Pablo VI y Dante Alighieri

“El 7 de diciembre de 1965, cuando estaba por concluir el Concilio Vaticano II, san Pablo VI firmó una carta apostólica en forma de “motu proprio” con motivo del VII centenario del nacimiento de Dante Alighieri en Florencia (el año 1265). La carta tenía como título “Altissimi cantus”. Al día siguiente de ser firmada, con una coincidencia sorprendente de fechas, se tuvo la misa conclusiva del Concilio Vaticano II, iniciado por Juan XXIII y finalizado con Pablo VI…”

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San Pablo VI enseña sobre el desarrollo integral

“La expresión desarrollo integral es la idea central que se extrae de la encíclica Populorum progressio de Pablo VI. Hay varios aspectos implicados en esta expresión: en primer lugar, la Iglesia habla desde una visión global del hombre y de la humanidad (PP, 13). Hay pocas instancias de sentido que puedan ofrecer tal mensaje totalizante como llamada a la integración, al diálogo, al servicio de la humanidad. En segundo lugar, buscar el desarrollo integral en el sentido que propone Populorum progressio, supone lograr un crecimiento económico, mejores condiciones de vida pero también crecer en humanidad, valer más y ser más (PP, 15)…”

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Elegía sobre la tumba de Pablo VI

Había dos gigantescos negocios que hacían muy deseable desobedecer a la Humanae Vitae de San Pablo VI; (1) Placer ARTIFICIALMENTE estéril (pornografía, prostitución) y (2) Fecundación ARTIFICIALMENTE asistida (negocio de los “in vitro”). Y por todo eso artificial, dinero.

En efecto, lo que enseña y propone Humanae Vitae es la íntima relación entre el placer propio de la unión conyugal y el fruto propio de tal unión en la prole. El ataque a ese vínculo “natural” tiene un propósito: instaurar en ambos casos lo “artificial,” el negocio, que es donde se hace posible el lucro.

A medida que se separan más y más la dimensión unitiva y la procreativa de la sexualidad humana, se complen las profecías de Humanae Vitae: aparecen expresiones cada vez más degradantes de una y otra cosa: la idolatría del placer produce tráfico y esclavitud de seres humanos; la hybris del poder produce niños diseñados.

Por este camino llegamos a este ser humano del siglo XXI, ebrio de presunción y saturado de antidepresivos: es el que quiere ser dueño de otras vidas (aborto, eutanasia, adopción al mejor postor) mientras la suya se le escapa en un laberinto de hormonas y cirugías por tratar de serlo todo: hombre, mujer y adolescente perpetuo.

Y sobre aquel varón confundido, doblegado y cínico; y sobre aquella mujer estéril, machorra y maldiciente, cae la sombra y el aliento sulfuroso de alguien desde el infierno. San Pablo VI lo supo muy bien, y advirtió al mundo con Humanae Vitae. Por eso el mundo lo odió.

7 datos curiosos sobre el Papa Pablo VI

Tomado de Aciprensa: La mayoría de católicos conoce al Papa Pablo VI por ser el Pontífice que llevó a término el Concilio Vaticano II que había comenzado su predecesor Juan XXIII.

Sin embargo, muchos momentos importantes de su pontificado son poco conocidos. Eran tiempos en que los medios de comunicación no tenían el alcance que tienen hoy.

Aquí te presentamos 7 cosas que quizás no conocías del Beato Pablo VI:

1. Lo apuñalaron dos veces

El 27 de noviembre de 1970, en el Aeropuerto Internacional de Manila (Filipinas), Pablo VI recibió dos puñaladas por parte del pintor boliviano Benjamín Mendoza y Amor Flores, que sufría de problemas mentales. El sujeto iba disfrazado de sacerdote e intentó asesinar al Pontífice con una daga.

2. Es el primer Papa en usar un avión

Efectivamente, Pablo VI fue el primer Pontífice en usar un avión y el primero en dejar Italia desde 1809.

3. También fue el primer Papa en visitar los cinco continentes

Lo hizo antes que San Juan Pablo II y fue apodado “Papa peregrino” antes que este último.

Pablo VI realizó una visita pastoral al continente africano; visitó Colombia y Estados Unidos,en América; Portugal en Europa; Australia en Oceanía; y Filipinas e India en Asia.

4. Es el primer Papa en visitar Tierra Santa desde San Pedro

En 1964 viajó a Jerusalén y se encontró con el Patriarca ortodoxo Atenágoras I, con quien celebró el levantamiento de las excomuniones mutuas, impuestas tras el Gran Cisma entre oriente y occidente del 1054.

