¿Sí se puede relacionar la fe con el deporte?

Fray, sé que la FIFA intentó limitar las expresiones religiosas en el contexto del deporte. ¿Sí se puede relacionar la fe con el deporte, por ejemplo, el fútbol? –A.M.

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No hay una relación inmediata pero, en cuanto es una actividad humana que tiene un impacto muy grande en grandes multitudes, afecta y toca muchos corazones y vidas. Eso explica palabras como las que dijo el Papa Francisco con motivo del Mundial del 2018:

“Mañana se abre el Mundial de fútbol de Rusia. Deseo enviar un cordial saludo a los jugadores y a los organizadores y a todos los que seguirán por los medios de comunicación social este evento que supera todas las fronteras”, dijo. Al respecto, anheló que “esta importante manifestación deportiva pueda ser ocasión de encuentro, de diálogo y de hermandad entre culturas y religiones diferentes y favorecer la solidaridad y la paz entre las naciones”.

¿Qué significa eso del Nuevo Orden Mundial?

Padre Nelson, en varios de sus videos le he escuchado hablar del Nuevo Orden Mundial. ¿Esa expresión a qué se refiere concretamente? Aunque no entiendo mucho sí me llama la atención que en muchos paises se están dando los mismos combates y están tratando de introducir las mismas leyes. Es como si una fuerza oscura estuviera detrás de todo esto… pero una fuerza con alcance muy grande. ¿A eso se refiere usted? Dios lo cuide y lo bendiga. — F.R.T.

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Básicamente lo que tú has descrito va al centro del problema: fuerzas oscuras de alcance global, tratando de imponer nuevas leyes, modos de vida, formas de educación de los niños. Fuerzas que además son hostiles a la Iglesia Católica en todas partes. un buen artículo de Catholic.net nos da otros datos importantes.

La República Universal: un viejo sueño de las sectas anticatólicas. – En las reiteradas condenas que la Santa Iglesia ha venido haciendo a la masonería y demás sociedades secretas, un punto candente ha sido el problema de la República Universal.(Humanum Genus)

Ésta se presenta como contraste de sombra a lo que llegó a ser el florecimiento de un orden cristiano que no llegó a madurar: la Cristiandad medieval.

La República Universal quiere fundir en un todo igualitario y anticristiano al mundo entero. Quiere forzar a los pueblos a mezclarse como en una gran licuadora para formar un pueblo universal que no reconozca naciones ni particularidades propias de sus psicologías, vocaciones y familia de almas. Sin fibra ni osamenta, el hombre microfracturado y amorfo tampoco tendrá religión. La República Universal quiere, por tanto, la desaparición de las religiones y el surgimiento de un sentimiento individual y colectivo de “lo divino” a la suerte de la pseudo-moral laica y descompuesta de fines de milenio. Esta masa idiotizada tampoco tiene ideales ni sentido trascendente. Es inmediatista, ansiosa, moralmente liberal, pragmática e indiferente al acontecer mundial. En todo será, en esencia y última consecuencia, anticristiana.

Para ello los propulsores de esta República Universal requieren crear un gobierno mundial. El intento de globalización – camino intrínseco a la república universal – produce este estado de cosas evidente hasta el observador más hedonista y egoísta.

Comparación dramática de lo que la Iglesia, en palabras de San Pío X, en la encíclica Fermo proposito, nos enseña sobre la civilización, que “es tanto más verdadera, más durable, más fecunda en frutos preciosos cuanto más puramente cristiana; tanto más decadente, para gran desgracia de la sociedad, cuanto más se substrae al ideal cristiano, por eso, por la fuerza intrínseca de las cosas, la Iglesia se convierta también de hecho en la guardiana y protectora de la civilización cristiana”.

¿Qué exige el cumplimiento de la República Universal?

La destrucción de un orden cristiano – Orden por excelencia en cuanto se fundamenta en el Bien y la Verdad en sí mismas – requiere la imposición de aspectos de mal y desorden metafísicos esenciales.

