El sacrificio de Cristo y nuestra fe en su divinidad

No hace mucho me puse a ver un video sobre la filosofía de René Girard y su tesis del “chivo expiatorio” donde explica esta práctica tan común en las culturas antiguas de transferir los pecados del pueblo en una víctima inocente, a la cual inmolarían (como, de hecho, sucedía con los sacrificios de expiación del Pueblo de Israel). Ahora bien, Girard da un paso más adelante y asegura que de la inmolación de este chivo expiatorio, que restaura la comunión del pueblo afectado por el pecado, surge la “divinización” de la víctima inocente, al punto de instituir en torno a ella sacrificios, rituales, e incluso una casta sacerdotal que mantendría viva esta práctica, dando origen así a las diversas religiones de tiempos ancestrales. Ahora bien, como nunca faltan los enemigos de la fe al momento de presentar estos videos, hubo varias personas que identificaron esta figura del “chivo expiatorio” con Jesucristo, alegando que la fe cristiana no sería más que otra prolongación de esta práctica del “chivo expiatorio” donde se transfieren las culpas de todo el mundo en una víctima inocente que luego sería “divinizada” por sus seguidores, para luego crear todo un sistema religioso que comprendería actualmente nuestra Iglesia. Obviamente esta objeción me parece muy falaz, pero debo admitir que no supe responderla en su momento, y esto me llevó a querer consultarle lo siguiente: ¿Existe alguna relación entre el sacrificio único y expiatorio de Cristo con esta práctica ancestral presente en muchas otras culturas? — D.R.

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El planteamiento de Girard o de sus seguidores pertenece a un grupo amplio de objeciones y ataques contra la fe según los cuales siempre se quiere presentar a Cristo como “un caso más” de alguna práctica pagana. Lo que tú mencionas se ha dicho con respecto a los milagros del Señor, a su Encarnación, a sus sabias enseñanzas y también con respecto a la resurrección. Al escuchar esta clase de reparos a nuestra fe es explicable que nos sintamos, por lo menos en un primer momento, desconcertados.

La manera de responder, en prácticamente todos estos casos, es básicamente el discernimiento entre lo que hay de común entre el modelo pagano y lo que Cristo hizo por nosotros.

Doy un ejemplo. Supongamos que alguien nos dice: “Los dioses del Olimpo tenían una comida “celestial”… es decir, lo mismo que ustedes los católicos dicen de la Eucaristía, que a veces es llamada “pan de ángeles”… ¡Se trata de la misma idea!” Examinemos ese planteamiento. En los mitos griegos y en los relatos de institución de la Eucaristía se habla de “comer” pero ¿hasta dónde sigue la similitud? No muy lejos: para empezar, lo esencial en la Eucaristía es el carácter de auto-donación de Cristo, algo que no está de ningún modo presente en las historias del Olimpo.

Algo semejante hay que decir con respecto a la postura de Girard o de sus seguidores: el hecho de que se realicen sacrificio en muchas culturas y luego se divinicen los animales sacrificados no va muy lejos. Los testimonios y razones para proclamar la divinidad del Señor no empiezan con su sacrificio sino con su vida misma, llena de pureza, bondad, coherencia: ¡su inmolación no empezó en la Cruz sino que su vida entera fue don, un don lleno de compasión, poder y verdad! Pensemos por ejemplo, en su autoridad para enseñar, sus milagros, su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza, el hecho de que perdone pecados y se declare con serenidad “Señor del Sábado” (una de las instituciones claramente divinas en la Ley de Moisés).

En resumen: una simple comparación no indica ni causalidad ni dependencia.

La estrella de Belén

Padre Medina: Mucho se habló sobre la estrella de Belén, para referirse a la conjunción visual de los planetas Júpiter y Saturno, en diciembre pasado. Pero ya hablando seriamente y con Biblia en mano, ¿qué se puede decir de la Estrella de la que hablan los Evangelios? — L.J.

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Comenta el periódico ABC, en un artículo dedicado al asunto:

Desde un punto de vista puramente astronómico, existen cuatro posibilidades para explicar la estrella de Belén. La primera es que se tratara de un meteorito, pero es muy poco probable debido al hecho de que los meteoritos, que se convierten en una bola de fuego al entrar en la atmósfera, apenas si duran unos segundos antes de desaparecer, y la estrella de Belén brilló durante semanas enteras.

