tú seas más que inteligente, sabio; y más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>189.1. Un hombre inteligente aprovecha los recursos que nacen de todo lo que está a su alcance; un hombre sabio aprovecha también lo que está en poder de los que pueden enseñarle algo; un hombre santo aprovecha incluso todo lo que no puede. Y yo quiero que tú seas más que inteligente, sabio; y más que sabio, santo.</p>
<p><span id="more-4386"></span></p>
<p>189.2. A primera vista sorprende la terrible inutilidad de la Cruz. ¿Para qué el dolor? ¿Para qué puede servir el espectáculo espantoso de ver a un hombre reducido a la más cruda y cruel impotencia, como puro receptor del sufrimiento? Y sin embargo, como te ha sido predicado y como tú mismo has predicado, de la Cruz de Cristo ha nacido el fruto más saludable y deleitable de cuantos conoce el Universo. Una y otra vez has de preguntarte con amor: ¿por qué es así?</p>
<p>189.3. Cristo no fue solamente inteligente; Cristo no es solamente un gran sabio; Cristo es el Santo entre todos los santos. Su Cruz bendita es la muestra más preciosa de cómo es posible e incluso necesario saber aprovechar todo lo que no se puede. Porque también la &#8220;imposibilidad&#8221; tiene su &#8220;poder.&#8221; De eso quiero hablarte hoy.</p>
<p>189.4. El mapa de todo lo que tú sí puedes es el mapa de lo que eres hasta ahora. El mapa, en cambio, de lo que no puedes, pero sí quieres porque es bueno, y sí necesitas porque es saludable, es el mapa de todo lo que vas a ser. Lo que puedes retrata lo que eres; lo que no puedes dibuja lo que serás. Nota, sin embargo, que hay una doble condición: que lo que no puedas sea bueno, y que además sea conveniente o aun necesario para ti.</p>
<p>189.5. Cuando te das cuenta de que puedes algo, te conoces a ti, pero sólo accidentalmente, pues tu atención se vuelca sobre el objeto de tu deseo y tu intención, es decir, sobre lo que puedes. Así, por ejemplo, ya que puedes caminar, tu atención no se dirige inmediatamente sobre el hecho maravilloso de caminar, sino sobre el lugar adonde quieres ir. Cuanto mayores son tus posibilidades, más fácil es que te descuides de ti mismo por estar concentrado en las metas próximas que te ofrece cada una de esas posibilidades.</p>
<p>189.6. Dos riesgos provienen de aquí: uno, que en la medida en que tus posibilidades pueden ser gobernadas por otros, a través de la ciencia, la publicidad y la tecnología, tu vida misma pasa a ser propiedad de esos otros. Segundo riesgo, que, embebido en el mundo de las cosas, pierdas la noción de los fines para los que fuiste creado y así se te vaya la vida sin atender al llamado profundo de tu Dios y Señor.</p>
<p>189.7. Por el contrario, cuando te das cuenta de que <em>no</em> puedes algo, el objeto de tu deseo y tu intención te resulta conocido sólo accidentalmente, y tu atención se vuelca más bien sobre ti. Esta es la razón profunda por la que el sufrimiento es de suyo una escuela que enseña lecciones imposibles de aprender de otra manera. La típica superficialidad de la persona que no ha padecido contrasta nítidamente con la característica profundidad del que ha aprendido de sus dolores, limitaciones e imprevistos. El primero conoce &#8220;cosas;&#8221; el segundo conoce &#8220;humanidad;&#8221; y puesto que es mayor la dignidad de la persona humana que la de cualquier cosa de esta tierra, sale ganando el segundo.</p>
<p>189.8. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>188. La Palabra que te bendice</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 06:12:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>
		<category><![CDATA[bendicion]]></category>

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		<description><![CDATA[188.1. Hay palabras con las que tú bendices a tus hermanos los hombres; hay palabras con las que bendices a Dios en alabanza; hay una palabra que te bendice a ti mismo, la palabra &#8220;gracias.&#8221;

188.2. Agradecer es un acto de justicia para con los demás, y eso está muy bien, pero es también un acto [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>188.1. Hay palabras con las que tú bendices a tus hermanos los hombres; hay palabras con las que bendices a Dios en alabanza; hay una palabra que te bendice a ti mismo, la palabra &#8220;gracias.&#8221;</p>
<p><span id="more-4326"></span></p>
<p>188.2. Agradecer es un acto de justicia para con los demás, y eso está muy bien, pero es también un acto de benevolencia y de amor para contigo. Con el agradecimiento abres tu mente a una comprensión más plena de lo recibido y animas tu voluntad a acoger con mejor disposición lo que te ha sido dado. El agradecimiento imprime más hondamente en tu memoria la huella del amor y así te afianza en la certeza de la acción de la Providencia para tu presente y tu futuro. La palabra &#8220;gracias&#8221; te bendice cada vez que la pronuncias.</p>
<p>188.3. El agradecimiento te ayuda además a darle su lugar propio a cada cosa que llega a tu vida. Si la ingratitud es obra de la malicia y el desagradecimiento tiene por padres al egoísmo y la soberbia, el agradecimiento nace de la humildad, el conocimiento de sí mismo y la búsqueda de la bondad. Con él estableces un puente entre aquel que te manifiesta su amor y tú que lo recibes.</p>
