Cercanas maravillas

Un campesino cansado de la rutina del campo y de tanto trabajo duro, decidió vender su finca. Como sabía que su vecino era un destacado poeta, le pidió el favor que le hiciera el aviso de venta. El poeta accedió gustosamente.

El aviso decía: “Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río, con el agua más pura que jamás hayan visto.”

El poeta tuvo que marcharse por un tiempo, pero a su regreso decidió visitar a sus nuevos vecinos, pensando que aquél hombre del aviso se había mudado.

Su sorpresa fue mayor al ver al campesino trabajando en sus faenas.
El poeta pregunto: ¡Amigo! ¿No se iba de la finca?

El campesino con una sonrisa le respondió:

-No mi querido vecino, después de leer el aviso que usted me hizo, comprendí que tenía el lugar más maravilloso de la tierra y que no existe otro mejor.

Enseñanza:

No esperes a que venga un poeta para hacerte un aviso que diga lo maravillosa que es tu vida, tu hogar, tu familia y lo que posees. Dale gracias a Dios porque tienes vida, salud y esperanza.

Un texto de extraordinaria actualidad

En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos. Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio. (2 Timoteo 4,1-5)

Plegaria de una mujer asombrada por el amor de Dios

No me dan ganas de nada mas, sino solo de alabarte y agradecerte a ti, Oh Cristo, porque me has mirado con amor y misericordia. Siendo yo tan pecadora, al acercarme al confesionario me repites: déjame amarte una vez más.

Abre mi corazón, Cristo, abre lo más profundo de mí a tu amor, para que eso me baste y no quiera más que a ti. Que ese amor me lleve a entender cuán valiosa soy frente a tus ojos, y que las prohibiciones no son más que toques de amor tuyos hacia tus hijos.

No debe bastarme “no hablar mal del prójimo,” sino reconocer la grandeza que tú haces en mi prójimo. No debe bastarme “no tener relaciones sexuales,” sino amar al otro como Cristo lo hace. No debe bastarme “no perder el tiempo,” sino gastar el tiempo haciendo el bien.

Gracias porque nos levantas! Ofrezco en este momento un Avemaría por mi alma y por el alma de todas las personas que amo. Porque eso es amor, hablarle a Dios de las personas y hablar con las personas de Dios.

Amén.

Cada noche, antes de dormir

Cada noche, antes de dormir, hay un instante sagrado, de valor infinito.

Desconectate, apaga el celu, apaga el televisor y la música…

Animate a entrar en tu propia conciencia. Algunas veces da miedo, otras, pereza; incluso vértigo.

Ahí, discreto, muchas veces callado pero siempre amante… está Dios.

Búscalo, o, mejor dicho, déjate encontrar por Él, que siempre está dentro, aún cuando vos estas fuera y huis.

Escuchá atentamente: quiere hablarte, y espera tu respuesta.

A veces sólo te dice: “te amo, hijo mío”, o “eres mío, te creé para que descanses en Mí”.

Otras veces te dirá, como a Magdalena: “¿qué buscas… a quién buscas… por que lloras?”

Otras, te dirá dolorido: “¿dónde está tú hermano?” o “¿por qué me persigues?”

Siempre podrás escuchar: “Vení a mi, vos que estas afligido y agobiado… yo te aliviaré”

Como cuando eras niño, habla con confianza, dormite contándole tus penas y confiandole tus sueños.

Pedile perdón, y fuerzas para ser más bueno mañana.

En su pecho paternal hay lugar, siempre. No lo dejes con las ganas de abrazarte.

P. Leandro Bonnin