El Papa Francisco visitó tierra Santa en el 2014 para celebrar los 50 años de este acontecimiento.

5. Es el último Papa en tener una ceremonia de coronación

Además de ser el último Papa en recibir la corona, prescindió del uso de la tiara durante las sesiones del Concilio Vaticano II.

Eventualmente donó la tiara, un regalo de su antigua Arquidiócesis de Milán, a la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington (Estados Unidos) como señal de su aprecio a los católicos estadounidenses.

6. Era apasionado de la lectura

Nino Lo Bello, veterano vaticanista estadounidense, aseguró que Pablo VI era un apasionado de la lectura que llevaba en su equipaje de viaje hasta 75 libros.

7. Creó cardenales a dos futuros Papas

Pablo VI creó cardenales a Karol Wojtyla, en 1967, y a Joseph Ratzinger, en 1977, quienes serían luego, respectivamente, serían sus sucesores San Juan Pablo II y Benedicto XVI.

50 años de ‘Humanae Vitae’

“En el marco del 50º aniversario de la Encíclica Humanae vitae, escrita por el Papa beato Pablo VI –al que Francisco canonizará el próximo 14 de octubre– se ha publicado el libro Regulación de la fertilidad humana. A la luz de la Carta Encíclica Humanae vitae, coordinado por Justo Aznar, Director del Instituto Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia (UCV) y prologado por el Cardenal Antonio Cañizares, Arzobispo de Valencia…”

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El testamento de Pablo VI

“Que el Concilio, «se lleve a término felizmente y trátese de cumplir con fidelidad sus prescripciones». Que se continúe «la tarea de acercamiento a los hermanos separados, con mucha comprensión, mucha paciencia y gran amor; pero sin desviarse de la auténtica doctrina católica». Sobre el mundo, «no se piense que se le ayuda adoptando sus criterios, su estilo y sus gustos, sino procurando conocerlo, amándolo y sirviéndolo». Estas son las peticiones del futuro santo, Pablo VI, en el testamento que recordamos este lunes, 40 años después de su fallecimiento y meses antes de su canonización…”

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El poder profético de la “Humanae vitae”

“Resulta especialmente pertinente centrarse en “la realidad” hoy, cuando conmemoramos el 50 aniversario de una de las más famosas –y más desacreditadas– encíclicas de la historia de la Iglesia. Hace diez años, con motivo de su 40 aniversario, First Things publicó un ensayo mío titulado “Vindicación de la Humanae vitae”. Allí, haciéndome eco de datos de distintas procedencias –la sociología, la psicología, la historia, la literatura feminista actual–, decía: “Al cabo de cuatro décadas, se han confirmado empíricamente las predicciones de la encíclica, y además como pocas predicciones se han confirmado: de una manera que sus autores no podían haber previsto, con datos que no se conocían cuando se escribió el documento, por investigadores y especialistas que no tenían interés en su contenido, en ocasiones sin percatarse de ello y, también, por muchos que se declaraban contrarios a la Iglesia”…”

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Oración del Papa Pablo VI por la fe

Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti.

Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades de los múltiples problemas que llena nuestra vida crepuscular, que no tema las adversidades de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega, sino que se robustezca en la prueba íntima de tu Verdad, se entrene en el roce de la crítica, se corrobore en la afirmación continua superando las dificultades dialécticas y espirituales entre las cuales se desenvuelve nuestra existencia temporal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que irradie en el coloquio sagrado y profano la bienaventuranza original de su afortunada posesión.

Señor, haz que mi fe sea activa y dé a la caridad las razones de su expansión moral de modo que sea verdadera amistad contigo y sea tuya en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y no tenga otra garantía mejor que la docilidad a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia.

Amén.

Inolvidable mensaje de Pascua

El año mismo en que Dios lo llamaría a pasar de este mundo a la eternidad, es decir, a experimentar en sí la Pascua, el gran Papa Pablo VI envió este mensaje al mundo. Era el 26 de marzo de 1978, y al Papa le quedaban menos de cinco meses de vida sobre esta tierra.

¡Amadísimos hijos de la Iglesia de Dios! ¡Hermanos todos de la comunidad humana!

En este momento reunimos lo que aún nos queda de energía humana y también cuanto colmadamente existe en nosotros de certeza sobrehumana para transmitiros el eco bienaventurado del anuncio que atraviesa y renueva la historia del mundo: ¡Cristo ha resucitado! ¡Sí, nuestro Señor Jesucristo ha resucitado de la muerte y ha inaugurado una nueva vida: para Sí mismo y para la humanidad!

