María y la Eucaristía

La carne de Cristo era de María en cuanto a su origen. Ella podría decir, pues, como los sacerdotes: “Esto es mi Cuerpo…“, pero no es a eso a lo que se refiere el mandato del Señor cuando dice en la Ultima Cena: “haced esto en conmemoración mía“, como se ve del sentido que tiene su doble entrega: eucarística, en la Cena; sacrificial, en la Cruz.

María, sin embargo, no está ausente del misterio de la Eucaristía. De algún modo, a través de la donación última y radical de nuestro Bendito Salvador alcanza su límite de cielo el que pronunciara la Virgen de Nazareth. Y así, es algo de Ella, algo de su intimidad purísima y bellísima, lo que comulgamos, por gracia de Dios…

La gracia de Pentecostés

Pocas veces había experimentado yo la gracia de Pentecostés como un acontecimiento que nos visita a diario.

Hablamos del Señor, oramos al Señor, anunciamos al Señor… y las palabras que usamos, la gracia que las acompaña y el amor que nos mueve a usarlas, todo tiene su origen en Pentecostés. Es un hecho no de un día sino de cada día.

Pentecostés está obrando cuando puedo escuchar que un sacerdote me absuelve.

Pentecostés está obrando cuando el pan se vuelve Pan de Angeles.

Pentecostés está obrando cuando mi hermano me sonríe, solamente porque compartimos la misma fe. El lenguaje que nos une, antes que el inglés o el español, se llama Pentecostés.

Bendito Dios, y gracias a Él por permitirme reconocer esta bendición.