A fin de exaltar el orgullo destructor y de paso eliminar cualquier Verdad suprema que rija a los hombres más allá de sus pasiones, necesita establecer en los corazones la igualdad entre los hombres y Dios. Así lo afirman sus teorías panteístas y esotéricas. Y para quienes no quieren sostener la ridiculez de hombres iguales a Dios, les propone el ateísmo y el laicismo que niegan a Dios o proponen vivir como si Dios no existiese. Sin Dios no hay fundamento personal y social sostenible. Prevalecerán, sin este Pilar, los principios liberales de los enemigos de la Iglesia y el bien común.

Consecuencia de lo anterior, requerirán asimismo de la igualdad en la esfera eclesiástica. Toda autoridad se vuelve una carga insoportable para el hombre orgulloso y autosuficiente. Si apenas tolera las limitaciones necesarias de vivir en sociedad, la jerarquía eclesiástica, reflejo del orden dispuesto por Dios para toda la Creación, se torna insufrible y anti-igualitaria.

Trasladados al campo social, estos principios implicarán la destrucción de lo que antes fueron sus promesas y necesidades “libertarias”. Primero exigieron la libertad religiosa y atacaron a la Iglesia por proclamarse única poseedora de la Verdad, a modo de Su Divino Fundador que sostiene “Yo soy el camino, la Verdad y la Vida”. Su anticlericalismo demandaba respeto por la diversidad de creencias y hasta de las supersticiones. Ahora requieren de la igualdad entre las diversas religiones. Sostener una verdad es diferenciarse y produce enfrentamientos. Hoy quieren la supresión de la diversidad religiosa en pro de una religión universal, una híbrido de Nueva Era y Carta de la Tierra de la ONU que se imponga por sobre las religiones particulares.

Del mismo modo primero exaltaron el patriotismo, exigieron el derecho a la independencia y al establecimiento de nuevas naciones y gobiernos. Hoy exige la eliminación de diferencia entre el gobernante y los gobernados. La masa se hace obedecer. Pero más allá del exclusivismo de esta parodia de democracia como única forma legítima de gobierno, hoy se quiere la eliminación de las fronteras y del sano patriotismo. En cierto modo, el concepto de soberanía nacional es un reflejo del derecho de propiedad afirmado en los mandamientos de Dios. Sin soberanía no hay más posibilidad que un solo gobierno en el mundo, que lo domine y sofoque todo. Ésta es la igualdad en la esfera política nacional e internacional que persiguen los enemigos de la Cristiandad.

Necesitando adormecer las legítimas aspiraciones de las personas, frutos de las distintas capacidades humanas, este proceso que conduce a la República Universal quiere suprimir toda diferencia y jerarquía. Las modas, la educación, el valor del trabajo, etc. todo es anónimo, plano e igualitario. Se trata, entonces, de suprimir toda estructura de la sociedad.

Esto implica la ya evidente y progresiva abolición de los cuerpos intermedios, instituciones típicamente cristianas. Entre el Estado y el individuo dejan de existir organismos que medien y que satisfacen sus necesidades inmediatas. Todos los individuos quedan aislados en idéntica igualdad ante el Estado omnipotente. Dejan de existir gremios, asociaciones, agrupaciones y sociedades que intermedien unas con otras ascendiendo en jerarquía hasta las más altas esferas, sin cambios traumáticos. Para la República Universal la familia se encuentra en la mira prioritaria a destruir, pero mientras no consiga abolirla, intentará desprestigiarla, rebajarla y mutilarla tanto como tenga medios a mano.

El católico tiene el imperativo procurar el Reino de Dios en la Tierra. En cuanto católico tiene el derecho y el deber de extender los sagrados principios enseñados por la Santa Iglesia a todos y cada uno de sus campos de acción.

Resaltamos como proféticas las palabras del Papa beato Juan XXIII: “Nos os decimos, además, que en esta hora terrible en el que el espíritu del mal busca todos los medios para destruir el Reino de Dios, debéis poner en acción todas las energías para defenderlo, si queréis evitar a vuestra ciudad ruinas inmensamente mayores que las acumuladas por el terremoto de cincuenta años atrás. ¡Cuánto más difícil sería entonces el resurgimiento de las almas, una vez que hubiesen sido separadas de la Iglesia o sometidas como esclavas a las falsas ideologías de nuestro tiempo!” (Radiomensaje del 28.XII.1958, a la población de Messina, en el 50º aniversario del terremoto que destruyó esa ciudad – in “L’Osservatore Romano”, edición semanal en lengua francesa del 23.I.1959)

