¿Bailar es bueno o malo?

Padre Nelson, no sé cómo hacerle la pregunta, pero mi punto es si el bailar es sano o se puede decir que me es permitido como cristiano. — AYB

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Es sencillamente natural que nuestro cuerpo exprese nuestras emociones. De hecho, Santo Tomás, en el Tratado de las Pasiones, destaca que una de las características de nuestro ser humano es que las distintas emociones tienen siempre un componente o dimensión corporal. Así que en principio es normal y natural que también la alegría o el amor se expresen con nuestro cuerpo, y eso implica con los movimientos de nuestro cuerpo.

Pero así como hay amores buenos y amores sucios, así también hay expresiones de amor, sea en palabras o en acciones, que podemos considerar limpias y bellas, mientras que otras son reprobables y sucias.

Yo concuerdo con el Padre Sam cuando dice: “El baile en sí no es pecado, pero sí eso me lleva a otras cosas malas, entonces no es correcto”, dice el Padre Sam. Luego explica: “cuando el baile es expresión de alegría sana, de relajación, de cultura, de folklore… no tiene nada de malo, pero cuando es expresión de morbo, de depravación, entonces sí es pecado”. Si el baile me lleva a la lujuria, a la pereza, a que mis pensamientos se dispersen, entonces NO está bien, concluye el Padre Sam, pues eso me incita a hacer el mal.

Hay personas que piensan que tomando posiciones extremas están sirviendo mejor a Dios tal vez porque lo extremo se confunde fácilmente con lo radical o con la entrega total al Señor. Por eso ha habido tendencias en la Iglesia que pretenden proscribir al sexo dentro del matrmonio, o incluso prohibir del todo el matrimonio (caso del montanismo); o decir que toda bebida alcohólica implica una ofensa a Dios )caso de los musulmanes y de muchos evangélicos); o decir que todo baile implica lujuria y degradación (caso de muchos rigoristas).

La verdad es que estas posturas extremistas, lejos de darle la gloria a Dios, exaltan capacidades del esfuerzo humano, confundiendo lo difícil con lo virtuoso. En efecto, aunque toda virtud, vivida a perfeccción, es ardua, no todo lo arduo, sólo por ser arduo, es virtuoso.

¿Por qué es tan importante que las lecturas de la Misa sean siempre de la Biblia?

Un amigo que estuvo en Holanda me contó que en una iglesia, supuestamente católica de allá, habían reemplazado una de las lecturas de la Misa por un texto no sé si era de Buda o de Confucio. A mí eso me pareció extraño pero él me dijo que estábamos muy atrasados en nuestros países. Yo la verdad no supe qué contestarle pero sigo pensando que no es correcto lo que hicieron allá. Así que la pregunta es: ¿Por qué es tan importante que las lecturas de la Misa sean siempre de la Biblia? Gracias por su ministerio. — Maria C.H.

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La razón principal por la que las lecturas de la Misa vienen de la Biblia y sólo de la Biblia es por la unidad que tiene la celebración eucarística. Sabemos que tiene dos partes: Liturgia de la Palabra y Liturgia de la Eucaristía. Pero esas dos partes no están sencillamente yuxtapuestas sino que tienen una unidad intrínseca que debe preservarse, valorarse y enseñarse oportunamente.

En efecto, el Cristo que se nos da como alimento es el mismo que nos habla a través de su Palabra. Dice hermosamente la Carta a los Hebreos en su comienzo: “Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo. A este lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo. El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que él es, y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa.”

Esto nos indica que no leemos textos de la Escritura por llenar tiempo o para inspirarnos y decir cosas bonitas sino para reconocer a Cristo y para sentir hambre de Cristo–hambre que será oportunamente saciada en el banquete del sacramento eucarístico.

Consagración

Quizás se ala pregunta más corta que reciba este año, padre: ¿Qué es exactamente una consagración y por qué hay tantas consagraciones en la Iglesia? — S.G.

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En sentido general, consagrar es “hacer sagrado” a algo o a alguien. Y sagrado es aquello que está en unión o estrecha relación con lo que es santo y sobre con Aquel que es el Santo. Por eso la idea de toda consagración es “reservar para Dios, o praa servicio de Dios” a una persona o una cosa.

Puesto que Dios es el único Creador de todo cuanto existe, es lógica la pregunta: ¿No está ya todo dedicado a Él puesto que le pertenece de modo radical hasta el punto de que no subsistiría si Él no lo sostuviera?

La respuesta es que hay algo que Dios ha querido no poder por fuerza de ley natural: la voluntad de las creaturas que ha creado libres, es decir, los ángeles, que son solo espíritu, y nosotros los seres humanos, que somos alma y cuerpo. El corazón humano no es algo que Dios posea inmediatamente y como de manera forzada, pues por su propio y libre designio Dios ha querido que sea nuestra respuesta libre de amor la que acepte o tal vez rechace el llamado de su amor.

