Qué muere y qué vive

Hace una semana estábamos recordando con toda la Iglesia la muerte dolorosísima de Cristo en la Cruz. El ambiente es totalmente distinto hoy, impregnado con el perfume de la Pascua. Sin embargo, la Pascua misma es un momento para mirar a la muerte, ya vencida, y mirar cada uno su propia muerte, que Cristo ha de vencer.

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Ante el luto

Hace unos días falleció la mamá de uno de los padres de mi convento. Comento impresiones:

1. Sentí solidaridad. Todos nos hicimos presentes en alguna de las fases de la despedida a este venerable señora (tenía algo más de 90 años).

2. La solidaridad resulta poco emotiva, comparada con el estilo latino. Los hombres no lloran, por lo menos, no en público. Las mujeres, poco. Sólo se dan algunos abrazos entre la familia inmediata, y algunas señoras a los hijos de la difunta.

3. El respeto es inmenso. Hay un aire muy hermoso y muy discreto a la vez, que se convierte en delicadeza para quien se sabe que está sufriendo.

4. Las cosas suceden de modo discreto. Hay reemplazos que hacer, tareas que cubrir. Todo se hace con discreción y eficiencia. Prácticamente no hay perturbación en el orden diario.

5. La persona afectada vive su luto en un inmenso silencio, que uno puede suponer que se rompe con algunos más cercanos. A los demás, se supone que nos corresponde entender, acompañar, respetar, orar, callar, apoyar. Son roles muy claros; muy establecidos. Uno no se siente mal, pero sí es un poco extraño.

Los estudios

Yo había hecho la Licenciatura en Teología en la Javeriana. El actual Provincial, José Gabriel, decidió impulsar el proyecto de la Facultad de Teología nuestra en Colombia, para lo cual, obviamente, se necesita más gente con doctorado. En principio hablamos de Suiza, pero luego, en el deseo de aproximarnos también a otras culturas (la anglosajona en este caso) y otras lenguas (el inglés), llegamos a un acuerdo, que yo viniera a Irlanda.

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