La segunda posibilidad es que fuera un cometa, objetos que, esta vez sí, pueden brillar en el cielo incluso durante meses. Sin embargo, el más espectacular de todos los cometas conocidos, el Halley, cuya órbita le trae cerca de la Tierra cada 76 años y que fue visto por última vez en 1986, fue visible en Judea durante los meses de agosto y septiembre del año 11 DC, lo que no coincide con las fechas del nacimiento de Jesús. Por supuesto, pudo tratarse de otro cometa, uno que pasó entonces y que por el momento no ha regresado, pero eso es algo de lo que nunca podremos estar seguros.

Además, en la antiguedad los cometas eran vistos como señales que anunciaban muerte y destrucción, y no como heraldos del nacimiento de un rey o de un dios. Los romanos, por ejemplo, marcaron la muerte del general Agrippa usando la aparición del Halley en el 11 DC.

Otra posible explicación, la tercera, es que lo que vieron los Magos fue la muerte violenta de una estrella. Y eso nos lleva a dos posibilidades diferentes: una nova o una supernova. En el primer caso, es la forma (una explosión termonuclear) en que una estrella se libera, de golpe, de una excesiva acumulación de hidrógeno en su superficie.

Es muy espectacular, si la estrella está lo suficientemente cerca, y su aparición tiene lugar de forma impredecible y en cualquier momento. Las más brillantes aparecen de repente, sin previo aviso, como una nueva y espectacular luz en el cielo. Su brillo, tras algunos días, o incluso semanas, se va atenuando hasta desaparecer por completo.

Como media, se produce una nova visible desde nuestro planeta una vez cada veinte años (la última fue en el año 1975), por lo que nada impide que fuera éste, y no otro, el fenómeno visto en Judea or los tres Magos de Oriente.

Mucho más espectacular, aunque menos frecuente de ver, es una supernova, la explosión catastrófica de toda una estrella que llega a su final y cuyo brillo eclipsa incluso al de toda la galaxia que la contiene. En el momento de la explosion, una supernova puede ser vista incluso a plena luz del día, y su brillo más intenso puede durar meses antes de empezar a decrecer.

Durante los últimos mil años, la Humanidad ha sido testigo de cuatro supernovas, en los años 1006, 1054, 1572 y 1604. En todos los casos, los cronistas de cada época se refirieron profusamente al fenómeno. Los chinos, por ejemplo, refieren que la supernova del año 1054 fue visible durante dos meses incluso a plena luz del día.

La pega es que no existe en la época del nacimiento de Jesús ninguna referencia definitiva sobre la súbita aparición de una luz especialmente intensa en el cielo. Si sucedió, nadie, en ninguna cultura, documentó el hecho, lo cual parece indicar que debemos buscar la solución en alguna otra parte. Algunos textos chinos hablan de una posible nova en la primavera del año 5 DC, pero se refieren a ella como a un fenómeno de poca importancia y de escasa, o ninguna, espectacularidad.

La última (y quizá la más probable) explicación es la posibilidad de que los tres Magos fueran testigos de una conjunción planetaria especialmente brillante, tanto como para hacerles creer que se trataba de una nueva estrella. Pero ¿Hubo alguna conjunción planetaria de este tipo entre los años 7 y 2 AC? La respuesta es que sí. Los astrónomos han determinado que, en ese intervalo temporal, se produjeron varios fenómenos planetarios que podrían haber sido interpretados como la estrella de Belén.

El primero de ellos fue en el año 6 AC, se produjo entre los planetas Marte, Júpiter y Saturno y sucedió en la constelación de Piscis. Los tres mundos formaron una brillante figura geométrica en el cielo que debió de ser de gran belleza y capaz de llamar la atención de cualquiera. Otra posibilidad es la “triple conjunción” de Júpiter y Saturno entre los meses de mayo y diciembre del año 7 AC. Los “pasos” de Júpiter sobre Saturno se produjeron el 29 de mayo, el 30 de septiembre y el 5 de diciembre de ese año.

No cabe duda de que todos estos eventos fueron perfectamente visibles, ya que sucedieron en la cara nocturna de la Tierra. Los dos planetas, además, brillaron el uno muy cerca del otro durante ocho largos meses, el tiempo que se estima necesario para que los Reyes Magos cubrieran los cerca de mil km. de distancia entre Babilonia y Judea.

Sin embargo, la que seguramente fue la más brillante de las conjunciones planetarias de esa época fue la que se produjo entre Venus y Júpiter en la constelación de Leo el 12 de agosto del año 3 AC.

