Himnos de Completas – Martes – Es la hora del descanso

Martes – Es la hora del descanso

Es la hora del descanso;
una dulce paz se siente;
la semilla, allá en el campo,
sin que nadie sepa, crece,
y al abrigo de su claustro
los frailes de Domingo duermen.

Mas no todo está tranquilo
porque el alma se estremece;
es el alma de Domingo,
que con gritos intercede
suplicando al Dios altísimo
por tantos pecadores que perecen.

Y su voz rompe los aires,
rompe muros y paredes,
cruza tierras, también mares,
y se escucha, clara y fuerte,
en sus monjas y en sus frailes,
y allí donde el amor florece.

En la noche nuestro ruego
no descansa, y ya no muere:
que el amor encienda fuego
y la Iglesia se renueve;
que tu voz rompa el sosiego:
¡Oh padre Domingo, vuelve!

Amén.

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Himnos de Completas – Lunes – No se angustia el que camina

Lunes – No se angustia el que camina

No se angustia el que camina
si no llega hasta su estrella;
ella le sirve de guía:
eso le basta y le alegra.

Muy temprano en la mañana
emprendimos el camino,
llenos de fe en tu palabra,
Señor nuestro Jesucristo.

Y al final de la jornada,
levantamos nuestras manos;
en ti busca la mirada
su refugio y su descanso.

El reposo de la noche,
que recibe nuestro día,
nos recuerda sin reproche
que la vida se termina.

Más allá de nuestros sueños,
y después de las estrellas,
por tu gracia al fin seremos
el rebaño de tu diestra.

Amén.

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Himnos de Completas – Domingo y solemnidades, después de II Vísperas – A ti te invocaré

Domingo y solemnidades, después de II Vísperas – A ti te invocaré

A ti te invocaré con gran confianza,
tú eres la razón de mi esperanza,
Hijo del Dios vivo,
Señor nuestro Jesucristo,
¡luz del alma!

A ti te invocaré con alegría,
tú eres de Dios la sabiduría,
Redentor piadoso,
¡con razón desborda en gozo
quien te mira!

A ti te invocaré con mis hermanos;
tú eres la armonía en nuestro canto;
¡tú eres la Belleza,
la Verdad y Fortaleza
que esperamos!

Amén.

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Himnos de Completas – Domingo y solemnidades, después de I Vísperas – Este bendito silencio

Domingo y solemnidades, después de I Vísperas – Este bendito silencio

Este bendito silencio,
que rasgan mis palabras,
me enseña, Jesús, el misterio
de la humildad callada
que hay dentro de tu alma
pobre, obediente y casta.

La soledad de la tarde
y el frío que me hiela
me enseñan, Jesús, a esperarte:
si acaso tú vinieras
mi corazón te espera
toda la noche en vela.

Este desierto y camino,
un día y otro día,
me enseña, Señor Jesucristo,
que tú eres mi alegría,
mi dulce compañía.
/¡Ven, Vida de mi vida!/

Amén.

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