Frente a los antitestimonios de los sacerdotes

Fray Nelson, es verdad que en la iglesia existieron y existirán personas que dañen la imagen misionera y evangelizadora a través de su sacerdocio, laicado etc. ¿Cuál debe ser la postura de los católicos ante los sacerdotes o religiosas golpeadores y pedófilos? En las redes sociales se busca desprestigiar a toda la iglesia sólo por el error de unos cuantos, ¿qué debemos hacer cuando veamos ese tipo de publicaciones? ¿Entramos en la confrontación?

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Ante todo, tu pregunta ayuda a que todos tomemos conciencia de las repercusiones de nuestros actos. El famoso video del cura que le da una cachetada a un bebé llorón dura unos pocos segundos. Un momento de impaciencia, sin duda. Pero ¡cuánto daño ha hecho esa cachetada! En la época digital, quienes amamos a la Iglesia y la servimos debemos partir de la base de que TODO está siendo filmado y será potencialmente publicado.

Otra advertencia: el apóstol San Pedro nos dice que el diablo ronda como león rugiente (1 Pedro 5,8). eso vale para cada persona considerada individualmente pero también para todas las formas de presencia y vida de la Iglesia. Una emisora católica, una comunidad religiosa, un colegio de religiosos… será siempre objeto de odio por el demonio y cualquier falla nos la van a cobrar muy caro.

Por supuesto es injusto esa manera de juzgar a la Iglesia. ¿Qué tal juzgar a todos los médicos o a la medicina como práctica de la sociedad solo porque uno encontró un médico vanidoso, mentiroso o agresivo? Obviamente la gente usa medidas muy distintas y cuando se trata de la Iglesia se considera autorizada para juzgar y condenar con fuerza y con odio.

¿Por qué tanta gente obra de ese modo injusto? Porque aprovechan el momento de atacar a la Iglesia para considerarse eximidos de cualquier cosa que diga la misma Iglesia. Es algo así como una oportunidad de emancipación. Hablar mal de la Iglesia y desacreditarla es una forma de silenciar su voz. Y silenciarla es deseable para muchas personas e ideologías porque quieren declararse “libres” para hacer lo que les venga en gana, o para cambiar de religión o para imponer sus propios “dioses.”

Conclusión: necesitamos conversión, sabiduría y vigilancia. Pero también hay que ayudar a quienes critican fácilmente a que se den cuenta de su coherencia para que así se pregunten qué es lo que en realidad les mueve a querer separarse de la voz de Cristo y de su Iglesia.

Ateísmo precoz en niños y jóvenes

Fray Nelson, ¿a dónde fue la fe y la presencia de Dios y esa luz que se encendió en el Bautismo? Tenemos un hogar bendecido y posteriormente Dios nos bendijo con un hijo, lo formamos en valores y vida creyente en Dios, vivimos los sacramentos, la eucaristía, todas las noches siempre orando en familia, viendo y escuchando sus buenos mensajes y vídeos de Casa para tu fe Católica… Nuestro hijo se confirmó el año pasado y a partir del mes de febrero de este año la fe de nuestro hijo de 15 años desapareció y solo existe incredulidad… nos habla del pensamiento de Nietzsche, Marx entre otros… que todo lo referente a Dios, solo es un mito de la humanidad bla bla bla… en fin, esto nos tiene con profundo dolor y preocupación porque sentimos que siempre fuimos y somos una familia de ejemplo y vivencia cristiana católica. — Y.H.

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El fenómeno de la pérdida de fe en adolescentes, o aun en niños, es una realidad que tristemente están enfrentando muchos papás. Casi invariablemente estos sienten que ellos, como tú ahora, han hecho lo que se suponía que debían haber hecho. ¿Qué hay detrás de esta situación, cada vez más repetida?