Los dos planetas brillaron ese día extraordinariamente cerca el uno del otro. Y cuando Venus se retiró, Júpiter permaneció junto a Leo por lo menos durante diez meses más, sumando su brillo al de la estrella. Si el encuentro de los tres Reyes Magos con Herodes se produjo durante la primavera del 2 AC, las fechas encajarían a la perfección. De hecho, tras su primer encuentro y después de que Júpiter y Leo siguieran brillando juntos en el cielo, Venus regresó a la zona y se alineó con Júpiter en junio del 2 AC. El día 17 de ese mes los brillos de los dos planetas fueron tan intensos que llegaron a confundirse.

Venus y Júpiter bajaron juntos y lentamente hacia el horizonte a medida que sus brillos se iban haciendo uno. Hacia las ocho y media de la tarde, hora local de Jerusalén, prácticamente se habían fundido en un único y luminoso astro. En un tiempo en el que no había instrumentos de observación, ni gafas de sol, es muy probable que los observadores no fueran capaces de distinguir los dos objetos individuales y que solo percibieran un único y brillante destello sobre los cielos de Judea.

¿Fue esto lo que vieron los Reyes Magos? Para la Ciencia es difícil asegurarlo. Lo único cierto es que esas alineaciones se produjeron, y que fueron claramente visibles en una época que coincide con la del relato bíblico. Más allá de eso, no existen certezas absolutas. Cada uno es libre, pues, de sacar sus propias conclusiones.

El caso de las vacunas y las células de fetos abortados

Son tiempos de gran presión emocional y bastante desinformación. Muchos nos han preguntado sobre la licitud ética de aplicarse vacunas que tienen relación con células humanas tomadas de fetos abortados voluntariamente.

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Debe notarse que parte de la desinformación empieza en que hay gente que está diciendo cosas muy diversas:

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Origen de la Novena Tradicional del Niño Dios

Sé que en Colombia y otros países se suele rezar una Novena especial para Navidad. ¿Sabe usted de su origen, fray Nelson? Gracias! –H.G.

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No lo conocía, para ser sincero. Encontré esta información pública:

La Novena de Aguinaldos es una costumbre católica, arraigada en Colombia, Venezuela y Ecuador, relacionada con la festividad de Navidad. Es análoga a las Posadas que se celebran en México y América Central. Se trata de una oración rezada durante nueve días (novena) en la época previa a la Navidad (época de aguinaldos).

Más allá de la tradición católica, la novena de aguinaldos se ha convertido en un evento social, en el cual, en torno a la oración, se reúnen los miembros de la familia, los trabajadores en sus compañías y las comunidades en los parques o en los centros comerciales. Además, acompañan el evento con el canto de villancicos, y el compartir de aperitivos tradicionales para el tiempo de Navidad.

La novena fue originalmente creada por Fray Fernando de Jesús Larrea, franciscano nacido en Quito en 1700 quien después de su ordenación en 1725 fue predicador en Ecuador y Colombia. Fray Fernando la escribió por petición de la fundadora del Colegio de La Enseñanza en Bogotá doña Clemencia de Jesús Caycedo Vélez y fue publicada originalmente en 1743. Muchos años después una religiosa de La Enseñanza, la madre María Ignacia (nacida Bertilda Samper Acosta) la modificó y agregó los gozos (canciones).

El lenguaje es florido y arcaico, lo que ha motivado a varias versiones que pretenden modernizar el lenguaje. Son comunes las versiones en el que se reemplaza el voseo reverencial por el uso de tú, el cambio de padre putativo por padre adoptivo al referirse a José. Otras versiones incluyen cambios más drásticos en la modernización del lenguaje.

¿Es válida la Misa de un sacerdote que enseña lo que no enseña la Iglesia?

Padre> Un sacerdote que inicia una Misa en que abiertamente se pronuncia a favor de esos “derechos” (del lobby arcoiris) y otras prácticas contrarias a la Misa, o sea, abogando por eso y celebrando la Misa con esta clara intención, ¿esa “misa” es válida? La comunión ¿es un sacramento real? Si uno como católico va a la misa con la intención de renunciar al pecado (como debe ser) y el sacerdote la celebra con la intención de promover el pecado de manera abierta y directa, que derechos, si alguno, tiene el laico ante esta situación. Obvio. Que se que lo primero, es expresar ante las “autoridades” el abuso. Pero, si el Obispo (que parece que los hay) no actúan. Que derechos o mecanismos existen para confrontar esta situación basados en el derecho canónico que no sea mudarme de parroquia. –E.A.Q.

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Sobre la VALIDEZ de la Santa Misa la Iglesia ha dado criterios bastante claros. Una Misa es “válida” si en ella realmente sucede la consagración del Cuerpo y Sangre de Cristo. Y la consagración realmente sucede si y sólo si el sacerdote que preside tiene intención de hacer lo que hace la Iglesia con este sacramento. Es decir que la validez simplemente significa que Cristo se hace realmente presente por ministerio del sacerdote.