Cristo ha salido al encuentro de los hombres, aterrados ante el gran prodigio de su nueva existencia, con el saludo más sencillo y más maravilloso, el saludo de su paz: “Paz a vosotros” (Jn 20, 19-21), dijo El mismo apareciendo de nuevo entre sus discípulos.

Nosotros, herederos auténticos de aquella fortuna, lo saludamos maravillados de la inaudita novedad, con la conciencia exultante por la sorprendente realidad y con el gozo de que una nueva presencia del divino Maestro nos obligue a sentir su victoria sobre nuestra tímida incredulidad y a repetir con idéntico ímpetu las palabras del discípulo Tomás: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28).

De esta manera, Señor, mientras celebramos la verdad y la gloria de tu resurrección, la luz nos inunda y nos invade.

Sí, nosotros somos conscientes y gozamos de una seguridad nueva, que nos pone en comunión espiritual y viva contigo.

Sí, nosotros creemos. Nosotros podemos ofrecerte el don que nos viene de Ti, Cristo resucitado, el don de nuestra fe, de nuestra humilde pero ya gloriosa fe, de la que vivimos y por la que vivimos, según lo que nos ha sido enseñado, y que, en cierta medida, experimentamos en nuestro espíritu: “El justo vive de la fe” (Gál 3, 1.1),

Este debe ser, hijos y hermanos, nuestro fruto pascual: el fruto de la fe.

Debemos ser “fuertes en la fe” (1 Pe 5, 9).

Debemos adherirnos con total confianza a la Palabra de Dios que nos llega por el camino de la Revelación.

La Palabra de Dios debe ser el quicio de nuestra existencia humana, un quicio lógico y operativo (cf. Gál 5, 6).

Nosotros, que tenemos la suerte de profesarnos creyentes, debemos superar esos estados de pensamiento que nacen de opiniones discutibles, de ideologías construidas por la mentalidad humana o por intereses prácticos particulares, para reconocer a la fe los derechos de la Palabra de Dios, aunque de momento nuestro conocimiento de ella esté como reflejado en un espejo enigmático (cf. 1 Cor 13, 12); vendrá la revelación cara a cara, pero, mientras tanto, debemos ser fieles, con valiente coherencia, a la norma de pensamiento y de acción que nos trae la religión de Cristo, a través del Magisterio auténtico de la Iglesia, Madre y Maestra.

No tengamos miedo. Esta sabiduría sobrenatural no disminuye la libertad y el desarrollo que nos llega de la ciencia y de la experiencia de nuestro estudio natural, sino que más bien lo sostiene y lo integra en el descubrimiento del mudo lenguaje de la creación. Y recapitula en un superlativo diálogo de inteligencia y de amor la nueva Palabra que el Padre, mediante el Hijo, en el Espíritu Santo, se digna dirigir a nuestra humilde vida para asociarla a su plenitud.

No tengamos miedo a hacer del Credo, que nos ha sido garantizado por la resurrección de Cristo, la fama de nuestra esperanza (cf. Heb 11, 1). Hagamos todo lo posible por superar el fondo de duda, de escepticismo, de negación que se ha depositado en la mentalidad de tantos hombres, que se dicen modernos, por el mero hecho de ser hijos del tiempo. Tratemos más bien de ganar para nuestra paz y para nuestra misma actividad temporal la fuerza luminosa de la Palabra de Cristo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32).

Hijos y hermanos, éstos son nuestros votos de Pascua: que con al certeza de la fe podáis experimentar el gozo que nace de ella (cf. Flp 1, 23), de tal manera que podamos hacer nuestra la admirable plegaria de la Iglesia: “Ibi nostra fixa sint corda ubi vera sunt gaudia, que nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría” (cf. Oración colecta del XXI domingo del tiempo ordinario).

Sea ésta nuestra felicitación de Pascua, que ahora confirmamos con nuestra bendición apostólica.

Pablo VI orando por la paz

“Señor, estamos hoy tan armados como nunca en los siglos anteriores y estamos cargados de instrumentos mortíferos capaces de incendiar en un instante la tierra y destruir hasta la misma Humanidad…”

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Conversión Pastoral, 02 de 12, Pablo VI y Juan Pablo II

[Retiro espiritual para sacerdotes de la Diócesis de Yopal, en Colombia; Enero de 2014.]

Tema 2 de 12: Leyendo signos de los tiempos

* Pablo VI
+ Extremismos del postconcilio: progresismo y tradicionalismo
+ Búsqueda de una relación constructiva Iglesia – Mundo
+ Relanzamiento de la alegría.