<p>188.4. Y este es el punto principal de cuanto quiero decirte hoy: aunque las intenciones de las personas que te dan las cosas no sean siempre las más puras, bellas o perfectas, a través de la gratitud te sitúas en el plano de la bondad y por eso te levantas hacia Aquel que es el Único Bueno. Mientras que el examen puntilloso de los bienes y males de tus hermanos puede llevarte a enredarte en las miserias de ellos, la palabra agradecida te deja envuelto y amorosamente preso de los lazos de la Providencia piadosa de tu Dios.</p>
<p>188.5. Y ciertamente necesitas de esos lazos. Si es verdad que las cosas de este mundo te arrojan sus trampas y cuerdas tratando de atraparte con su seducción, y si es cierto que los terrores del enemigo quieren anudarte a tu propio miedo, entonces también es verdad que necesitas ser alcanzado por la fuerza de los lazos del bien y del amor. Y esto es lo que te da la palabra &#8220;gracias,&#8221; la palabra que te bendice.</p>
<p>188.6. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>187. Inteligencia, Conciencia, Inspiracion</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Nov 2009 06:02:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[187.1. &#8220;Tú no necesitas más tiempo, sino educar tu deseo.&#8221; Este pensamiento te lo dice tu conciencia, no yo. Yo podría hablarte sobre la educación de la voluntad, es decir, sobre &#8220;aprender a desear,&#8221; pero mi propósito no es ese hoy. Además, quiero que distingas, a partir de este mismo ejemplo, la diferencia que hay [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>187.1. &#8220;Tú no necesitas más tiempo, sino educar tu deseo.&#8221; Este pensamiento te lo dice tu conciencia, no yo. Yo podría hablarte sobre la educación de la voluntad, es decir, sobre &#8220;aprender a desear,&#8221; pero mi propósito no es ese hoy. Además, quiero que distingas, a partir de este mismo ejemplo, la diferencia que hay entre las conclusiones que saca tu inteligencia, los imperativos de tu conciencia y las inspiraciones que Dios me concede darte.</p>
<p><span id="more-4265"></span></p>
<p>187.2. Tu inteligencia, iluminada por las claridades de la fe, puede deducir muchas cosas sobre lo bueno, lo preferible, lo evitable y lo vitando. Pero tu inteligencia de algún modo habla de la situación general, en la cual de algún modo tú estás incluido, pero que no por ello deja de ser un marco común a ti y a otros. Tu conciencia, en cambio, deja sentir su voz ante todo en lo que te es particular, fruto de tus actos o posibilidad para tus actos específicos y singulares. Es muy propio de la conciencia la discriminación de tus responsabilidades y el juicio sobre lo que has hecho y lo que has dejado de hacer. No ofrece ella una luz genérica sino un brillo incuestionable que hace aparecer hasta cierto punto la verdad de tu alma.</p>
<p>187.3. Nota bien: mientras que la inteligencia humana es ante todo deductiva, y por ello sujeta siempre a la réplica y la contestación, la intervención de la conciencia trae consigo una autoridad que, en su propio campo, no da margen a la argumentación, sino, si acaso, al silencio. Una conciencia educada e iluminada goza de una autoridad sólo comparable con la voz misma de Dios.</p>
<p>187.4. Las inspiraciones mías, por su parte, no son ni un reemplazo de la obra de tu inteligencia, ni una substitución de tu conciencia. Es verdad que puedes aprender y de hecho aprendes de mis palabras; es verdad que ello hace más fina y debería hacer más sensible el discernimiento de tu conciencia, pero yo no soy ninguna de las dos cosas.</p>
<p>187.5. La mía es una palabra desde el amor. Soy un regalo de amor que expresa de una forma especial la providencia de Dios para contigo. Ni quiero ni puedo reemplazar nada en ti, pero, en la medida en que te haces consciente de la verdad de este amor que Dios te ofrece por mi presencia, las condiciones de tu razonar y la fuerza de autoridad de tu conciencia ganan terreno en tu alma.</p>
<p>187.6. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>186. Modelado por la Palabra</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 06:30:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[186.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
186.2. Escribe, hermano, que no sólo escribes para ti. Escribe con perseverancia, humildad, agradecimiento, honradez y espíritu de servicio. No todo lo que dices es importante para cada uno, pero cada uno sí podrá encontrar algo importante en todo lo que dices. Sirve [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>186.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>186.2. Escribe, hermano, que no sólo escribes para ti. Escribe con perseverancia, humildad, agradecimiento, honradez y espíritu de servicio. No todo lo que dices es importante para cada uno, pero cada uno sí podrá encontrar algo importante en todo lo que dices. Sirve a tus hermanos las viandas de la Palabra y procura con amor de hermano que se sirvan con gusto y con provecho de todo lo que Dios da para consuelo, sanación, corrección y fortaleza de sus almas.</p>
<p><span id="more-4220"></span></p>
<p>186.3. Para esta labor, que como ves es profundamente concorde con tu vocación, es saludable que tengas la disponibilidad propia de los instrumentos inanimados, como puede ser un lápiz en manos de un escritor, pero al mismo tiempo, la actitud resuelta y fervorosa que sólo tienen los hombres de recia voluntad. Has de hablar de todo como si fueras un tubo que vierte las aguas que no son suyas, pero has de tener el fuego que sólo tienen las palabras cuando brotan de las entrañas y del alma.</p>