De modo que una misa puede ser plenamente válida en circunstancias muy bellas o muy terribles. Alguien decía: como Cristo en su Pasión, así también Cristo en la Eucaristía está literalmente “en nuestras manos” para ser honrado y adorado, como Él realmente merece, o para ser ofendido y calumniado, como a veces sucede, y como parece ser el caso que tú describes.

¿Qué hacer frente a tales abusos? Hay toda una escala de acciones: (1) el diálogo y corrección fraterna con el mismo sacerdote, en un contexto de respeto, privacidad y serenidad; (2) un diálogo más amplio, quizás con un mayor número de fieles que tengan la misma opinión sustentada, argumentada; (3) Comunicación escrita al obispo del lugar, indicando los pasos que se han dado y las razones de preocupación; (4) Diálogo personal con el mismo obispo, presentando las razones y lo que todo esto implica para la fe y las familias; (5) Correspondencia y diálogo con otros obispos que se puede creer que sostienen la fe católica íntegra, en esperanza de abrir diálogo entre ellos; (6) Comunicación formal a la Congregación para la Doctrina de la Fe, indicando todos los pasos que se han dado, con copia de los documentos que avalen lo que se dice; (7) Diálogo con diversos obispos y arzobispos para intentar hacer seguimiento al proceso ante la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Todo el proceso hay que acompañarlo de estudio, oración y en la medida de lo posible, obras de caridad y penitencia. Y nadie está obligado a asistir a una celebración eucarística que aunque sea válida, termina por volverse en un espectáculo de ofensa a Nuestro Señor.

Preguntas sobre el Papa Francisco

Respetado Padre Nelson: Una vez más me enfrento a sentimientos de desconcierto y frustración por las declaraciones del Papa Francisco, esta vez en un documental. Sé que usted está enterado del asunto porque vi que publicó un video (que no me convenció mucho, para serle franco). Entonces me hago, y le hago a Usted, una serie de preguntas: Sería mejor que el papa diera menos entrevistas, que prácticamente siempre le resultan mal, con el resultado ridículo de que después tiene que salir una cantidad de obispos y sacerdotes a tratar de explicar lo que el Papa quería decir pero parece que no fue capaz de decirlo bien. ¿Está de acuerdo? Y otra cosa: si su primer oficio como Papa es confirmarnos en la fe, ¿no sería mejor que hablara más de la fe y menos de las agendas que tanta gente del mundo tiene hoy, en asuntos de economía, migración o ecología? ¿Le parece a Usted, fray Nelson? Gracias por su tiempo. — H.M.

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De acuerdo en ambas cosas.

¿Dios presenta también en el infierno?

Hola Padre Nelson. Tengo una duda. ¿En el infierno está Dios? Tal vez parece tonta la pregunta pero el Padre Fortea dice que sí. Y he escuchado a varios. Pero, el catecismo dice que es el lugar donde no está Dios. No entiendo bien. Gracias — J.B.

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La pregunta no es tonta y, bien entendida, nos lleva a conocer un poco mejor sobre la presencia y la obra de Dios. El punto central es: ¿en dónde y de qué manera podemos decir que Dios está presente? La clave está en el verbo estar, y en el tema de las maneras de estar.

Por ejemplo: es evidente que sólo Dios es creador; y es claro que sólo Él sostiene en el ser. De modo que allí donde hay algo–cualquier cosa que exista–es necesario que hay una acción y una presencia de Dios que sostiene en el ser. Esto, por supuesto, vale también para los seres que se han condenado, de modo que en se sentido se puede descubrir la presencia de Dios entre los condenados, en la medida en que siguen existiendo.

Otro punto interesante es que ninguna maldad corrompe del todo el ser. Ello significa que puede verse algo bueno, alguna cualidad, aunque retorcida y afeada, en los condenados, y por supuesto ello habla de que solo Dios es bueno. Es como cuando uno ve un criminal terrible y sin embargo debe admitir que la persona era muy inteligente, o cosas parecidas.

Finalmente, como dicen algunos santos, y entre ellos, Santa Catalina de Siena, la misericordia de Dios se puede detectar en el infierno porque los condenados no se hacen entre ellos, ni a sí mismos, todo el daño que quisieran hacerse.

De modo que sí hay vestigios del infinito poder, sabiduría y bondad de Dios, incluso en lo más profundo del infierno; aunque por supuesto, Dios no está padeciendo ni cosa parecida. Se dice que “está” en la medida en que hay acción y obra suya allí, como en todo lo creado.

