Estadísticas de Youtube

Hace poco, fray Nelson, Usted nos comentaba sobre los más de ocho millones de visualizaciones de su canal en Youtube. Como he visto que con frecuencia alude a mi país, México, me da curiosidad saber más datos sobre quiénes son sus públicos más fieles, o los datos que quiera compartirnos. –J.G.

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Gracias por escribir. Debo reconocer que esta es una pregunta agradable de responder. Y la respuesta creo que te agradará: efectivamente el país donde se ven más videos de este servidor es México, según las actuales estadísticas: más de una tercera parte (el 34% exactamente) del material mío es visto en ese país. Después vienen Estados Unidos (23%) y Colombia (17%). Sin embargo, si se hace el cuadro de tiempo de visualización por millón de habitantes, el primer país es mi nativa Colombia.

Otras estadísticas interesantes: En la mayor parte de los países hay más mujeres que hombres viendo estos videos de formación cristiana y católica. Pero hay excepciones: en España y Perú están por 50% y 50%. En países como Guatemala, El Salvador e Italia gana los hombres, aunque siempre por estrecho margen. El país donde es mayor la desproporción entre sexos es Suiza, en que el 93% de los videos son vistos por mujeres, y sólo el 7% por hombres.

Mi canal de Youtube se ve mucho más en teléfono móviles (60%) que en computadores (22%) o tabletas (12%). Los tres videos más vistos en los últimos 90 días son Ataques actuales a la fe católica, Por qué Fátima es hoy más actual que hace 100 años, y Mi testimonio de vida y conversión. Irónicamente, el primero de estos videos es probablemente el que mayor número de insultos ha recibido en toda la historia de mi canal (palabras ofensivas que no han sido publicadas, por supuesto, por haber sido descartadas en el proceso de moderación). ¡Y también es este video el que ha recibido el mayor número de “Me gusta!”

El valor de las misas en latín

Padre Nelson: varios de mis amigos, católicos con una buena formación, se han ido acercando a las misas en latín porque hay unos padres aquí cerca que celebran con el rito “extraordinario.” Y le soy sincero, Padre, a mí si me parece extraordinario porque veo fervor, respeto, atención y sentido de lo sagrado, que son cosas que se han perdido en muchos lugares. Alguien me decía, con motivo de la muerte de un tío mío, que le mandara celebrar 30 misas pero en latín, o sea, con esos padres, supongo yo. Y me quedó la duda: ¿por qué tiene que ser en latín? ¿Es que la misa en latín por decirlo así “vale más”? Gracias por su tiempo. — R.B.

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Para abordar una pregunta cono la tuya, hay que partir de qué es la misa, para ver de dónde proviene su valor. En el número 1322 del catecismo leemos: “La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.”

De inmediato comprendemos el valor infinito, incomparable que tiene la Misa, y que proviene enteramente de la unión con el sacrificio de Cristo, en amor y obediencia, sobre el madero de la Cruz. Ese valor intrínseco de la Misa, que sin duda es el más importante, no tiene nada que ver con el idioma o los instrumentos musicales que se utilicen, si se utilizan.

Uno puede hablar de valores adicionales o extrínsecos, que provienen de las disposiciones del celebrante y del pueblo de Dios que participa. Efectivamente, el fervor de quien preside y el recogimiento de la asamblea ayudan a que el valor intrínseco, infinito e inmutable de la Misa alcance con mayor abundancia a los que están presentes. Y de nuevo: uno se da cuenta de que esas disposiciones no tienen que ver con que sea rito ordinario o extraordinario, o que sea misa en latín, inglés, español o swahili.

De modo accidental y ocasional hay factores que pueden impactar el alma y facilitar que surjan las mencionadas disposiciones. Un lugar solemne, o históricamente muy significativo, puede causar ese efecto. Supongamos el caos de las personas que peregrinan a Tierra Santa y tienen una eucaristía en el Santo Sepulcro: un lugar de tan enorme significación ayuda a que uno se disponga con mayor intensidad para recibir el bien propio del sacrificio eucarístico pero el Cristo a quien nos unimos en tales circunstancias no es distinto del Cristo que puedo encontrar en el sagrario humilde de una capilla de mi pueblo. En el mismo nivel se encuentran elementos como el canto o la lengua. La hermosa cadencia de la lengua latina, y la consideración sobre cuántos siglos han pasado en que la Iglesia oró en esa lengua, pueden causar un impacto saludable en el corazón, que entonces se dispone mejor para la Misa. Pero tales elementos tienen solamente un valor extrínseco y ocasional, y no deben ser despreciados pero tampoco sobrevalorados.

De nuevo: lo propio de la Misa es la unión de fe y amor con Cristo en su sacrificio, y si nos centramos en ello vamos por buen camino.

Si la gracia no es merecida, ¿no implica eso que la Llena de Gracia cometió pecado?

Fray Nelson en una ocacion un familiar q se a separado de la iglesia catolica me dijo q a la Sma.Virgen (ella solo dijo Maria) se le habia concedido la GRACIA de tener a Nuestro Señor Jesus porq asi Dios lo quizo pero q la palabra GRACIA significa REGALO NO MERECIDO sabiendo q esta palabra es continua en la Iglesia le pido de favor me ayude porq uno entiende q uno no meresca algo de Dios por pecador pero para Nuestra Madre y aun asi se q los hermanis separados siempre diran algo en contra de la manera en q vemos a la Santisima Virgen en la Iglesia Catolica. Un fuerte abrazo de L.L. Gracias.