<p>186.4. Te encomiendo que ofrezcas la palabra cuando es amable, pero que también la hagas oír cuando es desagradable o cuando resulta odiosa. No dejes de decir lo que te parezca demasiado sencillo ni silencies lo que estimas demasiado complejo. No juzgues a la palabra que te juzga. Si alguien alaba la palabra que predicas, alaba tú a Aquel que te la dio; si alguien denigra de lo que hablas, sufre por amor a Aquel que es ofendido; es decir, no tomes para ti los elogios, pero carga sobre ti los oprobios. Así mostrarás de qué Dios eres siervo y quién es el que te sostiene.</p>
<p>186.5. Mira lo que hacen tus palabras y reconoce que tales obras no son proporcionales a tu escasa y tibia oración. Mira lo que produce tu silencio y aprende así a distinguir un silencio de otro. Hay silencios de ignorancia, de sanción, de solidaridad, de ternura. En un hombre de Dios el silencio es otra palabra, que tiene sus propias conjugaciones y también su métrica y su rima particulares. Aprende no sólo a dispensar las palabras sino los silencios.</p>
<p>186.6. En cualquier circunstancia, toma por norma no hablar de primero. Ten presente que la primera palabra no es la tuya sino la que nace de Aquel que lo ha creado todo. Así pues, antes de hablar, escucha la voz profunda de las cosas mismas, asegúrate de percibir los ecos y asonancias de los sucesos, percibe con alma sensible los ritmos diversos de las diversas historias y vidas, de modo que aun el aleteo de una breve mariposa pueda dejar impresa su huella en tu alma perceptiva, despierta y humilde.</p>
<p>186.7. Recuerda siempre aquello que lees en el profeta Isaías: « El Señor Yahveh me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; el Señor Yahveh me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás» (Is 50,4-5) Y también las súplicas que no escasean en los salmos: «Enséñame tus caminos Yahveh, para que yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor de tu nombre» (Sal 86,11); «de tu amor, Yahveh, está la tierra llena, enséñame tus preceptos» (Sal 119,64); «enséñame a cumplir tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu espíritu que es bueno me guíe por una tierra llana» (Sal 143,19).</p>
<p>186.8. En un pensamiento te lo digo todo: sé modelado por la palabra, para ser tú también una palabra para tus hermanos. Y deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>185. Vertigo y Valor</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 06:25:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[185.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
185.2. Una de las más extrañas sensaciones, pero también una de las más buscadas por tus contemporáneos, es la del vértigo. ¿Por qué —puedes preguntarte— esa casi necesidad de experimentar el peligro y de aproximarse y rozar la muerte? ¿No tiene ya suficientes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>185.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>185.2. Una de las más extrañas sensaciones, pero también una de las más buscadas por tus contemporáneos, es la del <em>vértigo</em>. ¿Por qué —puedes preguntarte— esa casi necesidad de experimentar el peligro y de aproximarse y rozar la muerte? ¿No tiene ya suficientes motivos de preocupación el hombre, como para andar a la caza de lo arduo, lo riesgoso, lo aterrador o lo irreversible?</p>
<p><span id="more-4150"></span></p>
<p>185.3. Aparentemente la Biblia no ofrece muchas indicaciones sobre esta búsqueda del alma humana. Puedes incluso tener la impresión de que el vértigo es una emoción propia sólo de los tiempos recientes y que por consiguiente es vano inquirir qué tendría que decir la Escritura ante ella. Sin embargo, no es así.</p>
<p>185.4. En su esencia, el vértigo es una excursión hacia los predios aterradores de la muerte, y su motivación propia es precisamente esa, la de conjurar el miedo a la muerte y, por así decirlo, vencerla o saberla vencida. No es casualidad que los hombres prefieran más esta emoción, pues ellos se saben más próximos a la muerte que las mujeres, en las que, como has predicado tantas veces, corren los ríos mismos de la vida. Así pues, puedes decir que el vértigo hecho comercio, hecho cultura, hecho simple y anodino entretenimiento es propio, aunque no exclusivo, de tu tiempo; pero sus raíces y su esencia no pertenecen sólo a los días que cubrirás sobre este planeta.</p>
<p>185.5. La gran diferencia entre ese vértigo de pasatiempo y la mayor parte de lo que lees en la Escritura está en que para ésta el valor tiene su propia dignidad, como expresión que es de resolución de la voluntad humana, y por ello tiene su verdadera fuente en Aquel que ha creado al hombre y le ha dado esa voluntad.</p>
<p>185.6. Piensa por ejemplo en Moisés ante los ejércitos del Faraón. «Al acercarse Faraón, los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios marchaban tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron a Yahveh. Contestó Moisés al pueblo: &#8220;No temáis; estad firmes, y veréis la salvación que Yahveh os otorgará en este día, pues los egipcios que ahora veis, no los volveréis a ver nunca jamás. Yahveh peleará por vosotros, que vosotros no tendréis que preocuparos. Dijo Yahveh a Moisés: «¿Por qué sigues clamando a mí? Di a los israelitas que se pongan en marcha. Y tú, alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en medio del mar a pie enjuto. Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yahveh hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del Este que secó el mar, y se dividieron las aguas» (Éx 14,10.13-16.21).</p>