Diálogo con protestantes

Buenas noches, estimado Padre Fray Nelson, un saludo cordial desde Santa Cruz, Bolivia, y que la paz del Señor esté siempre con usted. Tengo una inquietud muy ligada a la difícil situación que uno como católico tiene que sobrellevar con nuestros hermanos evangélicos. Es cierto que no todos los protestantes son iguales: existen por un lado los extremistas que hacen daño difamando a la Iglesia, pero existen también los que son bastante respetuosos con los católicos, y siguen su fe de manera sincera, aunque con ideas doctrinales erróneas, obviamente. ¿Existe un “punto medio” en la manera en la que debamos tratar a nuestros hermanos protestantes? ¿Y qué hacer con aquellos que atacan tan ferozmente a la Iglesia Católica? ¿Cómo puedo practicar la misericordia y la caridad hacia mis hermanos separados, pero sin caer en el pecado de traicionar la verdad, evitando la corrección fraterna? ¿Y cómo puedo ser un fiel defensor de la Verdad y la ortodoxia católica, sin por ello llegar a ser tosco y grosero con mis hermanos protestantes, es decir, sin pecar contra la caridad y el respeto que cada ser humano merece, en especial con aquellos que creen seguir su fe de manera sincera? — D.R.

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Estimado hermano en el Señor:

Me alegra saber que eres de Sta Cruz Bolivia, una de las comunidades más queridas por Fray Nelson y muy preparados en la fe, según lo que le he escuchado decir en las predicaciones que ha hecho con ustedes.

Permíteme presentarme, mi nombre es José Santiago Baños y soy un laico comprometido de origen mexicano, que radico en la ciudad de Miami. Tengo la dicha de gloriarme de la amistad y guía espiritual de Fray Nelson desde hace aproximadamente 20 años que nos conocimos por internet. He tenido la oportunidad de estar personalmente en muchos de sus retiros espirituales y de seguir por los medios sociales sus predicaciones por todo el mundo.

Creo que conoces la intensa labor evangelizadora de Fray Nelson, que en ocasiones no le permite contestar personalmente todas las preguntas que recibe, por lo que se auxilia de algunos laicos en quienes ha depositado su confianza, para que den respuesta en su nombre. En esta ocasión, inmerecidamente me ha pedido que atienda tus inquietudes, lo que trataré de hacer con mucho gusto, poniendo mi mejor esfuerzo e implorando la ayuda del Espíritu Santo.

La situación que nos presentas es verdaderamente compleja y la hemos vivido en carne propia mi esposa y yo, ya que dos de sus hermanos abandonaron la Iglesia Católica y se pasaron a una secta Evangélica, en donde uno de ellos es ahora Pastor. Y como generalmente sucede, fue porque nunca conocieron ni se prepararon en la doctrina católica (católico ignorante=seguro protestante). Durante muchos años casi no hubo comunicación con ellos, hasta que por nuestra trayectoria espiritual buscamos el acercamiento, que se fue dando muy lentamente, porque ellos no se abren fácilmente al diálogo. Cuando falleció mi suegro, los invité a hacer una oración conjunta utilizando los salmos, que podemos decir son un medio ecuménico de oración, pero se negaron. Pero el seguir tratándolos con amor nos ha dado buenos resultados.

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Una amiga se declara homo/bi/sexual. ¿Qué debo hacer?

Hola, padre. Una amiga mía dice ahora que es bisexual. Soy creyente, hemos sido amigas desde toda la vida y ahora ella está diciendo esto. Temo por ella: que esté entrando en un camino en que finalmente no será feliz. ¿Qué me recomienda? — A. G. H.

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Por supuesto, en todas las épocas ha habido personas que tienen comportamientos o gustos homosexuales. En parte eso es explicable por un hecho muy sencillo: lo que a uno le gusta no siempre es lo correcto. Hay personas que “desde siempre” han tendio tendencias que no son, objetivamente hablando, correctas; sólo que en nuestra época, a los pecados sexuales se les quiere poner una especie de aura o de corona o provilegio.

Por otra parte, en esto de las auto-declaraciones de homosexualidad y de bisexualidad, hay de todo.

