Secularizacion y Secularismo

Fr. Nelson, son lo mismo secularización y secularismo? Si hay diferencia, en que consiste? – Preguntado en formspring.me/fraynelson

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Partamos de la raíz, que es la palabra latina “saeculum,” que ha dado origen a la expresión “siglo.” El “saeculum” es el mundo, o lo propio del mundo, es decir, de este mundo. En este sentido, lo “secular” se entiende como contraste o incluso oposición a lo “sacro,” porque lo sacro apunta a las realidades que están después, o en todo caso más allá, del mundo presente.

Como la terminación “-ismo” suele añadirse a las posturas que enfatizan de modo muy principal o unilateral un aspecto, es evidente que el “secularismo” alude a aquella postura que sólo quiere atender a las cosas de este mundo, los valores de este mundo, los intereses de este mundo. El secularismo tiende entonces a excluir lo religioso y lo sagrado de la vida humana, o por lo menos, de la esfera pública. La visión secularista, también llamada a veces “laicista,” desprecia el hecho religioso y en cualquier caso quiere impedir toda influencia suya en las leyes, costumbres, tradiciones, y en todo lo que sea visible, hasta llegar a la arquitectura o la decoración. Ejemplo típico: supresión de crucifijos.

La secularización, con su terminación en “-ción,” alude más bien a un proceso, que puede tener dos intenciones distintas. Hay una secularización que es el camino hacia el secularismo, y que por tanto no merece una valoración ni estudio distinto de lo ya dicho. Pero puede haber una secularización en sentido positivo, si se dan estas tres condiciones: (1) Separarse de toda visión que pretenda sacralizar el mundo en términos de fuerzas mágicas o de energías suprahumanas que actúan como deidades autónomas. (2) Afirmar el valor de lo que pertenece a este mundo pero sin negar que hay otros valores que lo trascienden. (3) Admitir que mientras estemos en este mundo no tenemos potestad alguna para intimidar la conciencia de nadie, y que por lo tanto existe un espacio necesario y válido de pluralismo en la sociedad, en la medida en que garantiza tal libertad de conciencia sin perder la mirada sobre el bien común. Este segundo tipo de secularización es el que resulta compatible con nuestra fe cristiana.

El demonio reclama dominio sobre el mundo?

Distinguido Fray nelson,que la Paz,el Amor y la Ternura de Cristo Resucitado este contigo y siempre; Escuchando su conferencia “Eucaristia,Medicina de Amor”,usted cita el tema de las Tentaciones de nuestro Señor Jesus en el desierto,del Evangelio de San Lucas,donde el demonio le ofrece a Jesus “todos estos reinos”,previo Usted afirmo “El Pecado promete algo verdadero a traves de un camino falso”, El versiculo 6 del Cap. 4 dice ” y le dijo el diablo “Te dare todo el poder y la gloria de estos reinos, porque me la han entregado a mi y yo se lo doy a quien quiero.” tomada de Biblia de Jerusalen Latinoamericana,la pregunta es la siguiente, Quien le ëntrego al demonio estos reinos? O es una mas de sus mentiras? Gracias,bendiciones. – M. de la C.

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Hay algo de verdad en esa mentira del demonio: la extensión y profundidad del pecado hace que se le pueda llamar a él “príncipe de este mundo.” Pero no es que Dios se lo haya entregado sino que nosotros nos hemos entregado al pecado muchas veces.

Los falsos pastores, segun Cristo

Distinguido Hno Nelson, doy gracia a Jesus nuestro señor por haberme conducido a este portal que Usted dirige y Orienta con ese carisma de Sabiduria,entendimiento y enseñanza que Dios le a regalado y que Usted lo a puesto al servicio de la comunidad, permitame tomarle un pequeño tiempo,solicitandole su orientacion acerca del versiculo 8 Cap.10 del Evangelio de San Juan que dice “Todos los que han venido delante de mi son ladrones y salteadores; pero las ovejas no los escucharon” A quien se referia el Señor Jesus con eso de ladrones y salteadores? Att. Mariano de la Cruz, Santo Domingo de Guzman, Republica Dominicana.