* Juan Pablo II
+ Denuncia de un humanismo sin Dios
+ Aporte profético sobre la teología del cuerpo

Maestros en la Fe, 5 de 6, Pablo VI y el valor de creer

[Curso a las Monjas Dominicas del Monasterio de Santa Ana, en Murcia, España.]

Tema 5 de 6: Pablo VI y el valor de creer

Breve perfil biográfico

* Trabajó en la Secretaría de Estado del Vaticano de 1922 a 1954, cuando fue nombrado Arzobispo de Milán (sede de San Ambrosio y San Carlos Borromeo, entre otros).

* Continuó el Concilio (1963-1965), fue el primero en aplicarlo e interpretar sus enseñanzas, rodeado de presiones, sospechas e incluso acusaciones.

* Papa de gran espiritualidad mariana, escribió tres encíclicas sobre el Rosario y sobre la Virgen, a la que dio por primera vez el título de “Madre de la Iglesia.”

* Valiente y a la vez deseoso de acoger a todos, le correspondió una época de profundos cambios y un tiempo muy convulso: Llegada del hombre a la Luna, Guerra Fría, Guerra de Vietnam, auge de las Brigadas Rojas; fue el primer pontífice en dirigir la palabra a las Naciones Unidas. No menores fueron las tensiones en la Iglesia: extremismos postconciliares, publicación del catecismo holandés, levantarse de la rebeldía lefebvriana, y sobre todo: desobediencia cínica frente a su Encíclica Humanae Vitae.

* Escribió así cuando fue elegido Papa el 21 de Junio de 1963: “Según palabras del mismo Montini, él sabía lo que venía. Escribió en su diario: “La posición es única. Me trae gran soledad. Yo era solitario antes, pero ahora mi soledad llega a ser completa e impresionante…” Pero no tenía miedo a la nueva soledad que se esperaba de él. Reconoció que sería inútil buscar ayuda fuera, o de confiar todo a los demás. Se veía tan solitario, con Dios. La comunicación con Él debía ser completa e inconmensurable.

El Credo del Pueblo de Dios

* Pablo VI convocó el Año de la Fe (1967-1968), con ocasión de los XIX siglos del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo, y ante las desviaciones doctrinales que ya asomaban, como en el Catecismo Holandés. Jacques Maritain, filósofo, católico convencido, y amigo personal del Papa, le sugirió que el Papa expresara en lenguaje sencillo, para todos, la fe de la Iglesia. La redacción del texto estuvo a cargo, primero, del mismo Maritain y pasó el examen del Card. Charles Journet. La versión final fue revisada y cuidada por el mismo Papa Pablo VI, que la proclamó el 30 de Junio de 1968. Sigue la parte pertinente del texto:

* Queremos que esta nuestra profesión de fe sea lo bastante completa y explícita para satisfacer, de modo apto, a la necesidad de luz que oprime a tantos fieles y a todos aquellos que en el mundo —sea cual fuere el grupo espiritual a que pertenezcan— buscan la Verdad.

* Por tanto, para gloria de Dios omnipotente y de nuestro Señor Jesucristo, poniendo al confianza en el auxilio de la Santísima Virgen María y de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, para utilidad espiritual y progreso de la Iglesia, en nombre de todos los sagrados pastores y fieles cristianos, y en plena comunión con vosotros, hermanos e hijos queridísimos, pronunciamos ahora esta profesión de fe…

Pablo VI lo profetizo en Humanae Vitae

“Tras más de cuatro décadas de extensión casi universal de la contracepción, estaríamos ya en condiciones de juzgar si estas consecuencias que profetizaba el Papa eran una realidad o si, como muchos de sus críticos señalan, fue incapaz de abrirse a una mentalidad moderna y pecó de pacato y exagerado…”

Humanae Vitae

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ESCUCHA, Catequesis sobre la Alegria

* En medio de tribulaciones, el papa Pablo VI escribió su carta sobre la Alegría Cristiana. Por extraño que parezca no es del todo excepcional: la Cruz y la Alegría es tema en un número considerable de vidas de santos.

* En Juan 16, Jesús muestra que hay tres tipos de alegría: (1) Una que es buena pero inmadura e incompleta, y que sucumbe a la hora de la prueba. Corresponde al entusiasmo del recién convertido. (2) La alegría mundana, autoafirmación del “yo,” y que nos persigue aunque nos creamos buenos. (3) La verdadera alegría, que cumple tres condiciones: (a) Asume lo peor desde el deseo de no separarse de Dios ni quitarle el primer lugar; (b) Recibe la visita de Cristo y quiere permanecer con él y en él. (c) Da testimonio, no como quien impone su verdad, sino como quien esparce la semilla y se alegra de que crezca en alguna parte.