<p>185.7. Moisés, solo y en medio de egipcios agresivos y hebreos temblorosos, pudo palpar el vacío de la nada: muerte en los rostros aguerridos de los egipcios que clamaban venganza; muerte en los rostros demudados de los israelitas que anunciaban motín y asonada. Y él ahí, sin otra palabra que aquella voz de un Dios al que no había visto nunca; sin otro brazo que la certeza de la fe; sin otro aliento que el viento frío de la noche. Ese es el vértigo puro, y por ello lo que siguió no fue otra cosa que la sensación misma de la victoria sobre la muerte.</p>
<p>185.8. De ahí el lenguaje que Dios dirige a Josué: «Sé valiente y firme, porque tú vas a dar a este pueblo la posesión del país que juré dar a sus padres. ¿No te he mandado que seas valiente y firme? No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahveh tu Dios estará contigo dondequiera que vayas» (Jos 1,6.9). Tener valor, en esos textos, no es ser temerario ni amar poco la vida. Es tener seguridad fundada en el Único que puede vencer la muerte. Por ello, después de la resurrección de Nuestro Señor, puedes leer sobre las obras de los apóstoles de Cristo: «Los judíos que no habían creído excitaron y envenenaron los ánimos de los gentiles contra los hermanos. Con todo se detuvieron allí bastante tiempo, hablando con valentía del Señor que les concedía obrar por sus manos señales y prodigios, dando así testimonio de la predicación de su gracia» (Hch 14,2-3).</p>
<p>185.9. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>184. Ecologia del Espiritu</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2009 09:39:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<category><![CDATA[ecologia]]></category>
		<category><![CDATA[espiritu_santo]]></category>

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		<description><![CDATA[184.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
184.2. La ecología está recordando a los hijos de los hombres que comparten un mismo espacio, y por consiguiente, que tienen un deber compartido de cuidar y aprovechar de manera racional los bienes de la naturaleza. Ningún individuo singular y ningún estado particular [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>184.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>184.2. La ecología está recordando a los hijos de los hombres que comparten un mismo espacio, y por consiguiente, que tienen un deber compartido de cuidar y aprovechar de manera racional los bienes de la naturaleza. Ningún individuo singular y ningún estado particular tienen el derecho de gastar todo el aire puro disponible. Otro tanto hay que decir del agua, de la capa de ozono y de todos aquellos bienes que todos necesitan.</p>
<p><span id="more-4089"></span></p>
<p>184.3. En cierto sentido la verdadera santidad es como una ecología del espíritu. Si amplías debidamente la noción de &#8220;vida,&#8221; para que no se limite a los aspectos biológicos, aparecen ante tus ojos toda una serie de requerimientos que son para el alma, como el oxígeno y el agua son para el cuerpo.</p>
<p>184.4. Piensa, por ejemplo, en el perdón. Así como las plantas transforman el bióxido de carbono de modo que se libere oxígeno, así las almas que perdonan son aquellos que conservan respirable la comunicación y la vida humana. La gente quiere tener plantas y color verde cerca de sus casas y sus cosas; con el mismo empeño un director de una empresa tendría que hacerse planteamientos como estos: &#8220;Nuestra empresa está padeciendo graves tensiones internas. Deberíamos tomar esto en consideración, y buscar en el perfil de nuestros próximos trabajadores gente con un profundo sentido del amor a los demás; gente que nos llene del perfume del perdón todos estos corredores y oficinas&#8230;&#8221;</p>
<p>184.5. La ecología ama los lugares que no han sido tocados por la mano de los hombres, y por ello, como medida de control a la codicia y a la curiosidad humanas, desde hace años se han creado las llamadas &#8220;reservas naturales&#8221; o también los &#8220;parques naturales&#8221;: lugares en donde es posible apreciar algo de la belleza del designio original de Dios Creador —aunque en realidad ellos no siempre lo ven en esos términos de relación con Dios—. Con la misma lógica, ¿no te parece que deberían propagarse con vigor y alegría las vocaciones a la vida virginal? ¿Qué mundo es este, que quiere tierras vírgenes, pero arruina la virginidad de sus hijos y sus hijas? La verdad es que las almas virginales son como las reservas naturales del Reino de los Cielos, y en ellas cuando viven para Dios, puede contemplarse lo que no aparece en otras vidas, incluso santas y puras.</p>
<p>184.6. La ecología se preocupa de las especies animales y vegetales en vía de extinción. Una vez más hay aquí algo que alude o puede aludir a muy bien a la santa fe cristiana: cada especie es como un mensaje de Dios que no debe perderse. Pero en esta &#8220;ecología del espíritu&#8221; de que te hablo también hay especies en peligro de extinguirse. Cada vez que las riquezas de un pueblo o raza —especialmente cuando se trata de minorías de pobres— son echadas al olvido, hay algo como la extinción de una especie, porque el mensaje de Cristo, que por su propia dinámica está llamado a ser proclamado &#8220;en toda raza, lengua, pueblo y nación&#8221; (cf. Ap 5,9; 13,7; 14,6) queda mutilado.</p>