Lo primero que creo que debemos entender es que no todo depende de los papás. La edad de inicio de la escolaridad, la presencia continua e insidiosa de los medios de comunicación, y sobre todo, la presión de los compañeros de clase o de juego, tienen un impacto progresivo en las almas jóvenes; un impacto que es difícil de detectar precisamente porque va erosionando sus convicciones y sus prácticas solo poco a poco. Lo mismo que quien echara unas gotas de veneno cada día en una planta hasta secarla por completo, así hay múltiples influencias que van entrando como por los poros de los niños, de modo ue cuando los papás empiezan a notar cambios serios, ya el daño, como un cáncer del alma, ha avanzado demasiado.

Un agravante adicional es la formación en los colegios. La supresión, casi universal de la clase de religión o su completa marginación traen consecuencias que, de nuevo, no son fáciles de detectar al principio. Pero en esencia los niños están recibiendo un modo de ver el mundo en el que Dios no suma nada, no significa nada y no trae ninguna esperanza. Es natural que luego, cuando escuchan que Dios no está de acuerdo con el libertinaje sexual o con el consumo abierto de drogas, razonen de una manera incompleta pero perfectamente predecible: “Dios no añade nada a mi vida, ¿y me va a quitar que yo goce lo que quiero gozar?”

Hay un último factor en contra que quiero mencionar: lo poco de religión que reciben nuestros niños está mezclado con el mundo de la fantasía. Para hacer supuestamente “agradables” y “pedagógicas” las catequesis hemos puesto a que los niños coloreen a Jesús como colorean al pato Donald. La religión a menudo ha quedado en el mismo plano de las diversiones simples e infantiles que no van a durar mucho en las vidas de los niños. Y es un hecho: en la misma edad en que se cansan del ratón Mickey, dejan también las misas y rosarios. Es como si el mensaje que les hubiéramos estado enviando hubiera sido siempre: “No te preocupes, hijo, la religión es tan real como Superman y tan útil en un problema como el Hombre-Araña.”

No es fácil hacer frente a semejantes enemigos que militan contra la fe de nuestros pequeños. Pero hay algunos consejos que pueden ser útiles:

1. Hoy no basta con ser católicos “normales.” Aquello de que vamos a misa el domingo, hacemos algunas oraciones en casa, y tenemos algo especial para Semana Santa y Navidad, parece que no es suficiente. Parece que necesitamos todos recordar el primer mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas. Dios ha de estar presente pero además, presente con el primer lugar. ¿Cómo? En la manera como la familia se implica en la vida de la parroquia, en las conversaciones que se tienen después de un desayuno en familia, en las alusiones a las vidas de los santos, en las visitas que se reciben. No se trata de saturar de religión; se trata de que Dios siempre tenga su lugar en todo, desde la decoración hasta la planeación de unas vacaciones. Por dar solo un ejemplo: Hay familias que acogen misioneros o misioneras que están de paso por unos días. Esta clase de personas suelen dejar un impacto profundo. Son una catequesis viva. Para un adolescente ver que alguien sano, inteligente, incluso apuesto, le gasta su vida a Cristo es una lección impresionante.

2. Hay que abrir conversaciones inteligentes que despierten sentido crítico sobre lo que nuestros niños y jóvenes están recibiendo en sus colegios o universidades. Por supuesto, esto requiere de parte de los adultos prepararse mucho mejor. Ver cuáles son los autores, las tendencias, las ideas con que suelen lavar el cerebro de los menores, que suelen ser particularmente pasivos cuando están fuera de casa. Esa clase de conversaciones, bien llevadas, ayudan mucho y van dando el necesario marco de seriedad a lo que significa tener fe y vivirla.

3. Nada puede reemplazar la experiencia de pertenecer a una comunidad creyente. Con URGENCIA los niños y jóvenes necesitan ver otros niños y jóvenes creyentes. No estoy diciendo que la solución sean grupos juveniles, sobre todo si estos se convierten en guetos llorosos donde cada joven se limita a ventilar sus frustraciones o conseguir amistades de emergencia. Hablo de COMUNIDADES en las que haya diversidad de edades y de situaciones sociales, y en las que sea posible escuchar con fuerza la Palabra de Dios. La idea es que el joven vea una realidad importantísima: que en la Iglesia y en la sociedad ciertamente tiene un lugar. No es el centro de todo pero sí vale, sí importa y sí tiene un lugar.

4. Y por supuesto, orar. Clamar sabiduría, conversión, fortaleza del único que puede concederlas.