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Cristo se refería a los falsos pastores, seguramente en la línea de lo que predicó, por ejemplo, Ezequiel 34, 2-6, donde leemos estas palabras tan duras pero a veces tan actuales: “¡Ay de ustedes, pastores de Israel, que tan sólo se cuidan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben cuidar al rebaño? Ustedes se beben la leche, se visten con la lana, y matan las ovejas más gordas, pero no cuidan del rebaño. No fortalecen a la oveja débil, no cuidan de la enferma, ni curan a la herida; no van por la descarriada ni buscan a la perdida. Al contrario, tratan al rebaño con crueldad y violencia. Por eso las ovejas se han dispersado: ¡por falta de pastor! Por eso están a la merced de las fieras salvajes. Mis ovejas andan descarriadas por montes y colinas, dispersas por toda la tierra, sin que nadie se preocupe por buscarlas.”

¿Quiénes, en concreto, podrían estar ahí representados? Varios de los adversario de Cristo. Los fariseos, por ejemplo, que se consideraban guía y luz para los demás, y que fueron desenmascarados en su hipocresía por Cristo. O los saduceos, la casta sacerdotal, que por su propia oficio debía brillar en el amor y servicio a Dios, de los cuales, sin embargo, dijo Cristo que no conocían el poder de Dios. O los escribas, que creían tener la llave del conocimiento pero que en realidad cerraban la puerta al Reino de Dios, según denuncia de Cristo.

Es interesante que Jesús habla de los que han venido “antes” de Él, indicando así veladamente que Él es quien llega de último. Sobre esto hay dos interpretaciones posibles, por lo menos: (1) A los pies del Señor llegamos siempre “tarde.” Así lo sintió san Agustín, que escribió: “Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva…!” Llegamos tarde al amor de Dios porque nos entretenemos en el amor idolátrico a las creaturas. En este sentido, que Cristo sea el “último” es algo así como un dato triste de la dureza y frivolidad del corazón humano. (2) Cristo es “el último” puede entenderse también de manera positiva: después de Él nadie más. Es decir, quien de veras se encuentra con Cristo ya no necesita ni busca nada ni a nadie más.

Decepcionados de la humanidad

Como hago para no envenenarme con el mundo cuando la mayoría me ha herido y traicionado. Cuando veo falsedad en los que dicen ser amigos, como recupero la fe y la confianza en los seres humanos si veo que no se puede confiar. Como debo actuar y sentir. – Preguntado en formsping.me/fraynelson

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Admitamos con franqueza que es fácil decepcionarse de la humanidad. Admitamos también que hay algo dulce en lamer las propias heridas y declararse uno víctima perpetua. Reconozcamos, además, que es más sencillo levar la cuenta de los males que la de los bienes. Y por último, reconozcamos que es difícil encontrar el punto medio entre ser mordazmente suspicaz con todos y ser tontamente ingenuo algunas veces.

Otro enfoque es este: “Envenenarme” por la maldad del mundo, ¿arregla algo de esa maldad? ¿Arregla algo en mi vida? ¿Trae algún bien o solamente le da más poder al mal? Una hermosa frase que se ha atribuido a varios autores dice: “Es mejor encender una luz que maldecir las tinieblas.”

Conviene preguntarse en que puede consistir eso de tener “fe en la humanidad.” Jesús no tuvo esa clase de fe. leemos en Juan 2,24: “Jesús, en cambio, no se confiaba en ellos, porque los conocía a todos.” Así que el ideal cristiano no es ir sonriendo por el mundo creyendo que todos son buenos. El ideal cristiano es saber que todos son pecadores, pero que así, pecadores y todo, les ha amado Dios hasta el extremo.

Por tanto, uno debe ser práctico en esto, y no olvidar lo de Jeremías: “Maldito el hombre que en el hombre confía, Y hace de la carne su fortaleza (brazo), Y del Señor se aparta su corazón. Será como arbusto en lugar desolado Y no verá cuando venga el bien; Habitará en pedregales en el desierto, Una tierra salada y sin habitantes. Bendito es el hombre que confía en el Señor, Cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, Que extiende sus raíces junto a la corriente; No temerá cuando venga el calor, Y sus hojas estarán verdes; En año de sequía no se angustiará Ni cesará de dar fruto.” (Jeremías 17,5-8)

Nuestra desconfianza, sin embargo, no debe desconocer el trabajo que Dios ha hecho y sigue haciendo en la gente. No podemos tratar a cada ser humano como si fuera el jefe asesino de una banda de mafiosos. por eso hay que pedir sabiduría, para tener la medida justa.

Y una última cosa: siendo tan raro el bien, no nos olvidemos de agradecerlo, elogiarlo, incluso en público, y de dar honor y alabanza a Dios por lo bueno que aparezca en nuestro camino.