<p>184.7. De ahí puedes descubrir cuán importante es la diversidad; no la confusión, como en Babel, pero sí la variedad, como en el Edén y en el arca de Noé. Es la hermosa pluralidad en la concordia que brilló sobre manera el día de Pentecostés y que aparecerá con todo su fulgor en la plenitud última del Cielo.</p>
<p>184.8. Sobre todo hay algo que debes aprender y amar, y enseñar a amar y a conocer: nada sobra y nadie sobra. Jesús con su práctica lo demostró por ejemplo en su larga y bella conversación con una mujercita de pueblo, una pecadora pública del humilde Sicar de Samaría (Jn 4,5-42). Los Hechos de los Apóstoles atestiguan algo semejante, por ejemplo allí donde se te cuenta de la predicación de Felipe a aquel eunuco (Hch 8,27-39). Jesús dijo: &#8220;hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados&#8221; (Mt 10,30). Dios no pierde cuenta de nada; no pierde la historia de nadie.</p>
<p>184.9. Ves, pues, que hay una hermosa relación entre la ecología y la espiritualidad, y si esta relación se entiende en sus términos apropiados, resulta profundamente inspiradora.</p>
<p>184.10. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>183. Cada vez mas hijo</title>
		<link>http://fraynelson.com/blog/2009/10/14/183-cada-vez-mas-hijo/</link>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2009 10:28:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
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		<description><![CDATA[183.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
183.2. Aquel texto de la Carta de Juan expresa un hermoso misterio del que quiero hablarte: &#8220;Ahora somos hijos, y aún no se ha manifestado lo que seremos; sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es&#8221; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>183.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.</p>
<p>183.2. Aquel texto de la Carta de Juan expresa un hermoso misterio del que quiero hablarte: &#8220;Ahora somos hijos, y aún no se ha manifestado lo que seremos; sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es&#8221; (1 Jn 3,2).</p>
<p><span id="more-4060"></span></p>
<p>183.3. Hablando a sus hermanos los hombres dice: &#8220;somos hijos,&#8221; pero también añade: &#8220;seremos semejantes a Él.&#8221; Hay una tensión hermosa que, abarca el arco del tiempo, entre ese &#8220;somos&#8221; y aquel &#8220;seremos.&#8221;</p>
<p>183.4. Ahora bien, el ser humano redimido por el libre beneplácito del Padre, y así sanado en su voluntad rebelde, no es un objeto, un bulto pasivo que es transportado como una maleta, desde lo que &#8220;es&#8221; hasta lo que &#8220;será.&#8221; En cierto sentido, como lo declara Pablo en la Carta a los Efesios, hace crecer todas las cosas hacia su madure en Cristo. O dicho con palabras más sencillas: cada vez se hace más hijo.</p>
<p>183.5. El camino entero de la vida cristiana puede ser descrito así: ser cada vez más hijo. Paralelamente, este camino implica hundirse cada vez más en las aguas bellas del océano de la paternidad divina. Sumérgete en Dios Padre, profundiza en tu condición de hijo de Dios: esta es la vida del cristiano.</p>
<p>183.6. Sin embargo, debo aclararte que ser más hijo no significa parecerse más a lo que son los hijos en esta tierra; sumergirse en la paternidad divina no es trasladar hasta Dios más y más características de las que descubres en los papás de esta tierra. Ser más hijo es el resultado natural de caminar con Cristo; hundirse en el misterio adorable de Dios Padre es el fruto propio de estar con Cristo. Junto a Él aprendes a ser hijo, de Él aprendes quién es tu Padre.</p>
<p>183.7. No cabe, por tanto, una experiencia de hijo, como te la estoy describiendo, sin una experiencia de Cristo. Y sin esa experiencia los hombres no pueden llamarse más &#8220;hermanos&#8221; de lo que lo son en sus familias, tantas veces maltrechas y golpeadas.</p>
<p>183.8. La expresión &#8220;fraternidad universal,&#8221; resulta profundamente evocadora para los hombres de tu tiempo, tanto más cuanto más proyectan en ella los anhelos que quedan insatisfechos en la precariedad de sus hogares rotos. Y por esta fuerza de sentimiento compartido, semejante &#8220;lema&#8221; cobra más impacto político y publicitario cuanto más vacíos de amor, de paz y de perdón están los hombres.</p>
<p>183.9. Hay un punto muy delicado de equilibrio, tal que, si se sobrepasan ciertas condiciones de destrucción afectiva generalizada, la sociedad como tal, es decir como conglomerado, pierde la capacidad de hacer la oportuna crítica a su propio estado interior. Si ese punto se sobrepasa los hombres se vuelven capaces de creer cualquier palabra pública que les parezca contener el vigor sano que no recibieron de sus papás y la acogida cálida que no les dieron sus mamás.</p>
<p>183.10. En tales circunstancias la sociedad humana entera se vuelve extraordinariamente vulnerable a la demagogia, y en su búsqueda apresurada y ciega de referencias parecidas al hogar que nunca tuvieron, puede delegar su tesoro más precioso, es decir el cultivo de la conciencia de sus propios hijos, a los encargados de la gestión pública, es decir a los gobiernos de los Estados.</p>
