Así fue la celebración del Centenario de la Coronación de la Virgen de Chiquinquirá

“El evento central de la jornada fue una Misa campal, en la plaza de la Libertad de Chiquinquirá, presidida por el cardenal Raymundo Damasceno Assis, arzobispo emérito de Aparecida y enviado especial del Papa Francisco para esta ocasión. El cardenal Damasceno declaró para ‘Vivamos el Centenario’, el informativo especial de la basílica de Chiquinquirá, que, para él, “es una gracia estar aquí de nuevo como peregrino. Soy enviado del Papa, pero sobre todo soy un peregrino que con los devotos de la Virgen de Chiquinquirá vengo a rezar por ellos, por Colombia, por la paz, por la justicia y por el progreso de este país tan hermoso (…)”…”

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La historia de la coronación de la Virgen de Chiquinquirá

“La nación celebraba un siglo de independencia, oportunidad inigualable para proceder a coronar el lienzo de la Virgen de Chiquinquirá como así ocurrió el 9 de julio, acontecimiento que congregó en la plaza de Bolívar una gran multitud liderada por el presidente poeta con su gabinete, quien para la ocasión recitó un hermosa pieza oratoria. Además, hubo verbenas populares, juegos pirotécnicos desde las montañas tutelares y se inauguró el alumbrado eléctrico de la capital que, con apenas 200.000 habitantes, se asomaba tímidamente al siglo XX…”

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Nueva Granada cristiana

Como hemos visto, en el siglo XVI la acción misionera en Nueva Granada hubo de vencer, con grandes trabajos, incontables dificultades y resistencias. Sin embargo, el árbol de la cruz siempre da buenos frutos, y como dice el historiador jesuita Antonio de Egaña, «a pesar de todo este cúmulo de fuerzas contrapuestas a la obra misional, el siglo XVII neogranadino conoció una edad media de glorias y de resultados positivos. En la capital bogotana, dominicos y jesuitas cimentaron instituciones docentes de amplia eficacia; en el mundo misional, en zonas de indígenas, nuevas generaciones de indios se educaron en las escuelas misionales, con el catecismo como primera asignatura, y además con otros conocimientos adaptados a su estado mental; comenzaron a adentrarse en la vida civilizada gentes hasta entonces montaraces; se iban ya domesticando costumbres inveteradas de canibalismo antropófago, y las relaciones sexuales adquiriendo un grado superior de moralidad. No es raro hallar notas de optimismo en las narraciones de la época, confirmándonos que la labor misional no era estéril» (Historia 549-550).


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.