We Need Mary

The Blessed Virgin Mary was evangelised by the Holy Archangel Gabriel. We can see the whole scene of the Annunciation as a defining moment in transmitting the gospel, that is, as a profound and beautiful lesson on evangelising.

Had you ever note that evangelising has an ‘angel’ within? It is not a pun–it goes down to the Greek roots of our own language. Angelos, in Greek, means: messenger; Eu-aggelon means: good news. Evangelise is to be like an Angel, like a new Gabriel telling people the great news of God’s love.

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Jesus, at the Very Centre

It is most familiar to everybody that the Hail Mary has two parts. Not always we realize though that the very joint of these two parts is precisely the Holiest Name of Our Lord, Jesus Christ. I think it is good to remember this fact and to meditate a bit on it, for it certainly is not a coincidence.

In the Hail Mary, Jesus is first mentioned as the blessed fruit of Mary’s womb; then He is explicitly named. The interesting fact is that we have two versions in the Bible about how this came to be the name of the Holy Infant. According to Mathew 1,21, it is Joseph who hears from an angelic voice: “She [Mary] will give birth to a son, and you are to name him Jesus, because he is the one who will save his people from their sins.” According to Luke’s version there is even more to this name, for St. Gabriel affirms to Mary: “You have found favour with God. Listen! You will become pregnant and give birth to a son, and you are to name him Jesus. He will be great and will be called the Son of the Most High, and the Lord God will give him the throne of his forefather David. He will rule over the house of Jacob forever, and his kingdom will never end.” (Luke 1,30-33).
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The Penitential Dimension of the Hail Mary

I am often amazed at the richness of the Hail Mary. In spite of its brevity, it is nothing less than a concise treatise of theology, a beautiful liturgical prayer, a great source of personal meditation, a manual for nourishing preaching, a reliable picture of the Blessed Virgin’s true greatness, a model for genuine Christian life, and a sort of hub that leads to some of the finest works in art, poetry, painting and music.

It is also a place for different kinds of spiritual exercise. In the Hail Mary we are encouraged to praise, to thank, to ask for, to trust even more. Faith, Hope and Love fit well in the inner harmony of Heaven and Earth that is so characteristic of this beloved prayer. Heaven makes heard its voice through the Archangel; the Earth replies through the voices of the believers, using a humbler tone to ask for intercession and help.

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Tres Flores para Maria

1. Detalles de hijos

Este rato de conversación delante del Señor, en el que hemos meditado sobre la devoción y el cariño a la Madre suya y nuestra, puede, pues, terminar reavivando nuestra fe. Está comenzando el mes de mayo. El Señor quiere de nosotros que no desaprovechemos esta ocasión de crecer en su Amor a través del trato con su Madre. Que cada día sepamos tener con Ella esos detalles de hijos —cosas pequeñas, atenciones delicadas—, que se van haciendo grandes realidades de santidad personal y de apostolado, es decir, de empeño constante por contribuir a la salvación que Cristo ha venido a traer al mundo. (Es Cristo que pasa, 149, 5)

2. Nos enseña a ser hijos

Porque María es Madre, su devoción nos enseña a ser hijos: a querer de verdad, sin medida; a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen del egoísmo de pensar sólo en nosotros; a estar alegres, sabiendo que nada puede destruir nuestra esperanza. El principio del camino que lleva a la locura del amor de Dios es un confiado amor a María Santísima. Así lo escribí hace ya muchos años, en el prólogo a unos comentarios al santo rosario, y desde entonces he vuelto a comprobar muchas veces la verdad de esas palabras. No voy a hacer aquí muchos razonamiento, con el fin de glosar esa idea: os invito más bien a que hagáis la experiencia, a que lo descubráis por vosotros mismos, tratando amorosamente a María, abriéndole vuestro corazón, confiándole vuestras alegrías y vuestra penas, pidiéndole que os ayude a conocer y a seguir a Jesús. (Es Cristo que pasa, 143)

3. Rosario de amores

En nuestras relaciones con Nuestra Madre del Cielo hay también esas normas de piedad filial, que son el cauce de nuestro comportamiento habitual con Ella. Muchos cristianos hacen propia la costumbre antigua del escapulario; o han adquirido el hábito de saludar —no hace falta la palabra, el pensamiento basta— las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles de tantas ciudades; o viven esa oración maravillosa que es el santo rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren, y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor; o acostumbran dedicar a la Señora un día de la semana —precisamente este mismo en que estamos ahora reunidos: el sábado—, ofreciéndole alguna pequeña delicadeza y meditando más especialmente en su maternidad. (Es Cristo que pasa, 142, 6)

Por: San José María Escrivá de Balaguer