<p>183.11. Ya puedes tú suponer el temible riesgo que esto entraña: en uno de esos periodos en que se ha sobrepasado el &#8220;punto crítico,&#8221; el poder público puede utilizar las entes de los niños y jóvenes en formación simplemente para reforzar su propio poder. Hay que temer que un Estado demasiado vigoroso pueda, en algunas circunstancias, reclamar para sí mismo una especie de reconocimiento religioso, seguramente bajo astuta capa de ideales tan vagos y ambiguos como esa vacía &#8220;fraternidad universal.&#8221;</p>
<p>183.12. No es tan fácil, empero, que un desastre oral de estos se propague. El declive de la familia implica el declive del individuo, con lo cual es inevitable a largo plazo que las naciones que dejan enfermar sus familias hasta estos niveles críticos tengan luego que resignarse a entregar el poder político, científico y económico a otras naciones. Por esta razón, precisamente, pasa el poder de unos a otros imperios.</p>
<p>183.13. Además, todo aquello que puede en un sentido facilitar la consolidación de un imperio perverso puede en el sentido exactamente opuesto ayudar a su declive y desaparición. En efecto, todos los argumentos que ayudan a que una cierta persona se afirme en el poder son otras tantas razones para que alguna otra persona se pregunte: &#8220;¿Y por qué no soy yo el que está ahí gobernando?.&#8221; Esto hace que la perversidad y la malicia luchen contra sí mismas, y por tanto, retrasa el éxito del mal.</p>
<p>183.14. Las cosas pueden cambiar drásticamente, sin embargo, cuando ese gobierno está vinculado a bienes intransferibles. El dinero, y el poder mismo, son bienes transferibles, pero el placer de servir a un gran señor no es algo que se pueda tener ni siquiera siendo ese gran señor. Esto explica por qué el ascenso del Anticristo requiere de una particular acción del demonio. Sólo infundiendo muy intensos placeres de tipo espiritual y no transferible es posible que se llegue a construir un poder mundial opuesto a la verdad de Cristo. Sólo con grandes dosis de engaño mental y de magia se dejará seducir la Humanidad. En aquellas horas terribles será tan intenso el volumen de espiritismo y todo género de magia que no bastará la claridad intelectual para vencerlo, sino que sólo tendrán victoria los que se aferren con intenso amor y esperanza a la virtud de la fe: la fe desnuda, la fe perseguida, la fe grande y santa.</p>
<p>183.15. Prepara, pues, tu corazón y enseña a quienes te escuchen a preparar su corazón para la fe, pues, como dice la Primera Carta de Juan, &#8220;¿Quién es el que vence al mundo, sino el que <em>cree</em> que Jesús es el Hijo de Dios&#8221; (1 Jn 5,5).</p>
<p>183.16. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>182. El Vientre de la Tierra</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2009 03:59:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>182.1. Más de una vez la Biblia compara a la tierra con un &#8220;vientre.&#8221; Texto impresionante en este sentido es el de Job: &#8220;desnudo salí del vientre y desnudo volveré a él&#8221; (Job 1,21). Es posible que una resonancia de este modo de hablar esté presente en la extraña pregunta de Nicodemo, que sin esta consideración resulta sólo ridícula: &#8220;¿Es que acaso puede el hombre volver a entrar al seno de su madre y volver a nacer?&#8221; (Jn 3,4). Cuando lees esa pregunta con tus ojos y desde tu perspectiva moderna lo que parece raro, y en donde queda el acento, es en eso de &#8220;volver a entrar al seno de su madre,&#8221; pues es obvio que tal &#8220;entrada&#8221; repugna al pensamiento y es desagradable a la humana imaginación. La verdad es que la pregunta del &#8220;maestro de Israel&#8221; (cf. Jn 3,10) no viene a proponer una cosa tan absurda. Su acento no está ahí sino en lo que sigue, como si dijera: &#8220;¿Es que acaso un hombre, vuelto al seno de su madre, puede volver a nacer?&#8221;: es decir: &#8220;Una vez que el hombre lo ha perdido todo —pues esta es la obra de la muerte, que te devuelve al seno de tu &#8220;madre,&#8221; la tierra— puede tener un nuevo comienzo?.&#8221; De ahí la respuesta de Cristo: el nuevo nacimiento se da por el agua y el Espíritu.</p>
<p><span id="more-3877"></span></p>
<p>182.2. Esto significa que la pregunta de Nicodemo aludía, aun veladamente para él a la muerte; y es así que la respuesta de Cristo alude, delicada pero ya definidamente, hacia la resurrección. En efecto, ese nuevo nacimiento no puede darse sin la efusión del Espíritu, y esa efusión está unida en el designio del Padre a la Pascua de su Hijo Jesucristo, pues el Amor del Espíritu, que es Amor de Bodas, derramado sobre la Iglesia, la sana, la defiende, la alimenta y la adorna como verdadera Novia del Cordero.</p>
<p>182.3. De la tierra como vientre ya te inspiré hace unos años, cuando todavía no te trataba como ahora te trato. Fue un Sábado Santo en que, llamado a predicar sobre la soledad de la Virgen María, fuiste interiormente sorprendido por una inspiración que Dios me concedió entregarte: aquel sepulcro, nuevo y excavado en tierra, tiene profundas semejantes con Nuestra Señora, en el misterio de su dolor.</p>