Yo veo muchas personas confundidas en su identidad sexual. Veo también personas que han desarrollado con fuerza sus deseos homosexuales o bisexuales, al sentirse “autorizados” por el ambiente. Veo también gente que no tiene mayor interés en el sexo pero que considera que mostrarse “mente-abierta” es importante. Sé de personas que, en un momento dado, tuvieron algún tipo de experiencia de amor al mismo sexo, y ahora consideran que por una especie de “coherencia” deben ya considerarse así. Y en una gran mayoría de todos estos casos tales opiniones o declaraciones son temporales…

Lo mejor es no pretender convencer, respetar a todos pero también exigir respeto de todos hacia nosotros mismos y hacia nuestras convicciones. Y, puesto que somos creyentes, oraremos con amor por todos.

Ruth Bader Ginsburg

Padre Nelson, ¿por qué los pro-vida tienen un juicio tan crítico sobre la jurista Ruth Bader Ginsburg, recientemente fallecida? — J.K.

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Escribe el P. Federico, de InfoCatólica:

Ruth Ginsburg, desde su cargo de ministro de la Corte Suprema de los EE.UU., de hecho, estuvo a la vanguardia mundial de la defensa, conservación, justificación y ejecución del más aberrante de los crímenes: el filicidio prenatal [llamado usualmente: ABORTO]. Y no lo hizo durante un breve interregno, sino durante su prolongada gestión como ministro que duró 27 años, detentando este cargo hasta el mismo día de su muerte, a los 87 años de edad, la cual se debió al cáncer más agresivo de todos: el de páncreas.

El lugar central y paradigmático de Ginsburg en la imposición del infanticidio es incuestionable. Fue ella la que impuso el aborto en los Estados Unidos, como señala Matthuz Ruiz en su elogioso artículo: «Ginsburg logró abrirse camino en una era en la cual las mujeres enfrentaron obstáculos que ella se encargó de derrumbar para las generaciones futuras»[3]. Anthony Romero, director Ejecutivo de ACLU no duda en afirmar que Ginsburg cambió a los Estados Unidos: «Ella deja un país cambiado debido al trabajo de su vida». Aclaremos que ese país cambiado, significa que Estados Unidos antes no mataba niños y gracias a Ginsburg, ahora aniquila infantes en el seno de sus madres. Ese es el cambio del cual Ginsburg fue la protagonista.

Tan determinante fue Ginsburg para la legalización del filicidio que el diario Infobae publicó una nota con el siguiente titular: «Por qué la muerte de Ruth Bader Ginsburg pone en peligro el derecho al aborto en EEUU».

Artículo completo aquí.

Los adventistas y su uso de la Biblia

Padre Nelson, ¿Qué es lo que creen los Adventistas, cultos en ciudades pequeñas de nuestro país (Colombia)? Es que supuestamente usan nuestra biblia… — G.B.P.

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Información muy clara de catholic.net:Los adventistas consideran a las Sagradas Escrituras como la base de su fe y su moral, pero al interpretarlas las toman tan a la letra que se les ha llamado “Los más fundamentalistas de los fundamentalistas”.

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¿Confesión online?

Varias veces en esta pandemia me han planteado la pregunta por la confesión “a distancia” o confesión “online.” Un buen artículo de Aleteia ayuda a tener ideas claras.

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De entrada, parece que podría estudiarse la cuestión valorando pros y contras.

Así, a favor tendríamos la facilidad en todos los sentidos para el penitente, que podría confesarse sin que nadie le viera ni le reconociera (el anonimato es un derecho del penitente), de forma que sería más fácil que se animara y dijera todo lo que es pertinente. También el que la página web facilitara una buena preparación, con examen de conciencia incluido.

En contra tendríamos que se dificulta la tarea de pastor –y no solo de juez- por parte del sacerdote. También el que fueran más fáciles las imposturas. Claro está, se podrían añadir más argumentos en uno u otro sentido.

Sin embargo, si se trata de lo que los católicos habitualmente entendemos por confesión, o sea, el sacramento de la Penitencia, no es así como se ha de tratar la cuestión. Lo que debemos estudiar es si la naturaleza misma del sacramento lo permite. El tema no es tan nuevo como parece, y ya se había estudiado.

No era raro que, en los estudios de teología o en los seminarios, tarde o temprano alguien preguntara si se puede uno confesar por teléfono. La invariable respuesta era que no.

¿Por qué? Para comprender esta respuesta, hay que entender el sentido mismo del sacramento. Jesucristo deja en manos de la Iglesia el perdón de los pecados, de forma que pueden ser perdonados o “retenidos” (cfr. Jn 20, 22). El sacramento se constituye como un tribunal de misericordia, en el que el pecador se acerca a la Iglesia –representada en su ministro- a confesar con arrepentimiento sus pecados.

