El desánimo y los ataques del demonio

He sentido que Dios a veces me llama a cosas buenas, por ejemplo, un retiro espiritual, y se me presentan tantos obstáculos, que al final me desanimo y después me da cólera conmigo mismo porque pienso que le estoy dando gusto al diablo, o que más bien fue él quien me atacó y no me dejo ir. ¿Cómo puedo salir de ese círculo vicioso que me desgasta? – F.H.G.

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En general, nuestra Iglesia Católica es muy prudente en eso de atribuir directamente al demonio acciones o incluso sensaciones que podamos tener nosotros. El demonio es enemigo del alma pero no es el único enemigo. La Carta de Santiago, por ejemplo, habla de las pasiones que batallan en nuestro interior, y entre ellas incluye codicias y envidias. Es evidente que nuestras mañas costumbres, vicios y pecados hace la guerra a todo lo que es bueno, valioso y virtuoso. Entonces es un mal diagnóstico atribuir todo directamente al demonio porque es como casi quitarnos nuestra responsabilidad de conversión personal.

Con respecto al “desánimo” hay que tener aún más prudencia. Detrás del desánimo puede haber muchas cosas, desde simple pereza hasta miedo a enfrentar verdades que nos pueden resultar incómodas o dolorosas. Por algo Santa Catalina de Siena nos invita a pedir la gracia de conocernos más y mejor como Dios nos conoce, precisamente para no caer en esas simplificaciones.

Como norma general, el camino es: asumir la propia responsabilidad. Hacer uno lo que uno debe hacer y no mirar ni a derecha ni a izquierda sino sólo a agradar a Dios, y amar y servir a nuestro prójimo, sin confusiones, dobleces o aplazamientos.

¿Desconectar a una persona en cuidados intensivos implica eutanasia?

Padre Nelson, mi familia está viviendo una situación muy difícil. Una tía mía, muy mayor, está en cuidados intensivos hace ya bastantes días. Su condición es estable pero los médicos han sido claros en decir que está con muerte cerebral total y que en realidad son los aparatos de respiración y demás los que la mantienen viva, de modo que han pedido que se reúna la familia y decida si se procede a desconectarla. Pero, ¿eso no es eutanasia, lo que prohíbe la Iglesia? Gracias por su enseñanza. –F.G.H.

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Ante todo, me uno al dolor que ustedes deben estar padeciendo al ver a una persona tan cercana en esa condición.

La Iglesia distingue muy bien tres situaciones que son semejantes pero bien diferentes: (1) Cuidados paliativos; (2) Encarnizamiento terapéutico; (3) Eutanasia o suicidio asistido.

Los cuidados paliativos son el conjunto de recursos que ofrece la medicina moderna para hacer más soportables condiciones de sufrimiento físico o moral, ofrecer las mejores posibilidades de recuperación si ello es todavía posible, y mejorar en general la calidad de vida de un enfermo que, por todas las indicaciones, se encuentra en la última fase de su vida mortal. Estos cuidados incluyen de modo muy importante la llamada “clínica del dolor” es decir, el uso dosificado pero en general creciente de anestésicos que permitan sobrellevar cuadros de malestar físico y dolor que sería insoportable. Al respecto, la medicina actual ha evolucionado mucho. Aunque algunas de estas tecnologías médicas puedan apresurar el deceso del paciente, la intención no es causar la muerte sino llevar el último tramo de la vida de la mejor y más humana forma posible; por consiguientes e aplica en este caso el principio moral que se llama del “doble efecto”: una práctica puede tener más de una consecuencia; pero se realiza no por los efectos no deseados, como en este caso que la muerte suceda un poco antes, sino por el efecto deseado: la calidad de vida restante.

El encarnizamiento terapéutico es una situación distinta. Cuando absolutamente toda esperanza de recuperar la conciencia, y todo trazo de vida cerebral ha desaparecido sin posibilidad de retorno, mantener una especie de vida artificial en todo dependiente de unos aparatos sofisticados ya no corresponde ni a la dignidad del paciente ni al proceso emocional de sus parientes o relacionados. Si se pretendiera continuar esa situación indefinidamente, con el único resultado de tener un cuerpo que respira y por el que circula sangre, tendríamos que hablar de encarnizamiento terapéutico, y no es algo que la Iglesia Católica pida a nadie. Hay que tener cuidado, sin embargo, porque no basta lo que se suele llamar “estado de coma” para declarar que la persona puede legítimamente ser desconectada de los aparatos que le permiten vivir. Hay noticias, incluso recientes, sobre casos de personas que han pasado años en coma y luego despiertan. Para que estemos en el caso moral aquí descrito tendría que darse una muerte cerebral completa, de modo que el cerebro ni siquiera envíe a los pulmones la señal de la respiración, pues se considera que ese intercambio de señales nerviosas pertenece a los estratos más profundos de la actividad cerebral.