<p>182.4. Es un sepulcro &#8220;nuevo,&#8221; es decir, no utilizado por nadie y como misteriosamente reservado para morada del cuerpo de Jesús. Se parece, pues, al vientre de la Virgen, sellado, como aquel huerto del Cantar (Ct 4,12) y reservado para el cuerpo del Hijo de Dios. De María nace Jesús, para esta vida que tú y tus hermanos tienen, vida marcada por el tiempo; de ese otro vientre &#8220;nace&#8221; Jesús, ya glorificado y Señor de la muerte, esta vez no para participar de tu vida, sino para darte a participar de su vida, una vida con justicia llamada &#8220;eterna.&#8221; María es fecundada por la obra del Espíritu Santo ámbito de amor en que Dios Padre hace como una nueva creación; el sepulcro es &#8220;fecundado&#8221; por el poder del Espíritu, y el Padre levanta a su Hijo del reino de la muerte. De María nace desnudo el Cristo, necesitado de toda protección de los hombres y los animales; del sepulcro nace Cristo, de nuevo desnudo, pero ya no pidiendo sino otorgando vigorosa y sobreabundante protección a los hombres y, por ministerio de ellos, al universo entero.</p>
<p>182.5. He aquí pues la humillación de la Virgen y la exaltación del sepulcro. Ella se ve reducida a ser como la tierra que es pisoteada y despreciada; el sepulcro de tierra se ve exaltado y llega a ser como místico vientre del que nace la luz que todos alaban. El abajamiento de Ella asombra tanto como la inmensa dignidad de él. Ella se vuelve como tierra de muerte, pero con su acto de entrega del Cuerpo muerto de Cristo, hace a la tierra muerta una virgen madre, como es ella. Ella quedó como un sepulcro; ella hizo al sepulcro bello, virgen y fecundo, como Ella era.</p>
<p>182.6. Nunca, escúchame bien, nunca una lengua humana ni un poema de Ángeles podrá narrar el grado de amor de Ella en ese momento. Cuando Ella entregaba a su Hijo a la negrura de esa caverna; cuando Ella &#8220;sembraba&#8221; la Semilla de Resurrección, que era el cadáver de su Hijo, en ese frío espeso de la tierra, Ella estaba padeciendo mil muertes mientras un glacial de tormentos le partía por medio el alma.</p>
<p>182.7. ¡Oh Bendita Sembradora, Santa y Noble Campesina! Llevas en tu regazo la Semilla de un mundo nuevo, el resumen espantosa de las miserias de los hombres y el compendio atroz de sus súplicas. ¡Oh Bendita Sembradora, Santa y Noble Campesina! Depositando tu tesoro en la tierra la hiciste Cielo, y entregando tu amor a los rincones de la peña grabaste la dulzura de tu amor en todos los corazones de los cristianos.</p>
<p>182.8. Dilo, dilo y enséñalo a decir: ¡Oh Bendita Sembradora, Santa y Noble Campesina! Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>181. Las Virtudes de Jose</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Sep 2009 07:38:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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		<description><![CDATA[181.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
181.2. Extranjero y lejano permaneció el pecado; lejano y extraño a la casa de Nazareth. No había espacio en aquella casa porque ya estaba toda llena. Llegó el demonio y quiso entrar en ella, pero repleta de virtudes y de amor colmada no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>181.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>181.2. Extranjero y lejano permaneció el pecado; lejano y extraño a la casa de Nazareth. No había espacio en aquella casa porque ya estaba toda llena. Llegó el demonio y quiso entrar en ella, pero repleta de virtudes y de amor colmada no tuvo por donde entrar, y sólo de lejos pudo amenazarla, más por declarar su derrota que por adelantar algo en su victoria.</p>
<p><span id="more-3232"></span></p>
<p>181.3. Nazareth es patente muestra de la unidad que nace del amor; y es muestra también, en verdad, de cuáles son los escoltas del amor en esta tierra: oración y silencio, pobreza y humildad, paciencia y misericordia. Si a estas seis virtudes unes el amor, obtienes el número bíblico siete, tantas veces pronunciado en la Escritura como sinónimo de lo que es completo y pleno.</p>
<p>181.4. De esas seis virtudes comparas del amor, tres brillaron de modo altísimo en María: la oración, el silencio y la humildad; y otras tres se destacaron mucho en José: la pobreza, la paciencia y la misericordia. Dios lo quiso así, no porque a uno faltara lo que el otro tenía, pues ambos abundaron en todas sino por dar ejemplo a hombres y mujeres en el matrimonio.</p>
<p>181.5. Como es tan frecuente, gracias a Dios Espíritu Santo, la predicación sobre la Santa Virgen, deja que hoy me detenga un poco más en José y en estas virtudes suyas que, por ocultas, pueden quedar escondidas a los ojos de los hombres.</p>
<p>181.6. De su <em>pobreza</em> no tengo que hablarte, pues ya te lo declara todo la Escritura: llegar al madero de ese pesebre fue para él algo de lo que años después vivió María, llegada al madero de la Cruz. Un dolor intenso anegó su alma en aquella noche, que fue para él como una pequeña pascua. Al igual que su Hijo, años después, en el Calvario, José ni pudo ni quiso odiar, y así brilló su <em>paciencia</em>.</p>
<p>181.7. No por última vez, ciertamente, pues pronto le ves oyendo espantosas noticias sobre la persecución de Herodes y apremiantes y duros mandatos sobre aquella huida a tierras de Egipto. Salir como un reo y padecer como un culpable, siendo inocente; ser tratado como extranjero y cuidar a los suyos: ¿no son todos rasgos que luego ves brillar en su Hijo? Paciente entre dolores y orante en medio de las pruebas; obediente en difíciles circunstancias y generoso en tiempos de escasez: ¡qué grande, qué bello es José!</p>