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Uno puede no merecer algo por dos razones. Si uno se portó mal y le dan un regalo, claramente uno no merece ese regalo. Pero si uno no se ha ganado algo, y tampoco ha hecho nada malo, recibir el regalo es recibir algo que uno no merece.

Ejemplo de lo primero: un rey llega al trono, y sin que lo merezcan, concede el perdón y la libertad a algunos presos que no habían terminado de pagar sus condenas. El rey hace eso por generosidad y como un gesto de bondad. Ellos no merecían eso.

Ejemplo de lo segundo: el rey llega al trono y decide regalarle una mansión a uno de los guardianes del palacio. Este hombre no había cometido ningún crimen pero su sueldo tampoco daba para pagar semejante mansión. ¡Nunca lo habría imaginado! Ese guardía no merecía esa mansión pero tampoco había cometido falta alguna.

O sea que lo de no merecer no implica que haya habido maldad o formal alguna de pecado.

La Virgen María recibió amor, dones y gracias que superan todo lo que ella, en cuanto creatura de Dios, hubera podido haberse “ganado” o sea, hubiera podido merecer. Dios la amó de un modo sublime y altísimo, y en razón de ese amor, la asoció de una manera única a la misión de su Divino Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Sobre la resurrección corporal de Jesucristo

Padre Nelson, recientemente he leído declaraciones de algunos sacerdotes, entiendo que muy respetados y con muchos títulos, que dicen cosas raras. Y por raras quiero decir que afirman que la resurrección de Cristo era una metáfora, o que en realidad no importa si su cuerpo se corrompió o no en la tumba. Tiene la Iglesia Católica una posición clara al respecto? — J.H.

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Por supuesto que la tiene. Está en varias partes del Catecismo:

988 El Credo cristiano —profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora— culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna.

989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad: «Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11).

990 El término “carne” designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La “resurrección de la carne” significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros “cuerpos mortales” (Rm 8, 11) volverán a tener vida.

991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. “La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella” (Tertuliano, De resurrectione mortuorum 1, 1): «¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe […] ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron» (1 Co 15, 12-14. 20).

Sobre por qué muchos niegan esta verdad esencial de nuestra fe, basta recordar que herejías, negaciones y defomraciones de la fe, sobre todo por querer complacer al mundo y acomodarse a lo que el mundo acepta, han existido siempre. Transcribo aquí lo que escribía hace unos años:

Desde el siglo XIX ha tomado impulso peculiar una verdadera guerra contra el Resucitado. O para ser más exactos: oposición abierta, pero vestida de racionalidad, al dato tan sencillo y tan fundamental que nos traen los Evangelios: el que murió en la Cruz no ha quedado sujeto a la corrupción de los cadáveres; vive, está lleno de la gloria del Padre, y la muerte ya no tiene poder sobre Él.

Ya San Mateo (28,11-15) cuenta de un primer intento, muy burdo, de negar la victoria postrera del Crucificado: los soldados que guardaban la tumba deben testificar que, mientras ellos dormían, los discípulos robaron el cadáver.

Uno puede leer la historia de las herejías cristológicas como un esfuerzo continuado de robar su sentido y significado real a la resurrección. Por ejemplo: Si Cristo es un ser altísimo distinto de Dios y creado por Dios, como cree el arrianismo, entonces no es Dios pero tampoco es hombre, luego su muerte es falsa, o no es la muerte nuestra, y su resurrección no dice en verdad nada a nosotros.

Si hay un Cristo “hijo de Dios” distinto de otro Cristo “hijo de María,” como quiere el nestorianismo, entonces la resurrección es, a lo sumo, la reanimación de un cadáver: una especie de segunda encarnación. Por supuesto, ello tampoco dice nada a nuestra esperanza porque nosotros no contamos con que el Lógos se una a nosotros después de que muramos.

Si en Cristo sólo hay una naturaleza, la naturaleza divina, como pretende el monofisismo, entonces su muerte es un holograma repleto de efectos especiales
que nada dicen a la realidad cruda y dura de nuestra propia muerte.

Al revisar las principales herejías uno pronto entiende la sabiduría del dictum de San Ireneo: Caro cardo salutis: la verdad y realidad de la carne de Cristo, y por ende, de su plena naturaleza humana, unida en la única persona del Verbo, es el fundamento para creer en el amor que se desplegó en la Cruz, y para dar fundamento a la esperanza que se despliega con la resurrección.

Así las cosas, una oleada de escepticismo hacia los milagros en general, y hacia la resurrección de Cristo en particular, ha llevado a tratar de reinterpretar los Evangelios desde ideas ajenas y artificales, como aquello de que Cristo resucitó “en la fe de los discípulos,” es decir, algo completamente semejante a lo que un entusiasta de Mao Tse-Tung puede gritar en una manifestación callejera: “¡Mao Vive!” Y si le preguntamos al del grito: de qué modo vive Mao, él admite que el cadáver de Mao siguió el destino de todo cadáver, y que lo que se conserva es por obra de un proceso de embalsamamiento. Pues así pretenden estos sedicentes teólogos que pensemos de Cristo: que lo que está vivo es “su proyecto,” “su causa,” la cual después se interpreta como luchar por unos “valores del Reino,” que al final se reducen a un humanismo horizontal y buenista bien salpicado de socialismo.