Tanto la eutanasia como el suicidio asistido suponen, en cambio, una intervención médica que efectivamente procura la muerte de una persona que, sin esa intervención podría vivir, incluso con cierta calidad. La experiencia ha mostrado que las leyes de eutanasia, lo mismo que otras leyes inmorales, se introducen siempre como respuesta a casos emocionalmente extremos. Al poco tiempo, las condiciones ser van ampliando hasta llegar a lo que hay en Suiza, Holanda y otros sitios: muerte a la carta. Por supuesto, esto es moralmente reprobable y así lo ha declarado la Iglesia.

Dios bendiga tu familia y todas las familias de los pacientes en grave condición.

Sobre la profesión de fe los domingos

QUIERO COMENTARLE ALGO QUE ME ESTA PASANDO DURANTE LA EUCARISTÍA DOMINICAL;HAY SACERDOTES QUE NO REZAN EL YO PECADOR NI EL CREDO SI NO QUE DICEN USTEDES CREEN…………Y ESO ME PARECE QUE ASÍ LOS NIÑOS Y AUN ALGUNOS JÓVENES NUNCA SE LOS VAN A APRENDER Y POR ENDE NUNCA LOS VAN A REZAR,ENTONCES A MI ME PARECE QUE NO ESTA BIEN HECHO Y ME PONGO A REZARLOS INTERIORMENTE.

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Cuando se trata de expresar, exponer o celebrar nuestra fe, suele suceder que no hay una forma única y perfecta de hacer las cosas. Eso explica por qué en el mismo Misal Romano se ofrecen alternativas. Para decir el “Señor, ten piedad” hay más 10 introducciones distintas. No es novelería sino conciencia de dos cosas:

1. El misterio de la compasión divina no cabe completo en ninguna de nuestras fórmulas.

2. Usar demasiado una sola fórmula no es buena idea porque lo demasiado repetido tiende a volverse inconsciente y mecánico.

Algo parecido sucede con el Credo, que por eso en todos los misales aparece por lo menos en dos versiones: la “larga” (Credo Nicenoconstantinopolitano) y la “corta” (Símbolo de los Apóstoles).

Es verdad que en el rito de la Misa como tal no se incluye la posibilidad de una versión “dialogada” (preguntas y respuestas) pero también es verdad que en la Misa por excelencia, que es la de la Vigilia Pascual, la “Solemnidad de Solemnidades,” el Credo sólo dice en forma interrogada, con respuestas por parte del pueblo. Eso tiene que decirnos algo.

El error quizás es hacer esta parte de la misa SIEMPRE en forma interrogada porque eso termina exacerbando la creatividad de los celebrantes y ayuda, como Usted dice al preguntar, a que la gente no fije en la memoria los textos centrales de nuestra fe.

Por otra parte, la forma interrogativa tiene algunos valores: obliga a una atención más vigilante y a una apropiación más personal de aquello que creemos.

En resumen: bien utilizada, y sin que sea el único modo de renovar nuestra fe, la forma dialogada tiene valor.

¿Es pecado tener preguntas sobre la fe?

Fray Nelson, gracias por su apostolado en Internet. Quiero contarle que después de muchos años de distanciarme de la Iglesia e incluso de hablar muy mal de ella, he tenido un camino de conversión, y hoy lo último que quisiera es ofender a Dios. De ahí mi pregunta. Como vi entorno ha sido y es muy racionalista, es inevitable que me surjan preguntas sobre todo cuando la fe nos pide que creamos cosas que científicamente son imposibles, como la concepción de Jesús o la Eucaristía. ¿Es pecado tener dudas o preguntas sobre la fe? De nuevo, gracias por su tiempo. — G.B.

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Hay maneras de dudar y hay maneras de preguntar. La duda que simplemente constata la dificultad para aceptar algo pero que se rinde con amor ante Dios, simplemente porque Dios merece ser creído, no sólo no trae pecado sino que puede incluir mérito. Por el contrario, hay otras dudas que suponen alguna forma de pecado. Por ejemplo: Seguir leyendo “¿Es pecado tener preguntas sobre la fe?”