Mitos sobre pornografía y matrimonio

Pornografía y matrimonio: ocho mitos (Dr. Peter Kleponis, Those Catholic Men)

Al hablar sobre el consumo de pornografía y el matrimonio, existen varios mitos que deben ser disipados. Hacerlo puede mejorar la capacidad de una pareja para sanar y restaurar su vida personal y su matrimonio. He aquí ocho mitos habituales que he encontrado en las parejas con las que he trabajado a lo largo de los años.

Mito 1. Ver pornografía es más excitante y satisfactorio que el sexo conyugal natural.

Uno de los principales mitos que la industria de la pornografía intenta que la gente crea es que el mundo de fantasía de la pornografía es mejor que el sexo real. Esto ha conducido a muchas personas a no querer casarse. Creen que la felicidad y la plenitud verdaderas solo vendrán de tener miles de experiencias sexuales con numerosas parejas sexuales. La realidad es que el sexo en la pornografía nunca satisface verdaderamente. Si lo hiciera, los consumidores de pornografía no necesitarían buscar constantemente en internet más experiencias sexuales excitantes. Suelo comparar el sexo con el fuego. Ver pornografía es como encender una cerilla. Se inflama con brillantez y es atractiva, pero se apaga con la misma rapidez. Nunca nos deja satisfechos. El sexo en una relación conyugal saludable es como hacer un fuego lento que va creciendo con el tiempo. Puede no resultar atractivo todas las veces, pero siempre satisface y llena. Es la amorosa relación íntima que acompaña al sexo conyugal lo que lo hace satisfactorio. El sacramento del matrimonio también añade la gracia al sexo conyugal, lo que lo hace aún más satisfactorio.

Mito 2. La gente acude a la pornografía porque “el sexo es una necesidad”.

Una de las formas con la que la gente intenta justificar su consumo de pornografía es alegar que necesitan sexo. Lo cierto es que el sexo es un apetito, no una necesidad. El alimento y el agua, por ejemplo, son necesidades. Si no los tienes, mueres. Si no puedes tener sexo, puede ser una cruz difícil de llevar, pero eso no te matará. Como apetito que es, el sexo debe experimentarse en su contexto apropiado. El suyo es dentro de una relación conyugal sólida. No conseguir tenerlo siempre que quieras lo hace realmente más especial y satisfactorio.

Mito 3. Si una persona consume pornografía, es culpa de su cónyuge.

A pesar de lo que pueda estar sucediendo en un matrimonio, el consumo de pornografía de una persona NUNCA es culpa de su cónyuge. Hay quien alega que acude a la pornografía porque se sienten solos en su matrimonio, porque se han enfadado con su esposo o esposa, porque no tienen suficiente sexo, porque no se sienten respetados o apreciados por su cónyuge…

Todas estas excusas, explícita o implícitamente, culpan al cónyuge del consumo de pornografía. Son escapatorias débiles. El hecho es que cada uno de nosotros es responsable de sus actos. Si una persona ve pornografía, es su decisión y su única responsabilidad. Ningún otro puede ser culpado.

Mito 4. La adicción a la pornografía es solo cosa de hombres.

Aunque la mayoría de los adictos a la pornografía suelen ser hombres, es cada vez más también un asunto de mujeres. En torno a una tercera parte de quienes visitan páginas pornográficas son mujeres. Un 70% de las mujeres guardan en secreto su ciberactividad. Suele ser difícil identificar la adicción a la pornografía en mujeres. Esto se debe a que a ellas les atrae una más amplia variedad de medios pornográficos que los hombres. Mientras que a los hombres les atrae sobre todo la pornografía visual (imágenes y vídeos), a las mujeres les atraen también los chat, los blogs, las historias eróticas, las novelas románticas y las redes sociales de contenido pornográfico. Otra razón por la que resulta difícil identificar esta adicción en mujeres es la gran vergüenza que les supone. Temen que otros descubran su adicción y sean etiquetadas como putas y marginadas. Por eso muchas mujeres adictas a la pornografía nunca vienen a pedir ayuda. Sufren en silencio.

Mito 5. La adicción a la pornografía no es más que un pecado de egoísmo.