El sacerdote, advirtiendo que el penitente tiene contrición de sus pecados, le absuelve; si no la tiene, deja la absolución pendiente para cuando la tenga. Por eso hace falta que se presente.

Desde siempre se ha examinado si era necesaria la presencia física –antes del teléfono estaban las cartas-, y se ha contestado afirmativamente. Recientemente lo han recordado varios obispos, y en 2011 el portavoz mismo de la Santa Sede, Mons. Lombardi, lo recordó con respecto al iphone.

Estas consideraciones se refieren exclusivamente a la celebración del sacramento de la Penitencia. No se refieren a su preparación, donde internet puede ser de ayuda; por ejemplo, proporcionando un buen examen de conciencia para prepararse. Tampoco se refieren a cualquier tipo de diálogo ajeno al sacramento.

Aunque, si se trata de una dirección espiritual, me parece que lo recomendable (recomendable, no estrictamente necesario) es la presencia física con respecto a la virtual. Supongo asimismo que alguna de estas iniciativas de confesionario virtual responden a un sacerdote (si no lo es, y con licencias ministeriales, no puede absolver) con la mejor de las intenciones. Pero se ha equivocado.

¿Por qué hay diáconos “permanentes” y diáconos “transitorios”?

Padre Nelson, con motivo de la fiesta de San Lorenzo, me he encontrado con la palabra “diácono” con frecuencia. Y me encontré que había diáconos “permanentes” pero también que en la preparación al sacerdocio hay como una etapa en que son “diáconos” (supongo que fue su caso, con todo respeto, padre). ¿Puede ayudarnos a aclarar el tema? –G.L.

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Encontré este magnífica explicación, que comparto:

Desde los inicios de la iglesia a la era medieval, el diaconado era una orden especifica dentro de la iglesia. Un diácono trabajaba muy cerano a su obispo, recibiendo a menudo responsabilidades substanciales, incluyendo la administración judicial y financiera de la iglesia local. La autoridad de los diáconos llevó a San Jerónimo decir, “el archidiácono se considera herido si es ordenado sacerdote”. Durante el primer milenio del cristianismo, un número de diáconos fueron elegidos Papa, necesitando ser ordenados sacerdotes y obispos antes de tomar la Sede de Pedro. Después del Concilio de Trento en el siglo XVI, la función del diácono fue puesta a una lado, convirtiéndose en un mero paso para aquellos aspirando a la ordenación sacerdotal. En la actualidad, el diaconado transitorio es un tiempo de aprendizaje y preparación antes de la ordenación sacerdotal.

En contraste a los diáconos transitorios están los diáconos permanentes. Durante el Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI pidió al Concilio restaurar la Orden Diaconal una orden permanente donde los diáconos asistirían a los sacerdotes en lugar de los obispos. En vez de ser un asistente del obispo como en el pasado, cuando la orden fue restaurada en 1967, los diaconos se convirtieron en asistentes de los sacerdotes a nivel parroquial. Además de ser un asistente del párroco en las necesidades de la comunidad local, el diácono permanente tiene ciertos roles litúrgicos: puede bautizar, oficiar matrimonios, administrar sacramentales, realizar funerales, leer la Sagrada Escritura, predicar e instruir a los fieles. El diácono tiene un papel que desempeñar durante la celebración eucaristica y en los otros sacramentos. Un hombre casado puede ser ordenado diácono permanente, pero una vez ordenado, si el hombre es soltero o enviuda, él se compromete a vivir una vida célibe.

El Concilio Vaticano II previó que los diáconos permanentes serían más numerosos en países donde la necesidad de sacerdotes era mayor, especialmente en África y América del Sur. Sin embargo, la mayoría de los 42.000 diáconos permanentes del mundo están en los Estados Unidos y Europa. Una posible explicación de esta realidad es que hay mas candidatos en los Estados Unidos y Europa con tiempo libre para dedicarse a los estudios necesarios para la ordenación diaconal.

El año pasado en una reunión de diáconos con el Papa Francisco, mientras les recordaba que su llamado principal es al servicio, el Papa dijo: “el que sirve no es esclavo de la agenda que establece, sino que, dócil de corazón, está disponible a lo no programado: solícito para el hermano y abierto a lo imprevisto que nunca falta y a menudo es la sorpresa cotidiana de Dios…. queridos diáconos, viviendo en la disponibilidad, su servicio estará exento de cualquier tipo de provecho y será evangélicamente fecundo”.

Concluyo con las palabras hermosas y desafiantes que el obispo dice al diácono recién ordenado al entregarle el evangeliario, “recibe el Evangelio de Cristo en cuyo heraldo te has convertido. Cree en lo que leas, enseña lo que creas y practica lo que enseñes”.

