Oración de alabanza y sanación

* El amor de Cristo acompaña el camino de los cristianos. Y su amor no cambia, no se cansa, no se desgasta.

* Cristo, que tocó al leproso, se acerca a nuestras lepras y con amor se muestra cercano y nos sana.

* En Cristo, Dios nos ha demostrado que no tiene asco de nosotros, ni por nuestra pobreza, ni por nuestra ignorancia, ni por nuestro pecado.

* Dios tiene una sola mirada hacia nosotros: la que hemos conocido en Cristo; la del amor que crea y renueva.

* Cristo es experto en recorrer distancias: desde el seno del Padre hasta las entrañas de la Virgen. Por eso sabemos que Cristo puede llegar con verdadera cercanía hasta cada uno de nosotros.

* Cristo ya nos conoce: todo es diáfano ante su mirada, y ningún caso es demasiado complejo para él. Ninguna mentira le vence. Ningún obstáculo es demasiado grande para Él. Así como venció al sepulcro, vence toda barrera.

* Los caminos que Cristo abre nadie los puede cerrar; si Él abre las bendiciones del Cielo, nadie puede oponérsele.

* Y cuando Cristo cierra una etapa o una herida, que nadie pretenda abrir lo que Él ya ha clausurado. porque suya es la victoria para siempre.

Play

Un testimonio del P. Emiliano Tardif sobre la sanación interior

Lo más hermoso que he encontrado en la Renovación Carismática es lo que se llama “la sanación interior”. Así como nuestro cuerpo es atacado por diferentes enfermedades, también interiormente podemos estar enfermos de complejos, miedos, rencores y todo tipo de inseguridades. Multitud de casos físicos son sólo síntomas de desajustes psicológicos que, al ser curados, desaparecen.

Si nuestros sentimientos fueron heridos, nos volvemos desconfiados. Si recordamos que alguien nos traicionó, sentimos rechazo contra todos. A veces hemos sido defraudados en el amor, y desde entonces nuestro corazón se cierra a toda manifestación de cariño.

Sin embargo, Jesús ha venido a curar los corazones destrozados y nos ofrece un corazón nuevo. Es maravilloso descubrir cómo el Evangelio está lleno de este tipo de sanaciones.

¡Cuántas veces queremos mejorar, pero no podemos!. Nos falta fuerza de voluntad y nuestro carácter no puede superar las adversidades. Otras veces creemos que son los otros lo que deben cambiar y se lo exigimos, sin resultados. Al contrario, parece que se acentúa más el problema. Todos estamos heridos y por eso no tenemos fuerzas para superar nuestras limitaciones.

Yo, personalmente, he vivido la gracia de la sanación interior. Durante toda mi vida había tenido problemas al menor contacto con la sangre. Cuando me tocaba atender a un moribundo que sangraba, era un gran sacrificio y, por más esfuerzo que hacía, no llegaba a controlarme.

Viendo una película de guerra donde había mucha sangre, comencé a sudar frío y creí que me iba a desmayar. Me sentía mal, y tuve que salirme.

Un día vino Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo a dar un retiro. Durante la Misa oró por la sanación de las heridas de la memoria, recorriendo las distintas etapas de la vida. Mientras oraba por la sanación de las heridas de la niñez, yo recordé que cuando tenía cinco años, un día me enfadé con mi hermano de seis años. Yo tenía un cortaplumas en la mano y se lo tiré. Le cayó en el brazo y comenzó a brotar mucha sangre. Me asusté mucho al ver su brazo teñido de rojo. Aunque me olvidé de aquel incidente, me quedó un problema cada vez que veía sangre. Mientras Mons. Uribe oraba, me vino a la mente este acontecimiento y le pedí al Señor que me sanara de este recuerdo.

Después he ido a los hospitales a ver enfermos con heridas de accidentes graves y ya no me produce esa reacción de hemofobia. Gracias a esta sanación interior estoy curado.