<p>181.8. ¿Y qué diremos de su <em>misericordia</em>? No parece en un primer momento que esta virtud brille tanto como las otras dos que te he mencionado, pero así es. Piensa sólo en que la única explicación que se le dio a José por todas esas persecuciones, humillaciones y trabajos fue lo que le dijo el Ángel: &#8220;Él salvará al pueblo de sus pecados&#8221; (Mt 1,21). ¡Tantos dolores, tanta espera, tanto esfuerzo y tan poco fruto sólo por esas palabras: porque ese Niño hay que cuidarlo, educarlo y amarlo, ya que &#8220;Él salvará al pueblo de sus pecados&#8221;! Dime, ¿qué corazón, si no está hecho en los hornos del Cielo, tiene tanta generosidad? ¿Qué corazón, si no está colmado de misericordia, obra sólo por esta motivación? Pues bien sabes que no tuvo otra paga, ni otro gozo ni otro aplauso, sino haber acogido la voz del Ángel y entregarse en cuerpo y alma a ese Niño que salvaría al pueblo de los pecados.</p>
<p>181.9. Poco se predica de José. Debería hablarse más y mejor. Ya ves cómo es maestro de vida en santidad.</p>
<p>181.10. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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		<title>180. Las Estrellas</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Aug 2009 02:57:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>fraynelson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Las Palabras del Angel]]></category>

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		<description><![CDATA[180.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
180.2. En su amor providente, Dios da ciertas señales para la inteligencia, pero también ofrece dulces arras a la voluntad. No es negro el firmamento en tal manera que no haya luz de algunas estrellas. Esas estrellas son una hermosa imagen de lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>180.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.</p>
<p>180.2. En su amor providente, Dios da ciertas señales para la inteligencia, pero también ofrece dulces arras a la voluntad. No es negro el firmamento en tal manera que no haya luz de algunas estrellas. Esas estrellas son una hermosa imagen de lo que Dios hace cuando te hace pregustar lo que Él mismo dará más adelante.</p>
<p><span id="more-3226"></span></p>
<p>180.3. En efecto, las estrellas sirvieron durante siglos a la orientación de los navegantes en los mares y de los caminantes por las regiones despobladas. Esa función suya de orientación representa bien lo que significan las señales de la voluntad divina o también los signos de los tiempos.</p>
<p>180.4. Pero además de este servicio de orientación, las estrellas prestan un servicio de alegría, inseparable pero distinto del primero. &#8220;Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría&#8221; (Mt 2,10), lees en el Evangelio con respecto a aquellos magos de Oriente. En el firmamento de la noche Dios no dejó sólo unos datos para que se orientaran vuestras cabezas, sino también unas sonrisas, unas lágrimas, unas esperanzas, unas ternuras para que vuestros corazones temblaran de emoción, se estremecieran de gozo, se fascinaran de admiración y se conmovieran de gratitud y alabanza.</p>
<p>180.5. Saber mirar el firmamento, pues, supone encontrar la matemática y la poesía, la exactitud y la metáfora, la ciencia y el sentimiento, los datos y la evocación. No es cosa fácil unir estos extremos, y por eso es sabio que tengas una actitud compasiva con aquellos miles y millones que mirando las estrellas, y como embriagados por ellas, quisieron de un sorbo beberse los misterios que anidaban en tales luceros, y exponiendo sus cuitas al frío de la noche, creyeron oír alguna respuesta. Así nació la astrología.</p>
<p>180.6. No pudiendo encontrar los destellos —también vacilantes— que chispeaban en sus corazones ennegrecidos como ese firmamento de ébano, apostaron, no sin una nota de desesperación por las luces que seducían a sus ojos. ¡Oh, hombres, más dignos de misericordia que de castigo! ¿Quién podría, con tino y compasión, velar las noches en que veláis, y con un poema sosegar las preguntas infinitas que lanzáis a las mudas constelaciones?</p>
<p>180.7. ¡Hombres vigilantes, centinelas de un mundo que no se resigna, que no puede resignarse a la soledad, al silencio y al frío! Sabed que hay esperanza, y que vuestras lágrimas de la noche son rocío del alba. Sabed que vuestro sueño intranquilo un día dará paso a las palabras del salmista, cumplidas luego en la muerte de Cristo: &#8220;Puedo acostarme y dormir, y despertar&#8221; (Sal 3,6). Sabed que las palabras más profundas no son las que atraviesan ese cielo sino las que atraviesan el verdadero Cielo, y, hechas oración cristiana ante el Trono del Padre, Fuente de toda Luz, se vuelven lluvia de bendiciones y de amores para vuestros rostros fatigados y vuestras mentes aturdidas y ansiosas.</p>
<p>180.8. En otro tiempo los hombres esperaron que las estrellas les hablaran. Hoy te digo: no serán esas palabras las que guíen en la verdad a los hombres; más bien son éstos los que, con su sí a Jesucristo, apresuran la hora final del Universo entero. No son las estrellas quienes marcan el destino de los hombres, sino los hombres —esos hombres incandescentes en el Espíritu—, los que marcan el destino de las estrellas, y de todo cuanto puedan ver tus ojos.</p>
<p>180.9. Deja que te invite a la alegría. Dios te ama; su amor es eterno.</p>
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