El mal uso de la libertad, sea en el caso de los ángeles o en el caso nuestro de los hombres, produce una especie de espacio falso, una especie de mentira permanente, que es el pecado. Y en aquello y en aquellos en los que gobierna el pecado ya no puede hablarse plenamente de pertenencia a Dios ni de darle la gloria a Dios. Por eso el sentido de la consagración es el de una “recuperación” para Dios de aquello que en justicia le pertenece.

Esa recuperación se ha realizado fundamentalmente en la obra redentora de Cristo. Por eso la consagración primera y fundamental, base de toda otra consagración, es el ser de Cristo, lo cual sucede a través de la fe. En efecto, aceptando con obediencia de fe la predicación del Evangelio llegamos a ser posesión de Cristo, y así somos recuperados para Dios y genuina y realmente “consagrados.”

Esta consagración se realiza de modo visible, pleno y comunitario gracias a la sacramento del bautismo. esa es nuestra consagración esencial. En cierto sentido, es la única verdadera consagración nuestra.

Por analogía y extensión se aplica la palabra “consagración” a otros aspectos de la vida de la Iglesia, entre los cuales destaca la consagración de la Eucaristía. Este uso, completamente único del término, alude al acto central de la celebración de la Misa, en el cual Jesucristo se hace real y verdaderamente presente en las especies de pan y vino. Claramente, estamos hablando de la misma transubstanciación: la respuesta a la pregunta: “¿Qué es?” cambia, y por eso hablamos de un cambio de sustancia: ya no es pan sino el Cuerpo de Cristo; ya no es vino, sino la Sangre de Cristo.

Pero la consagración en la Eucaristía es a la vez modelo perfectísimo de toda consagración, y superación de toda otra consagración. Porque lo sagrado nos aproxima al que es Santo mientras que presencia de Cristo en la Eucaristía no nos aproxima a Él sino que nos lo ofrece como alimento, para que, unidos a Él, podamos ser ofrenda de amor a Dios, nuestro Padre.

Aparte del bautismo y la eucaristía, nos damos cuenta que tanto la confirmación como sobre todo el Orden Sagrado, hablan de un modo nuevo de servicio al Evangelio, por lo tanto de presencia de la acción redentora de Cristo. Por eso cabe llamar consagrados a los confirmados y sobre todo a quienes reciben el sacramento del orden.

Otros usos de la misma palabra son analogías cada vez más distantes. Consagrarse “a la Virgen” o a algún santo, es como un modo de expresar una alianza particular de amor y obediencia que finalmente redunda en nuestro servicio de fidelidad al Señor. Si bien hay actos sinceros de piedad en ese modo de hablar, conviene ser prudentes y no exagerar en su importancia o uso porque entonces los sentidos principales, a saber, del bautismo y la eucaristía, podrían quedar oscurecidos o poco apreciados.

¿Con qué autoridad declara la Iglesia que alguien es un santo?

Fray Nelson muy buenas tardes, manifestándole mi confianza en su fe y conocimientos quisiera hacerle la siguiente pregunta: Partiendo de que no debemos juzgar al prójimo, es decir, que no tratemos de tomar el lugar de Dios definiendo el desenlace final de una persona, ¿cómo se explica que nosotros como iglesia digamos que alguien es Santo, o que está en la presencia plena de Dios? — B.E.C.

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Tienes razón cuando manifiestas tu asombro por el hecho de que la iglesia se atreva a declarar que una persona está en la presencia de Dios y que es y será bienaventurado para siempre. Efectivamente si la iglesia deben diera únicamente de los recursos y los conocimientos humanos nunca podría declarar algo semejante.

Pero si lo piensas bien te das cuenta que la misión misma de la iglesia trasciende desde el principio los recursos puramente humanos. Cada vez que celebramos los sacramentos estamos afirmando que suceden cosas que trascienden completamente los límites y las capacidades de la simple naturaleza. Un bautizado no es simplemente un niño al que le cayó un poco de agua es alguien a quien se aplican una vez y para siempre todos los méritos de la santísima pasión de nuestro Señor Jesucristo.

La Iglesia puede obrar así en los sacramentos y especialmente en la Eucaristía porque en ella obra la fuerza infinita del Espíritu Santo que Jesucristo le concedió y le concede. La asistencia del Espíritu Santo es la que garantiza que la palabra de la Iglesia no sea simplemente palabra y opinión humana. Esa misma asistencia es la que le permite reconocer cuándo la obra del Espíritu Santo se ha completado en una persona. Y es por esta razón por la que la iglesia después de discernir cuidadosamente los testimonios del pueblo de Dios y después de suplicar y verificar señales completamente sobrenaturales, como son los milagros, se atreve a afirmar que alguien está para siempre en la presencia de Dios.