Cuando alguien queda devastado por tener un cónyuge adicto a la pornografía, es fácil ver eso como nada más que un pecado de egoísmo o un fracaso moral. Sin embargo, como en el alcoholismo, debemos ver la adicción a la pornografía como una enfermedad. En ese sentido, debe ser tratada como una enfermedad. Es más, es una enfermedad que afecta a toda la familia. Muchos expertos se refieren a la pornografía incluso como una enfermedad familiar. Es importante para los adictos y sus cónyuges que busquen inmediatamente ayuda profesional. Cuanto antes comiencen juntos el programa de recuperación, mayor será su éxito en sanar y restaurar su matrimonio. Considerándolo como una enfermedad, es más fácil que desaparezca la vergüenza y buscar la ayuda necesaria para la recuperación.

Mito 6. Una persona adicta consume pornografía porque quiere más sexo.

Es fácil creer que cuando alguien ve pornografía compulsivamente simplemente es porque quiere más sexo. La realidad, sin embargo, es que la pornografía no tiene realmente nada que ver con el sexo. Es simplemente una droga que se usa para sobrellevar con sentimientos o situaciones difíciles. Así como una persona puede acudir al alcohol como vía de escape, se puede acudir a la pornografía como una huida. He aquí un punto donde vale eso de que “el problema nunca es el problema”. El consumo de pornografía es solamente el síntoma. El problema real (o los problemas reales) pueden ser la soledad, el estrés, la ira, el miedo, el aburrimiento, la vergüenza, el abuso o la necesidad de intimidad.

Mito 7. Una persona consume pornografía porque su cónyuge ya no le resulta atractivo o sexualmente deseable.

Ésta es una creencia común entre los cónyuges, especialmente entre las esposas. Como las estrellas del porno son jóvenes y atractivas, el esposo o esposa puede creer que el cónyuge adicto ve pornografía porque está cansado de él o ella y ya no lo encuentra atractivo. Puede pensar también que el adicto quiere sustituirlo por una persona más joven. Raras veces es así. El consumo de pornografía del adicto rara vez tiene que ver con el atractivo de su cónyuge o con el deseo de reemplazarlo. Como hemos afirmado antes, la pornografía es simplemente una droga que se usa para lidiar con sentimientos o situaciones difíciles. Tiene poco que ver con el esposo o esposa.

Mito 8. Si él o ella dejara de consumir pornografía, nuestra vida volvería a lo que solía ser.

Muchos esposos o esposas entienden la recuperación como simplemente dejar la pornografía y volver a donde estaban sus vidas antes de que se descubriese el problema. Sin embargo, lo más frecuente es que el consumo de pornografía sea anterior al matrimonio.

El consumo de pornografía suele empezar en la infancia o adolescencia. En todo matrimonio, ambos esposos tienen que ser tipos sanos para tener una relación sana. Si uno de ellos o los dos se casan no siendo sanos, no pueden tener un matrimonio sano. Así, si el que consume pornografía era adicto antes de comenzar la relación, nunca fue alguien sano con quien empezar. Tener un matrimonio sano no significa volver a cómo solían ser las cosas. Significa forjar una nueva y saludable relación conyugal. Aunque esto puede resultar laborioso, ¡también puede ser excitante que la pareja trabaje al unísono para crear el matrimonio que siempre quisieron ser!

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Publicado primero en Religión en Libertad.

LA GRACIA del Domingo 7 de Octubre de 2018

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

Al atacar el matrimonio como Dios lo pensó estamos en guerra contra la naturaleza y contra Él mismo. Descubre en la belleza qué hay en el hombre y la mujer la bondad y la hermosura divina.

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El poder profético de la “Humanae vitae”

“Resulta especialmente pertinente centrarse en “la realidad” hoy, cuando conmemoramos el 50 aniversario de una de las más famosas –y más desacreditadas– encíclicas de la historia de la Iglesia. Hace diez años, con motivo de su 40 aniversario, First Things publicó un ensayo mío titulado “Vindicación de la Humanae vitae”. Allí, haciéndome eco de datos de distintas procedencias –la sociología, la psicología, la historia, la literatura feminista actual–, decía: “Al cabo de cuatro décadas, se han confirmado empíricamente las predicciones de la encíclica, y además como pocas predicciones se han confirmado: de una manera que sus autores no podían haber previsto, con datos que no se conocían cuando se escribió el documento, por investigadores y especialistas que no tenían interés en su contenido, en ocasiones sin percatarse de ello y, también, por muchos que se declaraban contrarios a la Iglesia”…”

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