Padre Pablo Migone, Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

La Fiesta de la Transfiguración en el Oriente Cristiano

Fray Nelson: desde hace años he tenido una especie de fascinación por el mundo cristiano en Oriente, entre otras cosas porque fue de ellos de quienes recibimos el primer testimonio de la fe. He visto que la fiesta de la Transfiguración del señor, que para nosotros no tiene el mismo nivel de relevancia. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué ven ellos que nosotros no vemos? Gracias. — K.L.

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De una página de cristianos ortodoxos, “Rezar con los Iconos” tomamos la siguiente información, que confirma lo que has dicho:

Cristo es el centro de la Transfiguración. Hacia él convergen dos testigos de la primera Alianza: Moisés, mediador de la Ley, y Elías, profeta del Dios vivo. La divinidad de Cristo, proclamada por la voz del Padre, también se manifiesta mediante los símbolos que san Marcos traza con sus rasgos pintorescos. La luz y la blancura son símbolos que representan la eternidad y la trascendencia: “Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como no los puede blanquear lavandera sobre la tierra” (Mc 9, 3). Asimismo, la nube es signo de la presencia de Dios en el camino del Éxodo de Israel y en la tienda de la Alianza (cf. Ex 13, 21-22; 14, 19. 24; 40, 34. 38).

Dice la santa liturgia oriental, en el Matutino de la Transfiguración: “Luz inmutable de la luz del Padre, oh Verbo, con tu brillante luz hoy hemos visto en el Tabor la luz que es el Padre y la luz que es el Espíritu, luz que ilumina a toda criatura”.

Este texto litúrgico subraya la dimensión trinitaria de la transfiguración de Cristo en el monte, pues es explícita la presencia del Padre con su voz reveladora. La tradición cristiana vislumbra implícitamente también la presencia del Espíritu Santo, teniendo en cuenta el evento paralelo del bautismo en el Jordán, donde el Espíritu descendió sobre Cristo en forma de paloma (cf. Mc 1, 10). De hecho, el mandato del Padre: “Escuchadlo” (Mc 9, 7) presupone que Jesús está lleno de Espíritu Santo, de forma que sus palabras son “espíritu y vida” (Jn 6, 63; cf. 3, 34-35).

Por consiguiente, podemos subir al monte para detenernos a contemplar y sumergirnos en el misterio de luz de Dios. El Tabor representa a todos los montes que nos llevan a Dios, según una imagen muy frecuente en los místicos. Otro texto de la Iglesia de Oriente nos invita a esta ascensión hacia las alturas y hacia la luz: “Venid, pueblos, seguidme. Subamos a la montaña santa y celestial; detengámonos espiritualmente en la ciudad del Dios vivo y contemplemos en espíritu la divinidad del Padre y del Espíritu que resplandece en el Hijo unigénito” (tropario, conclusión del Canon de san Juan Damasceno).

En la Transfiguración no sólo contemplamos el misterio de Dios, pasando de luz a luz (“porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz”, cf. Sal 36, 10), sino que también se nos invita a escuchar la palabra divina que se nos dirige. Por encima de la palabra de la Ley en Moisés y de la profecía en Elías, resuena la palabra del Padre que remite a la del Hijo, como acabo de recordar. Al presentar al “Hijo predilecto”, el Padre añade la invitación a escucharlo (cf. Mc 9, 7).

La liturgia de la Transfiguración, como sugiere la espiritualidad de la Iglesia de Oriente, presenta en los apóstoles Pedro, Santiago y Juan una “tríada” humana que contempla la Trinidad divina. Como los tres jóvenes del horno de fuego ardiente del libro de Daniel (cf. Dn 3, 51-90), la liturgia “bendice a Dios Padre creador, canta al Verbo que bajó en su ayuda y cambia el fuego en rocío, y exalta al Espíritu que da a todos la vida por los siglos” (Matutino de la fiesta de la Transfiguración). También nosotros oremos ahora al Cristo transfigurado con las palabras del Canon de san Juan Damasceno: “Me has seducido con el deseo de ti, oh Cristo, y me has transformado con tu divino amor. Quema mis pecados con el fuego inmaterial y dígnate colmarme de tu dulzura, para que, lleno de alegría, exalte tus manifestaciones:

Oh Verbo Luz inmutable, Luz del Padre sin nacimiento:
con tu luz, que apareció hoy en el Monte Tabor,
hemos visto al Padre Luz y al Espíritu Luz que iluminan toda la creación.